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Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Se puede escribir poesía después de Auschwitz

Yo no sé mucho (RAWLS: EL VELO DE IGNORANCIA), pero he leído repetidas veces que “no se puede escribir poesía después de Auschwitz” (El intelectual superfluo), según Theodor Adorno (Theodor Wiesengrund Adorno: Sobre Literatura). Este pensador era un judío que había sobrevivido a los nazis (Memoria y reconciliación: La Iglesia y las culpas del pasado), no como Walter Benjamin, que murió tratando de salvarse, o que no quiso salvarse como Adorno para no sentir la misma culpa (Feuerhelder: Homenaje a Walter Benjamin).

Adorno se había cambiado el apellido mucho antes de la segunda guerra (La Segunda Guerra Mundial): de nacimiento era judío alemán, pero su madre pertenecía a una elegante burguesía, por lo que prefirió autotitularse “Adorno”, y quizás esto lo salvó del mayor Asesinato de la Historia (Historia del siglo XX - Historia universal contemporánea).

Fue un filósofo espléndido y un interpretador de su tiempo -según los que saben más que yo (El siglo XX y la producción armamentista mundial)-, y es más, se arrepintió alguna vez de haber “decidido” que… no era posible seguir escribiendo poesía. Pero su frase menos feliz fue recogida por varias generaciones que decidieron en cierto modo la inutilidad de la poesía y cuyas consecuencias están presentes.

La consecuencia de que ya no se lea poesía parece intrascendente; la consecuencia de que los poetas traten de ocultar sus poemas e intenten novelas y cuentos, ensayos o alguna forma de prosa, también.

Más allá de que el clima de la época influye en el espíritu, en cualquier espíritu humano, se me da por pensar que si la gente estuviera leyendo la tan inútil poesía estaría más calma; que si la gente aunque fuera tratara de competir por ser el mejor poeta, dejaría de competir por ser el mejor armado para la guerra. Es decir, las flaquezas de la especie se resolverían de un modo más humano. (Continuar leyendo »)

Editorial, Monografias

Ser poeta cuesta, pero no vale…

Yo trabajé toda mi vida (El trabajo como concepto- valor- contenido), pero no puedo jubilarme (Factores psicológicos intervinientes en la calidad de vida de las personas en la etapa de la vejez).

Ni siquiera con la jubilación de ama de casa (Madres trabajadoras), porque para eso necesitaría no haber hecho nunca aportes, y a veces, pero pocas, tan pocas que no alcanzan, trabajé en blanco y efectué los aportes consabidos.

Hay una pensión para escritores y poetas que están en esta situación (La Sociedad de los Poetas Muertos y Teorías de Educación): tanto en la ciudad de Buenos Aires, donde residí hasta hace poco, como en la ciudad de Santa Fe, donde nací (Aportes del cine documental a la construcción de la memoria y el pasado reciente).

Para la pensión en Buenos Aires me presenté con algún currículum, como ser dos veces premio del Fondo Nacional de las Artes -y otros premios también, algo importantes-, pero no alcanzó; me contestaron que no podían otorgarme el subsidio por escasez de antecedentes (Buenos Aires, una ciudad que enamora). (Continuar leyendo »)

Editorial

Las miraditas de las máscaras

Hace años quise ser o fui poeta, y alguna vez narré (Escritores y poetas venezolanos); tengo una gran biblioteca bastante releída (Biblioteca virtual), y no escribo poesía habitualmente, ahora. Estos escritos son en parte “versos”, pero no es mi intención (Libro de Buen Amor).

Busqué tres cosas: una manera de escribir un diario, de no olvidarme de mis reflexiones y, sobre todo, de dejar registrados los encuentros, milagros y rituales (Shamanismo), pero también mis hechos cotidianos (Valores, normas, leyes, símbolos, signos). Tomé una forma que no es del todo prosa llana porque así, balbuceado, entrecortado, suele caer el misterio (Nuevas sendas en las montañas),  por unas grietas que no existen en la apretada prosa de academia (Arte del Renacimiento).

También quiero explicar para alguien, no sé quién, algunas cosas que me maravillan, no las infinitas abiertas alas de las mariposas que se comprenden en la juventud sino las infinitas abiertas alas de los murciélagos que bordean mi atardecer (Vampiros: los Moradores de las Tinieblas).

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Editorial

Pocas palabras para la muerte y la poesía

La santidad del poeta, que existe en realidad, le viene por estar distraído del mundo (El lugar de las devociones). Uno cuando come no es poeta, uno cuando fuma no es poeta, y no porque esas tareas sean convencionalmente “prosaicas”. El poeta hace viajes fuera del mundo y percibe (Los Mecanismos Físicos y Metafísicos de la Existencia Relativa); el poeta es ocasional, viajeramente poeta. Cuanto más permanece en su condición, más adquiere esa pureza, esa incontaminación, que hace al santo. No es difícil verlo.

Pero más allá, estoy empezando a Ver (Hacia la Construcción de una Logoterapia Organizacional)

VEO: me pregunté esta tarde por el deseo de lo Más y lo Mejor. Ser el más inteligente, bueno, y bello. Ser el Mejor poeta.

El trabajo es silencio, es Menos (Significado y motivación del trabajo).

El trabajo del poeta es silencio (Hacia una pedagogía del silencio). Volver milagro las palabras (Vírgenes negras), hacerlas sonar, se hace en pleno silencio. Por eso escribí un verso que cuenta telarañas. Que ninguna vibración invada el trabajo del poeta para que no se rompan esas telas que se rompen con suspiros apenas; telas de telaraña que son los signos que el poeta descifra y traduce.

Quiero: trabajar en silencio, en modestia, casi en misticismo, digamos en ascesis, la poesía de mi alma que es como la poesía de todas las almas (Carta a los adolescentes infames). Lo que me diferencia es, en los que no son poetas -o no trabajan la poesía- que ellos no lo saben o, acaso, no lo desean.

Pero el que Ve del todo lo desea.

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