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Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 
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Juegos con el tiempo

He llegado a concebir la idea pretenciosa y esquizofrénica de que todas las épocas están presentes en el ahora (Esquizofrenia).

Esquizofrénica, porque mi teoría incluye las máscaras (Códigos naturales y culturales), máscaras que la gente guarda dentro de sí -campesino medieval, rey, soldado, esclavo, señor feudal (La transición del esclavismo al feudalismo)-; pretenciosa, porque no soy ni psicóloga ni historiadora (El proceso formativo del historiador…). Pero, a la vez, he descubierto que muchos de ustedes prefieren que les hable como si yo fuera un individuo particular -y a veces lo soy, con locuras, ideas e imágenes particulares y no siempre “científicas” (El estigma de la locura)- más que como un editorialista de ceño fruncido, mucha profundidad ceremonial y erudición.

Paso a explicar mi idea de los tiempos que confluyen en todos nosotros (Evolución histórica de las concepciones sobre el tiempo): cuando mantengo una relación de cualquier tipo -afectiva, comercial, etc.- descubro que en ese alguien conocido a veces aparece el hombre de las cavernas; otras, el torturado existencialista de la mitad del siglo XX; otras, el refinado, exquisito señor, o señorita, del siglo XVIII (Relación entre el pasado y el presente). Y muchas veces, también, pero esto no entra dentro de mis “estudios”, que no abarcan el futuro, el tecnólogo bastante duro de entendederas para todo lo humano de fines del siglo XXI -tal vez sea prejuiciosa al expresarlo así, y pido perdón por el prejuicio (Escuela y futuro).

La pregunta

Como la idea se originó aproximadamente durante mis veinte años, arrastro desde entonces datos de una extraña encuesta. Pregunto -no muy a menudo, sólo dos o tres veces por año recuerdo mis especulaciones-: ¿en qué época te hubiera gustado vivir?


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Editorial

La Nochebuena de mi nostalgia

¿Algunos de ustedes conocen historias sobre el árbol de Navidad? (Qué fue la Estrella de Navidad). Yo sí, pero las he repetido tanto que ya me han aburrido (Fatiga y aburrimiento), y he escuchado hablar de otras tan espléndidas… (La princesa que creía en los cuentos de hadas…).

Cómo me perturban la Navidad (La Navidad en Venezuela), la Nochebuena, cómo me espían por todos los rincones y los ojos de buey que dan hacia mi infancia.

En esos paisajes móviles de mi memoria siempre estamos mis hermanos y yo en un lugar sin tiempo y -aunque lugar- casi sin espacio, donde la luz es sagrada porque viene de nuestra propia e inocente luz de niños, también con una sensación de algo sagrado en el pecho (Recuerdos). ¡Qué enormes eran esas navidades, la Nochebuena y el Niñito!

En mi primera infancia, hasta los diez años míos (Fragmento del diccionario de la evolución), éramos tres hermanos, casi de la misma edad los tres, que vestidos iguales -recuerdo unas remeras a rayas y unos pantalones blancos para los muchachos y una falda blanca para mí- salíamos a saludar a los vecinos, a la maestra, al cura (Cultura Medieval: Los Campesinos y el Miedo).

Y aunque teníamos, como todos los hermanos, la costumbre de discutir y hacernos bromas y “cargarnos” hasta terminar bastante heridos a menudo, en ese día caminábamos muy serios y unidos por la calle, en silencio, con la idea de algo poderoso, inexpresable, que nos envolvía en su aura.


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Editorial

Puntadas y poesía

Coso (Reflexiones sobre la moda); corto vestidos y hago una pollera, saco una falda nueva de pantalones viejos y, al fin, quizá, algunas veces, termino una bizarra colcha con retazos y con los tonos del atardecer (Discurso por el día internacional de la mujer).

Es mi manera de jugar con los colores y las formas, ya que… soy una “plástica” fracasada (Las Bellas Artes).

