Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Los dos espejos

1.

Una de las muertas más recientes mantuvo este diálogo con uno de los muertos más remotos (Diálogo con José Martí):

-Yo era una muñeca más importante que cualquiera, mis ojos ocultaban enigmas sorprendentes (La verdad que surge entre enigmas y paradojas).

-Vanas reiteraciones en realidad -se molestó el Antiguo-, pero que nunca se movieron del espejo desde los siglos de los siglos (Mis sentimientos al espejo).

La Nueva tuvo una rápida respuesta (El ingenio de Teut):

-Preparé mi vejez como un canasto de flores, con un curso de ikebana que comenzó en mi infancia, y no la completé (Ikebana: El camino de las flores).

Antiguo preguntó irónicamente (El flagelo del Pecado):

-¿Envejecer es acomodar los crisantemos de la manera más amable posible, controlar el brillo de la mirada, la curva de la sonrisa, como si fueras un Einstein propio del universo donde el espacio-tiempo es menos aún que esta pregunta?

-No era tan Antiguo usted, Contemporáneo de Einstein. Pero el espacio-tiempo me resulta insoportable -dijo la Bella, tan frívola.

-Pero qué sobrecarga del destino ha sido para ti ser una joya imperturbable -el Viejo se recostó en una tabla dura- cuando se sabe que más allá del corazón nada es piedra sino carne y sangre sin controles destruidas en un segundo por el huracán de un día.

Ella no respondió a esta reflexión. Contestó de este modo:

-El huracán de un día… Sí, fue entonces cuando decidí envejecer sin ciencia, sin reglas, como cualquier antigüedad expuesta al fuego, al agua. Me dije que lo más difícil sería el aprendizaje de nuevos signos entre los que aparecerían los del amor, o sea el perfume de una marca desconocida, químicamente vulgar, poco adecuado para el vestido que yo llevaba puesto, y otros signos como los de la verdad, que todo lo marchita con su luz (Ocaso. Capítulo 1).

El Antiguo pareció resucitar de golpe; se notaba que había sido juerguista y mujeriego.

(Continuar leyendo »)

Monografias

Nuestra muerte

Me sumergí en el interior de la muerte (Percepción de la muerte a lo largo de la vida).

A menudo me había sumergido en el misterio de los libros, ahora leía en las estrellas y me daba cuenta de que la pompa de la muerte consiste sólo en juguetes, adornos, letras partidas en el abecedario de los cuadernos (El mundo que solo dios conoce. La oración, la maldición y el milagro).

Muertos parecidos a los niños (La historia de Juan: Nopales y Magueyes).

Niños prisioneros de tablas de madera, fueran cunas o féretros.

Muertos que quedaban temporalmente  en exposición en manos de los vivos, bebés de nuevo, menos que bebés.

Lápidas parlanchinas relataban. Los muertos mejoraban al instante su estatura moral, su estatura intelectual y su belleza física (Sexo en dos mundos).

Para ellos, para ustedes y para mí, que moriremos algún día, escribí este cuento:

Nuestra muerte

Sabía quién llamaba sin siquiera mirar la pantalla del teléfono, así que no contesté.

No era nada difícil, por lo demás, adivinar de lo que se trataba, porque por más que yo fuera inteligente, delicada y pícara, ya tenía 89 años y ninguna otra relación más que la de Efraín, con sus noventa, tan alto y elegante, más que cualquier joven de por aquí o por allá (Sexualidad en la Tercera Edad).

No atendí el teléfono porque había una historia previa de temor, de no querer ver el espanto, de sentirme entre los vivos y los muertos (De la barbarie a la compasión).

Lo conocí a Efraín cuando me preguntó cómo me llamaba, se lo dije y él me contestó:

-Tu nombre es del color de tus ojos (El viajero del romanticismo…).

Me derretí. Puede sonar un poco cursi, pero es un verdadero piropo para alguien cuyo nombre es Esmeralda.

Esa vez empezamos a salir y no hubo tarde, hasta antes de ayer digo, que no nos encontráramos.

(Continuar leyendo »)

Monografias

Recuerdo de una procesión de Corpus Christi

Yo no sé cocinar (Llevando la Química a la Cocina), pero sí inventar el silencio en el centro mismo de mi casa (Los laberintos de Borges).

Se convierte en palacio bajo el lujo del tácito sol (Mitos mexicanos).

