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Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 
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Horóscopo misterioso - 2011

Silfos del aire, ondinas del agua (Psiquismo y elementales), gnomos de la tierra, salamandras del fuego (Los cuatro gigantes del alma revisitados).

Aries: la Vida, primer arcano sobre el humano encarnado (Karma). Ahora todo es reflejo, acá parece comenzar lo humano, y en sentido descendente el humano superior, ya que también empieza el zodíaco, el plano físico terrenal (La astrología).

La divinidad en la naturaleza asciende a la divinidad en los humanos para que lo divino en lo humano ascienda o se reintegre a lo divino en lo divino, o Dios en Dios, Dios-Padre y Madre.

Todos los campos de Marte (Estrellas de Marte) -que pertenecen al ariano- están preparados, sus semillas están dando frutos, sus armas también. Marte, el guerrero de los próximos años y siglos.

Trata de hallar el secreto, lo inexpresable de la relación. Visita el infierno, encuentra a Paolo y Francesca, los condenados por amor cuya condena es precisamente consumirse eternamente en el amor; encuentra también a los suicidas convertidos en árboles, de los cuales cada hoja, cada rama, provocan un dolor diferente. Aunque no comprendas mira todo esto y transfórmalo.


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Monografias

Meditaciones de cementerio

Hay como un canto encerrado dentro de mí que parecería poder brotar a cuchilladas (“Orfeo”, mito y notas hermenéuticas), con la violencia de la muerte (Sobre la muerte).

Y es posible que cuando ocurra eso se asomen los que están embalsamados en el fondo de mis ojos (Egipto), los que quedaron dentro del espejo, con siglos, con herrumbre, sellados de plata antigua (Época antigua).

Con un fino cincel o con tinta de sangre limaré la cofia de mi abuela hasta que sonría otra vez; abriré de hoja en hoja las partituras de mi abuelo para que las siga escribiendo en el fondo de la casa que era como un barco, y cree la música de su guitarra (La guitarra y su técnica… Reflexiones de un guitarrista).

Frente al papel en blanco a veces viene a visitarme mi niñez (Representaciones sociales sobre la niñez, la adultez y la sexualidad…).


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Editorial

Se cobra entrada

“La poesía no se vende porque la poesía no se vende“, insisten los libreros (Las Ferias del Libro en la Historia).

“Poesía no publicamos porque nadie la compra”, explican los editores.

Y es cierto, aunque Las flores del mal (Análisis literario de poemas) y los poemas de Neruda fueron best seller, es raro encontrar en las librerías a gente en el acto de adquirir este tipo de lujo, los libros de poesía (La poesía lírica).

Contra cualquier probabilidad, lo que no es tan raro es que alguien los escriba (Dios y el azar).

No sólo los jóvenes enamorados borronean cuadernos con las manchas de un cuadro de Chagall (Chaim Soutine).

Chagall es el pintor que le canta a los enamorados y a la inocencia delirando imágenes como la de un violinista o una mujer que asciende por los cielos y no es la virgen María sino una muchacha que estalla en flores voluptuosas en el momento del amor (Trilogía del Amor: El Amor, el Odio y los Celos).


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Monografias

La locura del hada

La máquina producía imágenes, ríos de diamantes (Los diamantes de Monrovia), de tótems, de máscaras africanas (África). Cada pulsación daba un cuadro completo dividido en varios cuadraditos: si tres serpientes estaban alineadas, empezando de la izquierda, o si unas estatuas de Nefertiti (Egipto antiguo) ocupaban el costado izquierdo, el derecho, el cuadrado de arriba y el de abajo, se marcaba un puntaje, 100, 75, o 1000, o 10000, o 24 (Números irracionales).

Y tenías que volver a tirar -unos diez pesos-, y empezar una rueda larguísima en la que nunca coincidía nada y cuando coincidía parecía milagro (Milagro en el bosque), y te hechizaba. Y volvías a mover la rueda treinta o cuarenta veces a cinco o diez pesos cada vez (La rueda de la fortuna).

