Educación para la Vida

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LA IDEOLOGÍA SOCIALISTA PRECISA INCORPORAR UNA NUEVA FORMA DE VER EL MUNDO.

Escrito por el Profesor José A. Bonilla (Universidad de la República, Uruguay; Universidad Nacional de Tucumán, Argentina; Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil).  bonilla.bhz@terra.com.br

INTRODUCCION

En este momento histórico, en el Uruguay y en el mundo todo, es indispensable que el ideal socialista, pase a una  comprensión mas profunda sobre la vida, su sentido y su significado. Si nos quedamos en el nivel actual, autolimitados por el pragmatismo, con el pobre argumento de que “es lo que hay, valor”, es claro que consumismo, transgénicos, etc. serán apenas “accidentes”  (o tal vez “externalidades” como gustan decir los economistas),  en una supuesta carrera venturosa hacia la igualdad social.

La situación crítica a nivel mundial, nos exige iniciar la REVOLUCIÓN QUE FALTA, que no es un nuevo movimiento armado, ya que guerras inútiles y revoluciones fracasadas (aunque tal vez necesarias estas últimas, en el momento en que ocurrieron), nos  obligan a vislumbrar nuevos caminos. La Revolución que Falta es la Revolución Integral del Conciencias. Ya lo dijo el Presidente Mujica antes de ser Presidente: “Si no cambias vos… no cambia nada”.

Todos los seres humanos tenemos sueños. Mientras tanto, la vida encarnada es un centrifugador que filtra algunos sueños y despedaza otros, tal vez la gran mayoría. La procura de la felicidad está en el centro de los corazones humanos, pero el camino para llegar hasta ella está lleno de desafíos, dificultades y experiencias penosas.

Muchas personas imaginan que los sueños pueden ser concretizados por medio de un botón mágico, generalmente representado por una figura divina, que estaría aguardando, para traducir en un abrir y cerrar de ojos, el magnífico sueño en espléndida realidad.

Pero los Relojes Cósmicos no trabajan de esa manera. Ellos darán apoyo sí a los sueños humanos, pero bajo ciertas condiciones, básicamente las siguientes: que la manifestación de los sueños sea benéfica para otras personas, que sean de corazón (y no de cálculo) y que haya persistencia completa en ellos.

Es común oír sueños de riqueza (¡para no tener que trabajar!), sueños de opulencia, sueños de vanidad, sueños de poder para dominar otras personas, etc. Esos sueños, si se llegaran a concretar serán efímeros. Al destello inicial se seguirá un colapso. Sueños de cálculo tampoco tienen consistencia, ellos se desvanecen con la desvalorización de la moneda, malos negocios, etc. Sueños sin persistencia y profundidad también no se concretan.

Todos estos (y otros) motivos de fracaso, hacen que las personas que tuvieron esos sueños y no los tradujeron en realidades, se vuelvan tristes, envidiosas y cínicas.

Debemos comprender claramente que cada ser humano precisa tener su sueño propio, pero siendo esto necesario en función de la biodiversidad humana, no es suficiente. Precisamos soñar con una sociedad mejor: la Gran Utopía (o sea una sociedad más digna, más justa, más humana y… ¡más feliz!) y actuar en función de ese sueño.

Esta afirmación siempre fue fundamental, pero se vuelve absolutamente imperiosa para el siglo XXI, especialmente para los jóvenes, ya que el aniquilamiento material, mental, ambiental y emocional está rondando el planeta, cada vez con más vigor.

LA REVOLUCIÓN QUE FALTA

Desde la rebelión de Espartaco (y antes), hasta nuestros días, han habido muchas revoluciones y las del siglo XX, con una fuerte sustentación ideológica. En particular, el heroísmo y la justicia de la Revolución Rusa de 1917, son innegables, pero pasado el tiempo, aquellos ideales fueron abandonados y hoy tenemos en su lugar apenas un desdoblamiento de países, disputando entre sí, el despojo del capitalismo mundial.

