Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Céfalo y Procris, y la creatividad de Hugo Mandón

Tengo una recopilación de guiones (Géneros y formatos) que escribió Hugo Mandón para una audición que se propagaba por LT10, Radio Universidad de Santa Fe, en aquellos gloriosos años en que todavía ni el mundo ni la Argentina estaban del todo heridos y sangrantes (Estado de Bienestar).

Ya alguna cosa Hugo veía asomarse con su -para usar uno de sus adjetivos preferidos- “frondosa” pero eficaz imaginación (La radio, un medio para la imaginación), puesto que buena parte de esta Biografía del Mito está dedicada a la guerra de los dioses y de los hombres (La Guerra).

Hay que destacar que nuestro autor amigo hacía uso pero no abuso de adjetivos en los cuales estaba el secreto de su fuerza para escribir (Discurso metalingüístico). Eran perfectos para lo que estaba diciendo, definiendo, dibujando en el carácter de un hombre y en la delicadeza o bien en la rigurosidad de alguna mujer (El varón y la mujer).

En la copia que sigue, me emociona comprobar que Hugo marcó en su escrito hasta la ráfaga musical que debía cortar en dos la historia o darle fin: me parece recordar que se trataba de “Extraños en la noche”; el día: martes 13, el año: 1973, y la hora en que la audición acostumbraba salir: las diez y dos minutos de la noche… (Guardianes de la noche, la memoria).

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Una carta de Paul Valéry a los franceses

Entre mis libros hay un libro precioso, viejo, pequeñito, de tapas duras anaranjadas, de una editorial que hace muchos años dejó de funcionar y cuyo nombre me suena con nostalgia: La Pajarita de Papel (Saber Leer). Es una obra de Paul Valéry, y merece tan bello formato (La incertidumbre del poeta). La colección estaba dirigida por Guillermo de Torre, y, lo más importante, la traducción es de Ángel J. Battistesa, una garantía en estas lides.

Aunque suene pretencioso -no tengo otra manera de decirlo- Paul Valéry fue un aventurero de la inteligencia (Filosofía de la conciencia). Anduvo por ella como por un país, o por muchos países, descubriendo la forma de su pensamiento, y se atrevió a ser racional cuando todos eran surrealistas, o dadaístas tal vez (Dadá y el surrealismo: Orígenes y Fundamentos); a pensar largamente un verso, como se piensa un teorema.

Nació en Séte, Francia, en 1872. Allí escribió su largo poema El cementerio marino, que lo consagró en su momento como el mejor poeta francés (Jorge Guillén o El paraíso, no su sombra).

No creo que lo haya sido. Poetas de esa nacionalidad hay demasiados, y demasiado buenos (Rimbaud y Breton, influencias del simbolismo sobre el surrealismo).

Pero su vida no se limitó a versos y lirismos -por otra parte, nadie menos lírico que Valéry para la poesía y nadie más exquisito que él para la prosa, específicamente sus ensayos.

Discurrió sobre política, entre otras cosas; sobre su amigo el enorme poeta Mallarmé y sobre el también enorme Leonardo da Vinci, que no me dan las fechas para considerarlo de su círculo íntimo, pero a quien aprendió a conocer más que nadie -recomiendo Introducción al método de Leonardo como lectura reveladora.

Aunque es en su inigualable Política del espíritu donde puede advertirse su clarividencia (Aura, de Carlos Fuentes: ¿Una obra a la cual le es inmanente una teoría literaria?).

Por ejemplo, esta carta que estoy a punto de copiar, dedicada en especial a sus franceses, da que pensar sobre lo que ocurriría un siglo después en Francia y en el mundo -me gustaría enviarles las dos cartas que integran el apartado “La crisis del espíritu”, pero no es mucho gasto de tinta y de papel, mejor dicho de espacio…

Escrita en 1919, apenas terminó la primera gran guerra, produce algunos estremecimientos de temor mezclados con estremecimientos estéticos: la belleza de la prosa asombra; la exactitud del pensamiento asusta.

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Historia de la prehistoria

Iba a llamar “El resplandor” a esta entrada, pero después pensé que ese era el nombre de una película de terror, y que no le iba, y después leí otra vez lo escrito y me pareció que sí, que era adecuado (El mundo de las letras).

