Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Guerras religiosas

Una lectora de este espacio afirma terminantemente: “Jesús es el que dice la Biblia” (¿Qué hacemos con tantas versiones de la Biblia?).

Sin ninguna gana de polemizar, pero con la esperanza puesta en que algún día la intolerancia tenga fin, me permito afirmar por mi parte: Jesús es el que dice la Biblia para esa lectora y para millones de personas más; y Jesús NO es quien dice la Biblia para millones de otras personas, también.

La palabra tolerancia no es muy de mi agrado -tolerar algo no es del todo respetar-, pero en el contexto de gente absolutamente convencida de un credo, una doctrina o una ideología, es tal vez la que puede funcionar.

Está bien, yo -por ejemplo- creo en Buda (El destino del hombre), o en los Vedas (T.M.P. Mahadevan - Invitación a la filosofía de la India), o en Alá (¿Qué es el Islam?), o en Jesús (Cartas de jóvenes a Jesús), o en el judaísmo (¿Qué es ser judío hoy acá?), firmemente, y por lo tanto mi fe me dice que los que no creen en lo que yo creo están equivocados. Entonces, para ellos más aún que para los que estoy segura que están en el camino verdadero, debe surgir todo mi amor y mi comprensión de sus “errores”.

No conozco una sola religión que no tenga como ley el amor y el respeto (5 grandes religiones del mundo). Desde niña me preguntaba, durante las torturantes clases de historia siempre mal encaradas por lo demás (Historia y anti historia), qué era aquello de “guerras religiosas”.

Dándole muchas vueltas de noria a mi pobre entendimiento, tuve una “visión”: las guerras religiosas no existieron jamás, ellas constituyen otra de las cuestiones que recoge falsamente la historia.

¿Guerras religiosas?

La palabra religión -no voy a profundizar mucho en la etimología- significa re-ligar, reunir, unir otra vez -y esto, del modo más sagrado, el cuerpo con el alma y el alma con un infinito misterio que a veces lleva el nombre de Dios.

Para lograr esta unión, el individuo debe purificarse de ambiciones, de odios, de codicia.

Y las llamadas guerras religiosas son la antítesis de tal purificación: tienen que ver con el poder, con el sometimiento de un pueblo a las costumbres y modos de pensar y vivir de otro pueblo. Nunca un humilde creyente las alentó, sino reyes y primeros ministros, o bien pueblos enteros en desgracia que junto con el botín recaudado pretendían imponer creencias que de este modo se habían corrompido; nadie cree por la fuerza de una derrota, ni ningún vencedor cree realmente en algún dios o idea más que en su propia gloria.

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Monografias

La vida en todas sus formas

Para contarlo muy rápidamente, hace 20.000 millones de años la Gran Explosión (Del Big Bang al origen de la vida) dio  como resultado toda la materia del universo que ahora conocemos (lo que había antes era energía,  materia en potencia). Poco después una gran estrella comenzó a formarse en nuestra galaxia  -el Sol (El sol: fuente de energía)- lo que permitió que por medio de múltiples y complicados procesos más se constituyeran los planetas, entre ellos la Tierra. De la aparición de la Tierra -como si de una cosa a otra no hubieran transcurrido millones de años- nos dirigimos directamente a la pregunta sobre el origen de la vida en ella. ¿Cómo surgió?

Según el autor de la monografía “Trabajo de biología. ¿Cómo surgió la vida?“, la vida es la propiedad “más elemental, que comparten la ballena azul, que llega a alcanzar 33 metros de longitud y 200 toneladas de peso, con los virus más pequeños, de sólo 10 nanómetros; y el cefalópodo abisal vampyroteuthis, que nada en aguas a 11.000 m de profundidad, con los microorganismos que la NASA ha recogido flotando a 41 km de la superficie terrestre”.

Es curioso el estilo en que este autor presenta sus afirmaciones: “Se trata de la facultad -(la facultad de la vida)-, desgraciadamente bastante imprecisa, muy difícil de concretar, aunque cualquier mortal acierta a distinguir entre un ser vivo y un pedazo de materia inerte…”. La aparente ingenuidad de esta definición no nos permite olvidar la hondura de nuestro desconocimiento. Leemos unas palabras más y nos hallamos ante esta afirmación: “No es difícil adivinar que la meta de algo viviente es sobrevivir, competir y reproducir su especie”.

¿Adivinar? Pero, ¿estamos leyendo una nota de biología o de ocultismo?

Nada de eso, lectores; es ciencia pura (¿Qué es la Ciencia?). La ciencia ha jugado a demostrar (o a no poder demostrar) lo que adivina de la Naturaleza. Siempre lo ha hecho así. Lo que nos sorprende es que la definición de un biólogo coincida casi literalmente con la de un filósofo, es decir, entre “…la meta de algo viviente es sobrevivir…” del autor de la monografía que mencionamos, a “el hombre quiere perserverar en su ser” del filósofo alemán Schopenhauer, hay apenas una diferencia: uno habla en general sobre la vida y otro se refiere exclusivamente a la del ser humano.

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Editorial

1º de enero del 2013

Es mediodía, acabo de despertarme (Dormir no es un placer, sino una necesidad). Desde la cama veo el sol que se filtra por las cortinas, la habitación parece a rayas, flotando en un espacio diferente (El Sol y su estructura). En la cama que está frente a la mía veo dormir a un ángel casi adolescente -mejor dicho, una “ángela” (Los Ángeles). Parece exagerado que el dormir y la luz puedan hacerla aún más hermosa, doncella atrapada en el misterio de sus sueños. Ella es Antonia, mi nieta, y en un mes cumple 14 años.

Intento levantarme; es duro. Para celebrar la llegada del 2013 he tomado demasiado champán (Etiqueta y protocolo), esa bebida inventada por un monje francés seguramente santo y sellada por las manos de Dios: Él suele alcanzarnos la copa… (Existencia de Dios).

Estoy en el lugar que mi buena amiga Elsa y yo hemos conseguido para envejecer juntas; su nombre no puede ser más apropiado: Agua de Oro. Es un pueblito en las sierras de Córdoba, Argentina (Naturaleza humanizada, humanidad naturalizada. La construcción de un paisaje).  Al lado del jardín de nuestra casa pasa un arroyito.

Antonia es la invitada de estas vacaciones, con festejos de fin de año incluidos -y, claro, el 6 de enero llegarán los Reyes Magos, seguro que en el jardín, bajo los rayos de la luna que dan sobre un limonero e iluminan sus frutos. Antonia canta con voz de seda villancicos (Las Corrientes de Misterios).

Volver al presente

Así será el tranquilo 1º de enero del 2013, anticipándome a la catástrofe del fin del mundo, que NO ocurrirá en el 2012 (Ideas sobre la complejidad del Mundo).

Porque desde ahora hasta ese plácido mediodía, hay un zumbido de insectos venenosos en los oídos, de voces estridentes, risas de demonios en un parque de diversiones del infierno; sombras sólidas, incesante humareda (La magia semántica: Destructo/Constructo… ¿Qué es?).

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Editorial
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