Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

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Mi vida entera

Por la noche hago las noches con vasos de agua (El agua), tazas de té, tabaco, y ordeno álbumes de fotografías (Huellas de una noche).

Escribo largas cartas que nunca enviaré, refuerzo los dobladillos de las sábanas y lavo los envases que desecho (Las cartas estaban echadas).

Prendo, apago la luz; busco el punto intermedio (Teoría del color).

Hago listas de amigos, hago listas de muertos, de tareas, de músicas que tengo que escuchar (Música del siglo XX), de viajes hacia nunca voy a ir, de nombres de ciudades que resuenan (Ciudades y escritores).

Mi vida entera

Fui perfumada, bella, la que abría todas las puertas y las cerraba jugando enamorada del misterio, aunque por qué si yo no sabía de misterios, nunca aprendí nada, me recostaba siempre, nunca hacía, no sabía secretos, las plantas se morían, los relojes no daban la hora, no había música, el patio estaba sucio, había botellas con ceniza, y papeles y marcas, y esas mariposas que son los papeles quemados (Todos los fuegos el fuego).


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En su vacío reside el uso del jarrón

La frase que coloqué como título es de Lao Tsé (El nenúfar azul) y me parece la más indicada para darle sentido a la palabra Navidad en el corazón de toda la gente (Origen y procedencia de la Navidad). Lo que no significa que la festividad sea mínima, al contrario. Es para todos, para todos los religiosos por más extraña que sea su religión, para todo creyente y, también, para quienes como yo vivimos en los grises espacios de la duda (Las dudas). Y para quienes no creen en absoluto ni por un momento que la vida nos trascienda, que lo invisible se haga presente alguna vez (El Arte ¿Qué es? y ¿Para qué existe?).

Sí, pretendo conmemorar la Navidad con una frase de alguien que ni siquiera supo de Jesús (Cartas a Jesús), ya que nació más de quinientos años antes que él, y que, además, era menos severo, más predicador de goces que de cruces, más humano y menos divino (Wolverine).

Pero también voy a celebrarla leyendo a un autor católico, casi fanático. A alguien que ya leía cuando era chica, cuando robaba libros de la biblioteca de papá: Giovanni Papini, atormentado y seductor (El libro, “La Respuesta Es…”).

¿Y por qué traigo a colación a este autor “fanático”, a mi papá de infancia y a mis sentires infantiles, diferentes?

Les cuento: caminaba por un sitio céntrico casi vacío porque era domingo y ya empezaba la noche, y de pronto entre penumbras se me apareció el cuadro más asombroso –y misterioso, y perverso-, que es dable imaginar.


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Horóscopo misterioso - 2011

Silfos del aire, ondinas del agua (Psiquismo y elementales), gnomos de la tierra, salamandras del fuego (Los cuatro gigantes del alma revisitados).

Aries: la Vida, primer arcano sobre el humano encarnado (Karma). Ahora todo es reflejo, acá parece comenzar lo humano, y en sentido descendente el humano superior, ya que también empieza el zodíaco, el plano físico terrenal (La astrología).

La divinidad en la naturaleza asciende a la divinidad en los humanos para que lo divino en lo humano ascienda o se reintegre a lo divino en lo divino, o Dios en Dios, Dios-Padre y Madre.

Todos los campos de Marte (Estrellas de Marte) -que pertenecen al ariano- están preparados, sus semillas están dando frutos, sus armas también. Marte, el guerrero de los próximos años y siglos.

Trata de hallar el secreto, lo inexpresable de la relación. Visita el infierno, encuentra a Paolo y Francesca, los condenados por amor cuya condena es precisamente consumirse eternamente en el amor; encuentra también a los suicidas convertidos en árboles, de los cuales cada hoja, cada rama, provocan un dolor diferente. Aunque no comprendas mira todo esto y transfórmalo.


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Meditaciones de cementerio

Hay como un canto encerrado dentro de mí que parecería poder brotar a cuchilladas (“Orfeo”, mito y notas hermenéuticas), con la violencia de la muerte (Sobre la muerte).

Y es posible que cuando ocurra eso se asomen los que están embalsamados en el fondo de mis ojos (Egipto), los que quedaron dentro del espejo, con siglos, con herrumbre, sellados de plata antigua (Época antigua).

Con un fino cincel o con tinta de sangre limaré la cofia de mi abuela hasta que sonría otra vez; abriré de hoja en hoja las partituras de mi abuelo para que las siga escribiendo en el fondo de la casa que era como un barco, y cree la música de su guitarra (La guitarra y su técnica… Reflexiones de un guitarrista).

Frente al papel en blanco a veces viene a visitarme mi niñez (Representaciones sociales sobre la niñez, la adultez y la sexualidad…).


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Editorial

Se cobra entrada

“La poesía no se vende porque la poesía no se vende“, insisten los libreros (Las Ferias del Libro en la Historia).

