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LAS IDEOLOGíAS SOCIALISTAS (Continuación)

LAS IDEOLOGÍAS SOCIALISTAS (Continuación)

Escrito por el Profesor José A. Bonilla (Universidad de la República, Uruguay; Universidad Nacional de Tucumán, Argentina; Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil).  bonilla.bhz@terra.com.br

EL SOCIALISMO “LIBERTARIO”: ANARQUISMO

Por lo menos en dos asuntos, el socialismo “autoritario” y el socialismo “libertario” son coincidentes:

· Ambos tienen como objetivo la justicia social (aunque los caminos para alcanzarla son notablemente diferentes).

· Ambos coinciden en una visión materialista de la sociedad humana (aunque con matices también diferenciados).

La diferencia mayor entre ambas ideologías, corresponde a la visión del Gobierno y del Estado. Para los autoritarios, eran necesarios gobiernos fuertes, capaces de encauzar las energías revolucionarias de los trabajadores para poder materializar la justicia social.

Ya los libertarios piensan que varias instituciones existentes en una sociedad convencional como iglesias y especialmente gobiernos formales, deberían ser disueltas. A partir de ese momento, y con base en autodisciplina y cooperación voluntaria, la sociedad humana puede auto-organizarse, viviendo en paz y armonía.

Existe una confusión semántica con las palabras “anarquía” o “anarquismo”, generalmente identificados como “caos” o “confusión”.

Sin embargo, etimológicamente anarquismo viene del griego, donde “an” significa “sin” y “arquia” (oriunda de la palabra “archon”) significa “gobernante”. O sea el anarquismo involucra una teoría política que considera los gobiernos (como los conocemos) nocivos e innecesarios, dado que las sociedades humanas tienen capacidad para auto-organizarse.

Por lo tanto, el buen desarrollo de una sociedad anarquista depende de autodisciplina y cooperación voluntaria y no de obediencia jerárquica.

Dicho de otra forma, esa ideología considera que los gobiernos crean una construcción artificial, en la cual el poder es impuesto de arriba para abajo. El anarquismo entiende la sociedad como algo diferente, o sea la sociedad no sería una estructura y si un organismo vivo que crece en función de su propia naturaleza. Esto parece ser un concepto nuevo, bien interesante.

Esta forma de pensar lleva a rechazar la formación de partidos políticos, ya que éstos terminan monopolizando el poder, acabando con la espontaneidad de acción de los grupos sociales, lo que llevaría, necesariamente, al autoritarismo y a la negación de la libertad humana.

Hay aquí una diferencia notable acerca del camino a recorrer para alcanzar la justicia social seguida por el socialismo “autoritario” (gobierno central fuerte) y el “libertario” (ausencia de poder central y énfasis en la descentralización a partir de núcleos, federaciones etc.).

Si bien el “anarquismo” pregona la socialización de la propiedad, del mismo modo que los “autoritarios”, considera que sin acabar con el gobierno central, solo se sustituiría la clase capitalista, por una nueva clase privilegiada: la burocracia gobernante, genialmente oriunda del Partido “autoritario”.

Sin tener aquí espacio ni intencionalidad suficiente como para discutir profundamente el asunto, parece que la teoría anarquista mencionada en el párrafo anterior y desarrollada fundamentalmente en la segunda mitad del siglo XIX, fue una previsión muy acertada de lo que acabaría ocurriendo si el socialismo “autoritario” consiguiese imponer su ideología, pues el surgimiento, expansión y decadencia de la Unión Soviética ilustra la veracidad de aquellos conceptos.

Otro punto que vale resaltar es que la visión “libertaria” parece más apropiada para el siglo XXI, que la “autoritaria” que ya hizo una penosa experiencia durante el siglo XX. En efecto, apelar para la autodisciplina y la cooperación voluntaria, ambas asentadas en la vida interior de las personas y rechazar imposiciones venidas del medio exterior, es el camino que debemos recorrer en asuntos políticos, éticos, económicos, sociales y espirituales. O sea un reflorecimiento, acompañado de algunos elementos que están ausentes en aquella ideología, nos puedan llevar a una reestructuración constructiva del socialismo como vía para crear La Gran Utopía 1). Esa reestructuración podría ser llamada de Socialismo Holístico. .

Los principales pensadores anarquistas son Proudhon, francés (1809-1865), Bakunin, ruso (1814-1876) y posteriormente Kropotkin también ruso (1842-1921). Es interesante saber que Kropotkin era hijo del Príncipe de Smolensk y de la hija de un general del gobierno zarista; por eso era llamado el “Príncipe Anarquista”.