Antes de ella, en 1789 surgió la Revolución Francesa, madre de todas las revoluciones modernas, que dio al hombre un sentido de dignidad antes desconocido y que fue la base para la creación de las ideologías de justicia social, que se desarrollaron posteriormente. Pero pocos años después de aquella eclosión gloriosa para la evolución de la sociedad humana, fue inaugurado el Régimen del Terror comandado por Robespierre.

En España, en 1936-39, no podemos hablar de Revolución, porque lo que ocurrió fue la defensa de la legalidad de un gobierno democráticamente elegido. Sin embargo, el heroísmo con el cual el pueblo español luchó contra el fascismo, es digno de admiración y ya entró para la leyenda.

En la China, otra sorpresa, Una revolución popular arrasó con el régimen corrupto de Chiang-Kai-Shek, pero ahora – 60 años después – ese país se transforma en un híbrido incomprensible: un régimen socialista, ávido de riqueza y poder material.

Cuando éramos estudiantes, creíamos ciegamente, junto a nuestros compañeros, que una revolución popular cambiaría por completo la vida de la sociedad. Pero ahora estamos en otra fase de la vida sobre el planeta Tierra: precisamos conservarlo, antes que entre en colapso y para eso, es necesario mantener nuestro fuego encendido contra la injusticia, la prepotencia y la fuerza bruta. Y hasta llegar al heroísmo, si fuera el caso. Pero esto, ya no es suficiente.

En este momento, lo que se precisa es dar dos pasos más: uno, analizar si cambios político-económicos son suficientes para construir una nueva sociedad;  dos, ¿qué puede ser hecho para evitar un desastre planetario, no apenas ambiental y sí en términos de la sociedad humana global?

Nos parece que esta problemática, sólo puede ser abordada correctamente, si llegamos a su médula: la Revolución Integral de las Conciencias. . Pero para ello, precisamos de una nueva forma de comprender el mundo. Esa “nueva” comprensión está asentada en la Sabiduría Antigua,  en las enseñanzas del Maestro Jesús El Cristo, en los avances científicos de los últimos cien años (especialmente los oriundos de la teoría cuántica), e inclusive en las palabras del “Che” Guevara. (“Debemos endurecernos, pero sin perder la ternura jamás”). Lo “nuevo” es el nombre: enfoque holístico.

Este enfoque reconoce dos principios en el Universo, incluyendo cualquier tipo de manifestación física: auto-afirmativo (que tiene ver con el ser individual) e integrativo (que tiene que ver con lo colectivo, con el conjunto).En el  ser humano en particular, este enfoque  reconoce que él está constituido por cuatro componentes: material, mental, afectivo y espiritual.

Creemos que para sobreponernos a la situación calamitosa en que se encuentra el ser humano y el planeta todo, los ideales de libertad, igualdad, solidaridad y justicia social deben ser restauradas. Pero esto, no podrá ser hecho, sin una renovación radical de la ideología que sustentó aquellos valores en los últimos doscientos años: el socialismo.

Ahora precisamos construir el neo-socialismo o socialismo holístico, basado en los principios universales auto-afirmativo e integrativo y en los cuatro componentes del ser humano (material, mental, afectivo y espiritual).

El socialismo en general, hasta ahora, privilegió apenas los dos primeros e ignoró los dos últimos. En esta lucha final, precisamos involucrar lo más noble del ser humano: su corazón y su alma y no apenas su cuerpo físico y su racionalidad..

Llegó la hora de destruir todos los dogmas que asfixiaron la evolución del socialismo y eso solo podrá ser hecho a través de la Revolución Integral de las Conciencias.

Sabemos que habrá resistencias de personas que adhirieron a ideas socialistas y que acabaron oxidándose dentro de ellas. Es hora de desarrollar una “NUEVA FORMA DE COMPRENDER EL MUNDO”.

