Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

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Teofanías, o apariciones de Dios mismo

“Teofanía” (El hombre, animal religioso) me parece un nombre enorme para mi pobre visión, por eso lo encomillo (Lo asombroso y lo increíble: ¿Por qué pensamos así?).

Pero pensándolo mejor, ¿ustedes no han sentido que algo les ha sucedido alguna vez, algo muy pequeño y sutil, que los llevó a comprender algo, tal vez hace mucho tiempo? (El espíritu del tiempo).

A comprender algo muy pequeño y sutil, además (La Estética).

Pero esos momentos de comprensión instantánea son para mí una teofanía (Dos cosmovisiones renacentistas: Rabelais y Moro).

Sé tan poco, que tal vez mis palabras sepan más que yo, que tal vez haya algunas que se escriben solas mientras yo hago garabatos sobre el papel o en el teclado, y que después cuando las leo, descubro qué descubrí (La vivienda… ¿último reducto de la identidad?).

A ustedes seguro les sucede lo mismo.

¿Se animan a mandarme “teofanías”?

Yo sí me animo, y se las mando con amor.


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Relato de la Noche Vieja

En la noche el silencio para mí es como que da pasos el papel donde está escrito tu nombre (EL Papel y su Utilidad). La oscuridad es la escritura de aquellos que velan dulcemente mi insomnio de Fin de Año (Historia del sueño y su estudio), y a pesar de que los años y los meses cambian de nombre de continuo, yo descifro en la sábana en sombras la eternidad del tiempo (El destiempo).

Empiezo a caminar por la casa, confundida, errática, diciéndome que están esperándome laberintos, abracadabras, difuntos, fantasmas (Angustia y miedo). Diciéndome que soy pequeña, que mi bastón apenas es un fósforo encendido por miedo de niña (Los derechos del niño), y la casa que tiene enredadas memorias de doncella me busca (Búsqueda heurística).

Sí, me busca la casa antes, un poco antes de las doce de la noche (Cómo prepararse para un año nuevo), y yo la sigo cuarto por cuarto en una solitaria procesión que persigue la divinidad de no sé qué Todo (Curso de meditación…). Escucho los ruidos acercarse, pregunto: “¿Es la paloma, es el murciélago, es el topacio que cayó de los libros de versos; qué sonidos son éstos?

Algo o algunos que me escucharon se movilizan, mueven sus lenguas al compás de la bruma quieta: “No, pequeña, eres vieja -me responden-; somos los huesos rotos de la vida”.


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Cómo escribir una novela…

Ahora enseguida les enseño, apronten lápices para tomar nota (La novela). Dejo que me citen en cualquier lugar (Citas y Frases por personajes conocidos de la historia); ya pronto, en pocos minutos, sabrán escribir una novela.

Lo difícil no es ni siquiera que haya que tener talento (El talento). Yo hablo de, aunque sea, escribir una mala novela. Lo importante es que diga algo chiquito en muchas, muchas páginas (Administración en una página). De que un concepto mínimo pueda estirarse hasta casi, casi, ser un sistema, una teleología -acabo de aprender que télos es traducible por objetivo, meta, sistema.

Y yo puedo enseñarles, de eso no me cabe duda (Diario trágico de una joven maestra). He escrito tantas cosas… tilingas… que han ocupado dentro de todo mucho espacio (El espacio-tiempo se curva en torno al observador). Fíjense. Lo que hago es mezclar la vida cotidiana y mis reflexiones de entrecasa con un ponerme seria como un filósofo y delirar, delirar profanaciones (Cátaros).

Es cuestión de atreverse. Otros se atreven a ganar dinero vendiendo útiles… innecesarios. Yo a tanto no me atrevería jamás. Y tampoco atraparía a nadie. No soy vendedora de objetos y cosas lindas, vendo, módicamente, palabras.

Me atrevo a hablar de la teoría de la relatividad, de los quantos y de los quepos; imagínense si no voy a atreverme a dar cátedra sobre juntar los cadáveres de muchas frases con cierta organización, y un mínimo de imaginación, para por lo menos sorprender. Una vez sorprendido, el lector sigue leyendo; una vez que sigue leyendo, y sigue las “ideas”, estas ideas son tan “imaginativas” que no muchos se atreven a refutarlas; no es una mala novela en todo caso, es apenas una novela incomprensible que cuenta algunos sabrosos chismes además, uno puede leer sólo la parte de lo cotidiano -la otra parte no existe; es una partitura pero que ningún músico adiestrado descifraría, es una partitura que sólo yo -el propio autor- descifro. Y además otros se hacen los que descifran, como me hago la que descifra a Joyce cuando no sé siquiera inglés, cómo podría…
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Algunas descripciones sobre el momento de la muerte

Como este blog bastante a menudo se parece a un Taller Literario (Cómo concibo un taller literario-Balance de una experiencia), y aunque “mis alumnos” a menudo me superen y me enseñen más allá de todo lo que yo pueda hacerles comprender (¿Alguien quiere aprender?), estoy a punto de hacerles un regalo: les ofrezco un tema, con algo de argumento o de trama, que me fascina pero que no voy a escribir. Mejor dicho, que no voy a seguir escribiendo, porque dos de esos relatos creo alguna vez haberlos publicado aquí mismo y, para mí, se agotó todo esfuerzo (La mujer mapuche y el esfuerzo de su trabajo).

