Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

La Pascua tiene perfume a chocolate

Queridos amigos: hace unos cuantos años escribí este “Misterio del chocolate”. No es nada extraordinario, pero es festivo y al leerlo puede que se les haga agua la boca.

Joise visitó por esos años Buenos Aires -hicimos una gran reunión de lectores de Monografías que vinieron de distintos lugares- y me trajo una enorme barra de chocolate venezolano, amargo. Fue la cosa más dulce del mundo (El heroísmo de un pueblo y su poeta).

Otros amigos -hayan venido o no- ya desaparecieron de este espacio, pero la increíble persistencia de Joise me deslumbra.

De todos modos hay nuevos, valiosos miembros de este “club de los miércoles”, por ejemplo Felipe, muy buen narrador.

El misterio del chocolate

La Pascua es una de las fiestas que mejor simboliza la alegría, alegría que podemos por un momento hacer volver de nuestra niñez, más allá de religiones y polémicas religiosas.

Y a tal punto lo es, que el idioma recupera giros coloquiales como “estás hecho unas Pascuas” para expresar que alguien parece muy feliz.

Los huevos de Pascua, el conejo de Pascua y… el chocolate, tienen sabor a infancia.

Y más que a infancia, a misterios de infancia y a ilusiones.

Y refiriéndonos a misterios de infancia (y golosinas), el cuento que más me gustaba en esa época era “Hansel y Gretel”.

Todavía se me hace agua la boca al evocarlo y, a la vez, se me llena de tristeza el corazón, porque a veces me siento como una niña abandonada.

Todos somos niños abandonados, pero no lo sabemos.

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El fantasma de Federico García Lorca

Recién encendimos el televisor. Reproducían el rompimiento del glaciar Perito Moreno, un bloque de hielo de 60 metros de altura sobre el agua y 150 metros ocultos bajo la misma (El turismo del deshielo).

No pudimos observar su caída “en directo” porque estábamos sin electricidad desde la noche del martes, acá en Agua de Oro, pero sabemos que sucedió muy cerca de las diez de la mañana de hoy: cayó el gran techo de la piedra de hielo, que quedó partida en dos y comenzó a circular el agua hacia el Lago Argentino.

El estruendo fue tan grande y hermoso que parecía música; todos nos sentimos llenos de esas emociones inexplicables que empiezan con la admiración por la belleza y terminan en lo más profundo del sentir, donde ya las palabras se apagan (La Estética).

Miré por la ventana abierta hacia mis sierras, mis sierras cuyos pueblos tienen nombres tan bellos como Agua de Oro o, un poco más allá, y aún mirando desde mi ventana, Alta Gracia.

Me detuve un instante en los matices de ese nombre y repetí Alta Gracia. De pronto, vino hacia mí un recuerdo (La escalera).

Yo no conocí al músico Manuel de Falla, es lógico, por la diferencia de épocas y porque es casi seguro que no lo hubiera conocido aun sin diferencia (Lo típicamente español y Manuel de Falla), pero fue en Alta Gracia donde vivió sus últimos años, y junto a él vivió también para siempre la gran sombra de su amigo poeta, Federico García Lorca (La poesía española en el Siglo XX).

Una entrevista misteriosa

Rafael Alberti  (Inmigración y literatura. El exilio) -también él español y poeta, como es sabido- cuenta que a finales del invierno de 1946 -diez años después del fusilamiento de Federico- llamó a la puerta de una casa que parecía una ermita perdida entre los montes de nuestra Córdoba argentina.

El dueño de casa lo estaba esperando, vestido, dice Alberti, como un monje, con un poncho de vicuña. Era “pequeño y encorvado, fino y reverencioso”, le ofreció manzanilla -no la infusión sino el licor que es símbolo de España-:

-La hemos buscado para usted al saber que venía -dijo De Falla a Alberti-. Yo no la bebo, pero es de nuestra tierra.

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Penumbra

Ahora que se apagaron todas las luces (La Revelación de la Luna) puedo hablar de las sombras de mi infancia (La filosofía de Platón).

