Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Internet, y el tiempo

Ay, el tiempo (La estructura del tiempo y los viajes temporales), qué cosa tan larga y tan corta a la vez (La vejez: el último poema), qué cosa tan negra y tan blanca… (El Humanismo: de la oscuridad a la luz).

Recordaba lo que había escrito hacía años (La mujer mayor de 40 años):

Me llamo sombra o no me pongan nombre,

yo

alzo un fósforo en la oscuridad, como una flor, lo enciendo,

por un momento su fulgor ilumina mi tumba y apagándose

cae su negra cabeza, que fue fuego.

Lo que he visto

fue blanco.

¿Cómo había pasado que ella había llegado hasta allí,  y que ahora era vieja, calma, arrugada, de ojos sin luz? (La vejez es “curable”).

Que ella, tan luego, que había rehecho el arcoiris después de destejerlo (Tres aristas de lo humano en la poesía de Goethe), que había inventado un modo nuevo y eterno de poesía, que había sido alabada por los mejores poetas desde su infancia, tanto por su poesía como por su belleza, ella, ahora, fuera tan solo esto, algo así como una sobra de comida, una pluma que el viento lleva o la tierra que el vientito levanta sobre las plantaciones de tomates… (Ejercicios en la vejez).

Así fue

Primero estaba con su marido en un departamento en una ciudad grande, de nombre fabuloso, de leyenda sin fin: Buenos Aires.

Y aunque el Etna entrara en erupción, y hubiera terremotos en España, nada importaba. (Continuar leyendo »)

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Explicaciones; Tomas Tranströmer; Eric Polten

Queridos amigos:

a veces siento que algunos de ustedes no interpretan lo que escribí (Interpretar la solución óptima), aunque de todos modos no tenga por qué exigirles semejante hazaña (Venezuela Heroica).

En el post anterior, “Las aventuras de un enfermo”, mi intención era la de que todos los que hubieran sido alguna vez “pacientes”, relataran su experiencia, buena o mala (¡A grandes males, grandes enfermos!). Idealmente proponía, o creía proponer, una especie de debate sobre la atención, el progreso o el retraso en el diagnóstico y otros detalles de la medicina institucional, o institucionalizada (En la convergencia de dos humanismos: Medicina y Derecho).

Una de las respuestas que recibí es la que hubiera querido ver multiplicada -junto con tres o cuatro más que también dieron en el blanco de mis ambiciones (Biografía del Gran Almirante Cristóbal Colón)-, y es sencilla. Viene de Jaime Arias Gallego y dice: “una vez fui al médico del Seguro Social para conseguir una orden Urgente para el oftalmólogo. El médico de turno me respondió: ‘Usted tiene conjuntivitis’. A lo que respondí: ‘Usted es el doctor pero si lo que tengo es el Herpes Oftálmico… lo demando’. De mala gana me dio la orden. Y era lo que yo decía…” (Enfermedades de los ojos).

Como explico a menudo, no suelo escribir de modo impersonal como una auténtica periodista (Periodismo), sino en primera persona, como un poeta, de ésos que no agradan a Eric Polten -después les refresco la memoria sobre Eric Polten.

Como un poeta (José Gregorio Vásquez, El silencio enigmático del poeta) o como quien escribe una especie de diario íntimo -que eso también es un blog- de una antigua señora que relata estados y aventuras personales.

Con este modo de escritura a veces creía ilustrar algunos temas tales como el último mencionado de las enfermedades y sus pacientes y sus médicos. (Continuar leyendo »)

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Las aventuras de un enfermo

No quiero ser ni parecer trágica -después de todo la vida a todos nos pone manchas o cadenas y nos hace probar cosas que no son precisamente fresas con chantilly (Dossier para el maridaje en la restauración), a esta monografía la recomiendo encarecidamente: da placer)-, por eso digo que la enfermedad es como el amor (Del Amor y Otras Yerbas), y parece que hoy me dediqué a poner buenas monografías, lean ésta), ya que al amor se lo bebe en una pócima bien caliente, preparada con extrañas raíces, veneno de víbora y ¡rocío del amanecer! -a Borges no le gustaban los signos tipográficos de los cuales yo hago uso y abuso; en realidad, me encantan para hablar con ustedes esos signos, y también me encanta transgredir las reglas de mi vate preferido, como llamarlo vate, sin ir más lejos… (Borges y la eternidad en construcción).

