Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

La Nochebuena de los vivos y los muertos

La noche (La noche de fin de año y la quema de los años viejos) es un lugar de encuentro de lejanos, extraños pasajeros (El Cochero del Virrey).

Como un alma es la noche (Al encuentro del alma), oscura, confusa, llena de diamantes (Los diamantes de Monrovia).

Los diamantes son los ojos tallados en nosotros de quienes ya no están en esta tierra pero están en las sombras, en el día de luz, en nuestro corazón (El camino de los muertos).

La noche de Navidad (Origen y procedencia de la Navidad) es una fiesta a la que nadie falta, ni vivos, ni muertos, ni ateos, ni cristianos, ni judíos ni musulmanes, ni hindúes, ni budistas, ni ninguna tribu lejana y cercana del espíritu (Las religiones).

La otra Nochebuena con sus regalos de ocasión, árboles iluminados para la ocasión y manjares cocidos para la ocasión es sólo un diminuto festejo del que podemos participar o no, sin perder nada (Análisis del poema “Papa Noel nunca llega en la Navidad a los hogares pobres…”).

La fiesta es en el cielo del alma, en ese palacio. En la noche del alma, hacia donde confluyen los muertos y los vivos, todos vestidos diferente: velos islámicos; trajes judíos, sobrios; coloridas túnicas hindúes, algunas muy doradas; modestas telas budistas; occidentales vestiditos frescos de la gente de acá.

El sol sale para siempre esa Noche. (Continuar leyendo »)

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La Nochebuena de mi nostalgia

¿Algunos de ustedes conocen historias sobre el árbol de Navidad? (Qué fue la Estrella de Navidad). Yo sí, pero las he repetido tanto que ya me han aburrido (Fatiga y aburrimiento), y he escuchado hablar de otras tan espléndidas… (La princesa que creía en los cuentos de hadas…).

Cómo me perturban la Navidad (La Navidad en Venezuela), la Nochebuena, cómo me espían por todos los rincones y los ojos de buey que dan hacia mi infancia.

En esos paisajes móviles de mi memoria siempre estamos mis hermanos y yo en un lugar sin tiempo y -aunque lugar- casi sin espacio, donde la luz es sagrada porque viene de nuestra propia e inocente luz de niños, también con una sensación de algo sagrado en el pecho (Recuerdos). ¡Qué enormes eran esas navidades, la Nochebuena y el Niñito!

En mi primera infancia, hasta los diez años míos (Fragmento del diccionario de la evolución), éramos tres hermanos, casi de la misma edad los tres, que vestidos iguales -recuerdo unas remeras a rayas y unos pantalones blancos para los muchachos y una falda blanca para mí- salíamos a saludar a los vecinos, a la maestra, al cura (Cultura Medieval: Los Campesinos y el Miedo).

Y aunque teníamos, como todos los hermanos, la costumbre de discutir y hacernos bromas y “cargarnos” hasta terminar bastante heridos a menudo, en ese día caminábamos muy serios y unidos por la calle, en silencio, con la idea de algo poderoso, inexpresable, que nos envolvía en su aura.

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