En una última leída le di otra vuelta al asunto: el relato trata sencillamente de invenciones y de descubrimientos, de la tecnología de la prehistoria y otras viejas sorpresas. Nada de miedo, y mucho menos lo inconcreto del miedo (La ignorancia y el miedo).

Decidí titularlo “Invenciones” (Nivel de Invención).

En un arrepentimiento final y apresurado, se llamó “Historia de la prehistoria” (Historia, edades de la prehistoria). ¿Ven como cambia uno en pocos minutos? (Cambios. Aprende a manejarlos).

Este cuento es exacto, es un reloj (El Nieto del Relojero y la Física); es verdadero, es una revelación; es ejemplar, es una moraleja, y hasta es zoológico como un animal, si se me permite un poco más de ironía (El animal simbólico).

Y lo encontré debajo de una piedra.

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La premonición

Yo andaba por la casa, jubilada, sin saber qué hacer (Los viejos y la discriminación en nuestra sociedad). De vez en cuando iba a tomar un café al bar de la esquina y jugaba a la lotería o a la quiniela, muy de vez en cuando (El fin del mundo).

Me entretenía con revistas viejas, solitarios viejos y programas de la televisión no viejos pero sí rancios (La televisión y su rol psicosocial), y me cortaba blusas y vestidos de las viejas cortinas y de las viejas sábanas (Trazos de sastrería). Arreglaba los ojos caídos de las muñecas de porcelana que había coleccionado en una época (El arte del Netsuke…), y hacía poco más que esto y el ritual de tomar las pastillas para la presión, para el colesterol, para los nervios, en distintos horarios.

También me asaltaban en ocasiones pesadillas (Sueño, dolor y pesadilla). Soñaba con amigos muertos sobre todo, y estos sueños eran paraísos o pesadillas, según se presentara el amigo (El viejo en la historia).

No consideraba que ningún sueño fuera una premonición; esas creencias las reservaba para las viejas (La neuropsicología de los prejuicios).

Hasta que un día me pregunté si yo no era una de esas viejas. Fue cuando, efectivamente, tuve una premonición, pero no con los sueños.

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¿Quién les cuenta este cuento?

Cuando terminé de escribir lo que guardaba para ustedes (El secreto de las siete semillas), me hice la pregunta que da título al cuento (Cuento Corto)

Si alguien me la contesta, agradecida. Si no, sirve de título y a lo mejor hasta es efectiva (Antropología: Preguntar por quién pregunta).

Al menos, ¡que alguien quiera saber de qué se trata! (Saber Leer).

De cualquier modo, me parece que esta vez el contenido es un poco más interesante que el título (El trabajo como concepto-valor-contenido).

Hay perros, elefantes, monos, y aspiraciones a tigre o domador. (El Circo de la Triste Figura). Hay Borges y hay Kafka, y ajedrez y novia, tal vez infiel (Franz Kafka y la Praga de fines de siglo).

Que esté bien escrito ya es otra cosa (Producción de textos).

Y ahora yo misma desaparezco… (Imperio Bizantino).

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La realidad y los sueños desatan una pesadilla en el sueño y en la realidad

Escribí otro cuento para ustedes (Género Narrativo). Siento que les agrada, al menos siento que me ocupo de agradarles y agradecerles (Entre Eva y Pandora…). Perdonen la extensión del título, quiero explicar con él algo que no supe explicar en el texto (El pensamiento en las distintas épocas de la filosofía).

Éste es tan loco como cualquiera de los míos, tan adaptable a lo que esperan mis amigos de mí que me parece bien editarlo (Erasmo de Rotterdam, filósofo de la locura).

Seguramente, cuando me convenza de que quizá yo sería mejor cocinera que cuentista les mandaré exquisiteces (Cocina Italiana); o cuando me convenza de la edad que tengo, recetas para prolongar la vida, qué comer, cómo cuidarse (Hacia una longevidad satisfactoria)

Por ahora, aparte de mis cuentos, le mando a todo el mundo que tenga la posibilidad de hacerlo este consejo: adopten un perro. No saben la alegría que da. Al pasar la mano por su sedoso lomo las penas emigran y los buenos recuerdos nos asaltan. Y, dejando de lado a todos nuestros amigos y familiares con los que podemos contar, lo bueno que es contar durante todas las horas del día con un mimo que nos dan sin pedir nada (Técnicas de adiestramiento canino).

