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LA ESPIRITUALIDAD AUTÉNTICA COMO COMPONENTE DEL SER HUMANO (Parte I)

Escrito por el Profesor José A. Bonilla (Universidad de la República, Uruguay; Universidad Nacional de Tucumán, Argentina; Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil).  bonilla.bhz@terra.com.br

Conceptos introductorios

Frei Betto (1) hace un análisis fascinante sobre el siglo XX, que él considera una época libertaria, un período de avances hacia la emancipación del ser humano. Pero esto no debe impedir de reconocer equívocos y derrotas. Dice este autor: “Si la modernidad exaltó las posibilidades de la razón y sustituyó la visión teocéntrica por la antropocéntrica, ahora la crisis del racionalismo exige que evaluemos los desaciertos del proceso emancipador”… “La caída del muro de Berlín marca el momento de mayor fracaso”… una de sus causas, “que es necesario resaltar, por saberla aún presente en movimientos políticos latinoamericanos, es la autocracia”.

Y agrega: “Para quien, como yo, vive integrado en una institución estructuralmente autoritaria, la Iglesia Católica, es curioso observar los paralelos entre la jerarquía eclesiástica y el “Comité Central”: verticalismo en las decisiones, autoridad como sinónimo de verdad, prejuicios ante manifestaciones artísticas y culturales que no se encuadran en los parámetros de la ortodoxia, discriminación y excomunión de los “herejes” que no comulgan con el pensamiento oficial, las inquisiciones a través de expurgaciones, sanciones, etc.”

Este párrafo de Frei Betto, podría ser traducido así: tanto el socialismo autoritario como “el opio de los pueblos” (como Marx definía la religión) tienen un mismo componente caracterológico básico, centrado en dogmas e imposiciones, a pesar de ser totalmente opuestos en el nivel metafísico, unos negando y otros proclamando la existencia de una Divinidad.

Algunas expresiones de Frei Betto (1) son tan coincidentes con las nuestras, que no podemos dejar de registrarlas aquí. “El pensamiento dialéctico naufragó en su cartesianismo positivista, al desconsiderar la importancia de la subjetividad humana, de la experiencia religiosa(*), del arte como transcendencia de la razón y subversión del lenguaje, de las formas diferenciados de propiedad, de los deseos de consumo, de los principios morales y de la dimensión política de la sexualidad, en fin, del hombre y de la mujer nuevos”.

Aún más: “Ahora se trata de libertar no sólo la sociedad, sino también el corazón humano, la economía y la conciencia, aproximando Jesús y el Ché, Marx y  Pablo Freire, de modo que surja un nuevo perfil de socialismo que supere los determinismos categóricos y no vea a la autonomía de los movimientos sociales, a la sociedad civil, a la pluralidad de las estructuras productivas y distributivas, como una amenaza a su desarrollo”… “Los desafíos son profundos y fascinantes. Es tiempo de debatirlos y enfrentarlos. La prevalencia de la vida sobre la muerte – principio revolucionario número uno – exige de todos nosotros mayor empeño de la unidad en la diversidad, de modo que superemos cuanto antes la “globocolonización” neoliberal que nos amenaza con el espectro de un mundo unipolar bajo un gobierno único, una policía única, un pensamiento único.”(**)

Las palabras de Frei Betto (1) sugieren dos situaciones específicas, bien diferenciadas en sus contenidos, a saber:

a) Si como ese autor manifiesta, las estructuras caracterológicas de la Iglesia y del socialismo autoritario son muy parecidas, habiéndose derrumbado este último después de la caída del muro de Berlín y de la desagregación de la Unión Soviética, aquella institución religiosa puede tener seriamente amenazada su sobrevivencia, dada la expansión de conciencia que está difundiéndose por el planeta. Las respectivas autoridades eclesiásticas tienen la palabra; tal vez vengan cambios importantes en esa esfera en los próximos años.

b) El segundo asunto es bien más importante para los propósitos de este texto y tiene que ver con la vital pregunta: relativa al socialismo (o neo-socialismo) del siglo XXI      ¿ Deberemos procurar un espacio de convergencia con la totalidad del ser humano, o sólo deberemos seguir la visión restringida, actualmente prevaleciente?¿Continuaremos con la visión estrecha del Homo economicus tan bien definida por Marx, o concordaremos con una visión más amplia, que podría ser rotulada de Homo homus? La Historia, especialmente de los últimos doscientos años ¿no nos enseñó nada, a pesar de los inmensos sufrimientos acaecidos en la Humanidad, incluyendo decenas de millones de muertos? ¿Deberemos quedar amarrados, a pesar de sus fracasos, a ideas desarrolladas en gran parte hace 150 años?

Creemos que en el amanecer del Siglo XXI, se precisa arrancar las telarañas de los ojos, quebrar las cadenas que nos fijan a conceptos que el tiempo ha desmerecido, abandonar dogmas de cualquier naturaleza, comprender que los enemigos de la evolución y progreso verdadero de la sociedad humana están sí en el exterior, pero también dentro, en el interior de cada uno de nosotros.

Dentro de este desafiante arco de posibilidades, se destaca un asunto que no puede dejar de ser abordado en este texto, con el cual queremos estimular un impulso para la Revolución Integral de las Conciencias. Para eso, precisamos acabar con los tabúes, propios de siglos pasados, pero completamente incompatibles con el actual.

Uno de esos tabúes fue compartido por dos ideologías antagónicas: el socialismo autoritario y el socialismo libertario. Se trata del tema espiritualidad.

¿”Que sentido se puede dar a la palabra “espiritualidad?