Amo los materiales, sus colores (Teoría del color), sus olores, tocarlos, mezclarlos, pero coso (Materiales modernos).

Frente a mi mesa de costura hay una reproducción del cuadro La bordadora, de Vermeer (Estudio comparativo entre Vermeer y Courbet). Ella está inclinada sobre su tela, pero la miro y estoy segura de que en el momento en que bajo la cabeza para dar una puntada, levanta la suya … y también me mira.

Ayer, estaba cosiendo cuando mi hija Magdalena vino a visitarme, muy bella, con su bella, incipiente pancita de bebe o beba (Alimentación antes, durante y después del embarazo) -la bordadora de Vermeer suele desaparecer en estos momentos en que estoy acompañada; no sé cómo hace, debe de tener un nido dentro de la pared.

Magdalena -Mane para mí y para ustedes- venía con algo así como un libro diminuto en la mano. Se trataba de la Pequeña antología de textos escritos por estudiantes del bachillerato de educación popular Rodolfo Walsh, para la materia lengua, de la que Mane está a cargo (Operación masacre, de Rodolfo Walsh).

Creo que vale la pena todo el cuadernillo, con autores que, en general, no se dedican en absoluto a la literatura -hay enfermeras, artesanos, amas de casa, cadetes, etc.- pero que la expresan y en ciertos momentos la exhalan -esta gente exhala poesía, digo, que es literatura.


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Editorial

Literatura y homosexualidad

Entre mis más felices recuerdos está el de verme abriendo un libro especial (Recuerdos).

Apenas aprendía a leer, y a lo mejor sólo podía entender remotamente que el texto hablaba de una princesa y un castillo (Lecturas para mejorar el proceso de la lectura).

Una princesa y un castillo son objetos difíciles de imaginar para una niña que vive en un departamento y, además, no es princesa (Imaginación que Resignifica - La Verticalidad de Roberto Juarroz).

Pero no importaba.

Daba vuelta las hojas y el castillo se erigía en coloreados cartones pegados a la página, con su princesa recostada dentro.

¡Sorpresa! ¡Asombro!

No diré que la lectura se hacía realidad, pero lo parecía.

Tal vez ese recuerdo maravillado intervino en mi deseo de escribir futuro (La palabra, el escritor y la poesía): debe haber un lugar para apretar, como un timbre, en el medio del papel, o en las esquinas, o hurgando con el lápiz hasta formar un agujero, que haga aparecer el dibujo de lo escrito, y yo ya no tenga que seguir estrujándome el alma ni el seso…

Pero no: el escritor construye con palabras, no hay otro modo.

Y, se diga lo que se diga -por ejemplo, que una imagen vale por mil palabras (La mujer como imagen publicitaria)-, el peso que tienen las palabras es más rotundo y a veces puede rebotar e ir a dar justo sobre quien las escribió, como balas, como piedras (Las piedras semipreciosas en el Perú).

Porque hay una confusión profunda entre compases (Método audiobec), imágenes y palabras. A las palabras se les atribuye mayor consistencia, especialmente en el terreno filosófico y moral (La Educación Moral).

Dejad que Dalí (Breve reseña sobre el onírico pintor surrealista) pinte masturbaciones y cuadros que pueden o no ser herejes, diabólicos o “inmorales”. Dalí, además de genio, es un pintor, y a nadie lo mata que sus relojes se derritan, ni el cristianismo se mortifica porque su Cristo no tenga rostro.


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Editorial

Meditaciones frente a un cuadro de Vermeer

Dudé mucho antes de transcribir lo que tenía pensado para esta ocasión (Las dudas), ya que a todos nos compete lo referente a la salud (Psicología de la salud): “expertos en Salud corren para frenar la gripe porcina”, leo apenas me conecto a Internet, un título entre miles.