Por algo grandes terapeutas diseñaron una terapia con mascotas, en especial perrunas.

¡Guau!

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La guitarra mágica

Si algo va en crudo (El tremendismo de Camilo José Cela), son estos cuentos que quiero regalarles todos los miércoles (La magia de la palabra en Egipto). Es que… sólo con el apuro puedo escribirlos (Pensamiento inventivo sistemático).

Me digo: “Hoy es miércoles y tengo que darles otro cuento” (Algunas miradas al calendario de Le Goff).

Espero un rato y las ideas empiezan a surgir (Prosas para la vida. Reflexiones para las buenas ideas).

No pretendo que sean ideas brillantes, pero sí que los conmuevan o los “muevan” (Versares y Pensares).

Tal vez si me diera tiempo para corregir repiticiones y un poco de estilo… Pero puedo escribir sólo a último momento (¿Cómo producir un Libro?).

¿Ustedes saben qué me pasa, qué patología es?

Por otra parte a mí misma me sorprenden los disfraces que adoptan mis protagonistas. A veces jóvenes, a veces maduros, a veces hombres, a veces mujeres. ¿Raro, no? (Viaje al Reino de los Deseos).

La guitarra mágica

Cuando era chico, acá, en el pueblo donde nací, mamá encendía la radio y escuchaba valsecitos mientras planchaba.

Es un lugar de clima muy frío, y ella la emprendía con un montón de ropa. La mayoría no era nuestra ropa, era de los vecinos. Le gustaba planchar, escuchar radio y ganarse unos pesos para ayudar a la economía de la casa.

Yo me quedaba a su lado, mirándola y escuchando la radio.

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Te doy otro cuento: “Somatoesquizofrenia”

Somatoesquizofrenia

No sé las pocas horas o días que tengo disponibles para escribir (La escritura y como escribir). Escribo cuando, por ejemplo, soy una mujer de cuarenta años como hoy, no en otro estado (Adultez intermedia).

Si soy una beba mi mamá me tiene en brazos; de adolescente, a menudo me enamoro y dejo todo para sumergirme en el amor (¿Se enamoran o se identifican los adolescentes con el otro?); a los ochenta que tengo a veces, me tiemblan estas manos (El parkinson).

Siempre soy más o menos yo por dentro aunque nunca duro mucho en una edad precisa (La neurociencia del ego).

Los médicos no descubren qué me sucede (¿Debo ir a un psiquiatra, a un psicólogo o a un psicoanalista?). En general los consulto cuando mi cuerpo tiene los años que tengo en realidad, entonces la mayoría me manda para el psiquiatra. Trato de convencerlos, les entrego un reporte que escribí hace mucho y que ya está amarillo en el que cuento mi historia, mis síntomas. Entonces me piden que los visite cuando esté en los dieciocho años, o en los ochenta, o que mi madre me lleve en brazos, de bebé (Papá, Mamá: Habla tu bebé).

Lo hice, y también fui con mamá al estar recién nacida. Fueron varios los doctores que me vieron en el transcurso de esta enfermedad y que, al comprobar que mi historia era verdadera, dejaron a un costado toda ciencia y murmuraron: “Brujería”.

“Brujería”: trato de calcular en qué momento y por qué puedo haberme embrujado, en caso de que se trate de eso. Justo a mí me pasó, a mí, que hasta los veinticinco años no creí en hechizos, ni tampoco en nada que no fuera visible, concreto y terrenal.

Era una mujer joven como cualquier mujer joven; atendía una boutique y había decidido empezar un poco tarde la facultad, precisamente Psicología. Estaba en las primeras materias, leía con fervor a Freud y  -lo aclaro para que nadie piense que me contradigo- sí creía, pensándolo bien, en algo invisible: el inconsciente.

Fue justamente al soñar por las noches, muy dormida después de jornadas agotadoras, que me di cuenta de que algo en mí estaba siendo reelaborado, que se avecinaba un suceso poco común para mi vida tan normal.

Casi puedo decir que este suceso es poco común no para una persona sencilla sino para cualquiera; que es único, que no le ocurre a nadie más que a mí. ¿Por qué soy la elegida?

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“Dante”, un cuento para vos…

Escribí otro cuento para vos, seas quien fueres, aunque preferiría que fueras alguno de mis amigos lectores y colaboradores del blog de Monografías, amigo viejo o nuevo (Las relaciones humanas: la triangulación del saber).