Lamentablemente, esa palabra es confundida frecuentemente con religión. Sin embargo, ella tiene un sentido diferente. Einstein (2) la denomina “religiosidad cósmica”; también es conocida como “misticismo”(*), “sabiduría eterna”, etc.

En este texto, la denominaremos “espiritualidad auténtica”, cuyo significado, en resumen es: la búsqueda de cada persona para establecer contacto con las “Altas Energías”. Pero ¿que significan “Altas Energías? No precisamos recurrir a la meditación, intuición o contemplación ni a las llamadas verdades “reveladas”. Utilicemos apenas la mente, lo racional.

En efecto, que sepamos nadie vio una lapicera, un televisor, un avión o una bomba atómica aparecer espontáneamente. Absolutamente en todos los casos, esos y todos los objetos conocidos, fueron creados por una inteligencia, específicamente la inteligencia humana. Además, la creación física, tangible, visible de cualquier objeto fue precedido por una idea. Y hasta ahora por lo menos, ningunos de los Premios Nobel de la Física probó que esas ideas tienen una base material. Sin embargo, sabemos que ellas existen (igual que los sentimientos), porque los percibimos en nuestras propias mentes (y corazones).

La Ciencia nos enseña que todo en el Universo es materia o energía. Las ideas, no siendo materia, deberán ser energías (A menos que un nuevo Einstein nos demuestre algo diferente).

Sin embargo, si aquellos productos son una demostración admirable de inteligencia  ¿lo que decir del maravilloso organismo que es el ser humano, incluyendo los “circuitos” para expresar aquella inteligencia?, ¿lo que decir de cualquier ser vivo? ¿lo que decir de una humilde hoja de hierba, poseedora del laboratorio más completo que los científicos más visionarios puedan imaginar?

Y esto sólo se refiere al planeta Tierra. ¿Y lo que decir del Universo? El Universo ya conocido por la Ciencia actual es abrumador: ¡en nuestra Vía Láctea hay unos 200.000 millones de estrellas y ella es apenas una entre 140.000 millones de galaxias!!!

¿De donde surge esa perfección admirable, que ya dura miles de millones de años? Apenas un ejemplo bien micro: ¿como nuestra Tierra gira y rota con precisión asombrosa después de millones de milenios?

Un simple raciocinio, el más elemental posible, apenas utilizando la lógica formal, nos dice que sería necesaria una Inteligencia (de altísimo nivel), operando por detrás de las manifestaciones perceptibles por nuestros sentidos, directamente o a través de extensiones microscópicas o telescópicas que se encuentren disponibles.

Esa Inteligencia Superior debe operar con Altas (y Altísimas) Energías, cuyas frecuencias vibratorias deben extrapolar largamente las más elevadas conocidas por la Ciencia, o sean los rayos cósmicos cuyo nivel vibratorio es de ¡1025 veces por segundo!(**)

¿Donde hay espacio para el azar en esta grandiosidad ? Nos parece evidente que si él operase como mecanismo fundamental, para sólo hablar de la Tierra, ésta ya habría entrado en colapso y la materia viva (y la inerte), despedazada.

Entonces, la expresión Altas Energías podría ser traducida como Ser Supremo, Creador, campo cuántico (como lo hace la Ciencia)… o como Dios (según el lenguaje de las religiones). Las palabras son apenas formas muy pálidas de designar ese Ser. Él es un misterio puro para la mente racional, que acaba negándolo, pero en su lugar, deja un abismo insondable que no ha podido ser rellenado con los últimos descubrimientos científicos. Einstein (2), el mayor científico que la Humanidad ha conocido, dijo: “Dios no juega dados”.

Admitamos, aunque sea provisoriamente, que ese ser Supremo existe. Pero ¿cuales son sus características? Si la mente racional no puede penetrar ese misterio ¿tenemos alguna forma de hacerlo? Aquí es que entra en juego, la Espiritualidad Auténtica, que es el tema de esta monografía. ¿Y como acercarnos a ella?

Hay dos formas complementarias. La primera es procurar las enseñanzas de los sabios y de los Maestros espirituales, que desde lejanas épocas consiguieron elevarse a niveles de conciencia más altas, donde sintieron el perfume de las “Altas Energías” y comenzaron a comprender los misterios del Hombre y del Universo. (*)

La segunda forma es, a partir de aquella comprensión inicial, zambullir en nuestro interior hasta contactar con nuestro Ser Interior, que “habla” en el lenguaje de las “Altas Energías”. Pero esto no puede ser explicado en palabras, que responden al lenguaje normalmente utilizado, apropiado para el uso de la mente racional, lineal y regido apenas por la lógica formal.

El raciocinio expuesto anteriormente es bastante simple y puede ser comprendido por cualquier persona. Sin, embargo, dos líneas de pensamiento se oponen a él, uno totalmente (materialismo) y otro, parcialmente (religiosidad dogmática y no “cósmica” como proponía Einstein, 2).

Cada caso será visto por separado en la próxima monografía.

Bibliografía consultada

1.    FREI BETTO. Século XXI: reinventar a libertação.. www.sedos.org/spanish/Betto.htm. Acceso en 02.05.06, 2 p.

2.  EINSTEIN A. Como vejo o mundo. Rio de Janeiro: Nova Fronteira. 1981, 213 p.


(*) Nosotros hablaríamos de “experiencia espiritual”.

(**) !CONSUMIR!

(*) Que es bien diferente a la palabra “mistificación”.

(**) ¡O sea, un uno seguido de 25 ceros!

(*) Esto no significa desconsiderar ni la materia ni la racionalidad. Sin embargo, lo que dijeron Marx, Bakunin y otros, debe ser ahora enriquecido por una visión holística.

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