El enigma de Yukio Mishima

No existen posibilidades de que me confunda en el recuerdo de dos viejas mañanas (Adolescencia: ¿Quo vadis?):

En la primera de ellas tengo 19 años y estoy tomando café en la cocina (Usos de la pulpa de café). Aparece mi padre y pone un diario con titulares enormes sobre la mesa, para que lo lea (¿Desafíos de los diarios para no morir?), y me dice:

-No quisiste ver por televisión la llegada a la Luna, pero, por favor, mira lo que hicieron estos hombres -y todo aquello del primer paso, y del paso gigante para la humanidad (Julio Verne - De la Tierra a la Luna).

Ayer precisamente se conmemoraron los cuarenta años de la llegada del hombre a la luna, y ya no es rebeldía adolescente, pero sería ocioso gastar un poco más de tinta en el tema, tanto se ha hablado -y hasta se ha dicho que no fue…

En la segunda mañana remota, un año después, 1970, mi padre me pregunta:

-¿Sabes quién es Mishima?

y yo contesto que sí, es un escritor japonés al que tengo en la mira para leer algún día, cuando lo encuentre traducido (Breve historia de Japón).

Mi padre me pasa otra vez un periódico, y allí tengo oportunidad de leer la noticia de impacto más bizarro del siglo XX (El siglo XX y la producción armamentista mundial), que se refiere a la muerte del escritor Yukio Mishima, de 45 años.

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Editorial

La naturaleza escondida

Cada uno de nosotros sabe que hubo un momento en nuestra vida en que empezamos a escapar…

Jugando a pisar sólo las baldosas blancas -o las negras- en mármol de ajedrez, o escribiendo en papel de pentagrama, o versos para la compañera más amada de la escuela primaria (Algunas reflexiones sobre los juegos tradicionales rurales).

El arte, la literatura y la filosofía (La crisis de la filosofía; análisis y discusión) son excelsas escapatorias pero también son buenos sustitutos el juego, la pasión y los negocios (Negocios ambientales: la cuarta ola).

Es más, si todo es evasión, no se comprende bien la diferencia de excelencia entre, pongamos, la virtud (Teoría de la virtud) y el mal (El Mal y las escuelas ocultistas).

Y es que no miramos (La atención en el estudio) -yo sé que no miro- sino con el instrumento que elegimos para mirar, que va del negro al rosa pero que tiene muchos más colores que un arco iris en un único cristal (El velero de cristal).

Y sabemos en el lugar más oculto de nosotros que inventamos un juego o un caleidoscopio, aunque esto no es mirar ni apreciar la vida a lo largo y a lo ancho, en todo su esplendor y su angustia.

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Editorial

Literatura y homosexualidad

Entre mis más felices recuerdos está el de verme abriendo un libro especial (Recuerdos).

Apenas aprendía a leer, y a lo mejor sólo podía entender remotamente que el texto hablaba de una princesa y un castillo (Lecturas para mejorar el proceso de la lectura).

Una princesa y un castillo son objetos difíciles de imaginar para una niña que vive en un departamento y, además, no es princesa (Imaginación que Resignifica - La Verticalidad de Roberto Juarroz).

Pero no importaba.

Daba vuelta las hojas y el castillo se erigía en coloreados cartones pegados a la página, con su princesa recostada dentro.

¡Sorpresa! ¡Asombro!

No diré que la lectura se hacía realidad, pero lo parecía.

Tal vez ese recuerdo maravillado intervino en mi deseo de escribir futuro (La palabra, el escritor y la poesía): debe haber un lugar para apretar, como un timbre, en el medio del papel, o en las esquinas, o hurgando con el lápiz hasta formar un agujero, que haga aparecer el dibujo de lo escrito, y yo ya no tenga que seguir estrujándome el alma ni el seso…

Pero no: el escritor construye con palabras, no hay otro modo.

Y, se diga lo que se diga -por ejemplo, que una imagen vale por mil palabras (La mujer como imagen publicitaria)-, el peso que tienen las palabras es más rotundo y a veces puede rebotar e ir a dar justo sobre quien las escribió, como balas, como piedras (Las piedras semipreciosas en el Perú).

Porque hay una confusión profunda entre compases (Método audiobec), imágenes y palabras. A las palabras se les atribuye mayor consistencia, especialmente en el terreno filosófico y moral (La Educación Moral).

Dejad que Dalí (Breve reseña sobre el onírico pintor surrealista) pinte masturbaciones y cuadros que pueden o no ser herejes, diabólicos o “inmorales”. Dalí, además de genio, es un pintor, y a nadie lo mata que sus relojes se derritan, ni el cristianismo se mortifica porque su Cristo no tenga rostro.

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Editorial

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