Educación para la Vida

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EL SIGNIFICADO DE LA PALABRA UTOPIA

Escrito por el Profesor José A. Bonilla (Universidad de la República, Uruguay; Universidad Nacional de Tucumán, Argentina; Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil).  bonilla.bhz@terra.com.br

El Blog Educación para la Vida,  pretende informar sobre asuntos variados, que seguramente interesarán a personas que quieran encontrar materiales escritos, que los pongan en contacto con una visión de la Vida, más amplia, más profunda y más rica, elevándose por encima de la banalidad y el lavaje cerebral que hoy cubre el planeta de forma generalizada.

Inicialmente se presentarán cinco monografías introductorias, a saber:

  1. Líderes en  Educación para la Vida
  2. Objetivos y orientación de esta Columna
  3. El verdadero significado de la palabra Utopía
  4. La Ilusión de autonomía y  el Enfoque Holístico
  5. La Gran Utopía

Posteriormente, serán desarrolladas temáticas específicas.

POST 3. EL VERDADERO SIGNIFICADO DE LA PALABRA UTOPÍA

Orientación básica

La sociedad humana ya atravesó la penosa fase de la sensibilización y está entrando de lleno en la de concientización. Es ahora necesario dar el salto cualitativo: actuar. Pero precisamos actuar no apenas reformulando el mundo exterior y dejando como está el mundo interior. La Historia humana, especialmente la del siglo XX mostró que esto no resuelve la problemática básica de la Humanidad: comprender cual es nuestra misión cósmica y cumplirla.

Hasta ahora creíamos que cambiando por la fuerza (o por la ley) las instituciones políticas, sociales e económicas, se podría traer felicidad a los pueblos. Sin embargo, dolorosas experiencias de guerras inútiles y revoluciones fracasadas muestran claramente que no podemos más trabajar apenas con la mente y sí que debemos colocar en juego, también el corazón y el alma.

Este enfoque nos lleva a la orientación básica: desarrollar la capacidad de pensar, sentir y actuar en un marco referencial bastante diferente al utilizado tradicionalmente en el medio académico.

Se trata de un enfoque transdisciplinario orientado para la formación de personas capaces de liderar una Nueva Sociedad, centrada en la Vida.

Lo “posible” y lo “utópico”

En la vorágine de elementos que nos hunden en la globalización tal como es actualmente entendida, se oye a los defensores interesados (y a algunos incautos), que han perdido la noción de “conjunto” en beneficio de la “parte” (la de ellos), decir que debemos trabajar en función de “lo posible” y descartar las “utopías”. A pesar de su aparente racionalidad, esto significa rendirse al nuevo dogma.

Esas personas, muchas veces liderando diversos campos de la actividad humana, incluso política y/o académica, se volvieron de repente - tal vez como consecuencia de la caída del muro de Berlín - exageradamente pragmáticas, dejando de lado las enseñanzas que la Historia humana nos proporciona. Tal vez, el propio Marx, concentrándose exageradamente en el Homo economicus y olvidándose del Homo homus, preparó esas mentes para sus actuales estado de petrificación.

El significado de la palabra Utopía

Es importante, en este momento, conceptuar la palabra utopía. Se trata, según el diccionario, de aquello que es imposible, considerando el “sentido común” de las personas. Pero si agregáramos a aquella definición un pequeño detalle, tal vez se abra un nuevo mundo de comprensión. En efecto, podríamos conceptuar utopía como “aquello que es imposible… en un determinado contexto”

Así, en la época de Leonardo da Vinci era una utopía volar (por falta de conocimientos científicos); en la época de las dictaduras latinoamericana era una utopía pensar en el reestablecimiento de la democracia y elecciones libres; en el siglo XVI era utopía pensar en la existencia de América y hace 50 años era utopía pensar en viajes a la Luna.

Tal vez uno de los primeros utópicos de la especie humana fue un agricultor primitivo, hace muchos millares de años. En esa época, los cultivos se hacían a partir de semillas colocadas en agujeros hechos en la tierra con las manos, lo que ciertamente daría origen a uñas quebradas, sangramiento e infecciones. Era, sin duda, un proceso penoso; pero era “lo posible”. Eso fue verdad hasta que un individuo, digamos Juan, uno entre millones, tuvo la idea utópica de construir alguna cosa como una azada de piedra.

Comunicado este “descubrimiento” a sus colegas, seguramente ellos lo habrán clasificado como “loco” (pues la palabra utópico, bien más sofisticada, apareció mucho después). Sin embargo aquel genio desconocido, Juan, persistió en su idea, y a partir de allí comenzaron a ser creadas diferentes herramientas agrícolas, hasta llegar a las actuales.

Es interesante subrayar que todos los objetos creados por el hombre, sin excepción, comenzaron como utopías, antes de transformarse en realidades concretas, tales como: peines, lámparas incandescentes, lapiceras, zapatos, transistores, autos, computadores o rayos láser. En efecto, todos esos productos - antes de su creación física - fueron ideas utópicas en la cabeza de algunos “trastornados”. Solo después, ellos consiguieron transformarlas en realidades manifiestas.

O sea: utopía no es otra cosa que una prefiguración de la realidad tangible. Esto significa, ni más ni menos, que precisamos convivir con las dos, porque ellas no son otra cosa que dos aspectos de la misma esencia. Por un lado, a un cierto nivel (superficial) ellos se oponen; a otro nivel (profundo) ellos se complementan.

En efecto, el cartesianismo - molde de nuestra cultura occidental - nos condujo a una senda unilateral: la del mundo manifiesto, o sea, “lo real” sería apenas aquello que podemos percibir a través de nuestros sentidos. Y hoy en día, ese “real” está sepultado por una avalancha irresistible de productos tangibles y consumo exacerbado, a los que su apología acaba mostrándolos como lo único válido. Así, el reino de lo intangible (donde vive lo más selecto del pensamiento y del sentimiento humano), pasa a ser desacreditado como un sueño inconsecuente (una verdadera “utopía”).

Históricamente, el ser humano ha sido explorado por los grupos de poder, de las más diferentes formas posibles, gracias al uso de la fuerza. En la sociedad “global”, tan cara al neoliberalismo, la acción es mucho más sutil. ¿En efecto, para que utilizar la represión, con su costo y sus secuelas, si es posible manipular “científicamente” al ser humano?

Como sabemos, el ser humano es muy maleable. Por lo tanto, el sistema le ofrece anestésicos que lo gratifican, y le hacen pensar que es un integrante autónomo de la sociedad, que actúa con inteligencia, que es moderno, que pasa una vida “mejor”, que comprando se alcanza la “felicidad”, etc. Un resumen compacto de esto es él jingle: “¡Todo va mejor con Coca-Cola!”.

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