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LAS GRANDES REVOLUCIONES DEL SIGLO XX

Escrito por el Profesor José A. Bonilla (Universidad de la República, Uruguay; Universidad Nacional de Tucumán, Argentina; Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil).  bonilla.bhz@terra.com.br

LA REVOLUCIÓN RUSA (1917)

En 1914 estalló la llamada Primera Guerra Mundial, en la que por un lado luchaban Inglaterra, Francia y el Imperio ruso, comandado por el zar Nicolás II, y por el otro, Alemania y el Imperio Austro-Húngaro.

La situación en Rusia era prerrevolucionaria en la época, precedida por la revolución de 1905, sofocada con mucha dificultad por el gobierno imperial. En los años siguientes los problemas se agudizaron sobre todo los relativos a desempleo, inflación y falta de alimentos básicos.

La guerra complicó más aún la situación del poder dominante, cujas tropas mal equipadas y mal alimentadas sufrían derrota tras derrota en las manos de los aguerridos ejércitos alemanes.

En ese marco referencial, ocurre la famosa Revolución de Octubre (precedida por la Revolución de Febrero del mismo año y que origina un Gobierno provisorio con mayoría burguesa liberal, comandado por Kerenski).

La Revolución Rusa cuenta en su comienzo con un órgano político (el Consejo de Comisarios del Pueblo, presidido por Lenin) y un órgano militar (la Guardia Roja, comandada por Trotsky). El mencionado Consejo decreta la Reforma Agraria, la nacionalización de bancos y fábricas, así como la autodeterminación de los pueblos que vivían en los territorios del ex-Imperio.

Establecidas las bases programáticas, el nuevo gobierno debió solucionar los aspectos militares, lo que hace a través del Tratado de Brest-Litvosk con los alemanes, el cual es particularmente negativo para los rusos, que pierden inmensos territorios, poblaciones y recursos naturales, de modo que acaban rodeados de protectorados alemanes (Ucrania, Finlandia, la región del Don, etc.).

El peligro de las ideas revolucionaria asusta a muchos gobernantes europeos (por ejemplo los franceses financian la Legión Checa, los ingleses atacan en el Norte, los franceses también invaden Bakú, Odessa y los países bálticos, hasta los japoneses toman Vladivostok en la Siberia). Además hay reacción interna, gobiernos antisoviéticos en Omsk y Samara, así como militares de alta graduación como los generales Denikin y Yudenitch o el almirante Kolchak resisten.

Especialmente los años 1918, 1919 y 1920 fueran terribles para el nuevo gobierno que luchó contra soldados rusos y extranjeros, mejor equipados y dirigidos por militares experimentados.

El ejército revolucionario (comandado por Trotsky) tenía los mismos defectos desde el punto de vista militar, que el que fue aplastado por los alemanes. Pero ahora tenía dos nuevos elementos: por un lado, tenía una conducción política bien definida y por otro, moral muy elevada, ya que estaban luchando por un ideal de justicia social.

Al llegar a 1921, el Ejército Rojo sale victorioso de la guerra civil, lo que lleva al fracaso de la intervención extranjera. De este modo, la Revolución se consolida y el gobierno revolucionario (dirigido por Lenin, teniendo como segundo a Trotsky) comienza a desarrollar su programa político-económico.

Creemos que nadie puede saber lo que hubiera ocurrido con la Revolución Rusa si esta guerra civil no hubiera existido. Pero – probablemente – ella llevó a una rigidez en la conducción del país, que se manifestó con mucha claridad después de la muerte de Lenin (1924).

Es interesante saber que el propio Lenin se vio obligado, dada la penosa situación económica, a instalar la llamada NEP (Nueva Política Económica), enfrentando seria oposición de muchos bolcheviques, pues ella contenía un germen peligroso: la posible restauración del capitalismo en la Unión Soviética.

En efecto, aquella política combinaba los principios socialistas con elementos del capitalismo, tales como:

· Estímulo a la pequeña manufactura privada.

· Incentivo al comercio y a la venta libre de productos en el mercado.

· Inversión de capital extranjero, etc.

Después de grandes discusiones, la NEP fue implantada en 1921.

Con la muerte de Lenin y después de algunos años de disputas internas que culminan con la expulsión de Trotsky, el poder queda en las manos de Stalin (1928), quien sustituye aquella política por la Planificación Económica, a través de los llamados Planes Quinquenales, que salvo su interrupción durante la Segunda Guerra Mundial, serán mantenidos hasta la extinción de la Unión Soviética, ocurrida en la última década del siglo XX.

Con la llegada de Stalin al poder, grandes “purgas” ocurren, con reclusión de un número muy elevado de personas en campos de concentración. Es el llamado “Terror Rojo”. Es claro que aquí los ideales de justicia social que electrizaron la Revolución Rusa se habían evaporado hasta su última gota.

LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA : DERROTA REVOLUCIONARIA

Después de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), las antiguas estructuras ya no daban respuestas adecuadas a los problemas de las respectivas sociedades. En distintos países, soluciones diferentes fueron tentadas; así en la Unión Soviética con la victoria marxista-leninista en la guerra civil, se implantó el régimen socialista. Ya en Alemania y en Italia en la década del 30 toman el poder el nazismo (Hitler) y el fascismo (Mussolini), respectivamente.

En España, el proceso fue diferente. El Rey Alfonso XIII abdica, proclamándose la II República en 1931. Cinco años después, la izquierda agrupada en el Frente Popular, gana las elecciones, siendo designado Manuel Azaña como Presidente.

