Una historia real
Los espectadores de hoy esperan con impaciencia el cartelito que al iniciarse una película, o una serie de TV, contenga las hechizadas palabras: “Basada en un hecho real” (Cuando la TV tiene alma de cine).
Igual fenómeno invade la literatura; lo saben bien los escritores de best sellers: es el mismo abracadabras que abre la cueva de Aladino (Literatura y Alquimia), y lámpara y genio aparecen (La estrella resplandeciente. Fábula- Siglo XXI).
Parece un problema de falta de fe, como si ya nadie pudiera sostener la apuesta de Borges sobre leer ficción y suspender voluntariamente la incredulidad durante el transcurso de las páginas (El milagro secreto de Jorge Luis Borges).
Pero ficción y realidad -y ésta es la apuesta que Borges oculta- son gemelas idénticas, o clones, o, para ser aún más original, son las dos caras de la misma moneda (Realidad y ficción en la relación de Gaspar de Carvajal).
Hay y ha habido tanta gente pisando el planeta, que nada puede haber dejado de suceder (Artistas: ¡salven el planeta!; El planeta humano).
Todas las historias son reales (La Naturaleza Humana).
La que sigue, también.
Alicia
Elbio debió viajar a su ciudad natal durante cuatro días.
Alicia se despidió de él y sintió de pronto dentro de sí un golpe de tempestad, un incomprensible pero claro llamado.
Escuchó el ascensor llegar a planta baja llevando a su marido, escuchó abrirse la puerta ruidosa del mismo y volver a cerrarse.
¡Estaba libre! ¿Pero libre de qué? ¿Acaso había estado encarcelada? ¿En los amorosos brazos y abrazos de Elbio, encarcelada?
Tal vez…