Hubo varias, pero la que casi llegó a definirse y a dejar de ser sombra para poder ser mirada de frente y de perfil fue una con la cual hice un cuento no de terror pero sí de delicado escalofrío -no sé si lo logré, quise lograr eso (Ensayo sobre la Teoría del Caos).

Son los peores para los corazones débiles: el horror sutil (El corazón de las tinieblas…).

El monstruo que no está detallado sino que lo detalla la imaginación de quien lo lee, y la inteligencia de aquel que lo descifra -yo no lo descifré, puedo escribir un cuento, pero no muy a menudo descifrarlo (Psicología filosófica).

En estos caso la infancia es infalible para llenarnos otra vez del miedo que tuvimos, y gozamos (El miedo en la infancia).

Penumbra

Siempre había una sombra, en mi infancia. Era una sombra que estaba afuera, pero que yo llevaba a todas partes.

Se deslizaba por la biblioteca de mi padre, caía como un rayo -de sombra- sobre el libro más triste, el de Leopardi, o el más oscuro, Compulsión (Asesinos en serie).

Yo jugaba a las escondidas con mis amigos y la sombra estaba allí, adentro del ropero, detrás del árbol, en el hueco de la escalera.

Una que todavía no tenía forma definida, era abstracta, aunque yo no supiera el significado de esa palabra (Los niveles lingüísticos).

Día a día, mes a mes, año a año, se definía un poco más, sin que llegara a comprender su dibujo todavía, pero formándose.

Mirándola podía imaginar cómo iba a crecer, madurar y, quizá, morir un día antes que yo. Pero nadie más podía imaginarla, ni siquiera mirarla.

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Perro de perros

Borges insistía en que no se enorgullecía tanto de los libros que había escrito como de los que había leído (Algunos Borges de Jorge Luis Borges).

Lo mío es peor, no sé si más modesto, pero peor: no me enorgullezco de lo que he escrito, pero sí, con razón y vergüenza, de lo que han escrito mis amigos (La felicidad).

Mi talento indigente tuvo desde ellos alientos de oro (La incertidumbre del poeta).

Es raro, pero en una ciudad no demasiado grande como Santa Fe -la vieja Santa Fe, capital de la provincia, antigua y llena de la voz de los que juraron la Constitución en 1854 y a la que la ciudad de Rosario se le adelantó tanto que hoy casi todos en Buenos Aires creen que esta última es la capital- lo que había en lugar de empresarios era escritores, y en lugar de doctorados, músicos, pintores, gente de teatro muy adelantada (La transmisión de la cultura y la educación verdadera)

Fue por eso, supongo, que mis primeros, más entrañables y duraderos amigos fueron -como a mí “me daba” por las letras-, adolescentes que escribían (Construcción de cuentos).

Esos adolescentes que escribían, no sé por qué, llegaron a ser grandes escritores (El mundo de las letras).

Acabo de recibir el libro de uno de ellos, con prólogo de otro de ellos.

El viejo del agua, de José Luis Pagés, está “anoticiado” por Enrique M. Butti. ¿Qué tal?

Para los que no los conocen, es hora de conocerlos a ambos. Creo que después de Juan José Saer, que también se reunía con nosotros en las mesas de nuestra juventud, aunque era mayor, José Luis y Enrique son los mejores, aunque esto parezca, más que literatura, fútbol: soy fanática de ellos.

Dice Edgardo Russo -otro talento, pero él ya no está-, de Pagés, prologando un librillo publicado en 1985 por la Universidad Nacional del Litoral:

“… En otros cuentos los caballos vuelan, las casas se construyen desde el techo al piso, un hombre cuelga cabeza abajo de una telaraña, un artista logra hacer el retrato de un fantasma, un viejo realiza el sueño de una mujer enorme con un sombrero verde que al enamorarse de otra persona precipita la irrealización del mundo entero, un caballo carraspea y le dice al oído a un General: ‘No mires. No creo que te agrade el espectáculo’ “.

Pagés reúne 36 cuentos en su El viejo del agua, y el prólogo de Butti es un bello comienzo para el libro.

A mi entender -muy humilde, ya lo expresé- el más expresivo es “El hombre de los perros dálmata”. Me saco el sombrero, sin embargo, por todos y cada uno de los que incluye esta antología.

