Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

El místico animal

Sentada en el balcón lleno de primavera (Primavera roja)  -de las plantas subían flores de pasión, bailarinas vestidas de rojo fuego (Las plantas)-, con mis anteojos de abuelita, seguía con el tejido del invierno: una larga bufanda, una bufanda interminable que, quizá, a modo de remedio homeopático, podría revivir a la bella Isadora -Isadora Duncan, que murió asfixiada por larguísima estola (Serguéi Yesenin: “Un solitario ante el espejo destrozado”).

De pronto se hizo un silencio en mí (José Gregorio Vásquez, El silencio enigmático del poeta http://www.monografias.com/trabajos81/jose-gregorio-vasquez-silencio-enigmatico-poeta/jose-gregorio-vasquez-silencio-enigmatico-poeta.shtml), un poco melancólico, y al mismo tiempo empecé a escuchar, seguramente de una radio encendida en el balcón del vecino, que una mujer cantaba (Clasificación de voces). Era una voz arenosa, una garganta con arena, pero no se trataba de Adriana Varela (El Tango) sino de un tono más maduro y con letra más suave; suave pero terrible, la letra del bolero hablaba de la pasión (La ausencia del tango en la televisión abierta argentina http://www.monografias.com/trabajos94/ausencia-del-tango-television-abierta-argentina/ausencia-del-tango-television-abierta-argentina.shtml).

De la pasión “perdida” (Pasión y crimen, tras el poder http://www.monografias.com/trabajos-pdf5/pasion-y-crimen-poder-2014/pasion-y-crimen-poder-2014.shtml).

Su eco rebotó sobre mi tejido (Hilados), mis manos y, en especial, mi corazón (Corazón de Sur Infinito http://www.monografias.com/trabajos99/corazon-sur-infinito/corazon-sur-infinito.shtml).

Momento de luz: las cataratas del Iguazú (Provincia de Misiones - Argentina) de la pasión -aunque sólo en recuerdos, pero vivos como aguas vivas- comenzaron una función interminable.

Aquello estaba en mí aunque viniera del pasado, y me produjo nuevas felicidades.

Cuando la iluminación terminó, vine a la computadora, para buscar en Google. Escribí “la pasión” y pinché en “buscar”.

Nada, o casi nada, que no fuera pasión por el fútbol, las estampillas (La palabra escrita y la filatelia), los dedales antiguos o, un poco más artísticamente por la música o la pintura, hallé en las entregas. ¡Dios mío!, ¿acaso soy una sobreviviente de tiempos en que pasión se escribía con a de adoración o con hache de hechizo?

Intenté entonces escribir sobre el sexo sin pasión, pero me parece que desbordé la página con lo que dice Pródico: “El amor es un deseo redoblado, el amor redoblado deviene locura” (Literatura y Sexualidad).

Encontré este título para mi escrito:

La parición del místico animal

Nosotros no somos dos sino un extraño, místico, fascinante animal. Los pensamientos bordean su figura como estrellas fugaces; los pensamientos existen tenuemente.

Este cuerpo sagrado tiene dos grandes senos con redondeles rosas. En uno permanece una boca que succiona, similar a la boca de un niño de meses, y más abajo se encuentran dos piernas abiertas y dobladas hacia los lados que contienen a su vez dos piernas estiradas, del revés. En el centro de ellas hay una especie de látigo firme y grueso que conecta con una hendidura profunda tapizada de una tela exquisita parecida a la de las flores rojas pero más resistente; el látigo conecta y desconecta, sale y entra.

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