Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Sin Título Número Uno

Las explicaciones psicoanalíticas no consiguen que la sorpresa sea menor por el inefable misterio de las cosas (Lo que la Filosofía debe al Psicoanálisis).

Por ejemplo, que un poco de sed se convierta en el desierto del Sahara (El Sahara).

O que una infancia -con o sin “problemas”- devenga en una enfermedad en la que aparecen ojos en todo el cuerpo, y hasta en la planta de los pies, de modo que se pueda verlo todo, hasta el suelo pisado (El todo y la nada).

I

A mis quince años, yo tenía dos novios: uno diurno y otro nocturno (Bioquímica y sociología del amor).

Con el diurno íbamos a la plaza, nos robábamos besos entre los árboles, mirábamos hechizados las olitas del lago del Parque del Sur, como si fueran las del mar, y el mundo empezaba todos los días con nuestro amor, y terminaba a las ocho de la noche en punto también con él, despidiéndonos en la puerta de mi casa (El arte de hacer el amor).

El novio nocturno era otra cosa: aparecía después de cerrar los ojos, pero, a pesar de esto, siempre cuando yo estaba leyendo en una silenciosa habitación de algún lugar desconocido (Monstruos y animales desconocidos. El universo onírico de la criptozoología).

Se sentaba a mi lado y continuábamos la lectura de unos versos redactados en claves casi musicales sobre algo así como papel de pentagrama -signos de un idioma tal vez extraterrestre (Memoria “Ovnis”).

Después que terminábamos el libro, mi novio me miraba a los ojos un momento, me besaba la mano con unción y remontaba vuelo; salía por una ventanita que aparecía siempre en el momento preciso.

Esto sucedió durante muchas noches, hasta que en una no vino él, sino el poeta Baudelaire (Entre palíndromos y retruécanos: cuando el aparato social se pone en marcha).

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Editorial

Los puercoespines ateridos

Aparte de todo -todo tan mínimo como descubrir un continente sumergido, el inconsciente (El chiste y su relación con el inconsciente)-, Freud siempre me ha parecido un gran, chispeante escritor (Freud: Un Hombre para todas las épocas).

Recuerdo en uno de sus párrafos inigualables, la comparación que hace de la especie humana con un grupo de “puercoespines ateridos”. Es perfecta, y llena de gracia al mismo tiempo.

En cuanto a Lacan, lo considero poeta porque soy ignorante de su teoría: lo leo como se lee algo misterioso, bello y sólido (La Psicosis según Lacan. Evolución de un concepto). Con mucho optimismo a veces creo que Lacan se sentiría feliz de ser leído de ese modo también, como un poema a descifrar (La palabra, el escritor y la poesía).

Últimamente intenté descifrarlo leyendo el diario publicado de una psicoanalista que fue su paciente -y que escribió más que papeles íntimos, un “diario de sesiones”. Esta autora se llamaba Elizabeth Geblesco y narra de un modo algo cruel, aunque muy enamorado, los últimos años de Lacan: Un amor de transferencia, que no parece nada correspondido, aunque recomiendo su gratísima lectura (Dinámica de la transferencia en la dirección de la cura).

Una sesión de psicoanálisis

Tengo un año y dos meses, nace mi hermano. Voy a visitarlo. Lo envuelven en sábanas blancas y, a mi entender, enormes, para hacerle nebulizaciones (Infancia abandonada).

¿Eso que veo allí es sangre? ¿Cómo conozco el nombre de la sangre, como sé qué es sangre y qué no lo es? (La sangre).

En mi memoria hay una mancha roja, no comprendo cómo aparece, me han dicho luego que mi hermano no sangró.

Están matando al recién nacido, creo.

Tal vez por eso se formó una mancha roja en mi recuerdo.

Una mancha translúcida a través de la cual miro que matan a mi hermano.

Cuando salgo del hospital me llevan en tranvía y descendemos en la estación que está a la vuelta de mi casa (Patrimonio Familiar).

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