Ordeno los almohadones, los libros, los pequeños adornos, cambio un cuadro y lo cuelgo a diez centímetros de su lugar original. Me parece que hay más sosiego (La ley de Dios y la ley ceremonial).

La distancia entre las ventanas y los sillones tiene que ver con el reposo (El gran viaje hacia la silueta tan distante).

Los jarrones con flores hablan ininterrumpidamente, así que los desecho (Flores familiares de nombres femeninos).

Adhiero con mi corazón al orden y a la luz.

Enciendo la TV y observo marchar sobre Buenos Aires, bajo miles de paraguas y en total concentración, a gente que pide justicia.

De pronto gritan Argentina, o Justicia (La Justicia), o Nunca Más, y sólo eso.

Un recuerdo muy infantil me trabaja, o ni siquiera es un recuerdo mío. Es el recuerdo de la voz de mi madre contándome un inolvidable día de 1955.

En Argentina era el momento en que estaba terminando el gobierno de Perón -gobierno al que mis padres llamaban “tiranía”, y yo, nacida de ellos, criada y bendecida por ellos, no sé cómo llamar.

El 11 de junio de 1955 se celebró en Buenos Aires la procesión de Corpus Christi.

(Continuar leyendo »)

Monografias

“Sumergiré mi libro bajo las aguas”

Shakespeare quiso decir adiós en 1613, al escribir La tempestad (Calibán, la raza como oficio y el pensamiento del afuera)

Se retiró a terminar su obra en su pueblo natal, Stratford, pero los dioses no le permitieron desertar tan pronto (El concepto de deidad en las antiguas cosmogonías).

Debió escribir todavía su última obra, nada menos que Enrique VIII, para que las musas lo dejaran tranquilo (La Distopía de Enrique VIII).

Entonces sí comenzó a redactar el testamento, en el que generosamente le deja a Ana, su paciente mujer, una cama (William Shakespeare), la segunda mejor cama que posee. Y la guarnición de la misma, seguramente bellas telas bordadas.

Ya había dejado algunos bienes a sus hijas, y unos cuantos chelines a sus amigos más íntimos, que eran actores, para que compraran chucherías para el teatro, chucherías tales como sortijas.

Es en La tempestad sin embargo donde la mayoría de los lectores escuchan una despedida de la vida y el arte (La Tempestad de Shakespeare y una visión en la literatura latinoamericana).

Y aunque su muerte se produjo en 1616, unos días después de la de Cervantes (Shakespeare y Cervantes: vida, obra y comparaciones), los tres años de anticipación no son una considerable distancia, más aún teniendo en cuenta que Shakespeare trataba más bien de divertirse en los últimos días de su vida que de ahondar en las almas, a las que, por lo demás, ya las había dado vuelta del derecho y del revés por mucho tiempo (William Shakespeare).

Tanto es así lo de su jovial retiro, que un ignoto caballero llamado John Ward, vicario de Stratford, escribió en su diario que Ben Jonson y Shakespeare se habían reunido de jarana, en alegre convite, pero que el dramaturgo bebió tanto que llegó a morir de la fiebre que contrajo en el convite.

(Continuar leyendo »)

Monografias

“Códice sobre el vuelo de los pájaros”

De todos los sueños del mundo, el de volar es el más sorprendente (Sueños, visiones y presentimientos).

Supongo que es por eso que los ángeles, los dragones y otros seres fantásticos tienen alas, como compensación entre lo que se aspira a ser y lo que se crea (El Hombre que se Hizo Ángel).

No es difícil envidiar a los pájaros (Asambleas de pájaros).

Sólo verlos pasar a través de los vidrios por el cielo hacia las sierras y los árboles reverdecidos trae ráfagas de libertad (Ensayo sobre la libertad).

Hay personas que poseen la agenda de todas las cosas “imposibles” (Tal vez cuando ya me haya ido) y pasan por la vida tratando de realizarlas:

“Sabrá con qué se hace una sonrisa; puede ponerla en la fachada de una casa, en los repliegues de un jardín; desmelena y ondula los filamentos de las aguas, las lenguas del fuego -dice Paul Valéry en Introducción al método de Leonardo-, y cuando sueñe en construir un hombre volador, lo verá remontarse a buscar nieve en la cima de los montes y volver para esparcirla sobre las piedras de la ciudad, vibrantes de calor, en verano”.