Y al amor se lo llama con la voz de más allá de los huesos, como a la muerte (La muerte en la historia).

Y para el amor es siempre primavera (Primaver Roja) -no importa la edad que el que lo padece tenga-, pero primavera atravesada con lágrimas y lluvia: una verdadera, una exquisita alergia  (Miastenia grave, Disforesis profusa y otros): aclaro que no recomiendo está monografía por el hecho de tener yo misma miastenia, sino por las alergias -que nunca tuve-, de las que el estudio también trata, y porque admiro la sabiduría de su autor)-  -ahora, al escribir la palabra alergia, me doy cuenta de que es palíndroma de alegría (¿Quién tiene un libro de Juan Filloy? Informe sobre la obra de un escritor singular).

Para aliviar las enfermedades crónicas hay que trabajar duro con el alma, llegar a conocerse a uno mismo al menos en cuanto actor (Artaud, surrealismo y teatro), al menos en cuanto a que uno es el que representa, el que lleva a la escena, por medio de su cuerpo, la enfermedad que le ha tocado en gracia -además, por ejemplo, cuando acaricio el lomo de mi perra la salud desciende instantáneamente sobre cualquiera de mis heridas. (Continuar leyendo »)

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Un ramo de flores del ciruelo para José Itriago

Sí, se escribe para decir algo que queda más allá de las palabras (Oralidad y escritura), pero si no se escribiera, mi querido, mi entrañable José -con el genio de tu hermano Francisco aleteándote en las espaldas como los ángeles (La historia de la pintura) y con tu propio genio recogiendo en tu austera habitación el universo para nosotros que te leemos (objeciones-al-que-no-objeta)-, si no se escribiera, digo, no tendríamos la esperanza o la posibilidad de llegar a decirlo alguna vez… Tú, o “cualquiera”, tan cualquiera como mi amigo José Luis Pagés, o Vancho y Osvaldo, o alguien futuro, con música, con palabras, con colores (La relación entre los colores y el conocimiento).

En este momento, por ejemplo, quiero estar en silencio para sentir tu gran silencio que llega desde lejos  José (La luna y el solitario), y es el silencio de la calma, aunque me lo transmitas con tu prosa compuesta de vocablos -pero el silencio de la escritura ordena a veces el caos, no es como vociferar, no es como hablar en las reuniones de escritores.

Me apoltrono en el jardín, lugar tan etéreo que el verbo apoltronarse es casi grosero (Las siete maravillas del Mundo) -ahora tengo jardín y árboles frutales en un lugar casi desierto de gente, pienso en vos, en ti, en usted, José I.

A mi lado se acomoda Polka, tan negra como la noche que nos ampara -pero ahora es mediodía y eso fue una licencia poética, un flash de frivolidad, una distracción. Veo, respecto de Polka, que la belleza también elige sus animales. En el caso de Polka la eligió, ella tiene uno de los rostros más bellos del mundo y ojos profundos y mirada sensible. (Continuar leyendo »)

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La poesía de ciertas ropas antiguas

Me encantaba el título de ese cuento de Henry James (El doble como recurso literario en El rincón feliz), “La poesía de ciertas ropas antiguas”. Ahora ya no sé si me gusta.

Tengo los roperos atestados de ropa (Historia del vestuario). A veces sueño -durante la vigilia- que la doy, que decido donarla, pero no puedo (Egoísmo y nobleza: las dos caras de un héroe).

Sueño que la vida se me hace más fácil con dos o tres prendas esenciales colgando de las perchas. Esas dos o tres prendas que en definitiva son las únicas que uso todos los días, siempre, para cualquier ocasión, y después lavo y plancho para volver a usar (Ciudades en uso y desuso).

