Educación para la Vida

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LA IZQUIERDA LATINOAMERICANA PRECISARÁ UNA REFORMULACIÓN PROFUNDA O APENAS ALGUNOS AJUSTES?

Escrito por el Profesor José A. Bonilla (Universidad de la República, Uruguay; Universidad Nacional de Tucumán, Argentina; Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil).  bonilla.bhz@terra.com.br

Comenzamos este artículo, haciendo una pregunta fundamental: ¿Por qué las personas se están inclinando hacia la izquierda en los últimos años en la América Latina y en especial en el Uruguay? Respuestas interesadas y engañosas no nos ayudan, apenas nublan nuestra vista. En principio percibimos dos líneas de respuesta:

== “Cada vez comprendemos más y mejor la importancia de la justicia social” (pero, ¿para todos o sólo para nuestro entorno, cualquiera que sea este?)

==” Estamos cansados de gobiernos de derecha, mancomunados con el poder económico. Queremos algo nuevo” (pero, ¿se está dispuesto a hacer sacrificios si “lo nuevo” así lo exige?)

En cualquier hipótesis, dos expresiones parecen sobresalir: “adhesión a los ideales de la izquierda, especialmente justicia social” y “querer algo nuevo”

Esto nos lleva a la discusión de que ideales son estos y que podría ser “lo nuevo”. El abordaje de este asunto, precisa ser, si fuera necesario, profundamente autocrítico, No podemos endulzar nuestro ego con el canto de sirena de que somos los mejores y parar por ahí.

Está claro que el ideal socialista (en sus diferentes tendencias) se asienta en la justicia social, centrada en el concepto marxista de plus-valía. Creemos que el mismo es básicamente correcto, aunque más de 150 años después de haber sido proclamado, precisaría un enfoque más completo. Por ejemplo, el sistema económico, no sólo confisca el fruto del trabajo y sí también el de los usuarios, cuando produce artículos y servicios de mala calidad y a precios abusivos, como de la comunidad, cuando contamina el medio ambiente.

El problema radica en el hecho de que la ideología de justicia social, fue desarrollada en el marco de una visión del mundo reduccionista y mecanicista, heredada de la época de Descartes, cuando la racionalidad emergió, sobreponiéndose a las tinieblas pseudo espirituales de la Edad Media. A partir de ella, el ser humano fue considerado apenas como una mezcla de elementos físicos y químicos (a pesar de que hasta ahora, ningún científico nos ha descrito cuales son las propiedades físico-químicas de los pensamientos y de los sentimientos, por ejemplo)

Tuvimos que esperar hasta la década del 60, para que – para nuestro orgullo y nuestra felicidad - un latinoamericano nos ofreciera esta ecuación: “Debemos ser duros en la lucha, pero sin perder la ternura jamás”.

Del mismo modo que las enseñanzas del Cristo han sido deformadas y despreciadas en su esencia durante estos dos milenios, lo que el  inmortal Guevara nos colocó, no fue suficientemente absorbido por la izquierda. Y el hecho es que precisamos absorber ambas enseñanzas, si realmente procuramos “lo nuevo”

En realidad, el Che – seguramente sin estar racionalmente consciente de ello -  resumió en una línea, lo que actualmente denominamos de enfoque holístico, el cual involucra dos principios básicos, válidos para una célula, para un ser humano o para el Universo todo. Ellos son:

== Principio auto-afirmativo: Es el principio que caracteriza la parte, la fracción. Aplicado a un ser humano específico, él opera procurando el crecimiento individual del mismo. La dirección y las características de este crecimiento, dependerán de la orientación que la persona dé a su vida. Sin embargo, tarde o temprano, se presenta una bifurcación. En ella hay dos direcciones posibles: una es aumentar el crecimiento individual (el que se transforma ahora en hinchazón), por medio de la procura exclusiva de bienes materiales, lo que hoy prevalece a través del funesto ritual del consumismo.  La otra dirección es comprender que el crecimiento individual es imprescindible y que nadie lo puede hacer por nosotros, pero que sólo tendrá sentido, si es dirigido al conjunto, a lo colectivo, a la sociedad. Esto último, conduce a la otra dirección:

== Principio integrativo: Es el principio que caracteriza al Todo, llámese Humanidad, Planeta o Universo. La pragmática filosofía occidental lo ignora. Y es por eso que estimula la destrucción, la contaminación, el consumismo y todo lo que satisfaga al goce individual, lo que, de paso, proporciona magníficos lucros al sistema económico globalizador.

Estos principios nos llevan a comprender que debemos ver más allá de nuestras narices, de nuestro frágil cuerpo físico. Vivimos en una cierta ciudad, en un cierto país. Esto es real. Pero también vivimos en un planeta, en un sistema solar, en el Universo. y esto también es real.

