Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Las aventuras de un enfermo

No quiero ser ni parecer trágica -después de todo la vida a todos nos pone manchas o cadenas y nos hace probar cosas que no son precisamente fresas con chantilly (Dossier para el maridaje en la restauración), a esta monografía la recomiendo encarecidamente: da placer)-, por eso digo que la enfermedad es como el amor (Del Amor y Otras Yerbas), y parece que hoy me dediqué a poner buenas monografías, lean ésta), ya que al amor se lo bebe en una pócima bien caliente, preparada con extrañas raíces, veneno de víbora y ¡rocío del amanecer! -a Borges no le gustaban los signos tipográficos de los cuales yo hago uso y abuso; en realidad, me encantan para hablar con ustedes esos signos, y también me encanta transgredir las reglas de mi vate preferido, como llamarlo vate, sin ir más lejos… (Borges y la eternidad en construcción).

Y al amor se lo llama con la voz de más allá de los huesos, como a la muerte (La muerte en la historia).

Y para el amor es siempre primavera (Primaver Roja) -no importa la edad que el que lo padece tenga-, pero primavera atravesada con lágrimas y lluvia: una verdadera, una exquisita alergia  (Miastenia grave, Disforesis profusa y otros): aclaro que no recomiendo está monografía por el hecho de tener yo misma miastenia, sino por las alergias -que nunca tuve-, de las que el estudio también trata, y porque admiro la sabiduría de su autor)-  -ahora, al escribir la palabra alergia, me doy cuenta de que es palíndroma de alegría (¿Quién tiene un libro de Juan Filloy? Informe sobre la obra de un escritor singular).

Para aliviar las enfermedades crónicas hay que trabajar duro con el alma, llegar a conocerse a uno mismo al menos en cuanto actor (Artaud, surrealismo y teatro), al menos en cuanto a que uno es el que representa, el que lleva a la escena, por medio de su cuerpo, la enfermedad que le ha tocado en gracia -además, por ejemplo, cuando acaricio el lomo de mi perra la salud desciende instantáneamente sobre cualquiera de mis heridas. (Continuar leyendo »)

Editorial, Monografias

Amor animal

La señora que vivía anteriormente en la que ahora es “mi casa de las sierras” me dejó un regalo singular (Fiestas del mes de mayo).

Yo había previsto criar un cachorro de fox terrier (El Amor) , que conseguiría en la ciudad de Córdoba (Los primeros pobladores de las Sierras Centrales de Argentina).

Pero los dioses entrelazaron para mí negritud y brillantez con dos diamantes oscuros y cabellos largos (El banquete: un texto de referencia para el deseo y la transferencia).

Era Polka, una perra de seis años.

Entrelazaron además -los dioses, digo- alegría, bondad y fidelidad con un poco de independencia felina (Los gatos), movimientos felinos y la sonrisa del Gato de Alicia en su país… Y para los desconocidos sospechosos, dientes de Cancerbero (Leyendas Coloniales).

Nos comunicamos por señas, ella y yo, que estamos enamoradas desde que nos vimos. No sé qué habrá visto Polka en mí, pero me ama; yo lo que vi en ella fue el esplendor mismo y victorioso y voluptuoso de la vida, algo así como el revés de El corazón de las tinieblas (Los amigos y enemigos de Indiana Jones), algo como mirar hacia la luz y encontrar el centro mismo de la luz de todo el género animal y empezar a comprenderlo.

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Editorial

Una tenue llama persiste

Para el amor más crudo se necesita un cuerpo como presentación y ojos que alguna vez se vayan para ser recordados, y sonrisa sin sueño desde el sueño de ser alguien posiblemente amado (Aprendiendo a decir adiós). Se precisa sentir con todas las personas que están adentro de uno, y el mar ser una de las personas, otra la montaña, y una tercera la belleza más sutil de una llanura en llamas. Para el amor más crudo no se necesita plato, o a lo sumo el plato del mendigo que come las sobras de la vida y las manzanas de los dioses (Teogonía).

Una tenue llama persiste eternamente de lo que fuimos para todas las cosas y en especial para el amor (Tiempos de amor y revolución). Si alguien mira observando, pero viendo, el fondo hueco de la mañana, o el vaso claro de la noche, podrá beber aún el amor.

La lejana receta de este hechizo del que hablamos es pócima ardiente, y a veces no conviene -o no conviene ya- a los metabolismos extenuados del alma (Alma y cuerpo. La conversión psicosomática).

Se prepara con raíces que hay que ir a buscar al medioevo (Cultura medieval -apuntes), pero que hacen todavía efecto notable en la posmodernidad (Cuestiones de ética contemporánea). Resulta algo así como mezclar veneno de serpientes con el rocío del amanecer.

