Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

No hay ángel en espejo que resista…

Considerando que “las cosas particulares son teofanías, o sea apariciones de Dios”, con Natalia, una amiga que se suicidó, jugábamos a enumerarlas vez por vez, día por día (Depresión y suicidio).

Y el sol brillaba más, o la lluvia era más brillante cuando Natalia estaba viva (La Vida).

Ella decía que sabía fumar de manera que el dueño del bar no la registrara; que sabía gozar y sufrir impidiendo que Buda, al que ninguno de los dos verbos le gustaba, la vigile (Los hombres contra lo humano).

Ella decía un poco antes de suicidarse que era hindú, budista, musulmana, cristiana, etc. (Otras religiones cristianas: mormones, adventistas y testigos de Jehová) pero que trataba de que nada de lo que se consideraba transgresión en esas religiones la perturbara; decía que haría todo lo posible por perdurar aunque los místicos cristianos abominaran la permanencia -sí, lo decía con estas palabras-, ya que en otra vida no estaría y necesitaba aprender ahora mismo -¡tantas religiones tenía Natalia, para ninguna verdadera fe! (Los dogmas y creencias religiosas. ¿Asunto de fe o de razón?).

Ahora no puedo hacer otra cosa -después de seis o siete años, ni siquiera lo sé con exactitud (La escalera)- que quedarme tranquila con su ausencia. Pero le pedí por todos los medios que no se ausentara, ya que se llevaba a la muerte un tesoro que compartían todos los que la conocían, y justo a la muerte, que suele ser tan desagradecida (Percepción de la muerte a lo largo de la vida).

El acto brutal de Natalia fue como una enorme puesta en escena, fue el día del estreno con la mejor producción del mundo, con el más triste de los velorios y el más grande y extenso de los llantos sinceros: cientos de amigos rodeaban a esa muñeca que se había convertido en cartón (Teatro).

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Autorretrato de una bruja en su burbuja

Apenas me levanto  (Pensamientos) tengo que limpiar el espejo con lo que me queda de aliento y borrar rostros sucesivos, para que sólo, por el momento, aparezca mi cara, mi fantasma (Mi complejo de escritor).

Y lo primero que veo son ojos de ópalo que debo descifrar de mí misma, como la anciana bruja exploraba la bola de cristal (Sexocidio en la Edad Media: el peligro de ser mujer). Por allí pasa un arroyo delicado y nada una sombra, se forman pájaros sobre las aguas, aletean y hay un astro negro de muchas puntas que conduce los silencios y las palabras de mi mirada (Mitos de la autopercepción negativa. Latinoamérica en el espejo).

Debajo de los ojos veo una tela tejida con un hilo de seda desprolijo, tal vez escurridizo (Hilados), y marcas que la hilandera de las horas dejó cuando trabajaba con el amor y con la pena como si fuera una orfebrería angelical, para que los ángeles luzcan joyas resplandeciente en qué sabe qué cielos (Arte Mesopotámico). También hay filamentos cruzados del infierno y el cielo, y algún espía del purgatorio (Desdoblamiento y visión en vigilia).

Pero más abajo en esta cara, en la boca de finos labios que estuvieron llenos de carne y luz, se cumple de verdad mi destino de ser y envejecer (La personalidad del ser humano).

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