Es que hablar de la eternidad (La eternidad o el cambio) -en la medida en que mi pluma puede hacerlo, precariamente-, del infinito o incluso de pintura o de un pintor como Vermeer de Delft, parece hasta agresivo en estos momentos. Sin embargo, siento que el hombre es más eterno e infinito que cualquier evento, que la gripe o que la corrupción de los gobiernos (La peor pandemia de la historia de la humanidad: la gripe española). Nada de fin de la historia, sino que nos quedamos para siempre acá mismo, iguales pero tal vez mejores, ¿por qué no? (El fin: ¿de la historia, la historicidad o el historicismo?).

En homenaje a mis dudas, cedo las primeras palabras a uno de los “comentaristas” de la entrada del miércoles pasado, cuando me referí a una epidemia de dengue que asola la Argentina. Este autor, Osvaldo Bonini, quien además desde su blog llamado “La gente y su sombra” nos sorprende y nos hace reflexionar cada semana, apunta:


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Editorial

Pintores de la perspectiva

Uccello, Santa Teresa, el Che: Pintores de la perspectiva

Los cuadros muy antiguos nos presentan imágenes planas. Con toda seguridad el ojo humano ya estaba preparado en ese entonces al menos para tres dimensiones, pero no sabía soñarlas ni pintarlas (Época antigua).

De cualquier forma, veía, pero no sabía que veía de otro modo (Visión compartida: el secreto del progreso).

Se necesitaron visionarios (Organizaciones innovadoras) para inaugurar la perspectiva en las obras de arte y la palabra perspectiva en los conceptos y hasta en el diccionario (Educación, evolución e inteligencia: perspectiva cibernética).

En la Italia del Renacimiento, quien trabajó más a fondo con estos conceptos de geometría y espacio fue Uccello (Historia de la Pintura) . Pintó así una famosa batalla, la de San Egidio,  y dicen que la noche que la terminó le susurró al oído a su mujer: “Soy un hombre feliz”.

No sé si Uccello fue verdaderamente el primero que utilizó la perspectiva en pintura, pero sé, o intuyo, que el brillo de su felicidad trascendía ampliamente sus aportes en arte: creo que era tan dichoso porque consideraba sus trabajos como metáforas de la realidad que se acercaba a descifrar.

Uccello descubrió la perspectiva psicológica, esas honduras de la percepción que se nos brindan según las circunstancias, el lugar donde estamos parados, capacidades anteriormente adquiridas y la apertura de los ojos -quiero decir, el alerta de todos los sentidos (5 Sentidos).

El lugar donde estamos parados

Tal vez una persona está situada en el mismo lugar que dejó otra hace dos siglos, y mira desde allí. También puede suceder que se sitúe en el sitio donde sus experiencias personales, muy íntimas, lo llevaron,  y ese lugar coincida con el de una persona que vivió hace mil años.

Me fascina la perspectiva, y estos  apuntes tratan de ser una respuesta a los comentarios que recibí en la entrada anterior,  cuyo tema era que los niños -y los jóvenes-  ya casi no leen.

Pero es cierto, yo estoy parada en un lugar diferente del de algunos de ustedes…


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Editorial

Elogio de la locura, y de Van Gogh

No todos los genios están locos (Por María Zambrano), y las teorías psicoanalíticas más recientes prescriben que la locura es más bien un impedimento que una ayuda para los talentosos (El estigma de la locura). Aseguran sobre la cantidad de cuadros y las perfecciones suplementarias que hubieran tenido los mismos si Van Gogh, por ejemplo Van Gogh, no hubiera estado loco (Mistificaciones del culto al genio).

Yo discrepo de esa teoría porque, sencillamente, llegué a conocer el alma de Van Gogh (El asesinato del alma).

