Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Puntadas y poesía

Coso (Reflexiones sobre la moda); corto vestidos y hago una pollera, saco una falda nueva de pantalones viejos y, al fin, quizá, algunas veces, termino una bizarra colcha con retazos y con los tonos del atardecer (Discurso por el día internacional de la mujer).

Es mi manera de jugar con los colores y las formas, ya que… soy una “plástica” fracasada (Las Bellas Artes).

Amo los materiales, sus colores (Teoría del color), sus olores, tocarlos, mezclarlos, pero coso (Materiales modernos).

Frente a mi mesa de costura hay una reproducción del cuadro La bordadora, de Vermeer (Estudio comparativo entre Vermeer y Courbet). Ella está inclinada sobre su tela, pero la miro y estoy segura de que en el momento en que bajo la cabeza para dar una puntada, levanta la suya … y también me mira.

Ayer, estaba cosiendo cuando mi hija Magdalena vino a visitarme, muy bella, con su bella, incipiente pancita de bebe o beba (Alimentación antes, durante y después del embarazo) -la bordadora de Vermeer suele desaparecer en estos momentos en que estoy acompañada; no sé cómo hace, debe de tener un nido dentro de la pared.

Magdalena -Mane para mí y para ustedes- venía con algo así como un libro diminuto en la mano. Se trataba de la Pequeña antología de textos escritos por estudiantes del bachillerato de educación popular Rodolfo Walsh, para la materia lengua, de la que Mane está a cargo (Operación masacre, de Rodolfo Walsh).

Creo que vale la pena todo el cuadernillo, con autores que, en general, no se dedican en absoluto a la literatura -hay enfermeras, artesanos, amas de casa, cadetes, etc.- pero que la expresan y en ciertos momentos la exhalan -esta gente exhala poesía, digo, que es literatura.

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Editorial

Literatura y homosexualidad

Entre mis más felices recuerdos está el de verme abriendo un libro especial (Recuerdos).

Apenas aprendía a leer, y a lo mejor sólo podía entender remotamente que el texto hablaba de una princesa y un castillo (Lecturas para mejorar el proceso de la lectura).

Una princesa y un castillo son objetos difíciles de imaginar para una niña que vive en un departamento y, además, no es princesa (Imaginación que Resignifica - La Verticalidad de Roberto Juarroz).

Pero no importaba.

Daba vuelta las hojas y el castillo se erigía en coloreados cartones pegados a la página, con su princesa recostada dentro.

¡Sorpresa! ¡Asombro!

No diré que la lectura se hacía realidad, pero lo parecía.

Tal vez ese recuerdo maravillado intervino en mi deseo de escribir futuro (La palabra, el escritor y la poesía): debe haber un lugar para apretar, como un timbre, en el medio del papel, o en las esquinas, o hurgando con el lápiz hasta formar un agujero, que haga aparecer el dibujo de lo escrito, y yo ya no tenga que seguir estrujándome el alma ni el seso…

Pero no: el escritor construye con palabras, no hay otro modo.

Y, se diga lo que se diga -por ejemplo, que una imagen vale por mil palabras (La mujer como imagen publicitaria)-, el peso que tienen las palabras es más rotundo y a veces puede rebotar e ir a dar justo sobre quien las escribió, como balas, como piedras (Las piedras semipreciosas en el Perú).

Porque hay una confusión profunda entre compases (Método audiobec), imágenes y palabras. A las palabras se les atribuye mayor consistencia, especialmente en el terreno filosófico y moral (La Educación Moral).

Dejad que Dalí (Breve reseña sobre el onírico pintor surrealista) pinte masturbaciones y cuadros que pueden o no ser herejes, diabólicos o “inmorales”. Dalí, además de genio, es un pintor, y a nadie lo mata que sus relojes se derritan, ni el cristianismo se mortifica porque su Cristo no tenga rostro.

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