La Guerra Civil Española, que comentaremos rápidamente de aquí a poco, fue una especie de preliminar de la Segunda Guerra Mundial, sirviendo especialmente como campo experimental de nuevos armamentos por parte de Alemania, Italia y la Unión Soviética.

Ambos bandos eran heterogéneos, así la izquierda contaba básicamente con socialistas, comunistas estalinistas, trotskistas y anarquistas; ya la derecha incluía sectores reaccionarios (burguesía, terratenientes, altos militares, etc.) partidarios del régimen republicano, así como monárquicos (partidarios del Rey Alfonso XIII; otros favorables a la restauración de la dinastía carlista, etc.).

Los apoyos internacionales fueron para la izquierda provenientes de la URSS y México, así como voluntarios de los más variados países, que constituyeron las Brigadas Internacionales que mostraron un heroísmo que sólo un ideal puede proporcionar. Ya la derecha fue intensamente apoyada por Alemania e Italia.

Por su lado Francia, Inglaterra y Estados Unidos se mantuvieron neutrales, lo que en el caso de Francia no deja de ser sorprender, pues allí también gobernaba el Frente Popular de León Blum. En realidad, Francia dio una ayuda tímida inicialmente, pero enseguida, debido a presión inglesa tuvo que suspenderla.

El golpe de estado, conducido por Franco (y al principio por otros dos Generales, Mola y Sanjurjo que murieron al poco tiempo en sendos accidentes), ocurrió el 17 de julio de 1936.

Inmediatamente, el pueblo español se levantó en defensa del gobierno popular. Es famoso, entre otros, el Quinto Regimiento, formado el 18 de julio “en el patio de un convento”.

La lucha se dio por tierra, aire y mar con muchas oscilaciones a favor de uno y otro bando durante los años 1936 y 1937. Pero a medida que el tiempo pasaba, éste trabajaba a favor de los insurrectos que contaban con generosas contribuciones de Alemania y sobre todo de  Italia, en aviones, armas, barcos, combustibles y en el caso de Italia, más de 30.000 soldados. Los partidarios del gobierno legal, defienden con una tenacidad increíble a la capital Madrid, resistiendo furiosos bombardeos de los aviones y cañones de los rebelados.

Batallas como las de Jarama, Guadalajara, Brúñete y Belchite, ocurren durante el año 1937. En un esfuerzo gigantesco las tropas legales (en gran parte formadas por milicianos, o sea campesinos y obreros sin mayor preparación militar) a fin de contener el avance cada vez más peligroso de los falangistas sobre Madrid, contraatacan en la Batalla de Teruel, en la cual finalmente, y ya en 1938, son derrotados.

El ejército franquista lanza una fuerte ofensiva en Aragón, conocida como la Batalla del Ebro (julio a noviembre de 1938). En verdad, se trató de una maniobra militar para mantener ocupado el desgastado ejército republicano y poder acercarse así, más a Madrid. El 15 de noviembre, Stalin firma con Alemania los Tratados de Munich, por los cuales las Brigadas Internacionales retornan a Moscú.

El desastre es inminente. La batalla del Ebro es ganada aún ese mes por los franquistas. Ya queda poco terreno en las manos de los legalistas, especialmente Cataluña. Barcelona cae el 26 de enero de 1939 y Gerona el 5 de febrero. La heroica Madrid resiste hasta que cae el 28 de marzo. La última ciudad a caer en las manos de Franco es Alicante (30 de marzo).

El 1º de abril de 1939, Franco proclama la victoria definitiva.

La Guerra Civil Española dejó muchas enseñanzas que deben ser asimiladas, entre ellas:

· El heroísmo puede ser grandioso, incluyendo la participación solidaria de las Brigadas Internacionales. La metralla y el lavado de manos internacional precisaron tres años y medio para acabar con los milicianos. Pero al final lo lograron.

· Sin embargo, la fuerza bruta usada por Franco con el apoyo abierto del nazismo y del fascismo, aunque muy poderosa, no sabemos si habría triunfado, en el caso de que los revolucionarios se hubieran mantenido unidos durante todo ese tiempo. Las divergencias entre los componentes del Frente Popular, especialmente entre la CGT (anarquistas) y el Partido Comunista fueron de gran magnitud. ( lo que no es de extrañar, vistos sus fundamentos filosóficos, libertarios unos, autoritarios los otros) De esta forma, el Presidente Azaña (republicano) y sus primeros ministros Largo Caballero y después Negrón (socialistas) no consiguieron unificar el comando del ejército popular, que respondía más a los jefes locales, muchas veces miembros de facciones opuestas. Ya los sublevados respondían rígidamente a las órdenes de Franco.

· Lo anterior es un alerta histórico para los movimientos progresistas, generalmente subdivididos en grupos, cada cual con una idea dogmática a ser aplicada para “la felicidad de los pueblos”.

· Tal vez una cosa olvidada en todos estos movimientos revolucionarios son las palabras del Maestro: “No sólo de pan vive el hombre”. Esto traducido a la problemática actual, significa que precisamos trabajar nuestro interior y no apenas lo exterior, derrotando legal o revolucionariamente a los representantes del poder económico mundial. Precisamos vencer esos representantes también dentro de cada uno de nosotros. De lo contrario los reproduciremos, como lo muestra la Historia. Este enfoque es el que nos llevará al Socialismo Holístico, asunto a ser tratado en próximas monografías.


En la época el Presidente era Lázaro Cárdenas (1934-40).

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