Copio un fragmento referido a este artista, escrito por el psiquiatra español Juan Antonio Vallejo-Nágera:

Por la originalidad absoluta de su modo de hacer, se pensó en la enfermedad mental como trampolín para saltar hacia ese mundo nuevo y distinto, en una reencarnación del mito de la fecundidad del genio y la locura. Lógicamente, su caso fascinó a los psiquiatras. Sobre nadie se ha escrito tanto intentando perfilar un diagnóstico retrospectivo. Si tuviésemos duda sobre la limitación de nuestra ciencia, bastaría Van Gogh para demostrarla.

El alma de Van Gogh

En una época, trabajaba como correctora en la editorial Adriana Hidalgo de Argentina (Producción de textos), y me tocó en suerte un volumen de las cartas de Vincent a Theo, su hermano.

Siempre digo que la lectura que debo hacer en mi oficio editorial es, y a veces obligadamente, más rigurosa que las lecturas que realizo por elección. En muchas ocasiones, coincide suerte con elección, y es una delicia.

De todos modos, antes de repasar las cartas (Correspondencia), no consideraba que, de los múltiples títulos que hay en esa editorial, fuera éste el más atractivo. Van Gogh me fascinaba como pintor (Historia de la Pintura), sabía de sus problemas y de su vida trágica, pero, me decía, debe bastar con ver sus cuadros, él no es un literato, me voy a aburrir.

Y en verdad si uno leyera la biografía escueta de este artista único, no encontraría grandes aventuras ni arribos a puertos felices, o siquiera interesantes.


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Editorial

Invasión extraterrestre

Leí en estos días diarios cuyos titulares en cuerpo catástrofe decían: “Crack”, “El mundo cae con la Bolsa”, “Aprendiendo a ser tercer mundo” (¿Desafíos de los diarios para no morir?) -éste último en un periódico norteamericano con fotos de familias de desocupados en Nueva York, y noticias de suicidios (Factores extrasociales. El suicidio).

Había otros títulos que no enfocaban el mismo tema. Por ejemplo: “Al planeta le quedan 50 años de vida, no más”, “El hombre es el responsable de su extinción como especie” o “El cambio climático y la desaparición de la vida” (Cambio climático: ¿la hora de la verdad?).

Por eso, pensé que un artículo cuyo título fuera de menor impacto que una simple invasión de alienígenas no sería leído por nadie, y elegí “Invasión extraterrestre” para mi nota aunque, ¿cómo justificarlo? (Memoria “Ovnis”).

De cualquier modo existe la invasión: les cuento:

Hay un lugar delicado y pequeño que ha sido tomado por invasores que vociferan y maldicen.

Se escuchan voces alarmadas, agresivas, apocalípticas (El reino milenial).

Golpeteos de pájaro carpintero con mensajes que invitan a escapar.

Ese lugar es parecido a un cuadro de Picasso, es parecido específicamente al Guernica (Picasso y el cubismo).

Ese lugar es mi cerebro.

Antecedentes de la invasión

Mi sistema nervioso había colapsado (Topografía del Sistema Nervioso); dentro de mí había voces que parecían venir de otro tiempo, de otro espacio o de otra dimensión (Ética del Límite y Condición Humana)  -aparte, había estado tratando de entender el espacio-tiempo de Einstein, su maravillosa teoría en la que ambos son la misma cosa y la velocidad anula al tiempo, “en especial al tiempo”, me decía a mí misma, seguro sin entender ni de lejos a mi ídolo científico (La teología de la relatividad).

Mis voces preguntaban: “¿Qué haces para que el mundo sea un lugar mejor”, o, más fuerte aún: “¿Qué haces para que el mundo no termine, como decía Eliot en un poema, ya no con un grito sino con un gemido?” (Es Tarde para el Hombre).

De pronto un terrible dolor de cabeza, mientras la imagen de un gato volador de bigotes como cuchillos que se clavaban en mi nuca me hizo reaccionar al menos lo suficiente como para tomarme la presión en el tensiómetro casero: altísima, tan alta que corrí a verificarlo en la farmacia, en cuyo tensiómetro tenía más fe. Pero era igual de alta, y el farmacéutico me recomendó acudir a una guardia.


