Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Internet, y el tiempo

Ay, el tiempo (La estructura del tiempo y los viajes temporales), qué cosa tan larga y tan corta a la vez (La vejez: el último poema), qué cosa tan negra y tan blanca… (El Humanismo: de la oscuridad a la luz).

Recordaba lo que había escrito hacía años (La mujer mayor de 40 años):

Me llamo sombra o no me pongan nombre,

yo

alzo un fósforo en la oscuridad, como una flor, lo enciendo,

por un momento su fulgor ilumina mi tumba y apagándose

cae su negra cabeza, que fue fuego.

Lo que he visto

fue blanco.

¿Cómo había pasado que ella había llegado hasta allí,  y que ahora era vieja, calma, arrugada, de ojos sin luz? (La vejez es “curable”).

Que ella, tan luego, que había rehecho el arcoiris después de destejerlo (Tres aristas de lo humano en la poesía de Goethe), que había inventado un modo nuevo y eterno de poesía, que había sido alabada por los mejores poetas desde su infancia, tanto por su poesía como por su belleza, ella, ahora, fuera tan solo esto, algo así como una sobra de comida, una pluma que el viento lleva o la tierra que el vientito levanta sobre las plantaciones de tomates… (Ejercicios en la vejez).

Así fue

Primero estaba con su marido en un departamento en una ciudad grande, de nombre fabuloso, de leyenda sin fin: Buenos Aires.

Y aunque el Etna entrara en erupción, y hubiera terremotos en España, nada importaba. (Continuar leyendo »)

Editorial, Monografias

Extraterrestre en el balcón

Fragmento extraído de un diario íntimo futuro, cuya autora firma sólo “Sobreviviente”:

Lunes

Cuando era joven -tenía apenas sesenta años (La juventud)- trabajaba en una antigua red -”Internet” (Internet)- en un sitio denominado Monografías.com.

Debía preparar un editorial para todos los miércoles, y a veces se me hacía pedregoso; me parecía que ya había tocado todas la cuestiones -aunque apenas con la punta de los dedos, es cierto (Días fastos y días nefastos).

Los días martes -el calendario era el mismo que ahora (Arqueología)- me levantaba con anticipación llena de ideas (Sed de ideas, ¿qué hacemos con este mundo?); me ponía frente a un arcaico aparatejo al que le decían ordenador, computador o computadora, según los países (Historia de la Computadora) -existían “países” divididos por “fronteras”, pero ese ya es otro tema- e iba viendo cómo desaparecían, una a una, aquellas ideas; hasta una vez escribí sobre el vacío terrorífico de lo que todavía se llamaba “página” (ver diccionario), y, en este caso, “página en blanco”.

Uno de esos días estaba en lo que cuento, frente a la “computadora”, en la sala de casa -en otra parte de mi diario explico lo que significaban “sala” y “casa”, pero aún pueden hallarse en el diccionario inconsciente, si tienen ganas de revisar esa zona.

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