Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Helen Keller

La noche era ella misma (Centurias), ese bulto que sólo podía tocar su carne sin darse ninguna explicación, sin siquiera saber la palabra fantasma o la palabra bulto (Regla para eremitas).

No conocía las estrellas, la medida, la altura (Evolución estelar), ni siquiera sabía lo que era el silencio porque también, como la noche, ella era el silencio, al menos no se distinguía del silencio, apenas era un cuerpo que era noche y silencio sin nombres, sin nombre (¿Qué puede representar el nombre propio para la Psicología?).

Sabía, de todos modos, sin letras, sin sonidos, sin resplandor, que era (Ética del límite: la compasión del ser por el ser); parece que el ser sabe que es, cercana a una planta, con igual sabiduría (Las plantas).

Ella podía llover, podía ser la lluvia cuyo tacto la refrescaba; podía tantear la fuerza (Sumisión al poder, fuerza de las ideas y reencantamiento del mundo), comprender con el olfato las historias guardadas en el perfume.

En la oscuridad donde nunca para ella existió ninguna lámpara, apareció una mano que acaricia.

No puede haber sido otra cosa que la mano de una médium, que le transmitía las sensaciones y experiencias del para Helen remoto país de los cuerpos visibles y sonoros. Así como otra médium traduce las palabras de los muertos, Ana le armó el mundo de los que la rodeaban (Las inteligencias múltiples).

Se necesita creer, para que alguien nos diga qué dicen nuestros queridos que murieron. Creer, para no morir con ellos que ya no existen a nuestro lado pero están en alguna parte.

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Los bellos tiempos de las lecturas en voz alta

No es molestia ni crítica (La medida de nuestro desconocimiento), pero los poemas actuales, y tal vez hasta honorablemente, se han convertido en partituras.

Una partitura es además de una música ímplicita, dormida pero a punto de despertar, una bella obra gráfica (Arquetipos).

Tengo fotografías de antiguas partituras (Inmigración: fotografías), porque hacen agradable el lugar. Como un Mondrian, por ejemplo, cuelgan de las paredes (Mistificaciones del culto al genio).

Pero las “partituras” de poesía no son aptas para ser leídas en voz alta entre amigos, derramando sobre el papel una gota de ron, como le gusta a Vancho (Tipos de bebidas alcohólicas); necesitan una lectura silenciosa y una mirada también silenciosa que capte el extramundo del poema, allí adonde se va hacia el otro lado y se sigue y se sigue con palabras casi inexistentes -y cuando digo casi recuerdo la definición de José Itriago-, con letras raras que no pueden sonar (Caracteres y cadenas), como espacios en blanco, como ampliaciones y disminuciones de la tipografía, como el duende que está oculto dentro del papel pero que le habla a cada lector de manera distinta (Las diferentes percepciones del mundo).

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