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EL REFLEJO DE LOS CAMBIOS SOCIALES EN EL INDIVIDUO

Escrito por el Profesor José A. Bonilla (Universidad de la República, Uruguay; Universidad Nacional de Tucumán, Argentina; Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil).  bonilla.bhz@terra.com.br

En los últimos 350 años y a partir de la llave simbólica: “Pienso, luego existo” gran parte de la Humanidad, especialmente occidental comenzó a trillar un largo y contradictorio camino, bautizado con el nombre de paradigma cartesiano. Por un lado, la producción de bienes materiales (especialmente en los últimos años) aumentó de forma asombrosa en términos de cantidad, diversidad y sofisticación; por otro, la promesa de un mundo mejor y de un mayor progreso fue cumplido de forma muy fragmentaria.

Este nuevo mundo es mejor, apenas materialmente, y solo para una faja de población bastante restricta. O sea, la explosión de conocimiento técnico-científico que aquel paradigma trajo, ayudó a aumentar el foso entre los países pobres (pulidamente llamados de países en vías de desarrollo) y los países ricos. Dentro de cada nación, la riqueza material se concentró de tal modo que los pobres están cada vez más pobres y los ricos cada vez más ricos.

¿Hay alguna falla básica en el paradigma cartesiano que podría ser identificada como la causa principal de este desvío imprevisto? Para tentar responder esa crucial pregunta, precisamos volver al ser humano, su evolución y sus hemisferios cerebrales. En efecto, el paradigma cartesiano sigue un desarrollo lineal, analítico, secuencial, de relaciones causa-efecto inmediatas, entronizando el aspecto mental (y descuidando completamente los aspectos afectivos y espirituales, propios del ser humano), lo que es atributo del hemisferio cerebral izquierdo.

De este modo, fueron privilegiadas las partes (y realmente resultados espectaculares fueron obtenidos en esa dirección: computadores muy potentes, viajes a la Luna, transplantes de corazón y fibras ópticas, pero también… poderosísimas bombas atómicas). Mientras tanto, se perdió la visión del Todo.

Esta incapacidad de percibir el Todo, llevó al énfasis en la creación de especialistas miopes, imbuidos de una percepción mecanicista del mundo y de la vida, abordando en forma reduccionista los fenómenos naturales y los problemas humanos Los sentimientos y la vida espiritual fueron aprisionados dentro de corazas monolíticas.

Así, el ser humano fue transformado – en gran parte – en un autómata como los perros de Pavlov, que respondían con movimientos reflejos a los estímulos del investigador. En el caso del ser humano, los estímulos son dados por los medios electrónicos de comunicación, que nos dicen lo que debemos comprar si queremos ser aún considerados como habitantes de este planeta, no importando lo superfluo o absurdo que sea el producto ofrecido.

Así el mundo Uno fue fragmentado en partes, en millones de partes y ellas están en venta en el mercado, ofrecidas como sucedáneos de la felicidad y del bienestar. Lo terrible es que esa fragmentación se llevó casi todo lo que es importante para la Humanidad: la salud, la creatividad ética, la solidaridad, la cooperación, o sea: la alegría de vivir.

En el inicio del Tercer Milenio, la Humanidad rebosa de conocimientos técnicos y científicos, mientras los grandes problemas de aquella están lejos de ser resueltos: enfermedades nuevas aparecen y las medioevales reaparecen; el medio ambiente continúa siendo asustadoramente contaminado a pesar de que son plenamente conocidas sus consecuencias negativas; la violencia en todos los niveles, en lugar de disminuir, aumenta; el hambre y el derroche, el lujo y la miseria, andan de manos dadas.

Este desenlace, en realidad, es lógico. El Universo todo está asentado en dos principios básicos, como ya vimos: el principio auto-afirmativo (que cuida y protege cada parte) y el principio integrativo (que combina las partes y sus interacciones en un Todo).

El hecho es que el paradigma cartesiano, priorizando las partes, privilegia el principio auto-afirmativo. No poseyendo este principio una percepción global, concentra sus energías en hacer prosperar lo más posible, cada parte específica.

