Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Materia oscura

Hay otros mundos pero están en éste

La materia oscura es simplemente aquello que no brilla en el cielo, pero que está (Consideraciones sobre el origen y la composición de la gravedad y la materia oscura).

Los científicos no saben qué es, pero saben que está, que es extensa, que todavía no se puede tocar, pesar y ni siquiera entender qué es, excepto que une a las galaxias, a todos los cuerpos celestes (Por una nueva teoría sobre el universo).

En un plano un poco menos científico y tal vez filosófico -no me atrevo plenamente a usar ese gran adjetivo (Qué es la filosofía)-, la materia oscura, además, está en nosotros: algo invisible, que no puede tocarse, que está allí entre uno y otro de nosotros, nos une.

Sin siquiera ser conscientes de ello, el pensamiento de ”desconocidos” afecta nuestro pensamiento.

Nos desplazamos hacia la materia invisible que tenga mayor energía, y esa materia alguna vez tuvo un nombre en la tierra, un nombre como Shakespeare o Cervantes (Shakespeare y Cervantes: vida y obra y comparaciones) o Heráclito (Heráclito de Éfeso: ¿Melancolía o esquizofrenia?) o Platón (Platon).

Acaso nadie sepa que hay alguien que está solo con sus palabras de poeta, sus colores de pintor o sus escritos en el pentagrama, con las trampas de la oscuridad que abren el papel o el lienzo hacia abismos en el inicio de cada obra, y que cada obra es sólo uno de los gestos del alma.

¿Y qué es el alma, cómo puede comparársela con la física del universo, sino con la metáfora de la materia oscura y sus partículas inapresables? (Alma y Ciencia).

Fragmentos de materia oscura a investigar

La vida cotidiana de los egipcios -no la de sus reyes, de eso ya sabemos un poco.

La santidad (Los valores).

Los motivos de gente como Jack el Destripador (Asesinos en serie).

La aparición y desaparición de gente como Fulcanelli (Literatura y Alquimia).

El comienzo del lenguaje de los hombres.

El comienzo de la escritura, las matemáticas y la música.

Si alguno de ustedes puede responder algún punto de estos fragmentos de materia oscura, todos lo agradeceremos.

Ahora pasaré a hablar de otra cosa -relacionada, claro-, porque en la oscuridad yo no veo nada.

La intuición

Después de una clase de yoga, en el momento de la relajación, he tenido alguna vez una intuición (La intuición animal y sus aplicaciones en la adaptación humana), y en ninguna otra parte.

Sé por qué: el olvido de la pesada sustancia de mi cuerpo y de la mucho más pesada sustancia de mi ego hace que las luces se enciendan. Seguramente algo está escrito para el futuro en algún lado y los densos velos que nos cubren nos impiden leerlos.

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Editorial

Fuego sobre la historia

Hace unos días me subí a un taxi, y mientras empezaba a darle las señas de mi destino al conductor, pasó un carro de bomberos (Los incendios. Causas de los incendios). Miramos, él y yo, y continué, pero me interrumpió otra formación, y en segundos una tercera y una cuarta. El chofer se quedó casi hipnotizado unos segundos y al rato dijo: “cuatro dotaciones son un incendio grande… Yo fui  bombero” (El afronte de la muerte).

Y desde allí a mi destino, bastante lejano, mi nuevo amigo el bombero jubilado me relató toda la saga de sus incendios, por lo que bajé del coche con un respeto renovado y estremecimientos nuevos ante la palabra fuego (Todos los fuegos el fuego).

Con un toque de humor, el único incendio que aconteció en mi vida fue de fantasía, gracias a Dios (Sentido de humor y perfeccionismo).

Mi hija Mane, que era pequeña, vio mucho humo en el balcón de un edificio aledaño a donde vivíamos, e insistió tanto y con tanta determinación que llamé a los bomberos y exageré la cantidad de humo para que llegaran pronto. Fue fatídico para mí, y también para Mane, porque sólo se trataba de una infracción de los vecinos a las reglas estipuladas: ¡no se puede hacer asado en los balcones de los edificios! (Sistema de convivencia en la consolidación de valores).

Pero ya no es momento de humor; el fuego que invade Grecia, que podría llegar al Partenón, me hizo recordar e investigar sobre los grandes incendios de la historia (Estructura e historia…).

Para no repetir aquellos más conocidos, el de Roma, en el 64 (Rafael), o el de Jerusalén en 587 a.C., comienzo recordando unas hogazas de pan que hicieron época (Procesamiento del trigo).

Los pequeños olvidos y el Incendio de Londres

A cierta edad uno empieza a guardar los anteojos en el refrigerador, o a caminar con paso decidido en busca de un objeto que al llegar a la puerta de donde uno cree que debería encontrarlo desaparece de la mente: “¿Qué era lo que yo venía a buscar aquí?” (Trastornos y patologías de la vejez…).

No sé qué edad tendría el panadero John Farymor en 1666, en Londres, pero ya había conseguido, en su por entonces humilde oficio, unas glorias de persona mayor: era quien proveía de pan al rey Carlos II.

John Farymor se fue a dormir después de un día trabajoso; su hogar ocupaba el piso de arriba de la panadería.

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Editorial
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