“Poesía no publicamos porque nadie la compra”, explican los editores.

Y es cierto, aunque Las flores del mal (Análisis literario de poemas) y los poemas de Neruda fueron best seller, es raro encontrar en las librerías a gente en el acto de adquirir este tipo de lujo, los libros de poesía (La poesía lírica).

Contra cualquier probabilidad, lo que no es tan raro es que alguien los escriba (Dios y el azar).

No sólo los jóvenes enamorados borronean cuadernos con las manchas de un cuadro de Chagall (Chaim Soutine).

Chagall es el pintor que le canta a los enamorados y a la inocencia delirando imágenes como la de un violinista o una mujer que asciende por los cielos y no es la virgen María sino una muchacha que estalla en flores voluptuosas en el momento del amor (Trilogía del Amor: El Amor, el Odio y los Celos).


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La locura del hada

La máquina producía imágenes, ríos de diamantes (Los diamantes de Monrovia), de tótems, de máscaras africanas (África). Cada pulsación daba un cuadro completo dividido en varios cuadraditos: si tres serpientes estaban alineadas, empezando de la izquierda, o si unas estatuas de Nefertiti (Egipto antiguo) ocupaban el costado izquierdo, el derecho, el cuadrado de arriba y el de abajo, se marcaba un puntaje, 100, 75, o 1000, o 10000, o 24 (Números irracionales).

Y tenías que volver a tirar -unos diez pesos-, y empezar una rueda larguísima en la que nunca coincidía nada y cuando coincidía parecía milagro (Milagro en el bosque), y te hechizaba. Y volvías a mover la rueda treinta o cuarenta veces a cinco o diez pesos cada vez (La rueda de la fortuna).

Muchas veces ella, que se parecía a un hada le habían dicho, había sentido al diablo mirándola desde atrás cuando jugaba en esas máquinas (El Mal en Fausto y El Hombre de Arena), pero esta vez lo sentía pesar sobre su hombro derecho, fuerte, como si la estuvieran apretando. Se tocó con la mano izquierda y no había nada, o quizá el Maligno (Manifestaciones y representaciones del Mal) se había hecho fuegos artificiales, luego polvo con los cuadros de las tragamonedas. De inmediato buscó en la cartera un billete de cien y ya no había, o de 50, o siquiera de 10.

No había ni monedas.


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Editorial

Mudanza

Hay un espejo que refleja otros espejos (El miedo y el renacimiento de lo fantástico) y cada uno de ellos a su vez refleja una mudanza, las partículas de una mudanza, los átomos (El mundo a escala atómica).

De una bolsa de plástico negro que contiene frazadas, toallas y manteles, sobresale una servilleta de hilo blanquísimo, bordada, que estuvo en tantas alegres fiestas -y se manchó de vino en ocasiones (El vino como elixir sagrado y sacrificio expiatorio…)- que da pena de puro contraste, y ya parece su blanco más bien una señal de luto (Los relámpagos de la muerte). A su lado, en las cajas conseguidas en almacenes y supermercados, hay una fotografía de la primera comunión de una nena redondita y rubia y un muchachito alto, delgado, con anteojos. En otro lugar se posa el álbum de fotos de los ochenta años de una dama todavía parecida a Melina Mercouri -después de todo, esa actriz griega nació un año después que ella, aunque haya muerto hace mucho tiempo-, con un gran resplandor y una gran sonrisa. En una de las fotografías de ese álbum estoy yo con ocho años menos que ahora -que se notan- abrazando a esa dama octogenaria, abrazándola, abrazando a mi mamá (Mujeres contemporáneas).

Mudanzas

¡Cuántas mudanzas hubo en mi vida! Tantas que me siento sobre un bulto que ya no sé si es de trajes o de camisones y me escucho decir con Fabio Morábito:

A fuerza de mudarme

he aprendido a no pegar

los muebles a los muros,

a no clavar muy hondo,

a atornillar sólo lo justo.

He aprendido a respetar las huellas

de los viejos inquilinos:

un clavo, una moldura,

una pequeña ménsula

que dejo en su lugar

aunque me estorben.

Algunas manchas las heredo

sin limpiarlas,

entro en la nueva casa

tratando de entender,

es más,

viendo por dónde habré de irme (…)

Sí, las mudanzas de mi vida fueron muchas, metafóricas y reales. Ésta no ocurre en la casa donde habito, ni siquiera en la misma ciudad, pero se lleva todas las medallas de la nostalgia y algo que está entre el dolor y la dicha revivida.


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Juegos con el tiempo

He llegado a concebir la idea pretenciosa y esquizofrénica de que todas las épocas están presentes en el ahora (Esquizofrenia).