Muchas veces ella, que se parecía a un hada le habían dicho, había sentido al diablo mirándola desde atrás cuando jugaba en esas máquinas (El Mal en Fausto y El Hombre de Arena), pero esta vez lo sentía pesar sobre su hombro derecho, fuerte, como si la estuvieran apretando. Se tocó con la mano izquierda y no había nada, o quizá el Maligno (Manifestaciones y representaciones del Mal) se había hecho fuegos artificiales, luego polvo con los cuadros de las tragamonedas. De inmediato buscó en la cartera un billete de cien y ya no había, o de 50, o siquiera de 10.

No había ni monedas.


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Editorial

Mudanza

Hay un espejo que refleja otros espejos (El miedo y el renacimiento de lo fantástico) y cada uno de ellos a su vez refleja una mudanza, las partículas de una mudanza, los átomos (El mundo a escala atómica).

De una bolsa de plástico negro que contiene frazadas, toallas y manteles, sobresale una servilleta de hilo blanquísimo, bordada, que estuvo en tantas alegres fiestas -y se manchó de vino en ocasiones (El vino como elixir sagrado y sacrificio expiatorio…)- que da pena de puro contraste, y ya parece su blanco más bien una señal de luto (Los relámpagos de la muerte). A su lado, en las cajas conseguidas en almacenes y supermercados, hay una fotografía de la primera comunión de una nena redondita y rubia y un muchachito alto, delgado, con anteojos. En otro lugar se posa el álbum de fotos de los ochenta años de una dama todavía parecida a Melina Mercouri -después de todo, esa actriz griega nació un año después que ella, aunque haya muerto hace mucho tiempo-, con un gran resplandor y una gran sonrisa. En una de las fotografías de ese álbum estoy yo con ocho años menos que ahora -que se notan- abrazando a esa dama octogenaria, abrazándola, abrazando a mi mamá (Mujeres contemporáneas).

Mudanzas

¡Cuántas mudanzas hubo en mi vida! Tantas que me siento sobre un bulto que ya no sé si es de trajes o de camisones y me escucho decir con Fabio Morábito:

A fuerza de mudarme

he aprendido a no pegar

los muebles a los muros,

a no clavar muy hondo,

a atornillar sólo lo justo.

He aprendido a respetar las huellas

de los viejos inquilinos:

un clavo, una moldura,

una pequeña ménsula

que dejo en su lugar

aunque me estorben.

Algunas manchas las heredo

sin limpiarlas,

entro en la nueva casa

tratando de entender,

es más,

viendo por dónde habré de irme (…)

Sí, las mudanzas de mi vida fueron muchas, metafóricas y reales. Ésta no ocurre en la casa donde habito, ni siquiera en la misma ciudad, pero se lleva todas las medallas de la nostalgia y algo que está entre el dolor y la dicha revivida.


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Editorial

Juegos con el tiempo

He llegado a concebir la idea pretenciosa y esquizofrénica de que todas las épocas están presentes en el ahora (Esquizofrenia).

Esquizofrénica, porque mi teoría incluye las máscaras (Códigos naturales y culturales), máscaras que la gente guarda dentro de sí -campesino medieval, rey, soldado, esclavo, señor feudal (La transición del esclavismo al feudalismo)-; pretenciosa, porque no soy ni psicóloga ni historiadora (El proceso formativo del historiador…). Pero, a la vez, he descubierto que muchos de ustedes prefieren que les hable como si yo fuera un individuo particular -y a veces lo soy, con locuras, ideas e imágenes particulares y no siempre “científicas” (El estigma de la locura)- más que como un editorialista de ceño fruncido, mucha profundidad ceremonial y erudición.

