Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

El vientre de la Tierra

Veo a la Tierra (La Tierra) como a una mujer enorme y milagrosa (La mujer).

Y a veces es cruel (Artistas: ¡salven el planeta!).

En su vientre el fuego se convierte en piedras preciosas (Las piedras semipreciosas en el Perú), el color destella en la negrura, es un vientre maternal, y una tumba (Memorias de un cadáver).

Siento que la Tierra es sagrada, es una diosa que llama por su nombre a los que elige (Lo mágico y mítico de la mujer como diosa).

Y que a los treinta y tres mineros a quienes cuida y a quienes sepultó, los convocó uno a uno de ese modo. Al número 34, quién sabe por qué, lo dejó ir… (Los pares de opuestos).

Estoy segura de que esos mineros están aprendiendo una lengua nueva, lengua de las entrañas, lengua del amor.

Volverán sabios esos 32 hijos de Chile y el hijo de Bolivia (La civilización cristiano-occidental en Chile y Culturas andinas y amazónicas. Bolivia).

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Editorial

La vida en todas sus formas

Para contarlo muy rápidamente, hace 20.000 millones de años la Gran Explosión (Del Big Bang al origen de la vida) dio  como resultado toda la materia del universo que ahora conocemos (lo que había antes era energía,  materia en potencia). Poco después una gran estrella comenzó a formarse en nuestra galaxia  -el Sol (El sol: fuente de energía)- lo que permitió que por medio de múltiples y complicados procesos más se constituyeran los planetas, entre ellos la Tierra. De la aparición de la Tierra -como si de una cosa a otra no hubieran transcurrido millones de años- nos dirigimos directamente a la pregunta sobre el origen de la vida en ella. ¿Cómo surgió?

Según el autor de la monografía “Trabajo de biología. ¿Cómo surgió la vida?“, la vida es la propiedad “más elemental, que comparten la ballena azul, que llega a alcanzar 33 metros de longitud y 200 toneladas de peso, con los virus más pequeños, de sólo 10 nanómetros; y el cefalópodo abisal vampyroteuthis, que nada en aguas a 11.000 m de profundidad, con los microorganismos que la NASA ha recogido flotando a 41 km de la superficie terrestre”.

Es curioso el estilo en que este autor presenta sus afirmaciones: “Se trata de la facultad -(la facultad de la vida)-, desgraciadamente bastante imprecisa, muy difícil de concretar, aunque cualquier mortal acierta a distinguir entre un ser vivo y un pedazo de materia inerte…”. La aparente ingenuidad de esta definición no nos permite olvidar la hondura de nuestro desconocimiento. Leemos unas palabras más y nos hallamos ante esta afirmación: “No es difícil adivinar que la meta de algo viviente es sobrevivir, competir y reproducir su especie”.

¿Adivinar? Pero, ¿estamos leyendo una nota de biología o de ocultismo?

Nada de eso, lectores; es ciencia pura (¿Qué es la Ciencia?). La ciencia ha jugado a demostrar (o a no poder demostrar) lo que adivina de la Naturaleza. Siempre lo ha hecho así. Lo que nos sorprende es que la definición de un biólogo coincida casi literalmente con la de un filósofo, es decir, entre “…la meta de algo viviente es sobrevivir…” del autor de la monografía que mencionamos, a “el hombre quiere perserverar en su ser” del filósofo alemán Schopenhauer, hay apenas una diferencia: uno habla en general sobre la vida y otro se refiere exclusivamente a la del ser humano.

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