Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

El saco de visón de mi tía Consuelo

Una fotografía del presente se deslizó hacia ayer (Inmigración: fotografías) y mis ojos de cuando era niña sorprendieron esa imagen de mí (El sí de las niñas): cómo envidio a esta hada madrina (Mal de ojo), a esta hada vieja (Psiquismo y elementales) fumando junto al fuego una mañana de frío.

Es julio, estoy un poco resfriada y tengo mi chimenea (Efectos de la gripe humana AH1N1); mis lápices están ordenados por color sobre la mesa, en cuanto lo deseo, escribo o canto, ya con tinta vacilante, ya con voz oxidada, y estoy completamente sola en ese viento de alegría (Canto a la vida).

El sacón de mi tía

“No venderé este saco de visón, heredado, porque trae, junto con su hermosura, escenas felices de cuando su dueña paseaba por las calles preocupada tan solo por el brillo del sol”, pensé (La mujer vestida de sol).

En la trama donde se incrustaba cada hilo podía sorprenderse la antigua alegría de mi tía, la dueña del visón, eran espejos móviles que la mostraban, había quedado su sonrisa, su andar movía el resplandor y ella caminaba a mi lado otra vez. (Continuar leyendo »)

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Meditaciones de cementerio

Hay como un canto encerrado dentro de mí que parecería poder brotar a cuchilladas (“Orfeo”, mito y notas hermenéuticas), con la violencia de la muerte (Sobre la muerte).

Y es posible que cuando ocurra eso se asomen los que están embalsamados en el fondo de mis ojos (Egipto), los que quedaron dentro del espejo, con siglos, con herrumbre, sellados de plata antigua (Época antigua).

Con un fino cincel o con tinta de sangre limaré la cofia de mi abuela hasta que sonría otra vez; abriré de hoja en hoja las partituras de mi abuelo para que las siga escribiendo en el fondo de la casa que era como un barco, y cree la música de su guitarra (La guitarra y su técnica… Reflexiones de un guitarrista).

Frente al papel en blanco a veces viene a visitarme mi niñez (Representaciones sociales sobre la niñez, la adultez y la sexualidad…).

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Editorial

La Nochebuena de mi nostalgia

¿Algunos de ustedes conocen historias sobre el árbol de Navidad? (Qué fue la Estrella de Navidad). Yo sí, pero las he repetido tanto que ya me han aburrido (Fatiga y aburrimiento), y he escuchado hablar de otras tan espléndidas… (La princesa que creía en los cuentos de hadas…).

Cómo me perturban la Navidad (La Navidad en Venezuela), la Nochebuena, cómo me espían por todos los rincones y los ojos de buey que dan hacia mi infancia.

En esos paisajes móviles de mi memoria siempre estamos mis hermanos y yo en un lugar sin tiempo y -aunque lugar- casi sin espacio, donde la luz es sagrada porque viene de nuestra propia e inocente luz de niños, también con una sensación de algo sagrado en el pecho (Recuerdos). ¡Qué enormes eran esas navidades, la Nochebuena y el Niñito!

En mi primera infancia, hasta los diez años míos (Fragmento del diccionario de la evolución), éramos tres hermanos, casi de la misma edad los tres, que vestidos iguales -recuerdo unas remeras a rayas y unos pantalones blancos para los muchachos y una falda blanca para mí- salíamos a saludar a los vecinos, a la maestra, al cura (Cultura Medieval: Los Campesinos y el Miedo).

Y aunque teníamos, como todos los hermanos, la costumbre de discutir y hacernos bromas y “cargarnos” hasta terminar bastante heridos a menudo, en ese día caminábamos muy serios y unidos por la calle, en silencio, con la idea de algo poderoso, inexpresable, que nos envolvía en su aura.

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Papel, tinta, madera, muy cerca de Florencia

Había una fórmula tonta, cuando éramos chicos, que tonta y todo nos divertía a rabiar, porque sí: pin uno, pin dos, pin tres, contábamos hasta llegar a Pin Ocho, y tal vez se nos pasaba el común -y descomunal- aburrimiento de la infancia, que consiste en algunos momentos de insoportable paz (Algunas reflexiones sobre los juegos tradicionales rurales).

Se dice que hay otras fórmulas mágicas, y son para elaborar seres humanos (Hechicería e Imaginario Social) -aparte de la convencional receta de hacer el amor entre una mujer y un hombre bajo ciertas condiciones propicias de la luna (Trilogía del Amor: El Amor, el Odio y los Celos).

Acá dejaremos pasar laboratorios y probetas, clones y científicos cuerdos u orates en busca de una nueva vida (Bioética y genómica), porque no queremos enfocarnos en eso sino en las leyendas y los cuentos fantásticos que hablan de varios atrevidos intentos multiplicadores de gente.

Uno de ellos es el llamado Golem, creado por un rabino en la ciudad de Praga mediante el método terrible de pronunciar con exactitud el nombre verdadero de Dios (Asambleas de pájaros). Y aun así fue un intento fallido; el rabino más bien creó a un homúnculo poco desarrollado que terminó incendiándole la sinagoga (Religiones).

Pero muy cerca de Florencia, Italia, en un pueblito llamado Collodi que es apenas una mancha sobre la ladera de una colina (Ciudades y escritores), un hombre dio a luz dentro de un libro algo bastante más amable que el Golem, un muñeco de madera viviente: Pinocho, claro.

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