Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Cuando partió el joven Eros

Cuando el joven Eros partió de mi vida (La forma del conocimiento del amor en Sócrates), yo intenté dedicarme a la hechicería (La danza de las tijeras). Sí, quise ser una bruja consagrada, una augurante de días bellos o terribles (Milagro en el bosque).

El Joven Eros había apoyado su cabeza en mis rodillas (Del Amor y Otras Yerbas), había dejado la forma de su cabeza en mi falda y un cabello de oro, me había abrigado siete inviernos y dorado siete veranos (El calendario), y de pronto levantó la cabeza y se fue hacia las flores jóvenes, divinas. Iba con la mirada baja, sin embargo, llevando toda la oscuridad que había absorbido de mí (Tactos en la Oscuridad).

El cabello de oro lo usé para iniciarme en brujería (Hechicería e imaginario social). Lo puse bajo mi almohada y me dormí (Historia del sueño y su estudio), y entró en mis sueños una niña perfumada que se convirtió en sombrilla, sombrilla que se convirtió en el sol, sol que se convirtió en toda la hierba, y por esa hierba caminé y me perdí, hasta despertar finalmente. Cuando desperté, estaba comiendo una ciruela…

De ahí en más me entrené pidiéndole al viento pájaros que me trajeran mensajes secretos de los niños, pidiéndole al sol un fósforo pequeño para iluminar mis noches sobre las cunas y los rostros de los niños. Y me puse a arrullar, a acomodar las mantas y las sábanas y a soplarles los besos de la nodriza ausente que, tal como Eros partió, ella había ingresado a mi alma cuando sus pechos se durmieron extenuados.

Abro mi consultorio

Ya estuve lista para abrir mi mansión de adivinanzas.

Mis ojos se abrían por la mañana buscando en la ventana el gris ominoso o el claro día, o el viento que empujaba una hoja que se pegaba al vidrio, y yo leía en sus nervaduras las líneas de una mano muy antigua, que era quizá de Dios, y ya sabía los frutos que me traería el día. Es decir, sabía también por la lectura de esas líneas quiénes vendrían a consultarme. (Continuar leyendo »)

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Cuadernos y cuadernos, grafomanía y felicidad

Algunas reflexiones contingentes y cotidianas que he dejado caer en mis cuadernos a lo largo de los años (Reflexiones del lenguaje), me traen preguntas que en el momento en que las escribí seguramente sabía responder (¿Cómo hacer preguntas de manera inteligente?) Aparte, mi inveterada costumbre de agregar, tan molesta para algunos -¡oh Vancho, y también José Itriago!-, uno que otro tragaluz poético, los hace más enigmáticos para mí misma (Lenguaje poético).

Luego están las cosas que sin duda pensaba presentar como guiones de programas (¿televisivos?) (El guión televisivo y el guión radial); digo, no lo recuerdo en absoluto, pero eso parecen (Olvido). De esos “guiones” alguna vez transcribiré alguno.

Recorrer esta enorme cantidad de cuadernos librados al azar y que el azar algunos días me devuelve cuando busco otras cosas -como el arbitrario mar devuelve dentaduras y alhajas (El azar)- me da una gran felicidad (La Felicidad). Comprendo las insalvables imperfecciones de mi escritura y además lo perfecto que es vivir aun imperfectamente (La Vida). (Continuar leyendo »)

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Las palabras obscenas entre las azucenas

Me digo -con humor (Sentido de humor y perfeccionismo)- que últimamente estoy tocando temas algo desenfrenados, y siempre referidos a lo sexual (Crítica a la moral sexual autoritaria).

Yo, tan seriecita desde joven (Identidad juvenil), ¿seré confundida con una pornógrafa?

Mis entradas, ¿serán buscadas con frenesí en Internet, como se buscan las “malolientes” páginas de pornografía? (Consideraciones de carácter ético y moral en el desarrollo de Internet)

Bueno, no me contesten, ya sé que no. Era sólo una broma (Más allá y más acá del Feminismo) para celebrar la erotización de mis últimos escritos (La transmutación de la escritura).

¿Y por qué no agasajar a Eros, a Eros que está vivo todavía, y no al doliente Tánatos? (La muerte en la historia)

El cuento (El cuento y sus características) que transcribo para ustedes es inédito pero fue escrito ya hace unos años. Pretende ser el extracto del diario de una mujercita muy libre y singular, castigada por estas dos hermosas virtudes al punto de ser internada en un colegio de monjas.

En mis tiempos -y en la Argentina- se llamaban “pupilas” las niñas que vivían en colegios privados lejos de su familia, y hasta a veces muy lejos, en otros países.

Niñas ricas de tintes melancólicos, blancos en Suiza, por ejemplo (Suiza).

Gracias a Dios, fui de escasas posesiones durante toda mi vida.

Las palabras obscenas entre las azucenas

(del diario de una adolescente de hace 40 años)

1970

Sé que soy un prodigio. Yo pronuncio terribles blasfemias o las peores malas palabras y tienen un valor. Yo digo la palabra azucena y tiene otro. Si mezclo las palabras tienen otro valor, ninguna es despreciable.

Yo puedo ir más allá. Sé que soy un prodigio, dije, y no dije de qué: de obscenidad. Nadie sabe que en su oscuro cuartito se ocultan los tesoros, las joyas, los rubíes, las perlas.

Un rubí era cuando yo me tocaba, sola en mi cuarto. Si no estaba sola era mucho mejor, era un diamante. Un muchacho me hundía, me atravesaba con su miembro. Y digo miembro pero conozco todas las palabras obscenas en todos los idiomas obscenos, y es por eso, ¿por eso?, que yo estoy encerrada.

Estoy pupila, pero más que pupila. Estricta vigilancia.

Una monja pasa y me mira mientras voy escribiendo.

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