Pero en mis estantes hay historia (La ley periódica de la historia: Análisis y demostración). Y leyendas, hasta de gente que no conocí, como “un abrigo de Loden” de tela y corte impecable, afamado en todo el mundo, que recogí en la casa de una amiga. “Lo dejó olvidado mi suegra cuando volvió a Europa, allá tuvo el accidente y ya no regresó a la Argentina. ¿Te gusta? Te lo doy” (Inmigración y exilio español en la Argentina: personalidades). Y yo cargué con un abrigo que también es leyenda como marca de fábrica: encontré estos sobretodos -en este caso en masculino- en una novela de Hermann Broch, El maleficio. Al pasar, recomiendo encarecidamente toda la obra del genial Broch que me parece bastante olvidada (La novela).

La desnudez

¿Por qué no puedo desprenderme de tantos inútiles objetos, digo? Y ahora, que tengo un jardín y veo cómo las flores de los árboles se cierran, se oscurecen, ya no adornan, para dejar nacer lentamente los frutos, siento con más fuerza el pecadillo: el pecadillo de la voluptuosidad de las palabras y la ropa, de los colores y la ropa, de las texturas y de las formas. (Continuar leyendo »)

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Se puede escribir poesía después de Auschwitz

Yo no sé mucho (RAWLS: EL VELO DE IGNORANCIA), pero he leído repetidas veces que “no se puede escribir poesía después de Auschwitz” (El intelectual superfluo), según Theodor Adorno (Theodor Wiesengrund Adorno: Sobre Literatura). Este pensador era un judío que había sobrevivido a los nazis (Memoria y reconciliación: La Iglesia y las culpas del pasado), no como Walter Benjamin, que murió tratando de salvarse, o que no quiso salvarse como Adorno para no sentir la misma culpa (Feuerhelder: Homenaje a Walter Benjamin).

Adorno se había cambiado el apellido mucho antes de la segunda guerra (La Segunda Guerra Mundial): de nacimiento era judío alemán, pero su madre pertenecía a una elegante burguesía, por lo que prefirió autotitularse “Adorno”, y quizás esto lo salvó del mayor Asesinato de la Historia (Historia del siglo XX - Historia universal contemporánea).

Fue un filósofo espléndido y un interpretador de su tiempo -según los que saben más que yo (El siglo XX y la producción armamentista mundial)-, y es más, se arrepintió alguna vez de haber “decidido” que… no era posible seguir escribiendo poesía. Pero su frase menos feliz fue recogida por varias generaciones que decidieron en cierto modo la inutilidad de la poesía y cuyas consecuencias están presentes.

La consecuencia de que ya no se lea poesía parece intrascendente; la consecuencia de que los poetas traten de ocultar sus poemas e intenten novelas y cuentos, ensayos o alguna forma de prosa, también.

Más allá de que el clima de la época influye en el espíritu, en cualquier espíritu humano, se me da por pensar que si la gente estuviera leyendo la tan inútil poesía estaría más calma; que si la gente aunque fuera tratara de competir por ser el mejor poeta, dejaría de competir por ser el mejor armado para la guerra. Es decir, las flaquezas de la especie se resolverían de un modo más humano. (Continuar leyendo »)

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Carta a un viejo amigo

Ésta no es sólo una carta a un viejo amigo, sino también una vieja carta que no mandé (Las cartas estaban echadas), de hace unos diez años, dirigida a alguien con el que en ese entonces teníamos treinta años de amistad, más o menos (La amistad enfermiza).

Querido:

Cuando uno mira un paisaje del pasado (Apuntes sobre las Islas Canarias), éste: yo yendo a tu casa, tu casa de bulevar, acercándome a tu cama -estabas “enfermo” ese día (Donde se dice de los Trastornos Hipocondríacos)-, horrorizándome porque me contabas algo así como que la cortina al moverse formaba la figura de Dante (Las dudas), y también horrorizándome porque afirmabas que Dante era “malo” -malo de maldad (El sentido de Babel). Yo además descubriendo ese día que tenías una foto de mí, que me habías robado la foto 4 por 4 del documento -descubrimiento que me hizo sentir muchas cosas, pero todas imprecisas.

Cuando uno mira un paisaje del pasado como el que acabo de describir, y te ve y se ve, y siente nostalgia -¿nostalgia de qué siente uno?, y no estoy hablando siquiera de recuerdos más intensos que tengo de vos, sino de los más simples (Amor es Nostalgia. Psicoanálisis).