El desaguadero evidente de este proceso es el egoísmo, la gananciosidad, y la explotación, tan acentuados en la actual fase de la evolución del ser humano, donde la procura de dinero, poder y status está muy por encima de cualquier otro factor. Olvidado o despreciado el principio integrativo, la mente y el corazón humano se divorciaron; la Mente fue coronada como la Reina y el corazón como un plebeyo, indigno de consideraciones más nobles. Sin embargo, la reconciliación entre mente y corazón o entre el Ser Exterior y el Ser Interior es el misterio central de todas las religiones elevadas y fraternidades místicas(*).

Al entrar en el Tercer Milenio, asistimos a un proceso de cambio del paradigma cartesiano para uno nuevo, llamado holístico. Se trata, por lo tanto, de un cambio auténtico, donde lo antiguo es sintetizado por lo nuevo; no hay polarización y sí armonización. En verdad la visión holística no desprecia el cartesianismo y sí lo incorpora. El holismo dá una moldura, un contexto, una orientación al cartesianismo. No se trata, pues, de abandonar los aspectos físicos y mentales del ser humano y sí de integrarlos armoniosamente con los aspectos afectivos y espirituales.

Ferguson (1) dice que son cuatro las fases de transformación que se relacionan con cambios en el ser humano. Ellas son:

a) Punto de partida. Este punto es aparentemente aleatorio, pero nada ocurre al azar. No es que el cambio encuentre su punto de arranque a partir de un acontecimiento exterior y sí que éste sirve apenas de condensador para una energía subyacente, que estaba en plena fase de desarrollo interior. Es otro ejemplo de visión holística: el interior ya maduro para el cambio, procura manifestación en el mundo externo; para que esto ocurra, un efecto disparador de algo que ya estaba pronto para ser iniciado (el cambio), debe acontecer desde afuera. Este efecto puede ser proporcionado por una conversación, por una noticia, una conferencia, un libro o quien sabe, un simple artículo periodístico.

Pero el punto de partida es apenas un inicio que puede ser seguido de una reacción de miedo. Todo lo nuevo es asustador. Ya no se trata de un mundo seguro, binario, en blanco y negro, y sí de una especie de caleidoscopio. Es como un ciego que de repente recupera la visión y se siente amedrentado frente al exceso de luz. Pero hay un miedo peor según Maslow (2): “El miedo de saber es muy frecuentemente un “miedo de hacer”. Es que el saber involucra responsabilidad. Algunos son presa de pavor en esta fase y no progresan. Otros, mientras tanto, superan el miedo y quieren profundizar el cambio tenuemente sentido. Estos pasan  a la fase siguiente:

b) Exploración. Con más velocidad, o más parsimonia se comienza a explorar el cambio, aunque aún al modo antiguo: nos vigilamos acerca de cuanto avanzamos, nos comparamos con otros, queremos imitar a alguien en el modo de actuar y despreciamos el modo de otros.

El yo Exterior aún permanece en el comando y tenta colocar la senda del cambio en un encuadramiento cartesiano. Al final de la fase, se percibirá que hay muchas sendas para llegar a la cumbre de la montaña y que el dogmatismo - de cualquier clase - solo sirve para retardar y hasta impedir el proceso de cambio. Esta fase también puede ser llamada de sensibilización.

c) Integración. El principio integrativo emerge de nuestro corazón y en lugar de tentar sustituir el principio auto-afirmativo que prevalecía anteriormente, lo envuelve con un cálido manto de afectividad y espiritualidad. Entonces empezamos a percibir que los viejos hábitos, creencias y valores son bastante incongruentes con lo que ahora vivenciamos. De esta manera, desarrollamos una nueva manera de ser: más comprensiva, más solidaria, más armoniosa. Esta fase también puede ser llamada de concientización holística.

d) Conspiración. Aquí llegamos a la culminación del proceso. En ella, descubrimos nuevas formas de acción, nuevas ideas, nuevos poderes, todos ellos tendientes a la auto-realización personal y a la cooperación humana. Un gran desafío comienza a hacer imperioso su abordaje: si nuestra mente es capaz de desarrollar un progreso ahora elevado de transformación, por qué multiplicándolo a través de un esfuerzo colectivo, ¿no podrá ser restaurada y transformada la sociedad?

Ahora, lo que era individual o pequeño-grupal, pasó a ser una necesidad social; se precisa “conspirar” (“respirar junto”), no para imponer cambios y sí para hacerlos viables para aquellos que acreditan en ellos, pero aún no tienen fuerzas suficientes para implementarlos. Esta es la fase de la acción holística.

