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LA TRANSDISCIPLINARIDAD CON ÉNFASIS EN SU RELACIÓN CON LA DIMENSIÓN ESPIRITUAL

Escrito por el Profesor José A. Bonilla (Universidad de la República, Uruguay; Universidad Nacional de Tucumán, Argentina; Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil). bonilla.bhz@terra.com.br

Antes de avanzar un poco más en el estudio de la Transdisciplinaridad, es necesario resaltar la importancia del componente espiritual que parece no haber sido suficientemente asimilado por algunos “transdisciplinarios”.

Esta discusión estará basada en algunas consideraciones que son hechas a partir de uno de los primeros Institutos de Transdisciplinaridad del mundo, creado en 1999. Nos referimos al IEAT (Instituto de Estudios Avanzados Transdisciplinarios, de la Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil).

El primer Coordinador del IEAT (Domingues et al, 1) describe las motivaciones que han llevado, en el Brasil y en el mundo entero, a la creación de Institutos de ese tipo(*). Las principales serían las siguientes:

a) “La inquietud experimentada por numerosos intelectuales, artistas, tecnólogos y cientÍficos, manifestada en el deseo de nuevos abordajes, sensibles a los llamados sistemas complejos, a lo asimétrico, a lo conflictivo, a lo discrepante y a lo aleatorio, o mismo atentas a aspectos de lo real y de experiencias anteriormente conocidas - aunque relegadas - exigiendo en su resurgimiento el descondicionamiento del mirar”.

Dicho de otra forma, esa inquietud puede ser entendida como un movimiento irresistible del principio integrativo, centrado en el Todo, procurando una armonización holística con el principio actualmente prevaleciente, el auto-afirmativo, preocupado exclusivamente con las partes.

O sea, la creciente concientización humana exige que los asuntos importantes sean, desde ahora, considerados desde todos los ángulos, enfatizando su contexto unitario y que una intensa interacción surja de ese enfoque.

Sin embargo, hay un punto preocupante que después se agudiza más en la exposición de Domingues et al (1). En efecto, se ignora el hecho de que la Transdisciplinaridad plena  no se agota con la contribución de intelectuales, tecnólogos, científicos y artistas. Existe otra categoría, que no puede ser olvidada, la de los místicos.

b) “La diversificación, profundización y ampliación de los conocimientos lleva, cada vez más, a los estudiosos a salir del estrecho marco monodisciplinario y pasando por la multidisciplinaridad alcanzar la interdisciplinaridad. El próximo y definitivo paso es la transdisciplinaridad”.

Sin embargo, cuando aquel autor presenta un ejemplo de transdisciplinaridad, se refiere al estudio de la energía, por las más diferentes disciplinas de las ciencias exactas, biológicas y humanas, a través de las cuales se obtuvo un resultado doble y complementario: “de un lado, la fusión pura y simple, de algunas de ellas, como la Fisicoquímica, la Biofísica y la Psicofisiología; por otra, su imbricación y aún integración, por lo menos en lo relativo a ciertos aspectos del concepto, sin todavía percibir la especificidad, como el Psicoanálisis y la Economía”.

No sabemos si el ejemplo fue mal escogido, porque él seria excelente para mostrar lo que es transdisciplinaridad (lo que no fue aprovechado, pues solo se habla de interdisciplinaridad). Aquella implica en más allá (trans) de la Ciencia, involucrando otras áreas fundamentales, como la ética y la espiritualidad, tal como lo afirma la Carta de La Rábida (2)  y lo recomienda la UNESCO (3).

Parece que hay un cierto pudor en incluir la espiritualidad en el andamiaje de la transdisciplinaridad. Esto puede caracterizar los “cientificistas” pero no los verdaderos científicos, a ejemplo del gran Einstein (4), que hace muchas décadas incluían en sus trabajos, expresiones hasta sorprendentes, como “religión cósmica”.

c) Domingues et al (1) sugieren una nueva práctica científica, fundada, no en la alternativa entre el generalista y el especialista y sí en una simbiosis entre los dos. Así la transdisciplinaridad “permite pensar en el cruzamiento de especialidades, el trabajo en las interfases, la superación de fronteras, la migración de un concepto de un campo de saber para el otro, así como consolidar la unificación del conocimiento”… “La integración transdisciplinaria daría lugar, no a un catálogo donde se acumularían, por yuxtaposición, de modo heteróclito, los conocimientos físicos, químicos, biológicos, histórico-sociales, lingüísticos, artísticos y filosóficos, y sí a un organismo al modo de un sistema auto-organizativo (auto-poiético) al que Morin llama de “unitas múltiplex”, y como tal, una totalidad abierta, rotativa, dinámica, sin comienzo y sin fin en el tiempo”.

Volvemos a insistir en un punto: no hay énfasis adecuado en relación a la espiritualidad, inclusive se ignora dentro de la serie de tipos de conocimientos enumerados, el de naturaleza mística. La unidad de conocimiento parece estar limitada a la “actividad intelectual” (ciencia, filosofía), con alguna concesión a lo artístico.

La Declaración de Venecia (UNESCO, 3) dejó claro ese punto, que parece costar a ser incorporado, a través del siguiente párrafo: “El conocimiento científico, a través de su propio movimiento interno, llegó a los confines donde puede comenzar el diálogo con otras formas de conocimiento. En ese sentido y reconociendo las diferencias fundamentales entre la Ciencia y la Tradición Espiritual, constatamos, no su oposición, y sí su complementariedad”… “El encuentro inesperado y enriquecedor entre la ciencia y las diferentes tradiciones espirituales; permite pensar en el aparecimiento de una nueva visión de la Humanidad, que podrá conducir a una nueva perspectiva metafísica”.