Los libros más famosos del anarquismo son:

== Proudhon: ¿Que es la Propiedad? (1840); “Confesiones de un revolucionario” (1849).

== Bakunin: “Federalismo, Socialismo y Antiteología” (1872); “Estado y Anarquía” (1873).

== Kropotkin: “La Conquista del Pan” (1902); “Apoyo Mutuo” (1905).

Como ya fue explicado, la palabra “anarquía” significa, literalmente “sin gobernante” y como esto fue colocado como desorganización, caos y confusión, varios anarquistas deseando subrayar los aspectos esencialmente positivos y constructivos de su ideología, usan la expresión “socialismo libertario”.

Es interesante ver, por ejemplo en el “American Heritage Dictionary” que las definiciones de ambas palabras llevarían a la siguiente condensación de significados:

Socialismo libertario: Sistema social que cree en la libertad de acción, pensamiento y libre albedrío del ser humano, en el cual los productores poseen el poder político, así como los medios de producción y de distribución de los bienes.

La defensa de la libertad que el anarquismo hace en forma férrea no es una apología al individualismo (egoísta por naturaleza) y sí al crecimiento de cada persona dentro de su biodiversidad específica. Aquella ideología también propone que si bien la libertad es altamente deseable, necesita un ámbito social adecuado para desarrollarse.

Es en este punto que la diferencia entre socialismo autoritario y libertario se hace más aguda. En efecto, estos últimos defienden la idea de que el mencionado ámbito sea descentralizado y basado en la gestión directa de las personas, oponiéndose a toda centralización jerárquica que involucre una autoridad coercitiva; ya la autogestión sería la esencia de la libertad.

En este punto, la ideología anarquista, cien años antes que Koestler (5) desarrollase la visión holística con sus dos principios básicos: auto-afirmativo (tiene que ver con la parte, el individuo) e integrativo (tiene que ver con el conjunto, con la sociedad), ya había sentado la base de estos conceptos, aunque con palabras diferentes.

Así, el socialismo “libertario” enseña que la libertad es la mayor riqueza humana, pero ella no puede ser usada como arma de imposición a los otros, ya que si así ocurriese, dejaría de ser libertad y sería prepotencia. La libertad, a través de la autodisciplina y la cooperación voluntaria, debe estar al servicio del progreso de la sociedad, o sea de cada parte o individuo (principio auto-afirmativo), así como del conjunto social (principio integrativo).

El movimiento anarquista ha tenido una amplia difusión y actuación en el mundo (algo disminuida actualmente por el peso insoportable de la globalización y el consumismo). Algunas de las participaciones más notorias son:

· La Comuna de París (1871) (ver más adelante). Según Bakunin, fue el primer ensayo y demostración práctica de aquella ideología.

· Los mártires de Haymarket. La celebración del Primero de Mayo como el día del Trabajador, tiene como origen la ejecución de cuatro anarquistas en 1886 en Chicago, en ocasión de la lucha de los trabajadores por la jornada de ocho horas.

· Formación de uniones sindicalistas. Entre 1890 y 1914 (inicio de la primera guerra mundial) hubo el apogeo del movimiento anarquista en casi todos los países industrializados de Europa, en los Estados Unidos e inclusive en América Latina. Esta expansión se debió a aceleración de uniones sindicalistas, organizadas en forma confederada y no impositiva o jerárquica.

En particular, en España, cuando se inició la guerra civil española, en 1936 (ver más adelante), la unión anarcosindicalista (CNT) contaba con un millón y medio de miembros.

· En Rusia, la participación de los anarquistas fue fundamental para la derrota imperial y el triunfo de la Revolución (1917). Ellos fueron particularmente activos en la creación de formas de producción autogestionarias, a través de comités y consejos de fábricas, que recibieran el nombre de “soviets”. Una expresión muy en boga en 1917-18 era “Todo el poder a los soviets”. En pocos años, con la derrota del socialismo libertario frente al autoritario, la consigna cambió para “Todo el poder al Partido”.

Aquella derrota de los libertarios, incluyó su eliminación física por parte de los bolcheviques. Para pasar del poder de los “soviets” al poder del Partido, Lenin suprimió el control autogestionario, realizado por los propios trabajadores, a partir de la premisa de que aquel control reduciría  la productividad.

El alzamiento de Kronstadt en 1921 según (2), fue “el primer intento totalmente independiente del pueblo de liberarse de todo control y llevar a cabo la revolución social; este intento se hizo directamente por la clase obrera, sin pastores políticos, sin líderes, sin tutores”.

