Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

El ruiseñor bajado a puñaladas

Los niños que se destacan (Cuestiones relativas a la altura del ser) -y tal vez se destacan, a veces son sólo ilusiones de los mayores (Kant)- en algún arte, ciencia, deporte, habilidad, suelen ser los más tristes (Catalina: el infierno de una reina). Y arrastran esa tristeza para siempre, pero claro, por lo general la cubren de humor, y son muy buenos anfitriones (Sentido del humor).

Dicen de mí, ustedes, que soy buena anfitriona. Al menos recuerdo que lo dice Joise. Y Celestino, y José Itriago. Y María José lo siente quizá (Los sentimientos, ¿existen?).

Etcétera.

Pero yo recuerdo de mí que no era demasiado cálida; y aun así yo era “el ruiseñor del aula” para la maestra (Cinco panes de cebada).

Ruiseñor porque se suponía que “cantaba”, que cantaba sobre el papel con mi lápiz de niña (La serenatam es nota efímera en la hora hechizada).

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Monografias

Recuerdos de una Noche Vieja

Estaba enamorada sin remedio en aquella casa -en la casa de mi amigo Manuel, aquel día- de alguien que él acababa de presentarme y cuyo nombre no recuerdo (Recuerdos).

Había mucha gente que reposaba en diversos almohadones y colchones, todos dormidos en parejas o tríos (Informe sobre sexualidad, sensualidad y sexo), y yo estaba sola en una manta arratonada. Sentí, raramente, algo de frío, entonces me levanté y fui a la cocina y me miré en el fondo de una caja de lata.

Para empezar a pensar en el amor como en un rito (Shamanismo), bebí una taza de agua clandestina, de agua que salía de un lugar oscuro (Las Nubes). De pronto la lluvia golpeó el techo, eran látigos que golpeaban y pájaros que chocaban contra el zinc (Magia: Forma arcaica de explicar nuestros misterios).

Lo consideré, y lo considero, un milagro; y ese milagro me convirtió en lo que soy (Milagro en el bosque).

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Editorial

Biografía del mito: Hugo Mandón

No muchos han oído hablar de Hugo Mandón más allá de los límites de la ciudad fantasma (Una ciudad imaginada). La ciudad fantasma es la ciudad donde nací, la vieja Santa Fe de los jazmines, las constituciones y las reuniones literarias (Santa Fe: geografía económica e inundaciones).

Yo tuve el privilegio de conocerlo, iba a decir que fue mi padre poético, pero además de ampuloso el título me parece que no le hace justicia a mi padre biológico, ya que él me enseñó antes que nadie a amar los versos y relatos, los libros y las librerías, Carlos Ernesto Torres.

Volviendo a Hugo, alguien de este sitio comparte conmigo el haberlo conocido: es Osvaldo Bonini, autor del blog “La gente y su sombra” (Aproximación al uso del Blog como recurso de enseñanza y aprendizaje).

Y aunque pasen los años (Tiempo social contra reloj…), y de Hugo hayan muerto casi todos sus amigos, y los recuerdos se conviertan en polvo, buenos y malos recuerdos de un señor como él, yo tengo entre las manos papeles que lo vuelven a la vida y que queman como incendios: su viuda -Nidya- me entregó una carpeta con varios de sus escritos, cuentos, versos y notas para audiciones.

¡Aquellas audiciones de nuestra amada radio Universidad del Litoral! En la época en que los jóvenes éramos absolutamente todos poetas y revolucionarios, guiados por manos como las de Hugo, en épocas tan turbias (El Proceso de Reorganización nacional) para toda Latinoamérica… (Latinoamérica y el mundo en la década de los 60).

Pero… trataré de ser ordenada, de ordenar mi memoria (La dialéctica orden/desorden social desde los imaginarios sociales). “La memoria, donde se la toque, duele”, dice Jorge Seferis, el griego (La Memoria).

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