Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

El dolor

Y ahora que ya estoy instalada en el lugar-paraíso-ojo de buey que soñé toda mi vida -Agua de Oro, pueblo pequeñito de las sierras de Córdoba (Provincia de Córdoba)- viene a buscarme el dolor, con sus consejos, con sus límites y enseñanzas: “detente un poco, yo también existo” (Dolor físico y dolor emocional: el holograma de los sentidos).

El dolor, cuyo nombre he aprendido de chica (Una mirada a los niños institucionalizados y a la zooterapia), cuyos pasos caminan por el techo, se aproximan, me cercan, el dolor me trae su mariposa negra, sus flores moradas, incrusta su corazón de hielo en mis latidos desprevenidos.

Le digo que acá no hay nada digno de sufrirse, tan sólo solitarias plantas esperando su riego, musitando plegarias, le pregunto qué busca, incesante y eterno, en el vacío (La articulación entre vacío, materia y tiempo en el De Rerum Natura).

No contesta, yo misma me contesto que una música soñada que han escuchado despiertos mis párpados, una música ejecutada en un violín del sueño, escuchada por tenaces espectadores que no duermen, ha hecho girar el dolor otra vez (La música de la India). Yo misma tal vez, parada allí, silenciosa y congelada, he hecho girar la rueda (La rueda de la fortuna).

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Editorial

Niño enfermo

Las enfermedades de los niños tienen algo tan trágico -hablo de enfermedades menores sin embargo (Enfermedades más comunes en los niños)- y a la vez tanto hechizo (Cuentos Hadas - Magia, Fe y Encanto?), que quien ha sido tocado en su infancia por la visión de algún mal, o ha mirado como ese mal tocaba a su amigo o hermano, lo recuerda por siempre, con una idea de haber aprendido algo (Aprender a vivir - Cuatro actitudes y un camino).

Yo me acuerdo muy bien de un niño enfermo, un niño vecino, de mi infancia. Él ya amaba apasionadamente a la chica más linda del barrio, Indiana, e imaginar sus rizos oscuros lo calmaba instantáneamente, pero por un instante (Chicos, no hagan esto en sus casas).

La cama estaba en el medio de los reflejos de sus sueños afiebrados, lo hamacaba, la cama y los sueños lo hamacaban, aunque él sentía que lo que mecían no era del todo su cuerpo, que quizás era de otro y él no estaba allí sino en las nubes que pasaban por la ventana, o ni siquiera en las nubes, tal vez sólo era aire respirado (Narraciones infantiles: Universo complejo y desafiante).

De pronto volvía a ser él por el dolor; nada más material que el dolor, nada nos hace más terrenos que el dolor físico, y la sed de apagarlo, de calmarlo (Dolor físico y dolor emocional: el holograma de los sentidos).

El dolor de cabeza lo empujaba como un viento fuerte -había manos que le penetraban la cabeza, o ramas que caían de los árboles atravesándola, y llegaban justo a dos lugares cruciales de ella: la inteligencia y la locura (Hacia una enseñanza e investigación inteligente de la inteligencia).

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El aborto y la primavera

Apenas pongo el título de este post -y escribo antes el título porque ya sé, o al menos tengo una idea, de lo que voy a escribir (Metodología de la lectoescritura)- se me ocurre que las palabras tienen tanto dolor y tanta dicha como sepamos dárselas (Más allá de las palabras).

Hay poetas que eligen un sustantivo terrible y otro suave, y el resultado es una gloria, una gloria, digo, de belleza y desolación (Antonio Machado y Miguel Hernández. Poetas luchadores y mentores de conciencia).

Pienso en el Eliot de “Tierra baldía” (Sobre el peso del humor negro en “Asesinato en la Catedral” de T. S. Eliot):

“Abril es el mes más cruel;

engendra lilas de la tierra muerta,

reúne memorias y olvidos,

mezcla flores muertas con raíces primaverales”.

O, más cercano a nosotros, el Neruda torrencial de “Tango del viudo” (Pablo Neruda):

“Perra, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de rabia

mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre…

¡Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte,

y qué desamparados me parecen los nombres de los meses,

y la palabra invierno, qué sonido de tambor lúgubre tiene”.

-Pido perdón si la memoria me falla y rellena a gusto con algún adjetivo, me parece que en la cita de Neruda algo no está bien- (La Memoria).

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