En Leonardo da Vinci, intelectual del Renacimiento, prevalecían los instintos de los pájaros: volar y construir (Leonardo Da Vinci).

Y es Leonardo quien dice: “El aire está lleno de infinitas líneas rectas y radiantes entrecruzadas y tejidas sin que ninguna usurpe nunca el recorrido de otra, y representan para cada objeto la verdadera forma de su razón (de su explicación)”.

¿Por qué entonces no hendir nuestro cuerpo y nuestra alma en el aire, dejar la forma y perdernos más allá, donde las cosas empiezan o terminan? (Más allá de las palabras).

(Continuar leyendo »)

Monografias

La herida en el mármol

Una vertiginosa meditación sobre religión (Filósofos de la naturaleza) -mejor dicho, sobre las religiones (Religiones del mundo)- durante la que intenté en lo posible dejar de lado todo punto de vista personal (Aproximación al concepto de objetividad en Karl Popper)-, me llevó a comprender, o creer que comprendía (Inducción teórica a la comprensión de la historia).

A comprender la guerra, la escritura y el avance del mundo llamado progreso (El secreto del progreso).

A comprender el deseo de poder, la codicia y el odio, que descienden de los dioses (Universo o dioses, religión y moral)

Y aunque tantas “comprensiones” de mi parte podrían ser objeto de burla del lector, estos entendimientos que describo son intuiciones, y esas intuiciones pueden estar perfectamente equivocadas (La Intuínica: como desarrollar su sexto sentido). Por lo tanto dejaré casi todo de lado y me centraré  en una tarde de hace algunos años, que me trajo una escena a la memoria (Técnicas para olvidadizos o para no olvidar).

(Continuar leyendo »)

Monografias

Tocar, oler, dar vuelta las hojas

Recibí entre los comentarios una inquietud de Oswaldo Ordonez:

“Se dice que con el avance tecnológico se está perdiendo interés por la literatura y sus géneros. Y que el oficio de escribir está devaluado. ¿Será verdad, querida Mora?” (La pasión de escribir).

Ya estaba a punto de contestar a Oswaldo con mi estilo desprolijo y desbocado, cuando comprendí que su pregunta merecía una respuesta un poco más elaborada (Leer es aprender).

Me puse a andar por entre medio de libros que ponderaban en uno y otro sentido “el avance tecnológico”, y descubrí en algunos -tan “antiguos” que Internet no era todavía una completa realidad, y databan de 1982, 83, 84 (Ciencia y tecnología en la edad media)- ciertas curiosidades sobre la historia de las computadoras (Historia de la Computadora).

El padre de las computadoras modernas fue Charles Babbage, un romántico profesor de matemáticas inglés que repartía sus devociones entre Ada, condesa de Lovelace, su novia, y un instrumento de su invención conocido como Máquina Analítica (Generaciones de computadoras).

Ada escribía en su diario paso a paso los progresos de la invención que Charles le relataba, y lo animaba a seguir perfeccionándola (El Amor).

Esos fragmentos de su diario fueron publicados mucho después con el título Observaciones sobre la Máquina Analítica del señor Babbage.

(Continuar leyendo »)

Monografias

El misterio del cuarto amarillo revisitado

Lo mejor para el crimen literario es la alta sociedad, las mansiones y los palos de golf (La sociedad democrática). En la actualidad hasta pueden reemplazarse los palos de golf por lustrosas pelotas de fútbol (El fútbol como manifestación del capitalismo). O por marcadores amarillos que subrayen elocuentes frases de escalofriantes presentaciones judiciales (Protocolo y glamour).

En realidad no hay nada extraño en estas preferencias: el alma humana resiste las peores atrocidades regadas con buen vino, trajes de diseñador y lugares hermosos (Las virtudes y el acto voluntario). No es posible imaginar una historia de Agatha Christie, por ejemplo, en un espacio sórdido y mal iluminado.

Pero Agatha Christie ya no es tan leída (La novela policial). La vejez arrebata algunos libros, aunque nunca su esencia.

Tampoco son actualmente demasiado disfrutadas esas perlas cultivadas de la novela policial, que llegaron a considerarse un subgénero de la misma: aquellas en las cuales el asesinato se comete en un lugar cerrado con llave y sin ventanas al que es imposible acceder y también es imposible salir (Dos cuentos).