· En Ucrania, bajo el liderazgo de Néstor Makhno, las ideas anarquistas se aplicaron con éxito, a través del desarrollo de una verdadera auto-determinación social, apoyada en procesos autogestionarios. Makhno llegó a ser conocido como el “Robin Hood” de Ucrania enfrentando el zarismo, los nacionalistas ucranianos y finalmente a los bolcheviques de Lenin, que acabaron triunfando.

A partir de estos y otros hechos, los anarquistas ya en 1921, comenzaron a describir la Unión Soviética como un país que no era conducido bajo una óptica socialista y si de “capitalismo de Estado”.

· En Italia, en 1920, aprovechando la insatisfacción general del proletariado, así como canalizando el fervor oriundo de la Revolución Rusa, comenzaron huelgas de ocupación, que se extendieron hasta los campesinos, que tomaron tierras.

Los huelguistas, sin embargo, no apenas ocuparon las empresas y sí desarrollaron un régimen de autogestión que pronto involucró 500.000 huelguistas ¡que estaban produciendo para ellos mismos!, eliminando así la respectiva plus-valía. En (2) Guerin nos informa detalles específicos: “La autogestión emitió su propio dinero. Se requería estricta disciplina, y una estrecha solidaridad se estableció entre las fabricas, donde las materias primas, incluyendo el carbón se ponían en un fondo común y se repartían equitativamente”.

Desentendimientos entre la orientación libertaria, la autoritaria y las uniones reformistas, abrió espacio para una negociación con el gobierno para volver a la “normalidad”. Los anarquistas eran contra esto; pero como estaban en minoría fueron derrotados. A partir de este desenlace se sembraron las semillas del fascismo, que apareció como prevención contra-revolucionaria; en efecto, a pesar de sus discursos populacheros, el fascismo siempre contó con apoyo y admiración de los capitalistas y terratenientes.

· La Guerra Civil española duró tres años (1936-39)(*) y ocurrió a partir del alzamiento fascista del General Franco contra el gobierno legal, comandado por el Presidente Azaña, del Partido Republicano. El pueblo español, creó un ejército de milicianos para enfrentar los sublevados. Esto involucró el mayor experimento del socialismo libertario de todas las épocas.

En efecto, más de 7 millones de personas en un total de 24 (o sea alrededor de 30% de la población), pusieron la autogestión en práctica. En particular, toda la industria de Cataluña fue puesta bajo auto-gestión de los trabajadores o por lo menos, su producción controlada por ellos.

Los anarquistas colocaron la unidad antifascista antes de todo, luchando junto con socialistas, comunistas, republicanos etc. Después de una serie de victorias, las resistencias fueron carcomidas de dentro por las divisiones internas, ya que los autoritarios no admitían la autogestión y sí el predominio del Partido.

También influyó decisivamente la gran ayuda que recibió Franco de Alemania e Italia (que aprovecharan esa guerra para experimentar sus armamentos). Entre tanto, Inglaterra y Francia permanecieron ajenas al conflicto. El resultado final fue la derrota del movimiento revolucionario.

· La Rebelión Estudiantil en Francia

Ocurrió en mayo-junio 1968 y tal vez fue el resurgimiento del anarquismo de sus cenizas como nueva ave fénix. Ese movimiento fue encabezado por un grupo de libertarios, entre ellos Cohn-Bendit.

En la medida en que las represiones policiales ordenadas por el gobierno iban aumentando, el movimiento que inicialmente era de protesta contra aquellas, pasó a tomar un cariz revolucionario. El 13 de mayo hubo manifestaciones masivas que totalizaron más de un millón de personas, sólo en Paris.

Ya al día siguiente los obreros ocupan numerosas fábricas, inclusive la mayor de Francia, la Renault-Billancourt. El día 20 las huelgas y ocupaciones se generalizaron, involucrando por lo menos seis millones de personas comprometidas con el movimiento.

El Gobierno y los patrones, gendarmes del capital se asustaron, así como el Partido Comunista, que dirigía la mayoría de los sindicatos. El resultado fue un acuerdo espurio entre estos tres elementos.

Bookchin dice que “dentro de las asambleas, un hambre de vivir tocó a millones de personas, un renacimiento de los sentidos que el pueblo no sabía que era suyo. No fue una huelga de estudiantes o de obreros. Fue una huelga del pueblo que no se percató de ninguna división de clase”.

La combinación de las energías autoritarias (capitalistas y comunistas), así como las maniobras del gobierno desplegando fuerzas militares muy poderosas y garantizando aumentos de salarios de hasta 35%, acabó restableciendo la normalidad en Francia por vuelta del 5 de junio.