Paso a explicar mi idea de los tiempos que confluyen en todos nosotros (Evolución histórica de las concepciones sobre el tiempo): cuando mantengo una relación de cualquier tipo -afectiva, comercial, etc.- descubro que en ese alguien conocido a veces aparece el hombre de las cavernas; otras, el torturado existencialista de la mitad del siglo XX; otras, el refinado, exquisito señor, o señorita, del siglo XVIII (Relación entre el pasado y el presente). Y muchas veces, también, pero esto no entra dentro de mis “estudios”, que no abarcan el futuro, el tecnólogo bastante duro de entendederas para todo lo humano de fines del siglo XXI -tal vez sea prejuiciosa al expresarlo así, y pido perdón por el prejuicio (Escuela y futuro).

La pregunta

Como la idea se originó aproximadamente durante mis veinte años, arrastro desde entonces datos de una extraña encuesta. Pregunto -no muy a menudo, sólo dos o tres veces por año recuerdo mis especulaciones-: ¿en qué época te hubiera gustado vivir?


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Editorial

La Nochebuena de mi nostalgia

¿Algunos de ustedes conocen historias sobre el árbol de Navidad? (Qué fue la Estrella de Navidad). Yo sí, pero las he repetido tanto que ya me han aburrido (Fatiga y aburrimiento), y he escuchado hablar de otras tan espléndidas… (La princesa que creía en los cuentos de hadas…).

Cómo me perturban la Navidad (La Navidad en Venezuela), la Nochebuena, cómo me espían por todos los rincones y los ojos de buey que dan hacia mi infancia.

En esos paisajes móviles de mi memoria siempre estamos mis hermanos y yo en un lugar sin tiempo y -aunque lugar- casi sin espacio, donde la luz es sagrada porque viene de nuestra propia e inocente luz de niños, también con una sensación de algo sagrado en el pecho (Recuerdos). ¡Qué enormes eran esas navidades, la Nochebuena y el Niñito!

En mi primera infancia, hasta los diez años míos (Fragmento del diccionario de la evolución), éramos tres hermanos, casi de la misma edad los tres, que vestidos iguales -recuerdo unas remeras a rayas y unos pantalones blancos para los muchachos y una falda blanca para mí- salíamos a saludar a los vecinos, a la maestra, al cura (Cultura Medieval: Los Campesinos y el Miedo).

Y aunque teníamos, como todos los hermanos, la costumbre de discutir y hacernos bromas y “cargarnos” hasta terminar bastante heridos a menudo, en ese día caminábamos muy serios y unidos por la calle, en silencio, con la idea de algo poderoso, inexpresable, que nos envolvía en su aura.


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Editorial

Puntadas y poesía

Coso (Reflexiones sobre la moda); corto vestidos y hago una pollera, saco una falda nueva de pantalones viejos y, al fin, quizá, algunas veces, termino una bizarra colcha con retazos y con los tonos del atardecer (Discurso por el día internacional de la mujer).

Es mi manera de jugar con los colores y las formas, ya que… soy una “plástica” fracasada (Las Bellas Artes).

Amo los materiales, sus colores (Teoría del color), sus olores, tocarlos, mezclarlos, pero coso (Materiales modernos).

Frente a mi mesa de costura hay una reproducción del cuadro La bordadora, de Vermeer (Estudio comparativo entre Vermeer y Courbet). Ella está inclinada sobre su tela, pero la miro y estoy segura de que en el momento en que bajo la cabeza para dar una puntada, levanta la suya … y también me mira.

Ayer, estaba cosiendo cuando mi hija Magdalena vino a visitarme, muy bella, con su bella, incipiente pancita de bebe o beba (Alimentación antes, durante y después del embarazo) -la bordadora de Vermeer suele desaparecer en estos momentos en que estoy acompañada; no sé cómo hace, debe de tener un nido dentro de la pared.