Antes que nada quiero decirle a Eric Polten que su tía de la Rioja (Región de Cuyo-Argentina) no sólo agregó perejil a su siembra de papas, sino que he entrevisto -en un viaje astral a lo de su tía (¿Es realmente el sol una bola de fuego)- unas bellas y altas y bien cuidadas plantas de marihuana (Legalización de la Marihuana).

Proyecto El Instante (de la muerte)

No se trata de túneles ni de nada que haya transmitido alguien que vuelve, sino de documentos desde afuera del más allá, aunque vengan del mismo moribundo, justo hasta el momento de la muerte; no el túnel, no la luz, nada (La muerte).

En primera persona en algunos casos, pero la mayoría en tercera, como que contengan a un narrador que lo ve todo, el remanido narrador Omnisciente (Un constructo: el narratario).

Son distintos modos de morir -la muerte en sí es el modo, no lo que provoca cada muerte; no vamos a plagiar al temible programa de la TV “Mil maneras de morir”.

Puede morir la modelo, cuya última visión sea el más fulgurante vestido, o bien la chica feúcha que quiere ser modelo; o el decorador de interiores, persona muy interesante en cuanto a que también se preocupa por el ambiente de su cercano velorio y por la estética de su ataúd.
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La poesía de ciertas ropas antiguas

Me encantaba el título de ese cuento de Henry James (El doble como recurso literario en El rincón feliz), “La poesía de ciertas ropas antiguas”. Ahora ya no sé si me gusta.

Tengo los roperos atestados de ropa (Historia del vestuario). A veces sueño -durante la vigilia- que la doy, que decido donarla, pero no puedo (Egoísmo y nobleza: las dos caras de un héroe).

Sueño que la vida se me hace más fácil con dos o tres prendas esenciales colgando de las perchas. Esas dos o tres prendas que en definitiva son las únicas que uso todos los días, siempre, para cualquier ocasión, y después lavo y plancho para volver a usar (Ciudades en uso y desuso).

Pero en mis estantes hay historia (La ley periódica de la historia: Análisis y demostración). Y leyendas, hasta de gente que no conocí, como “un abrigo de Loden” de tela y corte impecable, afamado en todo el mundo, que recogí en la casa de una amiga. “Lo dejó olvidado mi suegra cuando volvió a Europa, allá tuvo el accidente y ya no regresó a la Argentina. ¿Te gusta? Te lo doy” (Inmigración y exilio español en la Argentina: personalidades). Y yo cargué con un abrigo que también es leyenda como marca de fábrica: encontré estos sobretodos -en este caso en masculino- en una novela de Hermann Broch, El maleficio. Al pasar, recomiendo encarecidamente toda la obra del genial Broch que me parece bastante olvidada (La novela).

La desnudez

¿Por qué no puedo desprenderme de tantos inútiles objetos, digo? Y ahora, que tengo un jardín y veo cómo las flores de los árboles se cierran, se oscurecen, ya no adornan, para dejar nacer lentamente los frutos, siento con más fuerza el pecadillo: el pecadillo de la voluptuosidad de las palabras y la ropa, de los colores y la ropa, de las texturas y de las formas.
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De cuadros y de sonrisas

Siempre me pregunté -además de los que todos se preguntaron desde el siglo XVI (El estilo barroco aristocrático), es decir, ¿qué esconde la sonrisa de La Gioconda?- qué quedaba detrás de ese cuadro cuando estaba pintándolo Leonardo (Leonardo Da Vinci).

Más claramente, no en el cuadro, sino atrás, pero sí pasando por la puerta de su sonrisa. Y mi respuesta, porque todos tenemos una respuesta especial para cada una de nuestras preguntas más “originales”- era que había una construcción de abismos y retablos con fuego. En esa construcción, estaban parados Leonardo y su amante (De amor y de sombra).

Leonardo y su amante, que era su amado transparentemente (Homosexual: natural o de crianza), se abrazaban por fin sin pecar, sin violar esa envoltura tan fina -y esplendorosa- que se bifurca en lagos en dos lugares de la carne. Allí me parecía que detrás de las vírgenes y de los mantos, de la escenografía renacentista (Renacimiento), mientras entre los mantos un pliegue dibujaba el buitre de la infancia de Leonardo -el buitre que “descubrió” Freud (Freud y El Éxodo)- ellos se abrazaban y se besaban, y también atrás de toda sonrisa, en la profunda realidad (De la visión sistémica del mundo real).

Es anecdótico para mí que algunos científicos estén tratando de ubicar el paradero de quien fue la modelo del cuadro, de la joven, Gioconda. Lo que importa está mucho más lejos, detrás del cuadro pero también del tiempo, Leonardo es libre y está seguro (La libertad).


