Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Cuadernos y cuadernos, grafomanía y felicidad

Algunas reflexiones contingentes y cotidianas que he dejado caer en mis cuadernos a lo largo de los años (Reflexiones del lenguaje), me traen preguntas que en el momento en que las escribí seguramente sabía responder (¿Cómo hacer preguntas de manera inteligente?) Aparte, mi inveterada costumbre de agregar, tan molesta para algunos -¡oh Vancho, y también José Itriago!-, uno que otro tragaluz poético, los hace más enigmáticos para mí misma (Lenguaje poético).

Luego están las cosas que sin duda pensaba presentar como guiones de programas (¿televisivos?) (El guión televisivo y el guión radial); digo, no lo recuerdo en absoluto, pero eso parecen (Olvido). De esos “guiones” alguna vez transcribiré alguno.

Recorrer esta enorme cantidad de cuadernos librados al azar y que el azar algunos días me devuelve cuando busco otras cosas -como el arbitrario mar devuelve dentaduras y alhajas (El azar)- me da una gran felicidad (La Felicidad). Comprendo las insalvables imperfecciones de mi escritura y además lo perfecto que es vivir aun imperfectamente (La Vida). (Continuar leyendo »)

Editorial, Monografias

Personajes

Se me ocurre una idea (Sed de ideas, ¿qué hacemos con el mundo?): todos los que estamos aquí, en este sitio, nos damos maña para escribir, es cierto (Oralidad y escritura).

¿Y si pusiéramos una consigna, del tipo de las que se usan a menudo en los talleres literarios? (Creatividad: propuesta de talleres para su desarrollo).

Hoy propongo que inventemos, o recreemos, personajes (Los elementos clásicos en el diseño de los personajes).

Voy a ilustrar mi idea con una mujer hija de mi escritura, pero formada con muchas otras, tristes y solas en el exilio (Inmigración y literatura: el exilio).

Si alguno de ustedes quiere seguir su descripción, por favor, continúela (La descripción, huérfana literaria).

Pero lo verdaderamente singular sería ver que emergen nuevos personajes, personas de tinta en sangre.

Los espero con verdadera curiosidad. ¡Oh, mundo, qué ricos colores tienes! (Universo literario: mundos y aldeas literarias, retos y desafíos en el siglo XXI).

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Entre la realidad y la escritura

Los escritores (La palabra, el escritor y la poesía) suelen ser confundidos por la gente con los propios personajes que crean.

Ellos mismos, a veces, se confunden (Verdad, verosimilitud y realidad en el Cervantes de Don Quijote).

Existen casos como el de Borges, de quien alguna vez se corrió la voz, en Europa especialmente, de que no existía, que se trataba de un seudónimo adoptado por un grupo de conocidos escribas para despistar a los lectores. Es asombroso, pero hasta lo leí en Monografias.com, aunque ahora trato de encontrar ese ensayo y en la cantidad existente referida al tema de nuestro gran escritor, no puedo hallarlo… (Ciudades y Tesoros Perdidos).

En ocasiones no es necesario ser escritor para confundirse con una historia que uno mismo se cuenta a sí mismo (Historias galantes). Tal es el caso de este cuento que les ofrezco hoy, el de una viejecita adorable, yo misma no sé si real o imaginada por mí, soñada o descripta rápidamente por la urgencia de toda escritura (La transmutación de la escritura).

Juzguen ustedes, con o sin piedad (Eutanasia).

Mejor dicho, tengan piedad por esa viejecita, no por mí, que no hago trajes de novia y apenas sé coser… (Historia del vestuario).

Blanca Yacente, Novias

De día aún se veía el cartel desteñido, que fuera sobrio y parisién: “Blanca Yacente, Novias” (Publicidad y mercadeo). De noche, si uno pasaba por la ventana de la casa, distinguía una figura afantasmada que, con escasa luz, cosía una enorme tela clara. Si uno se detenía un poco más, podía observar los rasgos del fantasma: no, no lo era, no era un fantasma; era una viejecita de ojos verdes, eléctricos (Tres flores blancas en el muladar).

Blanca Yacente cosía noche tras noche su vestido de novia (Fiestas de febrero).

Cuando era jovencita, Blanca juró no cambiarse jamás su nombre ni su apellido; sabía que eran un destino, tal vez una señal; y muchas veces se dijo que peor hubiera sido llamarse Rosa o Iris Violeta, así que cuando se casó nunca fue la señora de Flores o Blanca Flores, ni tan siquiera Blanca Yacente de Flores.

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La tragedia de la página en blanco

Las imágenes pasaban ya presas por su alma; tenían esposas, grilletes, arrastraban cadenas y no podían salir de allí y atravesar la puerta de papel (Las imágenes de la Muerte).

“Piensa en cualquier historia, en algo mínimo, muy pequeño, que te haya ocurrido, ahora o hace cien años”, se decía a sí misma (Historias galantes).

Y lo pensaba y cien historias le volaban alrededor como si ella fuera el reflejo de una lámpara y las historias fueran mariposas nocturnas (Mariposas diurnas).

Pero eran mariposas que se habían desangrado; sin sangre, es decir sin tinta (Memoria de unos dedos oxidados).

Y ella, que había nacido ya escribiendo con tinta de sangre, o que tenía la sangre llena de tinta feliz y venenosa, era burlada por el monstruo, el monstruo blanco que se hacía más resbaloso, que se escabullía por el escritorio (La producción de textos escritos).

Pensó en detalles, tonterías como: ¿en dónde están los verdes paraísos, esos que se llaman Infancia? (De las abrumadoras calles de Baudelaire a los fantasmagóricos pasajes de Benjamin).

Es decir, en traducir los detalles menores de su infancia; por ejemplo el pasillo de su casa de niña, el patio, la escalera y el balcón de piedra (Lo verbal y lo visual).

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