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Editorial

El vino añejo y el excelente whisky

Guarden el vino añejo y el excelente whisky para el juez rubio que fuma, encontré copiado con mi letra de hace algunos años en un papel volatinero (Historia de los payasos).

Papel volatinero llamo yo a uno de ésos que hallo al pasar en mi casa, llena de inspiración, generalmente por las noches; los escribo porque no quiero olvidar algo que leí o que pensé (Los dioses del cotidiano).

Pero en general los pierdo, o vuelven a mí como los objetos que entrega el mar, intermitentemente (El agua). Un día se aparece un recibo de impuestos en cuya parte en blanco copié por ejemplo: “No tengo lo que quería, es verdad, pero quiero lo que tengo”, y sí recuerdo de dónde lo saqué -lo dice un personaje de Tom Stoppard en La invención del amor, obra dramática que recomiendo lean (El teatro del absurdo, de vanguardia, y la vida y obra de Lope de Vega y de William Shakespeare).

Mas la frase que transcribí al comienzo me llevó muchos días, aplicada a la investigación de sus orígenes (Mito, mitología poética y razón especulativa en los orígenes de la filosofía).

Anduve por mis libros más queridos, acudí a “todo Borges”, por supuesto, por si él la hubiera analizado. “Brillantemente” -obviamente- busqué la Antología Surrealista (Surrealismo y Anarquismo).

Pasaron por mis manos los más viejos tesoros que acumulé en la biblioteca, ya que estaba escrita en un papel que ya llegaba al amarillo -¡ah, mis flores amarillas! (La educación de la China).

El misterio mayor no consistía en qué fragmentos de mi memoria se habían perdido irremediablemente, me habían abandonado y yo ya no era yo en alguna parte -eso sucede todo el tiempo

El misterio era la frase en sí, ¿qué significado objetivo tenía?

¿Y qué significado podía tener para mí especialmente? ¿Habría estado jugando juegos de palabras con amantes o amigos lejanos?


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Editorial

Firmar el mundo

La gente lamenta no poder participar de cuestiones relacionadas con “la poesía” -no estoy hablando de los versos sino también de la poesía que no está escrita, como “perder” horas mirando los paisajes y las arquitecturas (La arquitectura con otras disciplinas), los amaneceres y los atardeceres.

La gente suele dejar de lado la poesía mencionada para ocuparse de lo que verdaderamente importa.

No estoy diciendo todo esto con el propósito de confrontar ninguna actitud opuesta a la mía, y mucho menos refrescar el dogma de vivir la poesía (La palabra, el escritor y la poesía).

Estoy más que nada hablando conmigo misma -mi único interlocutor constante, el conejillo de indias que siempre me acompaña- para tratar de contestarme qué hice en mi vida que no tuviera que ver con la poesía y que tuviera, a la vez, ese sentido que las personas le dan a lo que verdaderamente importa.

Tres cosas esenciales

Las tres cosas esenciales que, según es clásico, hay que hacer en la vida, consisten en escribir un libro (Veinte reglas para escribir una historia de detectives), plantar un árbol (Proyecto arborización), tener un hijo (Pautas de crianza)…

Supongo que este credo que resume de modo magistral las limitaciones del género humano debe de incluir metáforas: que uno puede no escribir un libro sino pintar un cuadro -la cuestión es dejar la firma puesta-; no plantar un árbol sino regar una azalea; no tener un hijo sino cuidar cariñosamente alguna noche a algunos hijos de los otros…

Pero, aun metaforizada, esta premisa que suele estar congénitamente en el corazón de cada uno tiene poco espacio y aire, es estrechísima: como dije, la cuestión sólo estriba en poner la firma de uno a la “creación” (De la creación a la psicología)… y mi firma… ¿a quién le importa y a quién debe importarle?


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