En caso de un amor más sereno, el trabajo de encantamiento es, paradójicamente, mayor: anotar los sobrantes del día que se fue, números y formas de la eternidad, habitar en el mismo lugar de una antigua strega de agua y divinidad, o de un gnomo (Uriana y el Rey -cuento infantil).

Pero también puede amarse de la manera más sensata (Sentido común): sin dolor dibujar una palabra que haga de veces de nombre del Amado o Amada; dibujar una palabra con hilos, con hebras, como quien hace un nido, si es pájaro, para casarse y convivir (Francisco Izquierdo Ríos y el lenguaje de los pájaros).

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Monografias

Para enamorados

Lo bueno de un soneto es que se acaba de escribir en un punto (Bien vale un verso), nunca sé cuándo termino de decir mis cosas, cuánto navego con la barca del otro, hacía qué puerto, con qué vientos en sentidos contrarios encontrarme y hundirme o proseguir, o ir declinando con pausas y gemidos (¿Por qué las palabras se las lleva el viento?).

Pero de pronto en esa nave se me cruza la sombra del amor (Tiempos de amor y revolución). No, no es nada más que eso, pero es grave.

La sombra de los amores diurnos de la juventud no es nada; lo que es grave es la sombra del amor muy maduro (Ciclo vital humano).

Cuerpos desnudos

¿Cuerpos desnudos de sesenta años? (La grandeza de ser débiles).

Claro que sí: un fósforo revela la belleza que sólo puede tener la ternura, aunque los dos amantes nos convertimos en espías, uno del otro (Celotipia).

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Editorial

Recuerdos de una Noche Vieja

Estaba enamorada sin remedio en aquella casa -en la casa de mi amigo Manuel, aquel día- de alguien que él acababa de presentarme y cuyo nombre no recuerdo (Recuerdos).

Había mucha gente que reposaba en diversos almohadones y colchones, todos dormidos en parejas o tríos (Informe sobre sexualidad, sensualidad y sexo), y yo estaba sola en una manta arratonada. Sentí, raramente, algo de frío, entonces me levanté y fui a la cocina y me miré en el fondo de una caja de lata.

Para empezar a pensar en el amor como en un rito (Shamanismo), bebí una taza de agua clandestina, de agua que salía de un lugar oscuro (Las Nubes). De pronto la lluvia golpeó el techo, eran látigos que golpeaban y pájaros que chocaban contra el zinc (Magia: Forma arcaica de explicar nuestros misterios).

Lo consideré, y lo considero, un milagro; y ese milagro me convirtió en lo que soy (Milagro en el bosque).

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Editorial

Porque mora en mi nombre el amor

Como en la última entrega de este blog no supe ser demasiado, ni un poco, amorosa, voy a escribir sobre el amor con algo de dulzor y algo de lirismo ¡vaya a saber si cursi, o curvi, o cursilíneo! (La escritura proposicional).  Palabras algo inconstantes, o incoherentes, que pueden llegar a formar el Amor (Tiempos de amor y revolución).

Veo en primer lugar, para el amor, que:

se necesita un cuerpo que te presente (El cuerpo, el mundo y la historia) y ojos que alguna vez se vayan para ser recordados, y palabras en idioma real, y una sonrisa sin sueño pero con el sueño de ser alguien posiblemente amado (Bioquímica y sociología del amor).

y que se necesita antes que nada, para que nunca se marchite, todo eso de amarse para siempre, que es una gloriosa y verdadera mentira, y un siempre de presencia en cuerpo como el sol y otro sol que te vea.

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Editorial

Cárcel de mujeres

En la ciudad donde nací (La ciudad tomada), ahora lejana y diluida, hay un edificio sombrío, que sin embargo recibe todos los rayos del sol (El Sol y su estructura).  Está en el Parque, rodeado de árboles. Se llama El Buen Pastor. Es una cárcel de mujeres (Las miserias carcelarias).

Yo pasaba cuando era niña por allí, muchas veces (Estado de la niñez en el Perú).

En las ventanas había óvalos que eran caras de mujeres (La mujer).

Yo quería hablar con esos óvalos, no podía verles las facciones, adivinaba historias trágicas (Mujeres Asesinas: ¿Criminales o Heroínas?).

En especial había una ventana por la que se asomaba una sola mujer, siempre.

Un día ella arrojó un cuaderno, como si fuera una botella al mar (Dimensiones subjetivas de la comunicación).

Y yo lo recogí y lo tengo, es algo increíble.

