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Los principales movimientos revolucionarios socialistas del Siglo XIX y las grandes Internacionales obreras.

Escrito por el Profesor José A. Bonilla (Universidad de la República, Uruguay; Universidad Nacional de Tucumán, Argentina; Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil).  bonilla.bhz@terra.com.br

La Revolución de 1830

Esta revolución no fue, por lo menos en su comienzo, una revolución socialista y sí de la burguesía que después de la Revolución Francesa (1789) fue promovida e integrada por industriales y comerciantes ricos, así como por algunos intelectuales. Ellos, lo que realmente querían era tener acceso al Poder, antes monopolizado por la nobleza.

En este caso, la Revolución no quedó restricta a un país como en el caso de la Comuna de París (1871), pues ella estalló más o menos simultáneamente en Francia, Bélgica, Alemania, Italia, Suiza y Polonia.

En la época, reinaba en Francia (donde comenzó el movimiento) el Rey Carlos X, extremadamente conservador, al contrario de su predecesor, Luis XVIII (su propio hermano).

En 1830, el rey disolvió las Cámaras, al parecer en forma fraudulenta. De este modo fue destruida la Constitución Napoleónica (vigente desde 1814).

A raíz de este hecho, hubo una serie de barricadas en las cuales participaron, en curiosa mezcla obreros, guardias y antiguos militares napoleónicos. El 29 de julio, las barricadas llegaron al número de ¡6000! en las calles de Paris.

En la época, la palabra “liberal” tenía un sentido bien diferente al actual (especialmente al término “neoliberal”). En efecto, la burguesía emergente se aliaba con las clases trabajadoras para oponerse a la nobleza.

Esta rebelión popular llegó a su eclosión durante los días 27 a 29 de julio y son conocidas, históricamente por las “Tres Gloriosas”. Carlos X asustado y recluido en Saint Cloud, abdicó en favor de su hijo, el duque de Burdeos. La lucha ahora cambió de rumbo: para dentro de los revolucionarios.

En efecto, los estudiantes y la Guardia Nacional querían la proclamación de la República. Ya los liberales, encabezados por Thiers propusieron coronar al duque de Orleáns (enemigo de la rama real anterior, los Borbones). Finalmente, el empuje revolucionario hacia la República disminuyó y el mencionado duque (Felipe) acabó siendo designado Rey de los franceses, de modo que la burguesía triunfó una vez más.

La Revolución se expandió hasta Polonia que se sublevó en 1830, a partir de la Academia de Cadetes, pero la ayuda que esperaban de Occidente no llegó y el general Cholpicki con tropas rusas de élite, acabó con el movimiento, en parte también debido a disidencias internas.

Ese tipo de situación precisa ser modificado, a través de la “Revolución Integral de las Conciencias”; de lo contrario, no podremos llegar a la creación de la Gran Utopía (Bonilla, 1).

La Revolución de 1848

Felipe de Orleáns, colocado en el trono de Francia por los liberales en 1830 y tolerado por las fuerzas populares, fue derribado en 1848, debido a su gobierno corrupto. La tolerancia acabó y en las manifestaciones obreras la consigna era “nacionalizar fábricas y empresas”. De este modo París se levantó nuevamente bajo el impulso proletario. Ellos, según noticias de la época “preferían morir de un tiro que de hambre”.

El gobierno francés, para aplastar la rebelión, llama al General Cavaignac, con sus tropas coloniales. Llegando a París quedó sabiendo que el “slogan” del gobierno del corrupto Rey Felipe de Orleáns era “Enriqueceos”. A pesar de las tropas, el Rey cayó en febrero de 1848.

Coincidencia o no, en el mismo año fue elaborado el famoso “Manifiesto Comunista” de autoría de Marx e Engels, cuja palabra de orden era: “Proletarios de todos los países, uníos”.

Con estos estopines, el movimiento francés se extendió como un reguero de pólvora, especialmente en los países que actualmente llevan los nombres de: Alemania, Italia, Hungría, Austria y Republica Checa. Así el poderoso Matternich, el Rey Luis I de Baviera y otros personajes tuvieron que huir.

Puede ser difícil unir los proletarios de todos los países, pero el capital es fácil de ser unido (siempre que eso le traiga beneficios). De este modo, fueron pedidas tropas por la nobleza y la gran burguesía europea al zar Nicolás I, conocido como el “gendarme de Europa” que envió regimientos rusos y divisiones cosacas. Estas fuerzas militares se vieron completadas por las fuerzas de élite de Austria y Prusia.

Mejor armados, los ejércitos coligados, acabaron arrasando las tropas populares, que resistieron hasta el final de 1849. Una vez que el poder brutal de los ejércitos represores es colocado en una situación específica contra la resistencia popular, esta corre serio riesgo de derrota. Los ejemplos son muchos, así uno de los más cercanos es la Guerra Civil Española, en la cual los milicianos, con poca aviación, con armamento insuficiente y con débil apoyo exterior mantuvieron la llama durante tres años, teniendo victorias épicas, como la Batalla del Ebro. Pero a un plazo más largo, acaban sucumbiendo a la indiferencia de los gobiernos, llamados populares. En esa oportunidad, el gobierno socialista de León Blum y el comunista de Stalin abandonaron a las milicias española a sus propias fuerzas. En 1939, Franco es el nuevo gobernante (dictador) de toda España.

