Educación para la Vida

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PRECISAMOS DE LOS JÓVENES PRA CONSTRUIR UNA NUEVA SOCIEDAD : LA GRAN UTOPIA

Escrito por el Profesor José A. Bonilla (Universidad de la República, Uruguay; Universidad Nacional de Tucumán, Argentina; Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil).  bonilla.bhz@terra.com.br

La enseñanza formal (primaria, secundaria, Universidad) proporcionan a los jóvenes, conocimientos necesarios (desde fabricar una mesa hasta hacer transplante de corazón), o sea los abastecen de hechos (o sea: como se hacen las cosas)

Sin embargo, la vida es mucho más que eso, lo que podemos resumir en una palabra: valores. La cultura en la que estamos viviendo se está desmoronando, porque cultiva valores falsos: no hay ideales, todos debemos seguir modelos de vida que nos imprime el poder económico.

El valor antiguo de consumir para vivir ha sido sustituido por el moderno vivir para consumir (no  importa lo que, sobrentendiéndose que lo moderno es lo bueno, lo actual, lo deseable, independiente de lo que hayan enseñado Jesús El Cristo, Bolívar, Artigas o los otros sabios, antiguos o modernos)

O sea, hemos sido “educados”  no a auto-valorizarnos y sí a ser valorizados por el sistema económico, reviviendo el viejo dictado “tanto tienes, tanto vales”, aunque hoy eso ya ha sido camuflado, porque el “tanto tienes” ha sido sustituido por el “cuanto  debes’ (tarjetas de crédito de por medio).

La valorización viene de dentro, por eso se llama “auto-valorización” y no de afuera. Afuera te dicen que si no compras el último grito del producto X, eres un cavernícola. ¡Mira que lindo que es! ¡Tira ese cascajo a la basura! Pero todo cuesta. Si es un auto, ¿Será que tienes dinero sólo pagar las cuotas? ¿Pero la gasolina, la patente, las multas, los desperfectos, etc.? El hecho es que esta presión interna, producto del lavaje cerebral hecho por los medios de comunicación, generalmente te lleva a reventar la tarjeta se crédito hasta hacer pasar necesidad a la familia. Y además, después que revienta la última tarjeta ¿Qué vas a hacer?

Claro que el vecino te va a admirar, diciendo: “Este Juan tiene un sueldo de morondanga, pero también tiene un auto flamante en el garaje. ¡Que envidia!”

En resumen, precisamos pasar al consumo conciente, dejando para atrás el consumo compulsivo, aquel que los medios de comunicación nos imponen a través del lavaje cerebral, a veces idiotizante, que nos transmiten a toda hora del día,  usando mensajes que parecen seductores, pero que en realidad son las seducciones de la serpiente  que nos muestran los libros bíblicos.(Mencionamos los textos bíblicos porque son de amplio conocimiento popular, dejando claro que no debemos tomarlos al pié de la letra).

En resumen, si estamos de acuerdo con la sociedad humana tal como está funcionando, lo que dijimos anteriormente sobre valores, es mejor olvidarlo. Pero si estamos insatisfechos con la forma en que se vive (no me refiero apenas a nuestro país y sí a la sociedad mundial, que amenaza derrumbar a la Humanidad con sus negociados y bancarrotas financieras, especialmente a los tontos del Sur que fuera de nuestro sudor, sangre y lágrimas, entregamos toneladas de oro a cambio de cachivaches)

Pero si concordamos con la segunda hipótesis, precisamos preocuparnos seriamente con los jóvenes, porque ellos tienen la energía necesaria para salvar el planeta, o quebrarlo de forma definitiva (cambio climático, arsenal atómico, concentración absurda de riqueza y millones de hambrientos, etc.).

Con seguridad, algunas personas, con tendencias religiosas, nos dirán que la salvación depende de Dios y por ella debemos orar. Nada contra. Pero se olvidan de una cosa: El Creador nos hizo para que fuésemos sus auxiliares en este universo material y no holgazanes esperando que nos caiga el alimento en la boca.

Por lo tanto, se deduce que debemos agregar un factor fundamental: ACCIÓN. ¿Será tan difícil? Pensemos en esto: de la misma forma que una minúscula semilla de eucalipto, con el tiempo da origen a un árbol gigantesco con 30 ó 40 metros de altura. Así, un grupo de jóvenes bien orientados (nunca dogmatizados a través de un lavaje cerebral), podrá ser el motor de arranque donde se podrá formar a la velocidad que sea posible, una nueva sociedad, a la que bautizamos como La Gran Utopía.

¿Y de que forma práctica organizar esta actividad? Hay un hecho real: la última chispa de idealismo que hubo en el mundo fue la Revolución Estudiantil Francesa en 1968 (¡ya pasaron 45 años!), de modo que hay un largo tiempo en que la comunidad quedó estancada, atrapada en el consumismo. El Renacimiento, que se rebeló contra el oscurantismo religioso, ocurrió hace más de 400 años, el método científico más de 300, la Revolución Francesa más de 200, el ideal bolivariano y el artiguista, casi 200, la rebelión del proletariado, más de 100 y ahora ¿que tenemos? : Globalización y bancarización a favor de las multinacionales, recesión, prepotencia, etc. ¿Será que el idealismo murió? ¿Será cosa de soñadores absurdos? No, los ideales están escondidos esperando el momento de manifestarse y el momento es este.

Pero hay una cosa: se precisa energía para liberarlos y la energía está en los jóvenes. Esa es la tarea: despertarlos para que nos ayuden a transformar el mundo.

La enseñanza oficial es necesaria (primaria, secundaria, universitaria), pero hoy ya es insuficiente. Algo más profundo se volvió indispensable, que se podría resumir en apenas  una pregunta: “Cual es el sentido y el significado de la vida humana?”

Es claro que esta pregunta no puede ser respondida  con un dogma político, religioso o de cualquier otro tipo. Ella debe ser tomada como un camino para estimular  la mente juvenil, para que comiencen a percibir cosas que no aparecen en la televisión ni en los affiches propagandísticos.

Es interesante resaltar que los indígenas eran considerados tontos de remate cuando entregaban oro y plata, que para ellos eran secundarios, a cambio de espejitos y cuentas  coloridas. ¡Que soberbia la nuestra! ¡No nos damos cuenta que ahora lo que les entregamos al poder económico es la vida, a cambio de “modernidades”!

Lo que precisamos es de mentes adultas, entrenadas en pensar, en escribir, en intercambiar ideas, en no creerse dueños de la verdad y sí en verdaderos orientadores, capaces de estimular a los jóvenes a colocar sus anhelos y esperanzas y a través de la combinación de la sabiduría antigua  con las condiciones modernas de la vida, crear una sociedad más justa, más digna, más humana y… ¡más feliz! Es a eso que le llamamos La Gran Utopía.

En la medida en que este intercambio de ideas se desarrolle en forma generosa y solidaria, se irán desarrollando formas de pensar, sentir y actuar diferentes a las que hoy nos oprimen, desde el abuso económico hasta la estéril burocracia, pasando por todas las otras formas intermediarias.

El planeta está amenazado por todos los lados. Ya no aguanta más. Probablemente esta sea la última década que podamos hacer algo de provecho antes que ocurran fenómenos irreversibles.

Repetimos que éste trabajo debe ser colectivo, por encima de ideologías políticas, dogmas religiosos o cualquier otro tipo de ideas preconcebidas. Es el ser humano recuperando su grandeza interior, hoy sepultada debajo de productos y más productos. Por eso parecemos tan pequeños, frágiles e indefensos frente al poder, venga de donde venga.

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