O sea, no es posible hablar de Transdisciplinaridad, si el componente espiritual no es considerado seriamente. El motivo de esto es que ese componente es integrante de la naturaleza humana; su exclusión nos podrá llevar a un cartesianismo mejorado, pero nunca a una visión transdisciplinar u holística.

Estas reflexiones nos llevan a un punto clave: la convergencia creciente entre la Ciencia y la Tradición Espiritual (Misticismo) avanza en forma impetuosa. Uno de los primeros autores, Capra (5), estudia detalladamente este fenómeno reciente, antes que la UNESCO y la Declaración de La Rábida. Más recientemente, Wilber (6) escribió un magnífico libro cuyo subtítulo es: “Integrando Ciencia y Religión”(*).

Hay en este asunto, un hecho importante: la sabiduría espiritual y las ciencias más avanzadas parecen coincidir en la afirmación de que la diferencia entre “lo material” y “lo espiritual” es apenas cuantitativa. Se trata, apenas, de diferentes niveles de energía. Todo lo que existe en el Universo tiene su frecuencia vibratoria específica; las más bajas o más lentas, fueron detectadas, estudiadas y aplicadas a través del método científico. Las más altas o más rápidas, son de dominio exclusivamente espiritual, por lo menos hasta ahora.

Por ejemplo, las ondas de radio y de televisión existieron siempre, pero para los científicos de ciento y pocos años atrás, ¡ellas no existían! (Recordar que Marconi, casi fue encerrado en un manicomio por sus propios amigos, cuando anunció la existencia de esas ondas; por otro lado, Hertz tuvo más suerte y comprensión, por lo que hoy conocemos las ondas de radio como hertzianas).

Otro ejemplo de rigidez cientificista es el de Lord Kelvin, Presidente de la Real Academia de Ciencias de Reino Unido, que en la época era la más importante del mundo. En efecto, él declaró en 1885 que “era imposible que un aparato más pesado que el aire pudiese volar” y en 1900 repitió la dosis, diciendo que los Rayos X “son una mistificación”. Hoy, 100 años después, pululan cientificistas negando otras realidades que no sean aquellas exclusivamente mensurables.

Para tenerse una idea de la escala de frecuencias vibratorias, la Ciencia, a través de la Física reconoce lo siguientes niveles aproximados:

· Tacto (hasta 16 vibraciones por segundo).

· Sonido (16 hasta 16.000).

· Ondas hertzianas (16.000 hasta 1010).

· Rayos infrarrojos (1012 hasta 1014).

· Luz visible (1014 hasta 1015).

· Rayos ultravioletas (1015 hasta 1016).

· Rayos X (1016 hasta 1018)(**).

· Rayos gamma (alrededor de 1020).

· Rayos cósmicos (límite del conocimiento científico actual: 1025).

Seguramente, las frecuencias espirituales son bien más altas aún, por lo que escapan a la comprensión científica, pero ellas son comprensibles a niveles vivenciales: las sentimos (al menos que estemos petrificados), sin poder explicarlas, como también las personas comunes no podemos interpretar el tacto, el sonido, el calor. Apenas los sentimos.

La mencionada petrificación parece muy extendida en los medios académicos. Sin embargo la integración de la Ciencia con la sabiduría espiritual, cada una utilizando su metodología propia, proporcionará una formidable vía para la expansión de la comprensión de preguntas vitales, pero hasta ahora no respondidas por la Ciencia ni nunca discutidas en la Universidad. Por ejemplo: ¿para qué estamos aquí?

Es fundamental sí, conocer el mundo físico (y aquí está el gran papel de la Ciencia). Pero esto es apenas un medio para el fin fundamental: conocer el ser humano y transformar la sociedad en un lugar mejor para vivir (la Gran Utopía), donde los valores universales (libertad, dignidad, justicia, solidaridad, bienestar, etc.) sean los grandes objetivos de la vida. Y no podremos hacer esto sin involucrarnos con la dimensión espiritual.

Bibliografía consultada

1. DOMINGUES I. Transdiciplinaridade: descondicionando o olhar sobre o conhecimento. Belo Horizonte/UFMG. Educação em Revista: 109-16. Jun. 1999.

2..   CARTA DE LA RÁBIDA. Transdisciplinaridad. I Congreso Mundial de Transdisciplinaridad, La Rábida, Portugal. Nov. 1994. Disponible en: www.cetrans.futuro.usp.br (Acceso en 25.08.05).

3. UNESCO. Declaración de Venecia, 1986. Disponible en: www.cetrans.futuro.usp.br (Acceso en 24.08.03).

4.    EINSTEIN A. Como vejo o mundo. Rio de Janeiro: Nova Fronteira. 1981, 213 p.

12.   CAPRA F. O Ponto de Mutação. San Pablo: Cultrix. 1984, 445 P.

13.   WILBER K. A União da Alma e dos Sentidos: Integrando Ciencia e Religião. San Pablo: Cultrix. 1998. 167 p.


(*) Nos parece que Wilber usa la palabra religión en un sentido muy amplio. En el contexto de esta monografía,  sería mejor traducirlo por “espiritualidad” o “misticismo”. La diferencia está en que las religiones enseñan dogmas como verdades; ya el misticismo orienta, pero sabe que “la verdad” no se enseña, se vive.

(**) En 1900 estas frecuencias eran altas demás para ser medidas. Hoy frecuencias encima de 1025 no pueden ser medidas. ¡Pero eso no es razón para negarlas!

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