Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Pasear por la memoria

Pero sí, cuando era joven tuve alguna que otra iluminación, robé iluminaciones (Estatuto de poeta).

Hubo un tiempo en que fui considerada santa, y el aire iba llenándose de rastros de mi beatitud, y en realidad sentía el dolor y el amor, todo lo que habían puesto sobre la tierra lo sentía (Biografía de los Santos).

Cada mañana la luz la hacían los pájaros hendiendo el cielo como dardos o dedos finos, o lluvia o rayos de sol; sentía que la música era lo más material del mundo, es decir que mi interior estaba recubierto casi por gasas, cuando tomaba vino veía la vid transparentarse (El vino como elixir sagrado y sacrificio expiatorio).

Miraba las casas de enfrente no como ahora, sino con ojos de otro mundo, encontraba detrás de las cortinas a gente que se juntaba y conjugaba, sombras de antiguos ramos de rosas que se entregaban entre sí, y sospechaba que esas rosas iban a ser escritas y perdurar, leí miles de poemas y canciones sobre rosas que me dieron la razón, que el poema y las canciones las habían disecado como polillas pero que vivían en las letras pétalo por pétalo, igual que la gente (Poemas y canciones).

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Editorial

Fidelia

El Flaco Pagés no es un “ilustre desconocido” sino, de verdad, un gran cuentista (“Doce cuentos peregrinos” Gabriel García Márquez). Todo el que ha leído uno de sus libros -pocos y breves, como El hombre de los perros dálmatas- se ha asombrado, fascinado, enloquecido… (La locura de Don Quijote).

Pero lo busco en Google (Trabajo práctico de informática) y, aparte de aparecer en un listado de escritores santafesinos, figura sólo como periodista (Ulrico Schmidel, un periodista sin periódico).

Y encuentro su nombre en una nota de hace menos de un mes, en “Rescate de la memoria”, una sección del diario El Litoral de la ciudad de Santa Fe (Santa Fe: geografía económica e inundaciones).

El artículo se refiere a José Alberto Tur -para mí era sólo “Alberto Tur”-: “‘Un típico intelectual de los años sesenta’, así lo definió el periodista José Luis Pagés, que este jueves declaró en el juicio por su secuestro el 16 de mayo de 1978. Pagés rememoró cuál era el ámbito en que ambos se vincularon…”.

El Malena

(Pagés) contó que “el Malena -como llamaban al Movimiento de Liberación Nacional argentino- promovía acciones barriales de conjunto para cohesionar el campo popular y lograr en él la inserción de ‘partido’ que haría desaparecer las injusticias sociales. El arma más utilizada era el ‘firmóscopo’, una carpeta que recorría los barrios para que los vecinos reclamaran con su firma el entubamiento de un zanjón a cielo abierto…”.

El 24 de marzo se cumplen 34 años del golpe militar más feroz de la historia argentina. Desaparecieron demasiados, y el Malena también (Primavera roja), y muchos de mis amigos que a la par eran amigos del Flaco, José Luis Pagés, mi adorado camarada de armas -lapiceras, biromes y hasta lápices lo eran (Verdad, justicia y memoria a 30 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976).

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Editorial

La tragedia de la página en blanco

Las imágenes pasaban ya presas por su alma; tenían esposas, grilletes, arrastraban cadenas y no podían salir de allí y atravesar la puerta de papel (Las imágenes de la Muerte).

“Piensa en cualquier historia, en algo mínimo, muy pequeño, que te haya ocurrido, ahora o hace cien años”, se decía a sí misma (Historias galantes).

Y lo pensaba y cien historias le volaban alrededor como si ella fuera el reflejo de una lámpara y las historias fueran mariposas nocturnas (Mariposas diurnas).

Pero eran mariposas que se habían desangrado; sin sangre, es decir sin tinta (Memoria de unos dedos oxidados).

Y ella, que había nacido ya escribiendo con tinta de sangre, o que tenía la sangre llena de tinta feliz y venenosa, era burlada por el monstruo, el monstruo blanco que se hacía más resbaloso, que se escabullía por el escritorio (La producción de textos escritos).

Pensó en detalles, tonterías como: ¿en dónde están los verdes paraísos, esos que se llaman Infancia? (De las abrumadoras calles de Baudelaire a los fantasmagóricos pasajes de Benjamin).

Es decir, en traducir los detalles menores de su infancia; por ejemplo el pasillo de su casa de niña, el patio, la escalera y el balcón de piedra (Lo verbal y lo visual).

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