La página que más me llama la atención está escrita con excesivo cuidado, como si la que lo escribió cuidara su prosa, aunque hay errores de ortografía y sintaxis que traté de corregir (Producción de textos).

Nunca supe de verdad quién era la escritora más que un óvalo y una mano que arroja un cuaderno que ahora está amarillo, que casi es una reliquia mía.

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El amor entre mujeres

Tengo una caja de postales antiguas, de las que solían enviarse entre amigas (Breve ensayo sobre el afecto, amor y amistad), entre compañeras o vecinas que habían partido de viaje (El viaje del héroe o no hay héroes nuevos bajo el sol).

Es extraño, pero las mujeres siempre se amaron entre sí; lo que dicen estas tarjetas de principios del siglo XX parece demostrarlo (Homosexuales… ¿Rechazo hacia ellos?).

Copio algunas (algunas son de alguien llamada Amalia a alguien llamada Matilde, otras de alguien llamada Mercedes a Anita, de Felicitas a Irene, etc.):

Al besar, amiga, tu mano hechicera/ te doy en el beso / mi vida entera. (La Vida)

A los altos montes la nieve y a las almas hermosas la helada ingratitud. (David Hume)

En tu rostro angelical/brilla el alma candorosa/como el botón de una rosa/en un vaso de cristal.

La hermosura física pronto se marchita, la hermosura inmortal es más alta que la tumba.

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Editorial

Sin Título Número Uno

Las explicaciones psicoanalíticas no consiguen que la sorpresa sea menor por el inefable misterio de las cosas (Lo que la Filosofía debe al Psicoanálisis).

Por ejemplo, que un poco de sed se convierta en el desierto del Sahara (El Sahara).

O que una infancia -con o sin “problemas”- devenga en una enfermedad en la que aparecen ojos en todo el cuerpo, y hasta en la planta de los pies, de modo que se pueda verlo todo, hasta el suelo pisado (El todo y la nada).

I

A mis quince años, yo tenía dos novios: uno diurno y otro nocturno (Bioquímica y sociología del amor).

Con el diurno íbamos a la plaza, nos robábamos besos entre los árboles, mirábamos hechizados las olitas del lago del Parque del Sur, como si fueran las del mar, y el mundo empezaba todos los días con nuestro amor, y terminaba a las ocho de la noche en punto también con él, despidiéndonos en la puerta de mi casa (El arte de hacer el amor).

El novio nocturno era otra cosa: aparecía después de cerrar los ojos, pero, a pesar de esto, siempre cuando yo estaba leyendo en una silenciosa habitación de algún lugar desconocido (Monstruos y animales desconocidos. El universo onírico de la criptozoología).

Se sentaba a mi lado y continuábamos la lectura de unos versos redactados en claves casi musicales sobre algo así como papel de pentagrama -signos de un idioma tal vez extraterrestre (Memoria “Ovnis”).

Después que terminábamos el libro, mi novio me miraba a los ojos un momento, me besaba la mano con unción y remontaba vuelo; salía por una ventanita que aparecía siempre en el momento preciso.

Esto sucedió durante muchas noches, hasta que en una no vino él, sino el poeta Baudelaire (Entre palíndromos y retruécanos: cuando el aparato social se pone en marcha).

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Editorial

El Panteón de los Poetas

A veces, como el mar trae tesoros a la playa (Ciudades y tesoros perdidos), el azar, la coincidencia o alguna cosa diferente nos devuelve objetos hace tiempo perdidos. La alegría que sentimos en esos momentos es, tal vez, desproporcionada con la ofrenda, sobrepasa cualquier agradecimiento cotidiano.

Es que algo o alguien nos ha devuelto un fragmento de lo que fuimos en el pasado, hay una muerte menos en nuestro corazón (Cómo tener un buen corazón).

Y esto, precisamente esto, me ocurrió cuando una vieja amiga (Breve ensayo sobre el afecto, amor y amistad) me devolvió un todavía más viejo cuaderno: allí estaba el poema de mis 18 años, que con soberbia y candidez escribí; el largo poema que enumera a “todos” los poetas (Adolescencia: ¿Quo vadis?).

Es muy útil, en realidad, como una especie de guía “telefónica”, como catálogo, como mapa… (Mapa conceptual y mental).

Y también porque el recuerdo de las noches que pasé en vela escribiéndolo no se borra (El mundo de las letras).

El Panteón de los Poetas

Desnos, no era necesario tu poema de amor

con el que yo quería llorar sin conseguirlo

ni el infierno bordado de Rimbaud

ni la gloria en carros de fuego que trajo a Baudelaire

con el olor de la carne y el aire. (Bien vale un verso)

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Editorial
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