Entre paréntesis, es posible que  algunos esforzados luchadores, no  sientan mucha afinidad, con el cuarto componente del ser humano: espiritualidad. Al respecto, debemos aclarar que el sentido que damos a esta palabra,  en absoluto tiene que ver con dogmas religiosos. Es oportuno decir que el Maestro Jesús El Cristo, por ejemplo, apenas instruía, enseñaba y nunca imponía, porque Él comprendía que la imposición es inútil, ya que ella no penetra más que en la mente, pero no en él corazón y en el alma, donde se desarrollan los procesos de transformación auténtica.

Aquí la pregunta llave es: “¿QUE PODEMOS HACER para acelerar la Revolución Integral de las Conciencias?” Y aún ella precisa ser desdoblada, involucrando tanto las conciencias individuales como las conciencias sociales.

Este artículo representa una base operacional preliminar para que otros pioneros aporten sus ideas, de modo que, entre todos aquellos que sentimos la garra de acero de la globalización caníbal ahogando las masas humanas, pueda ser levantada una fortaleza, de resistencia primero y de victoria, después.

¿Cuánto tiempo llevará este trabajo? No lo sabemos. Una semilla de eucalipto, de tamaño casi microscópico, es el origen de un árbol gigantesco que puede tener más de 30 metros de altura. En términos humanos, independiente de si, en el final fue para el bien o para el mal, desde el Manifiesto Comunista de Marx y Engels hasta el triunfo de la Revolución Rusa, pasaron 70 años.

Cuando la idea es correcta, no nos debe preocupar su tiempo de maduración. Pero debemos comenzar ya, si es que estamos realmente convencidos de su justicia y su viabilidad. Los que ya pasaron el Rubicón, no pueden retroceder. Es compromiso ir para adelante, cueste lo que cueste.

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Tenemos el placer de invitar a todos los que estén dispuestos, cada uno en el lugar que ocupen actualmente, a extender sus brazos, creando el primer eslabón de la Conciencia Revolucionaria Integral y no apenas material y mental. Como ya lo dijimos, esta integralidad debe incluir el corazón y el alma. Si estos no son reconocidos y privilegiados, no habrá espacio para el cambio necesario, pues faltará el oxigeno y la sangre, para que el nuevo Ser se instale en nuestro sufrido planeta y en nuestra agonizante sociedad.

Esto es Revolución Integral de las Conciencias: incorporar al cuerpo y a la mente, dos nuevos ingredientes: el corazón y el alma, así operaremos como seres humanos integrales, únicos capaces de llevar adelante la Revolución necesaria: la Revolución Integral de la Conciencias, y no apenas parcial como hasta ahora.

En particular, consideramos que la famosa de frase de Marx “La religión es el opio de los pueblos” fue una fotografía perfecta de la realidad en la época que fue formulada. Sin embargo, creemos que al rechazar el efecto negativo de aquella en la sociedad, se involucró no sólo a las acciones del poder religioso y sí a las correspondientes al campo de la Espiritualidad. El hecho es que religión y espiritualidad son cosas diferentes y a veces muy diferentes. y esto necesita ser discutido por las fuerzas progresistas, por lo que será asunto de un próximo artículo, ya que éste se ha extendido demasiado.

Finalmente, queremos advertir al lector, que este artículo es completamente coherentes con los Principios Básicos de la Educación, contenidos en el Programa del Frente Amplio, especialmente en su numeral II, segundo ítem (página 63), cuando define laicidad como “aceptación del pensamiento divergente, pluralidad de opiniones, análisis crítico, debate racional de saberes, respeto por la diversidad de ideas, creencias y enfoques”

Del mismo modo, el mismo se apoya en la bases proclamadas por la UNESCO en la Conferencia Mundial sobre Educación, ocurrida en Paris ¡en 1998! (ya perdimos 15 años) y que dice: ““La Educación   Superior debe emprender la transformación y la  renovación más radicales que jamás hayan enfrentado, de forma que la sociedad contemporánea, que vive actualmente una crisis profunda de valores, pueda transcender las consideraciones meramente económicas y  asuma dimensiones éticas e espirituales más arraigadas”.

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