Se los copio para que sufran y disfruten.

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Horóscopo poético para el resto del año

Al final del 2013 se me ocurrió armar para mis lectores un “horóscopo bíblico” con “predicciones” y consejos para el 2014 (Predicción. Aproximación intuitiva).

Anoté cada signo y por cada signo abría la Biblia y transcribía lo que allí había hallado (La Biblia). Es decir que las predicciones eran casi por sorteo… (Un acto informal: juguemos a la lotería).

A veces creo que el azar es destino, a veces creo que el azar es un disfraz de Dios (Amor, justicia y predestinación).

Hoy se me ocurre reunir doce poéticos libros que están en mi biblioteca -digo “poéticos” porque no todos son exactamente de poesía (El género lírico: la poesía). Sin mirar mucho, estirar la mano, tomar el primer libro que, desparramado sobre la mesa se me acerque con los ojos cerrados. Lo abriré y marcaré con el dedo Tu Destino.

Así empezaré con el primer signo, Aries, y continuaré con los demás.

¿Quién les dice que mi inocente juego no les anticipe o confirme alguna cosa? ¿Que no les dé un consejo atinado?

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El mal antiguo

Los cuatro comentarios que he recibido por la última entrada me han dejado sin palabras (Palabras de un cartujo), y esto es muy cierto, no es “verso” (Bien Vale un Verso).

Gracias Felipe Humberto -me gusta más tu primer nombre, ¿firmas Felipe o Humberto, o Felipe H. que suena tanto?- por tu cuento increíble que no acepto consideres inferior a ninguno del mundo; gracias Joise por tus conceptos siempre acertados y tu pluma erudita; gracias Celestino por volcar tu corazón en cada uno de tus comentarios; gracias Zenaida Toro por acariciarme el alma (La travesía de los elefantes).

Para refresco, diría mi madre (La madre en César Vallejo), además de quedarme sin palabras, la computadora, internet y todo lo que marcha con energía eléctrica comenzó a fallar en mi casa. Las tormentas iluminaron el cielo y las montañas de la noche , aterraron a mis perritos, me provocaron insomnio y destruyeron mi idea de levantarme tempranito a escribir (Trastornos del sueño). No hay modo de escribir sin máquina… mejor seguir en cama por si viene un sueñito reparador.

Cuando me levanté ya era muy tarde y no había cumplido con ustedes, mis lectores y amigos.

Rescaté de un canasto lleno de polvo un viejo reportaje que me hizo Enrique Butti -un gran escritor santafesino, junto con José Luis Pagés son los dos grandes narradores actuales de Argentina- en el diario El Litoral, el sábado 14 de julio de 1984. Perdón por la vanidad, que más se debe al apuro.

En la entrevista se me menciona como “Morita Torres”, que era el modo como me conocían por aquellos años en Santa Fe.

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Meditación de un alma candorosa

Mi alma (Alma platónica) cayó del cielo cuando se produjo el choque de dos procesiones de fieles: una por Santa Lucía, otra por Santa Cecilia (Santa Cecilia, ¿patrona de la música?).

La indulgencia de Dios había permitido un exceso de superpoblación. La prueba de semejante indulgencia era quizá yo misma (La virtud como principio y valor).

En vida fui una mujer bastante fácil y alocada. Trabajaba en un cabaret, de bailarina, la noche que me encontró la muerte, o que me la encontraron, mejor dicho. Esencialmente en esa época no le hallaba sentido a todo lo que tuviera relación con religiones, ritos, leyes y mandatos (Los ritos de la vida y los mitos de la felicidad).

Antes de ser bailarina, había empezado filosofía en la universidad, por eso mi caso es tan extraño (Los no mundos).

Fue mientras estudiaba que me vi en un aprieto económico tan grande que debí dedicarme a conseguir trabajo, de lo que fuera y lo que fuera (Trabajo).

No tenía muchas condiciones prácticas, así que fracasé en cada uno de los que probé: empaquetadora, mucama por horas, empleada de tienda (Pedagogía).

