Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Internet, y el tiempo

Ay, el tiempo (La estructura del tiempo y los viajes temporales), qué cosa tan larga y tan corta a la vez (La vejez: el último poema), qué cosa tan negra y tan blanca… (El Humanismo: de la oscuridad a la luz).

Recordaba lo que había escrito hacía años (La mujer mayor de 40 años):

Me llamo sombra o no me pongan nombre,

yo

alzo un fósforo en la oscuridad, como una flor, lo enciendo,

por un momento su fulgor ilumina mi tumba y apagándose

cae su negra cabeza, que fue fuego.

Lo que he visto

fue blanco.

¿Cómo había pasado que ella había llegado hasta allí,  y que ahora era vieja, calma, arrugada, de ojos sin luz? (La vejez es “curable”).

Que ella, tan luego, que había rehecho el arcoiris después de destejerlo (Tres aristas de lo humano en la poesía de Goethe), que había inventado un modo nuevo y eterno de poesía, que había sido alabada por los mejores poetas desde su infancia, tanto por su poesía como por su belleza, ella, ahora, fuera tan solo esto, algo así como una sobra de comida, una pluma que el viento lleva o la tierra que el vientito levanta sobre las plantaciones de tomates… (Ejercicios en la vejez).

Así fue

Primero estaba con su marido en un departamento en una ciudad grande, de nombre fabuloso, de leyenda sin fin: Buenos Aires.

Y aunque el Etna entrara en erupción, y hubiera terremotos en España, nada importaba. (Continuar leyendo »)

Editorial, Monografias

La destrucción fue mi Beatriz

Leo con un escalofrío una cita de Mallarmé, poeta extrañísimo: “La destrucción fue mi Beatriz”, frase que me conduce del infierno hacia el cielo (La teoría de la seudocultura).

Mallarmé está hablando de la inspiración y de la muerte. Beatriz, inalcanzable, casi parece no haber existido de tan lejana. Ella, sin embargo, fue la brisa que empujó a Dante al paraíso (Época del Renacimiento).

Me refiero a Dante, a Beatriz, a Mallarmé (él decía que todo existe para llegar a un libro), porque mi lápiz se atasca, pierde fuerza, cuestión que no le achaco a los años -y ya diré por qué- sino a un entumecimiento temporario de las emociones. En cuanto me mude a un lugar verde, apacible, serrano, donde canten los pájaros, volverá a cantar mi pluma, no importa si muy bien o muy mal (A orillas del Aqueronte).

Pero, amigos, ¿qué es la inspiración, quién es Beatriz? (El artista habla del artista).

Nadie se atrevería a decir hoy que la inspiración no existe, después de toda una polémica que abarcó el siglo XX, aunque a la palabra algunas veces se la despoje de su miriñaque y se la nombre como energía, como ímpetu (Lo siniestro en las Leyendas de Bécquer…).

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Editorial

Sinfonía de otoño

Es como ir subiendo una montaña y estar bastante cerca de la cima; es como detenerse allí un momento y mirar para abajo aunque dé vértigo (Vértigo, ansiedad y sin sentido).

El paisaje: admirable (Ferreñafe: el bosque de Pomac, Perú).

Además, fastuosamente variado.

Hay selvas tropicales, mares tormentosos, nieve (Las Nubes).

Están las mañanas más hermosas del mundo y los atardeceres melancólicos.

Las noches “pecadoras” y el vino alegre (El vino como elixir sagrado…).

Da vértigo, pero todavía no nos falta el aire, se puede seguir subiendo…

La vejez

Al envejecer vamos devolviendo poco a poco los dones de que se nos hizo acreedores (Las dimensiones bioéticas de la vejez). Ya no está la piel “tirante como ráfaga” ni los ojos iluminan cualquier estancia: hay que frotarlos para que brillen, como a una lámpara, como a la de Aladino (La estrella resplandeciente. Fábula. Siglo XXI).

Algunos otros detalles -de mayor valor que los ojos y que la piel- también desaparecen.

Pero empieza a crecernos un órgano precioso e invisible del cual desconocíamos su existencia.

Primero es un latido, después inunda el corazón.

Los ojos -aunque no brillen- ven más y lo descubren todo, y me recuerdan el versito que repetía mi madre algunas veces, que trataba de un joven y un anciano que habían chocado en la calle: “-Perdonad, es que al pasar no os miré./ -A su edad nada se mira, joven, porque nada importa,/ cuando la vista se acorta/ es cuando se empieza a ver”.

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Editorial

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