El cartesianismo imperante nos ha llevado a trabajar con cualidades, utilizando los métodos cuantitativos exigidos por el método científico. Ferguson (1) hace, al respecto, preguntas muy comprometedoras, como ser:

· ¿Lo que es evaluado en un test de inteligencia?

· ¿Dónde, en el equipamiento médico, está la voluntad de vivir?

· ¿Cuál es el tamaño de una intención?

· ¿Cuál es el peso de un aborrecimiento o la profundidad de un amor?

Existe un hecho real: las interacciones, las conexiones, las interdependencias, los cambios, las transformaciones pueden ser medidas arbitrariamente según índices abstractos que podemos inventar. Pero no existen en la estructura del método científico, condiciones para evaluar de forma consistente, la riqueza, la diversidad y la complejidad de los cambios cualitativos.

Julius Stulman, Asesor Financiero del Instituto Mundial dice: “A pesar de los avances ya obtenidos, de ahora en adelante no podemos hacer nada (válido) hasta que pensemos de manera diferente”.

Stuart Mill, en el siglo XIX, había dicho: “Ninguna gran mejoría en la suerte de la Humanidad será posible hasta que un gran cambio ocurra en su modo de pensar”.

La onda de cambios en el modo de pensar, sentir y actuar se extiende por la sociedad humana. Las pesquisas de Harris, por ejemplo muestran esto perfectamente, configurando una creciente tendencia para revertir la orientación materialista, tan marcante hasta ahora. En efecto, ese investigador constató en EEUU que:

· Ochenta por ciento de las personas prefieren gastar más tiempo con integración humana que con comunicaciones tecnológicas perfeccionadas y esperaban ver la sociedad apreciar más los valores humanos que los materiales.

· Sesenta por ciento declaró que era preferible obtener del trabajo, recompensas internas, de que aumentar la productividad.

· Setenta por ciento deseaba ver la educación de los hijos, dirigida más en el sentido de recompensas intangibles de que en el de un padrón material más elevado (o sea Calidad de Vida versus Nivel de Vida).

Los individuos que ya están en fase de transformación interior percibieron la necesidad de la acción colectiva holística y para eso están creando una nueva institución, un sistema abierto en constante flujo, capaz de transformaciones sin fin. Estas instituciones son las redes. La atención es dada ahora al proceso, no al producto final.

Según Ferguson (1), las funciones básicas de las redes son:

· Apoyo mutuo y enriquecimiento personal(*), permitiendo el fortalecimiento del individuo y viabilizando su cooperación en pró de la transformación.

· Crear un mundo más humano y más hospitalario.

· Desarrollar estrategias a través de las cuales pequeños grupos puedan transformar la sociedad (y ya lo están haciendo).

· Estructurar una resistencia social a las tendencias centralizadoras, autoritarias y restrictivas.

Las asociaciones de redes o Rede de Redes es denominada de SPIN (Redes Integradas Policéntricas Segmentadas, en español). Ellas podrían ser representadas gráficamente por una red de pesca mal remendada, con numerosos nudos de tamaño variado, pero cada uno de ellos ligado a todos los otros, directa o indirectamente. Por otro lado, cada segmento del SPIN es auto-suficiente. No puede ser destruido si algún líder fuese eliminado o un órgano vital, inutilizado. Esto es así porque el centro del SPIN, o sea su corazón es ubicuo: está en todas partes y en todo lugar (es claro que para comprender esta afirmación, el enfoque cartesiano es insuficiente; precisamos interpretarlo a través del paradigma holístico)

Las Redes de Redes se están formando aceleradamente en el seno de la sociedad humana (por ejemplo los Fórums Sociales Mundiales). Ferguson (1) dice que ellas son una fuente de poder – descentralizado – jamás manifestadas en la Historia de la Humanidad.

La “conspiración acuariana” no es otra cosa que un SPIN de SPINS y ella no puede ser detenida porque no fue creada por ningún ideólogo específico. Simplemente, es la manifestación visible, externa del cambio interior de las personas, consideradas individualmente e integradas colectivamente.

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(1) FERGUSON M. A conspiración aquariana. Rio de Janeiro: Record. 1980, 427 p.

(2) MASLOW A. H. Motivation and Personality. Nueva York: Harper y Row, 1970.


(*) Religión viene de “religar” (volver a ligar lo que fue separado).

(*) No en dinero y si en crecimiento.

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