En primera persona habla alguien que no soy (El mundo contemporáneo de los tipos de narraciones y sus técnicas narrativas).

Lo escribí para vos, pero me inspiré realmente porque uno de esos tests que andan por la pantalla de mi computadora atrapando naúfragos (Manual Simplificado de los Tests Psicológicos), me dio un extraño resultado: soy hombre y tengo 73 años. Y traté de sentirme el personaje (Sobrevivir. Un reto psicológico).

Cuando volví a leer el cuento, vi mis rasgos apenas desdibujados (La Personalidad). Aunque mi historia y mi familia no tengan nada que ver con este cuento, algo en mí es él (La sociedad).

Dante

Soy Dante Ferrari, vivo solo y estoy bastante viejo, ya en los setenta años.

Mi vida no fue un canto de alegría pero me las compuse como pude leyendo a Dante, ya que nací bajo su advocación, y aprendiendo su idioma.

Desde que me quedé solo en el mundo pasó la mitad de un siglo. Cuando enterré a mis padres y a mi hermana cerré la puerta de mi casa y, prácticamente, me acosté a dormir. Algunos murmuraron, lo supe, que me acosté a morir para estar con los míos, aunque pasado tanto tiempo del terrible accidente que se llevó sus vidas, puedo pensar con objetividad.

Visto desde acá, desde mi edad, ninguna muerte que quede en el pasado tan remoto es terrible. Papá y mamá y mi hermana son recuerdos amables, y con sus muertes yo encontré mi verdad.

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Gardel y las muchachas en flor

Noticias sobre Carlos Gardel:

(…) “Cuando Carlos -bautizado en Francia como ‘Charles’- tenía poco más de dos años, su madre decidió radicarse en Buenos Aires, registrándose su ingreso al país en el buque Don Pedro el día 11 de marzo de 1893.

“Es a partir de su llegada a esta ciudad que en nuestra opinión su vida puede dividirse en cuatro etapas, hasta el trágico final de la misma.

“La primera de ellas abarca un período al que podría denominarse ‘de formación’, el que se extendió hasta 1911, el año en el que conoce e inicia su relación artística con José Razzano.

“Entonces comienza el segundo período que es el que consideramos como el de su ‘preparación para la fama’ y que se extiende hasta 1917, cuando junto con el advenimiento del tango canción, el Zorzal comenzó a grabar, a dúo con Razzano, para el sello Odeón, hecho que impulsó definitivamente el reconocimiento popular de Gardel.

“Se inicia de este modo la etapa de la amplia difusión de las actividades del cantor, quien pasó a ser desde entonces y para siempre el referente máximo de la canción ciudadana. Podría denominarse a este tercer período de su vida como el de “el advenimiento de la fama.

“Sin embargo existe una bisagra en la vida del Zorzal que admite dar por finalizado ese período en 1932, y que diera lugar desde este año y hasta su trágico fallecimiento a una última etapa: la de su consolidación como ‘ídolo eterno’, a partir de su encuentro y el entralazamiento de su actividad con una figura trascendental en su trayectoria artística, nos referimos obviamente a Alfredo Le Pera.

“Así, la que hemos definido como etapa de formación, extendida entre 1894 y 1911, es la del descubrimiento de su prodigiosa voz…”

Carlos Federico Torres, Gente de Tango, Tomo 2, Serie Cultura, UCSF, Universidad Católica de Santa Fe, 2015.

Gardel y las muchachas en flor

Muchos jóvenes, en especial mujeres (Mujeres Contemporáneas), se quitaron la vida entre el 23 y el 24 de junio de 1935 en Argentina, Colombia y Uruguay (Fenomelogía del suicidio). Se sintió al principio como una especie de peste negra. No se encontraba explicación para esta unanimidad de suicidios. Aún el 24 de junio la noticia de la muerte de Carlos Gardel (El cine argentino en la década del 30) no había aparecido en los diarios de la mañana, llenos de cadáveres en flor (Magazines matutinos: ¿un nuevo Prime Time?).

Hay un relato de Xosé de Enríquez, escritor uruguayo, que podría alumbrar en parte al menos uno de estos suicidios anticipatorios. ¿Y por qué no dos, o tres, o cuatro, de los mismos?

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