Magdalena -Mane para mí y para ustedes- venía con algo así como un libro diminuto en la mano. Se trataba de la Pequeña antología de textos escritos por estudiantes del bachillerato de educación popular Rodolfo Walsh, para la materia lengua, de la que Mane está a cargo (Operación masacre, de Rodolfo Walsh).

Creo que vale la pena todo el cuadernillo, con autores que, en general, no se dedican en absoluto a la literatura -hay enfermeras, artesanos, amas de casa, cadetes, etc.- pero que la expresan y en ciertos momentos la exhalan -esta gente exhala poesía, digo, que es literatura.


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Editorial

Literatura y homosexualidad

Entre mis más felices recuerdos está el de verme abriendo un libro especial (Recuerdos).

Apenas aprendía a leer, y a lo mejor sólo podía entender remotamente que el texto hablaba de una princesa y un castillo (Lecturas para mejorar el proceso de la lectura).

Una princesa y un castillo son objetos difíciles de imaginar para una niña que vive en un departamento y, además, no es princesa (Imaginación que Resignifica - La Verticalidad de Roberto Juarroz).

Pero no importaba.

Daba vuelta las hojas y el castillo se erigía en coloreados cartones pegados a la página, con su princesa recostada dentro.

¡Sorpresa! ¡Asombro!

No diré que la lectura se hacía realidad, pero lo parecía.

Tal vez ese recuerdo maravillado intervino en mi deseo de escribir futuro (La palabra, el escritor y la poesía): debe haber un lugar para apretar, como un timbre, en el medio del papel, o en las esquinas, o hurgando con el lápiz hasta formar un agujero, que haga aparecer el dibujo de lo escrito, y yo ya no tenga que seguir estrujándome el alma ni el seso…

Pero no: el escritor construye con palabras, no hay otro modo.

Y, se diga lo que se diga -por ejemplo, que una imagen vale por mil palabras (La mujer como imagen publicitaria)-, el peso que tienen las palabras es más rotundo y a veces puede rebotar e ir a dar justo sobre quien las escribió, como balas, como piedras (Las piedras semipreciosas en el Perú).

Porque hay una confusión profunda entre compases (Método audiobec), imágenes y palabras. A las palabras se les atribuye mayor consistencia, especialmente en el terreno filosófico y moral (La Educación Moral).

Dejad que Dalí (Breve reseña sobre el onírico pintor surrealista) pinte masturbaciones y cuadros que pueden o no ser herejes, diabólicos o “inmorales”. Dalí, además de genio, es un pintor, y a nadie lo mata que sus relojes se derritan, ni el cristianismo se mortifica porque su Cristo no tenga rostro.


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Editorial

Meditaciones frente a un cuadro de Vermeer

Dudé mucho antes de transcribir lo que tenía pensado para esta ocasión (Las dudas), ya que a todos nos compete lo referente a la salud (Psicología de la salud): “expertos en Salud corren para frenar la gripe porcina”, leo apenas me conecto a Internet, un título entre miles.

Es que hablar de la eternidad (La eternidad o el cambio) -en la medida en que mi pluma puede hacerlo, precariamente-, del infinito o incluso de pintura o de un pintor como Vermeer de Delft, parece hasta agresivo en estos momentos. Sin embargo, siento que el hombre es más eterno e infinito que cualquier evento, que la gripe o que la corrupción de los gobiernos (La peor pandemia de la historia de la humanidad: la gripe española). Nada de fin de la historia, sino que nos quedamos para siempre acá mismo, iguales pero tal vez mejores, ¿por qué no? (El fin: ¿de la historia, la historicidad o el historicismo?).

En homenaje a mis dudas, cedo las primeras palabras a uno de los “comentaristas” de la entrada del miércoles pasado, cuando me referí a una epidemia de dengue que asola la Argentina. Este autor, Osvaldo Bonini, quien además desde su blog llamado “La gente y su sombra” nos sorprende y nos hace reflexionar cada semana, apunta:


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Editorial
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