Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Los bellos tiempos de las lecturas en voz alta

No es molestia ni crítica (La medida de nuestro desconocimiento), pero los poemas actuales, y tal vez hasta honorablemente, se han convertido en partituras.

Una partitura es además de una música ímplicita, dormida pero a punto de despertar, una bella obra gráfica (Arquetipos).

Tengo fotografías de antiguas partituras (Inmigración: fotografías), porque hacen agradable el lugar. Como un Mondrian, por ejemplo, cuelgan de las paredes (Mistificaciones del culto al genio).

Pero las “partituras” de poesía no son aptas para ser leídas en voz alta entre amigos, derramando sobre el papel una gota de ron, como le gusta a Vancho (Tipos de bebidas alcohólicas); necesitan una lectura silenciosa y una mirada también silenciosa que capte el extramundo del poema, allí adonde se va hacia el otro lado y se sigue y se sigue con palabras casi inexistentes -y cuando digo casi recuerdo la definición de José Itriago-, con letras raras que no pueden sonar (Caracteres y cadenas), como espacios en blanco, como ampliaciones y disminuciones de la tipografía, como el duende que está oculto dentro del papel pero que le habla a cada lector de manera distinta (Las diferentes percepciones del mundo).

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