La Comuna de París (1871)

Las fuerzas populares francesas que en 1830 habían derribado a Carlos X y en 1848 al Rey Felipe, forzaron a Napoleón III a renunciar en 1870.

Poco después, al comienzo de marzo de 1871, se crea el Comité Central Revolucionario, el que se disuelve a los pocos días, entregando el Poder a un Gobierno Provisorio, electo por sufragio universal.

Es ilustrativo saber que los prusianos habían derrotado a Napoleón III, lo que fue uno de los motivos fundamentales de su caída, pero para vencer a los “comuneros”, los políticos conservadores franceses, percibiendo que el ejército nacional no era capaz de vencer los insurrectos pidió ayuda a los prusianos. París fue intensamente bombardeado, cercado y sitiado, de modo que sobrevivió apenas hasta mayo (menos de 2 meses).

Como saldo, 20.000 populares fueron fusilados, 38.000 presos y 13.000 deportados.

Como se puede ver en este ejemplo, se comprueba que el poder económico no tiene patria y sí apenas un dios falso: el dinero. Prefirieron llamar las tropas enemigas para que bombardeasen su propia capital, matando millares de personas, en lugar de negociar con los rebeldes.

LAS GRANDES INTERNACIONALES SOCIALISTAS

La Primera Internacional

Según los estudiosos de la Historia del Socialismo, el punto de partida de la creación de organizaciones de trabajadores de carácter internacional tuvo lugar durante la Exposición Internacional de Londres en 1862, entre obreros franceses e ingleses.

En la época, la situación de los trabajadores según informe contenido en el Libro Azul (documento oficial inglés) de 1863, era peor que la de los criminales condenados a trabajos forzados, ya que estos “trabajan mucho menos y pasan mejor que los asalariados”.

Estas y muchas otras constataciones evaluadas y documentadas en publicaciones oficiales, llevaron a una situación de extrema tensión, ya que – paralelamente – el sistema patronal aumentaba sus lucros en forma impresionante.

La situación, de profunda gravedad, llevó a una nueva reunión en Saint-Martin’s Hall en Londres el día 28 de setiembre de 1864, donde fue creada la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), cuyo nombre de batalla pasó a ser la “Primera Internacional”. En esa reunión participaron delegados de seis países (Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, Suiza y Polonia).

En 1866 fue realizado el 2º. Congreso en Ginebra, Suiza, donde se propusieron varias resoluciones, una de ellas relativa a la jornada de trabajo de 8 horas. En 1867 fue realizado el 3º, en Lausana, en el cual hubo notables divergencias entre marxistas y anarquistas.

Nuevos congresos fueron realizados en 1868 (Bruselas), Basilea (1869) y Londres (1871). En la medida en que los Congresos transcurrían, la posición marxista iba derrotando en forma consecutiva las propuestas anarquistas, minoritarias.

La derrocada de la Comuna de París en 1871, llevó a una intensa persecución política en toda Europa con muchos activistas presos o exilados. En estas condiciones completamente adversas se reúne en La Haya el 6º. Congreso en 1872 donde ocurre la ruptura definitiva entre Marx y Bakunin, que es expulso de la AIT. Con esto se entierra definitivamente la Primera Internacional, a pesar de los esfuerzos de Engels por organizar un 7º. Congreso en Nueva York, que nunca se realizó.

La Segunda Internacional.

El Congreso Internacional de los Trabajadores, disuelto de hecho en 1872 y oficialmente en 1876, volvió a reunirse en ocasión del Centenario de la Revolución Francesa, en julio de 1889. El local fue París y esa reunión es considerada como el Congreso de fundación de la Segunda Internacional, a la que asistieron unos 400 delegados, representando 19 países de Europa y dos de América (Estados Unidos y Argentina).

La Segunda Internacional fue bien más fructífera que la primera, totalizando más de 10 Congresos (entre1889 y 1912).

En el Congreso de Londres (1896) fueron nuevamente expulsados los anarquistas porque no concordaban con el apoyo a un Estado central, necesariamente burocrático y autoritario.

Es interesante saber que en el Congreso de Stuttgart (1907) entraron en conflicto dos tendencias: una, que condenaba el colonialismo; la otra lo consideraba como hecho inevitable. También hubo un compromiso de luchar para impedir la guerra, que ya se anunciaba.

El último Congreso fue el de Basilea (1912), convocado en forma extraordinaria debido a la grave tensión internacional que envolvía casi toda Europa. Fue confirmado el compromiso de la clase trabajadora de una lucha intensa contra la guerra inminente.