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Imágenes para una infancia más feliz

Cuando ya estábamos acostados se oían conversaciones (El velero de cristal). Los padres hablaban de sus amigos, de la muchacha que se iba de la casa, de documentos de oficina (Distribución de espacio). De uno de mis hermanos decían que tenía los ojos más vivos del mundo; hablaban de su sonrisa, de que tendría talento como actor (El teatro como recurso para la educación ambiental).

Algunas noches jugaban a las cartas, mi madre recordaba a su padre mezclando la baraja, mi padre también, al padre de mi madre, porque era músico y lo admiraba (Wolfgang Amadeus Mozart).

Además ella solía reír, él hacer bromas hablando de escribir una novela con personajes conocidos, novela que tendría por título “La casa gris” (La Novela y la Historia).

Organizaban partidas de póquer para el sábado (El Poker). Se oía tintinear las monedas que nos dejaba mi padre sobre la parte ancha de la varanda de la escalera (Algo sobre la Historia del Dinero…), para la merienda de la mañana, en la escuela: cinco centavos de bizcochos, unos bizcochos que nunca más comí, que nunca jamás volveré a comer, porque tenían el gusto de todas las ilusiones, y además manteca de la buena…

Ya se iban a acostar, me parecía. Me llegaba un arrullo cuando empezaban a bajar la voz; ya casi me dormía, hablaban cada vez más suave. Pero yo escuchaba mi nombre de repente: estaban hablando de mí.


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Mi vida entera

Por la noche hago las noches con vasos de agua (El agua), tazas de té, tabaco, y ordeno álbumes de fotografías (Huellas de una noche).

Escribo largas cartas que nunca enviaré, refuerzo los dobladillos de las sábanas y lavo los envases que desecho (Las cartas estaban echadas).

Prendo, apago la luz; busco el punto intermedio (Teoría del color).

Hago listas de amigos, hago listas de muertos, de tareas, de músicas que tengo que escuchar (Música del siglo XX), de viajes hacia nunca voy a ir, de nombres de ciudades que resuenan (Ciudades y escritores).

Mi vida entera

Fui perfumada, bella, la que abría todas las puertas y las cerraba jugando enamorada del misterio, aunque por qué si yo no sabía de misterios, nunca aprendí nada, me recostaba siempre, nunca hacía, no sabía secretos, las plantas se morían, los relojes no daban la hora, no había música, el patio estaba sucio, había botellas con ceniza, y papeles y marcas, y esas mariposas que son los papeles quemados (Todos los fuegos el fuego).


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En su vacío reside el uso del jarrón

La frase que coloqué como título es de Lao Tsé (El nenúfar azul) y me parece la más indicada para darle sentido a la palabra Navidad en el corazón de toda la gente (Origen y procedencia de la Navidad). Lo que no significa que la festividad sea mínima, al contrario. Es para todos, para todos los religiosos por más extraña que sea su religión, para todo creyente y, también, para quienes como yo vivimos en los grises espacios de la duda (Las dudas). Y para quienes no creen en absoluto ni por un momento que la vida nos trascienda, que lo invisible se haga presente alguna vez (El Arte ¿Qué es? y ¿Para qué existe?).

Sí, pretendo conmemorar la Navidad con una frase de alguien que ni siquiera supo de Jesús (Cartas a Jesús), ya que nació más de quinientos años antes que él, y que, además, era menos severo, más predicador de goces que de cruces, más humano y menos divino (Wolverine).

Pero también voy a celebrarla leyendo a un autor católico, casi fanático. A alguien que ya leía cuando era chica, cuando robaba libros de la biblioteca de papá: Giovanni Papini, atormentado y seductor (El libro, “La Respuesta Es…”).

¿Y por qué traigo a colación a este autor “fanático”, a mi papá de infancia y a mis sentires infantiles, diferentes?

Les cuento: caminaba por un sitio céntrico casi vacío porque era domingo y ya empezaba la noche, y de pronto entre penumbras se me apareció el cuadro más asombroso –y misterioso, y perverso-, que es dable imaginar.


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Horóscopo misterioso - 2011

Silfos del aire, ondinas del agua (Psiquismo y elementales), gnomos de la tierra, salamandras del fuego (Los cuatro gigantes del alma revisitados).

Aries: la Vida, primer arcano sobre el humano encarnado (Karma). Ahora todo es reflejo, acá parece comenzar lo humano, y en sentido descendente el humano superior, ya que también empieza el zodíaco, el plano físico terrenal (La astrología).

La divinidad en la naturaleza asciende a la divinidad en los humanos para que lo divino en lo humano ascienda o se reintegre a lo divino en lo divino, o Dios en Dios, Dios-Padre y Madre.

Todos los campos de Marte (Estrellas de Marte) -que pertenecen al ariano- están preparados, sus semillas están dando frutos, sus armas también. Marte, el guerrero de los próximos años y siglos.

Trata de hallar el secreto, lo inexpresable de la relación. Visita el infierno, encuentra a Paolo y Francesca, los condenados por amor cuya condena es precisamente consumirse eternamente en el amor; encuentra también a los suicidas convertidos en árboles, de los cuales cada hoja, cada rama, provocan un dolor diferente. Aunque no comprendas mira todo esto y transfórmalo.


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