Tal vez el ejemplo más antiguo -y fundador de la serie- lo constituya el de “Los crímenes de la calle Morgue”, de Edgar Allan Poe (La novela policial). Ya dijo Borges que de este cuento escrito en 1841 “procede todo el género policial: Robert Louis Stevenson, William Wilkie Collins, Arthur Conan Doyle, Chesterton, Blake y tantos otros”. No nos resulta nada raro que prevalezcan los ingleses.

(Continuar leyendo »)

Monografias

Mutantia: soy y no soy Charlie…

Tengo en mis manos una revista única (Los Medios de Comunicación Social).

Me la alcanzó un amigo llamado Mario Alassino, que entre otras cosas es abogado, pero cuyas otras cosas son quizá más importantes, como sus incursiones por la ecología, la filosofía, la política y la literatura (Bush nunca leyó a Tolstoi y a Rousseau).

Pero yo ya la había tenido en mis manos cuando recién nació, alcanzada por otro amigo llamado Jorge Cappato. Jorge es director general de la Fundación PROTEGER, que “promueve junto a comunidades ribereñas y rurales la conservación de la biodiversidad y el manejo sostenible de recursos naturales, el uso de energías limpias y renovables y el acceso a aguas seguras”. Jorge recibió el Premio Global 500 de Naciones Unidas y fue seleccionado como Emprendedor Ashoka en 2010. Después le perdí el rastro a mi viejo amigo, que además es poeta (Interludios de psicobioética).

¡Tuve en mis brazos a Mutantia cuando acababa de nacer!

Está igual, apenas un poquito amarilla, pero ojalá a nosotros, los humanos, la madurez física nos produjera nada más que ese elegante tinte amarillento.

(Continuar leyendo »)

Monografias

Dejemos que el universo atraviese los días

Dejemos entrar al universo en nuestra humilde casa. El mundo no tiene límites y es parte de ese universo que tampoco los tiene (El Universo).

Si hay un jardín, y aun cuando no lo haya, leer un poema como este -de Ts’ Ch’ung Chih, del siglo XI- nos hace sentirnos leves como flores (Fiestas de febrero):

“Amor

Mi casa está cerca del mar, la tuya en la otra orilla. Las lágrimas que te envío llegarán a ti con la marea”.

_____

Hay momentos más propicios que otros para provocar “epifanías”, como los días de Navidad, o el día que llegaron los Reyes de Oriente, hayan llegado o no (Hum, homo, humus, humanus).

Veo a un niño de pie, estático frente al Árbol.

No es que piense en regalos, porque hace una hora los recibió, y ya sus ojos y sus manos los gastaron. La fiesta se acabó, y él está pisando los papeles que fueron envolturas de regalos, brillantes, coloridos; el Árbol está decaído, melancólico.

El niño estático tiene algo que también es sagrado; parece que se hubiera interrumpido su ser y hubiera creado, yéndose, el espacio.

Un espacio que todo lo abarca, hasta las más antiguas navidades.

No se puede dejar de pensar en religiones que enseñan que, cuando está todo cumplido, asoma el alma y se la ve.

Me parece ver el alma de este chico que sueña. Pronto va a amanecer y se mezclarán el sol y la luna, su corazón y su cerebro, para continuar el trabajo de ir creciendo (Juego, conocimiento y cultura).

En breve, porque es muy breve el tiempo humano, sus juguetes y sus sueños de juguetes habrán desaparecido y otros sueños y otros juguetes los reemplazarán (Premisas para una nueva humanidad).

Quizá cuando sea mayor este niño se dedique a la astrofísica, y sus juguetes, entonces, no variarán demasiado (La teología de la relatividad).

Quizás a la medicina, y su caja de plástico con inyecciones falsas y falsos ungüentos tampoco varíe diametralmente (Medicina mágica, científica y homeopática)

Pero si es humanista, si se dedica al alma humana como su estatismo parece indicarlo, todo, en verdad, se hará humo o recuerdo (Humanismo y cultura).

Sus juegos empezarán a ser auténticos juegos sin necesidad de juguetes que los acompañen.

(Continuar leyendo »)

Monografias
chatroulette chatrandom

Iniciar sesión

Ingrese el e-mail y contraseña con el que está registrado en Monografias.com

   
 

Regístrese gratis

¿Olvidó su contraseña?

Ayuda