El próximo Congreso debería ser realizado en Viena en 1914, lo que resultó imposible, debido al estallido de la Primera Guerra Mundial.

Cabe mencionar que los partidos marxistas de Alemania, Austria, Hungría, Francia, Inglaterra y otros países, abandonaron las decisiones de los Congresos de la Segunda Internacional, apoyando la guerra e inclusive a sus propias burguesías nacionales.

De este modo se quebró la unidad de los trabajadores y se terminó con la Segunda Internacional, dividiéndose en tres grupos: la social-patriótica (o social chauvinista), la centrista y la internacionalista revolucionaria, donde sobresalían Lenin y Rosa Luxemburgo.

La Tercera Internacional.

Durante el desarrollo de la Primera Guerra Mundial (1914-18) hubo varias tentativas de recrear la Internacional que no prosperaron, pero las condiciones objetivas, bastante diferentes a las existentes pocos años atrás, representadas por la finalización de la guerra y especialmente por el triunfo de la Revolución Rusa permitieron cristalizar aquellas tentativas en marzo de 1919, a través del Congreso de Moscú.

La Tercera Internacional surge como una respuesta impostergable del gobierno bolchevique de la Unión Soviética frente al bloqueo que los países capitalistas le imponen.

Sweezy (2) comenta que la configuración de la III Internacional es bien diferente a las anteriores, donde la idea era de constituir un órgano coordinador, a través de una federación descentralizada integrada por representantes de trabajadores de diferentes países. Ahora el foco será la existencia de un Partido Único, Comunista e Internacional, con secciones nacionales dependientes.

O sea, la III Internacional fue la coronación del Socialismo “autoritario”, a partir de la cual todos los movimientos revolucionarios de los trabajadores tendrían que pasar por el filtro del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, presidido por Zinoviev, de la Unión Soviética.

La III Internacional realizó 7 Congresos (los primeros cinco en los años 1919-24). El sexto fue en 1928 y el último en 1935.

El cambio de frecuencia de los Congresos está íntimamente relacionado con la muerte de Lenin y la ascensión de Stalin.

A partir del Congreso de 1928, la III Internacional pasó a ser apenas una herramienta de la política exterior soviética.

Durante la Segunda Guerra Mundial, en 1943, como gesto de buena voluntad, Stalin disolvió la III Internacional, lo que no representó nada especial, porque a esta altura de los acontecimientos el Partido Comunista soviético ejercía amplia autoridad sobre los de otros países, que le rendían total obediencia. Esta dependencia aún se intensificó a partir de 1945, cuando los rusos derrotan a los alemanes, después de una heroica lucha en la cual mueren millones de personas. A partir de ahí, la Unión Soviética se levanta como la segunda potencia mundial, lo que llevará a la “Guerra Fría” con EEUU, a partir de 1950.

La evolución (o involución) de las Internacionales es resumida así por el propio Lenin (3).

“La I Internacional echó los cimientos de la lucha proletaria internacional por el socialismo”

“La II Internacional marcó la época de la preparación del terreno para una amplia extensión del movimiento entre las masas en una serie de países”.

“La III Internacional ha recogido los frutos del trabajo de la II, ha amputado la parte corrompida, oportunista, social chauvinista, burguesa y pequeño burguesa y ha comenzado a implantar la dictadura del proletariado”.

La Cuarta Internacional

Fue fundada por Trotsky en 1938 durante su exilio en México y segundo Löwy (4) nace de la oposición de la izquierda internacional como una tendencia antiburocrática de la III Internacional (Recordar que Trotsky era el segundo de Lenin, que a la muerte de éste, perdió la disputa del poder con Stalin que lo exiló y finalmente lo mandó asesinar en 1940).

Con el asesinato de Trostky (1940) esta IV Internacional se vio muy debilitada y ha tenido poco peso en los acontecimientos mundiales, aunque ha participado en la victoria de movimientos populares como el Frente Amplio de Uruguay, el Partido de los Trabajadores en Brasil, etc.

Para Trotsky, la IV Internacional no debía ser considerada como la única vanguardia revolucionaria, siendo su objetivo básico contribuir a la formación de una Nueva Internacional (la Quinta), con carácter de masas, en la cual el trotskismo sería sólo uno de sus componentes.

Löwy (4) entiende que esta V Internacional es hoy absolutamente necesaria, colocando en su construcción algunos elementos relacionados con el “socialismo holístico”, a ser discutido en próximas monografías.

Bibliografía consultada

1. BONILLA J.A. El cambio de verdad: la Gran Utopía transformándose en realidad. Montevideo: Nordan. 2006,  254 p.

2.   SWEEZY P. Socialismo. Rio de Janeiro: Zohar. 1963, 280 p.

3.. LENIN V.I – La Tercera Internacional y su lugar en la Historia. www.pacocol.org/es/biblioteca. Acceso en 15.04.06, 7p.

4. LÖWY M. ¿Por qué una Quinta Internacional? www.rebelion.org/izquierda/lowy. Acceso en 28.04.06, 5p.

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