Teníamos 17 o 18 años, pero si algo puedo asegurar, al menos por mi lado, y casi asegurar por el tuyo, es que no éramos felices (La felicidad). ¿De dónde viene la nostalgia? Si hasta podría decirse que en una escala de relativas “felicidades” estamos hoy ubicados mejor. (Continuar leyendo »)

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Cuadernos y cuadernos, grafomanía y felicidad

Algunas reflexiones contingentes y cotidianas que he dejado caer en mis cuadernos a lo largo de los años (Reflexiones del lenguaje), me traen preguntas que en el momento en que las escribí seguramente sabía responder (¿Cómo hacer preguntas de manera inteligente?) Aparte, mi inveterada costumbre de agregar, tan molesta para algunos -¡oh Vancho, y también José Itriago!-, uno que otro tragaluz poético, los hace más enigmáticos para mí misma (Lenguaje poético).

Luego están las cosas que sin duda pensaba presentar como guiones de programas (¿televisivos?) (El guión televisivo y el guión radial); digo, no lo recuerdo en absoluto, pero eso parecen (Olvido). De esos “guiones” alguna vez transcribiré alguno.

Recorrer esta enorme cantidad de cuadernos librados al azar y que el azar algunos días me devuelve cuando busco otras cosas -como el arbitrario mar devuelve dentaduras y alhajas (El azar)- me da una gran felicidad (La Felicidad). Comprendo las insalvables imperfecciones de mi escritura y además lo perfecto que es vivir aun imperfectamente (La Vida). (Continuar leyendo »)

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Las palabras pueden tocar lo invisible, querido Madariaga

“Las palabras pueden tocar lo invisible” es una frase de Confucio (Confucio: El pensamiento y el estudio deben combinarse).

Me impresiona, me hace ver las palabras como desmoronando muros y mirando detrás (Relación entre el pasado y el presente).

Sobre el papel de los libros leídos parece hallarse la sombra que dejó el escritor (Mi complejo de escritor); alguien muy secreto, muy profundo y antiguo (Egipto antiguo), o quizá también el escritor futuro cuya sombra puede llegar a rozarse en un cruce del tiempo (El espacio-tiempo se curva ante el observador), su música oírse en oídos presentes y pasados (La música de la India) silencios guardados hasta que sea la hora de entenderlos -¡oh Flaco Pagés, oh José Itriago, oh Vancho, oh Joise!, oh tantos etcéteras!!!

Y digo, hasta a mi propia voz le digo que repta en la quietud como si fuera un amante o un ladrón (Voz de un poeta), hasta a mi propia voz, humilde voz, le digo que ella abre el vacío donde los amantes se abren prohibidos del deseo y las gemas de los ladrones brillan por un instante de temblor como si toda la eternidad los perdonara, y que tal es el misterio de cantar y el otro de romper la oscuridad con palas, ¿no, Osvaldo? (Continuar leyendo »)

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En las letras de rosa está la rosa…

Se está derritiendo la nieve de la primera nevada que contemplé en mi vida (La Antártica) si exceptúo la que asombrosamente ocurrió en Buenos Aires -donde nunca nieva- el 9 de Julio del 2007 (Bs. As. breve cronología 1810 ? 1880). Y no eran estos copos, eran más pequeños que las manos de los niños que alegremente intentaban formar un muñeco (Festividad navideña).

Hoy es lunes al mediodía, el miércoles es mi cumpleaños, y yo esperaba que fuera entonces que la blancura me festejara. Pero no (Inmigración y literatura: Festejos).

A la una de la mañana, hoy empezaron a descender sobre los árboles aureolas enormes, de luz blanca y muy suave en la noche (El borde de la noche).

Yo tenía la chimenea encendida -había alimentado el fuego durante toda la jornada; había visto transformarse esos alucinados gusanillos de brasas en salamandras, había hablado con ellas (Psiquismo y elementales). Después tomé un libro y me puse a leer hasta que leí en el aire oscuro esa escritura nívea. (Continuar leyendo »)

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