Todo lo arruinaba. Envolvía los objetos de un modo tan original que terminaban pareciendo masticados como una galleta.

Ni qué decir de mi trabajo de mucama; recuerdo que muchos de los que me tomaron tuvieron la paciencia de pretender enseñarme: a barrer, a cocinar, a fregar la vajilla. Y como el acto de enseñarme era cotidiano, porque yo no aprendía nunca, al final hacían el trabajo ellos mismos y me cobraron comisión.

Como empleada de tienda tampoco me destaqué, pero allí fue que conocí a la persona que me cambió la vida.

No había nadie en el lugar y yo aprovechaba para repasar mis apuntes, ya que pronto debía rendir “Introducción a la filosofía griega”, cuando entró un cliente.

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Ella, la mezcladora de venenos. Él, Lucifer en persona

Como parece que “Los siete pecados capitales” no estremecen a nadie (La plaga neurótica), decidí apelar hoy a mi dos veces prometido artículo sobre venenos, talismanes y demonios (Cronología de la utilización de los venenos).

Antes me gustaría recordar que “La mejor protección contra la acusación de brujería consistía en huir hacia la invisibilidad del conformismo” (Certidumbre - incertidumbre).

Y también recordar a José Itriago, su ironía, su humor, su talento de escritor y poeta (Escritores y poetas venezolanos).

José I. nunca dejó de participar en este lugar -que es más suyo que de “la escribidora”, que es en realidad tanto de él como de Joise, Celestino, José María y muchos etcéteras, más los lectores que no escriben- hasta que el año pasado, por la mitad de la estación, dejó de hacerlo (El concepto de libertad en Erich Fromm).

¿Adónde estás, amigo? (El amigo fiel - por Oscar Wilde).

Usaría todos los talismanes del mundo para recuperarte (Psiquismo y magnetismo).

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Los siete pecados capitales

Para este miércoles tenía escrita una especie de agraciada cháchara que incluía envenenadoras y recetas para hacer talismanes (El miedo y el renacimiento de lo fantástico), pero anticipé algo de su contenido y el buen José Gros me hizo desistir.

Es probable que alguna vez que tengamos ganas de divertirnos –con algo de maldad (El Mal y el hombre moderno)- lo edite.

Por ahora cambiamos de tema, Gros, y tanto mejor si no le gusta lo que se opina aquí, porque su discurso es muy válido, y toda forma de pensamiento enriquece (Aprendiendo Educación Holística).

Lo mismo para el querido Celestino Gaitán, para Felipe Humberto Rizzo, Carlos Morozovich y Esmeralda Torres López (Los árboles).

Tampoco es obligación que no les guste, tampoco es necesario que elogien si les gusta –y acá me acuerdo de lo que dijo José María Gil-, basta con ampliar… (Filosofía y sabiduría de Oriente a Occidente).

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Cayastá

Tenía pensado, escrito ya, un artículo titulado “Ella, la mezcladora de venenos”, que se refería a las mujeres y a los prejuicios contra las mujeres que hubo en todas las épocas (Igualdad de Género).

Hablaba de un preocupado científico alemán que indagó en su Fasciculus Medicinae, en 1491, la razón de por qué “la mirada de la mujer menstruante daña los espejos” (Historia de la Medicina).

Lo dejaré para el próximo post (Mañana será mejor que hoy -cuento-).

Estos días han estado cargados de recuerdos de infancia (Una cita con Darwin).

Creo que muy pocos, aun los lectores de otros países de Latinoamérica (América latina), que son los más en mi humilde blog y a quienes estoy agradecida (Los valores morales) -el blog es el humilde, no ellos-, ignoran la reciente, muy reciente, historia de “la triple fuga”: tres condenados que huyeron de una cárcel de máxima seguridad en Buenos Aires y fueron buscados por toda la Argentina (Las miserias carcelarias).

Fueron buscados con helicópteros, tropas locales y federales, perros, civiles armados y civiles descalzos que pusieron sus caballos y los montaron a pelo.

Finalmente, los hallaron en este pueblo emblemático, cuyo nombre significa: “Hasta aquí llegué” (Inundaciones en Santa Fe -Argentina-).

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