Esquizofrénica, porque mi teoría incluye las máscaras (Códigos naturales y culturales), máscaras que la gente guarda dentro de sí -campesino medieval, rey, soldado, esclavo, señor feudal (La transición del esclavismo al feudalismo)-; pretenciosa, porque no soy ni psicóloga ni historiadora (El proceso formativo del historiador…). Pero, a la vez, he descubierto que muchos de ustedes prefieren que les hable como si yo fuera un individuo particular -y a veces lo soy, con locuras, ideas e imágenes particulares y no siempre “científicas” (El estigma de la locura)- más que como un editorialista de ceño fruncido, mucha profundidad ceremonial y erudición.

Paso a explicar mi idea de los tiempos que confluyen en todos nosotros (Evolución histórica de las concepciones sobre el tiempo): cuando mantengo una relación de cualquier tipo -afectiva, comercial, etc.- descubro que en ese alguien conocido a veces aparece el hombre de las cavernas; otras, el torturado existencialista de la mitad del siglo XX; otras, el refinado, exquisito señor, o señorita, del siglo XVIII (Relación entre el pasado y el presente). Y muchas veces, también, pero esto no entra dentro de mis “estudios”, que no abarcan el futuro, el tecnólogo bastante duro de entendederas para todo lo humano de fines del siglo XXI -tal vez sea prejuiciosa al expresarlo así, y pido perdón por el prejuicio (Escuela y futuro).

La pregunta

Como la idea se originó aproximadamente durante mis veinte años, arrastro desde entonces datos de una extraña encuesta. Pregunto -no muy a menudo, sólo dos o tres veces por año recuerdo mis especulaciones-: ¿en qué época te hubiera gustado vivir?


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La Nochebuena de mi nostalgia

¿Algunos de ustedes conocen historias sobre el árbol de Navidad? (Qué fue la Estrella de Navidad). Yo sí, pero las he repetido tanto que ya me han aburrido (Fatiga y aburrimiento), y he escuchado hablar de otras tan espléndidas… (La princesa que creía en los cuentos de hadas…).

Cómo me perturban la Navidad (La Navidad en Venezuela), la Nochebuena, cómo me espían por todos los rincones y los ojos de buey que dan hacia mi infancia.

En esos paisajes móviles de mi memoria siempre estamos mis hermanos y yo en un lugar sin tiempo y -aunque lugar- casi sin espacio, donde la luz es sagrada porque viene de nuestra propia e inocente luz de niños, también con una sensación de algo sagrado en el pecho (Recuerdos). ¡Qué enormes eran esas navidades, la Nochebuena y el Niñito!

En mi primera infancia, hasta los diez años míos (Fragmento del diccionario de la evolución), éramos tres hermanos, casi de la misma edad los tres, que vestidos iguales -recuerdo unas remeras a rayas y unos pantalones blancos para los muchachos y una falda blanca para mí- salíamos a saludar a los vecinos, a la maestra, al cura (Cultura Medieval: Los Campesinos y el Miedo).

Y aunque teníamos, como todos los hermanos, la costumbre de discutir y hacernos bromas y “cargarnos” hasta terminar bastante heridos a menudo, en ese día caminábamos muy serios y unidos por la calle, en silencio, con la idea de algo poderoso, inexpresable, que nos envolvía en su aura.


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Puntadas y poesía

Coso (Reflexiones sobre la moda); corto vestidos y hago una pollera, saco una falda nueva de pantalones viejos y, al fin, quizá, algunas veces, termino una bizarra colcha con retazos y con los tonos del atardecer (Discurso por el día internacional de la mujer).

Es mi manera de jugar con los colores y las formas, ya que… soy una “plástica” fracasada (Las Bellas Artes).

Amo los materiales, sus colores (Teoría del color), sus olores, tocarlos, mezclarlos, pero coso (Materiales modernos).

Frente a mi mesa de costura hay una reproducción del cuadro La bordadora, de Vermeer (Estudio comparativo entre Vermeer y Courbet). Ella está inclinada sobre su tela, pero la miro y estoy segura de que en el momento en que bajo la cabeza para dar una puntada, levanta la suya … y también me mira.

Ayer, estaba cosiendo cuando mi hija Magdalena vino a visitarme, muy bella, con su bella, incipiente pancita de bebe o beba (Alimentación antes, durante y después del embarazo) -la bordadora de Vermeer suele desaparecer en estos momentos en que estoy acompañada; no sé cómo hace, debe de tener un nido dentro de la pared.

Magdalena -Mane para mí y para ustedes- venía con algo así como un libro diminuto en la mano. Se trataba de la Pequeña antología de textos escritos por estudiantes del bachillerato de educación popular Rodolfo Walsh, para la materia lengua, de la que Mane está a cargo (Operación masacre, de Rodolfo Walsh).

Creo que vale la pena todo el cuadernillo, con autores que, en general, no se dedican en absoluto a la literatura -hay enfermeras, artesanos, amas de casa, cadetes, etc.- pero que la expresan y en ciertos momentos la exhalan -esta gente exhala poesía, digo, que es literatura.


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