Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

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La prosa que algunos escriben (Géneros literarios) suele tener hojas secas, raíces, piedras de edades diferentes (Introducción al arte rupestre), voces de gente diferente en Babel (Para no seguir en Babel). Éstos son los residuos que la poesía dejó en la página marcada.

Y es verdad que sin los residuos del poema que fue toda prosa antes de comenzar a escribirse el amor y la muerte están muy quietos, abarcan poco, son sólo los amores pasajeros y la muerte pasajera de los personajes (La novela). (Continuar leyendo »)

Editorial

El Panteón de los Poetas

A veces, como el mar trae tesoros a la playa (Ciudades y tesoros perdidos), el azar, la coincidencia o alguna cosa diferente nos devuelve objetos hace tiempo perdidos. La alegría que sentimos en esos momentos es, tal vez, desproporcionada con la ofrenda, sobrepasa cualquier agradecimiento cotidiano.

Es que algo o alguien nos ha devuelto un fragmento de lo que fuimos en el pasado, hay una muerte menos en nuestro corazón (Cómo tener un buen corazón).

Y esto, precisamente esto, me ocurrió cuando una vieja amiga (Breve ensayo sobre el afecto, amor y amistad) me devolvió un todavía más viejo cuaderno: allí estaba el poema de mis 18 años, que con soberbia y candidez escribí; el largo poema que enumera a “todos” los poetas (Adolescencia: ¿Quo vadis?).

Es muy útil, en realidad, como una especie de guía “telefónica”, como catálogo, como mapa… (Mapa conceptual y mental).

Y también porque el recuerdo de las noches que pasé en vela escribiéndolo no se borra (El mundo de las letras).

El Panteón de los Poetas

Desnos, no era necesario tu poema de amor

con el que yo quería llorar sin conseguirlo

ni el infierno bordado de Rimbaud

ni la gloria en carros de fuego que trajo a Baudelaire

con el olor de la carne y el aire. (Bien vale un verso)

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Buscando la palabra

Un soneto me manda hacer Violante

Escuchen, o más bien lean, digo, este verso de Lope de Vega (De la iglesia a las plazas… El Teatro Medieval):

“Un soneto me manda hacer Violante
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto;
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante,
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,
y parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
que voy los trece versos acabando;
contad si son catorce, y está hecho.”

¡Osvaldo, José, Vancho, Judith, Joise…!, por Dios, no encuentro la palabra… las palabras

Ante todo debo decir que el título y también la idea general de esta nota que intento empezar a escribir (Historia de la máquina de escribir) pertenecen a Iván Salazar Urrutia, Vancho para la gente de este sitio.

No vaya a ser…

Debo aclarar además que conocí el poema de Vancho que me inspiró el título y la idea -general de esta nota, como dije (Status jurídico del robo de ideas)- gracias a Osvaldo Bonini, nuestro Osvaldo a secas -él no necesitaría jamás agregados- de este lugar internáutico, dueño del blog “La gente y su sombra“.

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