Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Carta a un viejo amigo

Ésta no es sólo una carta a un viejo amigo, sino también una vieja carta que no mandé (Las cartas estaban echadas), de hace unos diez años, dirigida a alguien con el que en ese entonces teníamos treinta años de amistad, más o menos (La amistad enfermiza).

Querido:

Cuando uno mira un paisaje del pasado (Apuntes sobre las Islas Canarias), éste: yo yendo a tu casa, tu casa de bulevar, acercándome a tu cama -estabas “enfermo” ese día (Donde se dice de los Trastornos Hipocondríacos)-, horrorizándome porque me contabas algo así como que la cortina al moverse formaba la figura de Dante (Las dudas), y también horrorizándome porque afirmabas que Dante era “malo” -malo de maldad (El sentido de Babel). Yo además descubriendo ese día que tenías una foto de mí, que me habías robado la foto 4 por 4 del documento -descubrimiento que me hizo sentir muchas cosas, pero todas imprecisas.

Cuando uno mira un paisaje del pasado como el que acabo de describir, y te ve y se ve, y siente nostalgia -¿nostalgia de qué siente uno?, y no estoy hablando siquiera de recuerdos más intensos que tengo de vos, sino de los más simples (Amor es Nostalgia. Psicoanálisis).

Teníamos 17 o 18 años, pero si algo puedo asegurar, al menos por mi lado, y casi asegurar por el tuyo, es que no éramos felices (La felicidad). ¿De dónde viene la nostalgia? Si hasta podría decirse que en una escala de relativas “felicidades” estamos hoy ubicados mejor. (Continuar leyendo »)

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Carta de despedida

No, ésta no es una carta en línea recta (Carta a los adolescentes infames), no es una carta de despedida para ustedes, los participantes de “la divina tertulia” (Mi complejo de escritor).

Y no los nombro pero los recuerdo a todos, y me pregunto por qué se convirtió en fantasma de otros lugares mi querida Blanca Estela y no aparece más ni por asomo (La octava esfera). Otros van y vienen y sé que siempre están allí, y participan con miradas que intuyo (La Intuínica: cómo desarrollar su sexto sentido).

Ésta es una carta de despedida que puede ser la muestra de cómo lo personal y cotidiano tiene la posibilidad de convertirse en literatura (Literatura universal). No digo en buena literatura, no lean antes… Pero sí que la carne de los libros está hecha de pequeños, intrascendentes sucederes que cobran importancia al ser traducidos a la letra (Viaje hacia los libros). ¿A quién no le interesa espiar en intimidades algo oscuras o ambiguas, a quién no le interesa descifrarlas? (Criptografía sobre el posible autor del Manuscrito Voynich).

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