La tragedia de la página en blanco
Las imágenes pasaban ya presas por su alma; tenían esposas, grilletes, arrastraban cadenas y no podían salir de allí y atravesar la puerta de papel (Las imágenes de la Muerte).
“Piensa en cualquier historia, en algo mínimo, muy pequeño, que te haya ocurrido, ahora o hace cien años”, se decía a sí misma (Historias galantes).
Y lo pensaba y cien historias le volaban alrededor como si ella fuera el reflejo de una lámpara y las historias fueran mariposas nocturnas (Mariposas diurnas).
Pero eran mariposas que se habían desangrado; sin sangre, es decir sin tinta (Memoria de unos dedos oxidados).
Y ella, que había nacido ya escribiendo con tinta de sangre, o que tenía la sangre llena de tinta feliz y venenosa, era burlada por el monstruo, el monstruo blanco que se hacía más resbaloso, que se escabullía por el escritorio (La producción de textos escritos).
Pensó en detalles, tonterías como: ¿en dónde están los verdes paraísos, esos que se llaman Infancia? (De las abrumadoras calles de Baudelaire a los fantasmagóricos pasajes de Benjamin).
Es decir, en traducir los detalles menores de su infancia; por ejemplo el pasillo de su casa de niña, el patio, la escalera y el balcón de piedra (Lo verbal y lo visual).
