Pocas palabras para la muerte y la poesía
La santidad del poeta, que existe en realidad, le viene por estar distraído del mundo (El lugar de las devociones). Uno cuando come no es poeta, uno cuando fuma no es poeta, y no porque esas tareas sean convencionalmente “prosaicas”. El poeta hace viajes fuera del mundo y percibe (Los Mecanismos Físicos y Metafísicos de la Existencia Relativa); el poeta es ocasional, viajeramente poeta. Cuanto más permanece en su condición, más adquiere esa pureza, esa incontaminación, que hace al santo. No es difícil verlo.
Pero más allá, estoy empezando a Ver (Hacia la Construcción de una Logoterapia Organizacional)
VEO: me pregunté esta tarde por el deseo de lo Más y lo Mejor. Ser el más inteligente, bueno, y bello. Ser el Mejor poeta.
El trabajo es silencio, es Menos (Significado y motivación del trabajo).
El trabajo del poeta es silencio (Hacia una pedagogía del silencio). Volver milagro las palabras (Vírgenes negras), hacerlas sonar, se hace en pleno silencio. Por eso escribí un verso que cuenta telarañas. Que ninguna vibración invada el trabajo del poeta para que no se rompan esas telas que se rompen con suspiros apenas; telas de telaraña que son los signos que el poeta descifra y traduce.
Quiero: trabajar en silencio, en modestia, casi en misticismo, digamos en ascesis, la poesía de mi alma que es como la poesía de todas las almas (Carta a los adolescentes infames). Lo que me diferencia es, en los que no son poetas -o no trabajan la poesía- que ellos no lo saben o, acaso, no lo desean.
Pero el que Ve del todo lo desea.
Los puercoespines ateridos
Aparte de todo -todo tan mínimo como descubrir un continente sumergido, el inconsciente (El chiste y su relación con el inconsciente)-, Freud siempre me ha parecido un gran, chispeante escritor (Freud: Un Hombre para todas las épocas).
Recuerdo en uno de sus párrafos inigualables, la comparación que hace de la especie humana con un grupo de “puercoespines ateridos”. Es perfecta, y llena de gracia al mismo tiempo.
En cuanto a Lacan, lo considero poeta porque soy ignorante de su teoría: lo leo como se lee algo misterioso, bello y sólido (La Psicosis según Lacan. Evolución de un concepto). Con mucho optimismo a veces creo que Lacan se sentiría feliz de ser leído de ese modo también, como un poema a descifrar (La palabra, el escritor y la poesía).
Últimamente intenté descifrarlo leyendo el diario publicado de una psicoanalista que fue su paciente -y que escribió más que papeles íntimos, un “diario de sesiones”. Esta autora se llamaba Elizabeth Geblesco y narra de un modo algo cruel, aunque muy enamorado, los últimos años de Lacan: Un amor de transferencia, que no parece nada correspondido, aunque recomiendo su gratísima lectura (Dinámica de la transferencia en la dirección de la cura).
Una sesión de psicoanálisis
Tengo un año y dos meses, nace mi hermano. Voy a visitarlo. Lo envuelven en sábanas blancas y, a mi entender, enormes, para hacerle nebulizaciones (Infancia abandonada).
¿Eso que veo allí es sangre? ¿Cómo conozco el nombre de la sangre, como sé qué es sangre y qué no lo es? (La sangre).
En mi memoria hay una mancha roja, no comprendo cómo aparece, me han dicho luego que mi hermano no sangró.
Están matando al recién nacido, creo.
Tal vez por eso se formó una mancha roja en mi recuerdo.
Una mancha translúcida a través de la cual miro que matan a mi hermano.
Cuando salgo del hospital me llevan en tranvía y descendemos en la estación que está a la vuelta de mi casa (Patrimonio Familiar).