El genial Einstein, reconocido como el mayor científico de todos los tiempos, nos habla de religiosidad cósmica.  Pero ¿que significa eso? Para tranquilidad de algunos lectores, él también nos dice que no es enseñada por ninguna Iglesia y la explica así: “Esta religiosidad implica en deslumbrarse, en extasiarse delante de la armonía de las Leyes de la Naturaleza, revelando una inteligencia tan superior, que todos los pensamientos y todo su ingenio, no pueden revelar delante de ella, a no ser su  nada irrisorio” (Es digna de resaltar la humildad con la cual el gran Einstein se coloca frente a la Naturaleza, comparada con la destructora arrogancia de ” los dueños del mundo”)

Por lo tanto, por más que las enseñanzas de los grandes maestros espirituales de la Humanidad de todas las épocas, hayan sido deformadas en gran parte, por grupos de poder que se apoderaron de ellas, resta el hecho que la Espiritualidad es un atributo humano. (Los estudios neurobiológicos de los últimos 25 años, han descubierto que junto a las ya conocidas inteligencias intelectual y emocional, existe la inteligencia espiritual).

Precisamente, la espiritualidad (y la afectividad) son los componentes humanos que nos vinculan al principio integrativo. (Dígase de paso, especialmente para los que profesan la religión cristiana, que ese principio fue ofrecido a la Humanidad con otro nombre, más simple, hace 2000 años. Ese nombre es Amor, que en verdad es una palabra fácil de escribir, pero bastante difícil de aplicar. Tal vez por eso, estemos en esta situación tan negativa).

La ceguera espiritual es la causa fundamental de la mencionada filosofía utilitaria que hoy prevalece, según la cual lo único importante es el mundo exterior, lo tangible (especialmente los bienes físicos y las cuentas bancarias). Esto nos lleva de la mano  al culto de las apariencias, del consumismo, de la superficialidad y de la irresponsabilidad, tan extendidos en el planeta. (Habría otro discurso más profundo a hacer, que lo dejamos para otra oportunidad: esa ceguera espiritual no es propiedad exclusiva de los ateos; muchos “creyentes” sobre todo los dogmáticos, también la padecen)

Estos comentarios ¿son muy teóricos y abstractos? Tal vez, pero ahora viene lo práctico: ¿cómo implementar la justicia social en una sociedad, cuyos integrantes – en su gran mayoría- son dependientes psíquicos de un sistema que valoriza la pose de las cosas, en detrimento del valor de las personas? Aquí está la médula del problema.

De esto se deduce que una nueva izquierda, el neo socialismo, sólo podrá levantarse y erguir sus banderas bien alto, si comienza por un trabajo de base (concomitante con las tareas prácticas, cotidianas, relacionadas con el bienestar material del ser humano). Este trabajo de base, involucra el principio integrativo. Ya el bienestar físico tiene que ver con el principio auto-afirmativo. Y ambos deben estar integrados.

Y este trabajo de base, involucra una re-discusión de los valores del neo socialismo, que precisan ser más amplios que los de la versión existente. Esto nos llevará a la Educación Integral o Educación para la vida. O sea: los enfoques económicos continuarán siendo fundamentales, pues precisamos sobrevivir físicamente, pero junto con ellos, debemos desarrollar enfoques considerando las cuatro dimensiones del ser humano, las que involucran nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestro corazón y nuestra alma..

Para aclarar mejor estos puntos de vista, sugerimos apenas un punto de reflexión: masacrados por una publicidad anestesiante, que promociona –en gran parte- productos superfluos, innecesarios y hasta nocivos, ¿cómo hacer para que las personas comprendan que puede ser necesario hacer sacrificios para crear una sociedad más justa? Si por un milagro económico, se consiguiese aumentar, digamos 20 % el salario de una determinada categoría de trabajadores, ¿quien asegura que ese aumento no será dilapidado en chucherías y marcas famosas por su publicidad y no en alimentación, salud, vivienda y otras necesidades reales de las familias? Por lo que, volvería, alegremente multiplicado, a las arcas del poder económico trasnacional, que tanto criticamos.

Por lo tanto, a la vieja lucha “explotador” x “explotado”, se le agregan nuevos matices, que tienen que ver con una visión más amplia, de naturaleza holística, centrada en la redefinición de valores, comenzando por: ¿Que tipo de sociedad y que tipo de hombre queremos?, ¿Queremos un hombre pleno o uno alumbrado apenas por la luz visible, manipulada por el poder económico? Si la opción fuera la del hombre pleno, deberemos usar todos sus componentes en esa magna tarea. Y esos componentes son, como ya dijimos, de cuatro categorías: física, mental, afectiva y espiritual.

Este enfoque, con seguridad exige una tarea  hercúlea y con seguridad llevará varias generaciones. Pero precisa ser iniciada AHORA.  La izquierda, en especial la uruguaya, ¿estará dispuesta a ese desafío y así dar secuencia a la ecuación propuesta por el Che, o preferirá caminos más tradicionales?

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