También los lideres estudiantiles (ver Cap. 2 y posteriormente Cap.5) tuvieron vislumbres que los llevaron a comprender algo crucial: No es suficiente con cambiar de gobierno (aunque puede ser necesario), o sea no es suficiente con el cambio externo, tenemos que sintonizarlo con el interno.

En (2) se plantean 36 preguntas sobre anarquismo y se proporcionan las respectivas respuestas. Creemos que para una visión preliminar de la ideología anarquista sea suficiente su consulta. Para lectores que quieran profundizar el tema pueden consultar los principales autores, especialmente los clásicos (Proudhon, Bakunin, Kropotkin).

Por lo expuesto, la opción libertaria se presenta como digna de consideración, pues ella toca la esencia del ser humano: su condición natural de ser libre, simultáneamente comprometido con la sociedad en la que vive. La autogestión, la autodisciplina, la solidaridad, la cooperación voluntaria y otros atributos de ese tipo, forman su centro fundamental. Y todos ellos serán necesarios  para la creación de la Gran Utopía (ver Bonilla, 3) a ser construida a través de la “Revolución Integral de las Conciencias” que es la propuesta que desarrollamos en estas monografías. .

¿Esto quiere decir que el “socialismo libertario” es la “nueva” gran idea a impulsar? Creemos que no, si antes no es hecha una reformulación, a través de su transformación en “socialismo holístico”, asunto a ser discutido próximamente.

La idea central a desarrollar rápidamente en este momento, es que la visión holística precisa ser incorporada, especialmente en lo que tiene que ver con el reconocimiento de que el ser humano está constituido por cuatro componentes, a saber: material, mental, afectivo y espiritual.

Creemos que el socialismo libertario, influenciado por sus principales ideólogos, que construyeron su teoría básica hace más de cien años, estaba en un contexto que cambió y continúa cambiando. Veamos:

· En la segunda mitad del siglo XIX, tanto Marx como Bakunin y otros, percibieran la religión como una cosa nefasta para la evolución individual y social. En particular, Marx nos legó su memorable frase: “La religión es el opio del pueblo”.

· Sin embargo, en la época el análisis se centraba en los efectos negativos que la religión (especialmente occidental) tenía sobre las personas en términos de dependencia, de manipulación y de alienación, así como de omisión. En efecto, no se vio la religión prevaleciente, por lo menos en la forma practicada, colocarse al lado de los pobres, los humildes, los desposeídos. Su alianza (a veces explícita, otras veces implícita) con el poder económico llevó a extremos puritanos de ver el “pecado” solo en términos de sexo fuera del matrimonio, pero no en la exploración del hombre, en la penosa situación de la mujer, en la desigualdad chocante entre los seres humanos, etc.

· Pero, y aquí está lo fundamental: religión no es sinónimo de espiritualidad (auténtica). La especie humana ha tenido gloriosos ejemplares de maestros espirituales, desde Hermes Trismegisto, Aquenaton y Zoroastro, hasta Lao-Tse, Buda o Jesús. También hemos tenido religiones que han quemado tres millones de personas en la hoguera, porque no querían aceptar los dogmas que les eran impuestos (lo que no significa que eran ateas) y lo peor, en nombre del venerado nombre del Cristo.

· Lo que aquí se plantea, en forma resumida y preliminar es lo siguiente: precisamos separar religión de espiritualidad; estudiar con mayor profundidad las diferencias entre estos dos conceptos y responder sin dogmas, ni ideas preconcebidas, si la espiritualidad (auténtica) es (o no) una herramienta importante (tal vez imprescindible) para activar en forma completa la tan esperada Revolución Integral de las Conciencias.

Finalmente, cabe agregar que en los últimos cien años, a partir de la Teoría de la Relatividad y de la Teoría Cuántica (desconocidas con certeza por Marx, Proudhon y Bakunin y los otros), nos proporcionan conocimientos que permiten ver el hombre, el planeta y el Universo todo de manera totalmente diferente. La consecuencia más importante de esto es que la Ciencia más avanzada, converge cada más con la espiritualidad (auténtica) que, por ejemplo, conocía hace 5000 años (!) la Teoría de la Complementariedad, penosamente descubierta por Nils Böhr, por vuelta de 1930.

Bibliografía consultada

1).   BONILLA J.A. El cambio de verdad: la Gran Utopía transformándose en realidad. Montevideo: Nordan. 2006, 254 p..

2) SIN AUTOR. Preguntas frecuentes sobre anarquismo. www.autistici.org. Acceso en 14 de abril de 2011

3) BONILLA J.A. El cambio de verdad: La Gran Utopía se transforma en realidad. Montevideo:Nordan. 2006, 254 p.


(*) Por más detalles, ver más adelante.

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