Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

¿Es la libertad “presencia” de algo?

José Itriago opina que “las grandes piedras no necesitan caminos” (El camino de las palabras…).No obstante, yo soy una gran piedra que mira buscando y buscando algo parecido al techo de un laberinto, por donde se podría salir (Los laberintos de Borges).

La ansiedad me devora, cuando debería estar quietísima como la piedra que soy, como cualquier piedra que no puede volar (Trastornos de la ansiedad).

Sólo los libros me hablan en esta casa (Saber leer).

Llevo y traigo libros de la mesa de luz al escritorio, del diván que está en el piso de arriba al sofá que está en el piso de abajo.

No todos los textos que extraigo con rara urgencia de mi biblioteca tienen nombre o renombre.

Hoy mi capricho me condujo a escuchar hablar a los libros sobre la libertad.

Escogí tres: Ensayos, de Emerson (El filósofo y la construcción democrática de la sociedad); El miedo a la libertad, de Erich Fromm (El concepto de libertad en Erich Fromm), y Manual para estudiantes de primer año, de la Fundación Hastinapura -la Fundación Hastinapura tiene entre sus principios cultivar el estudio de las religiones, ciencias, artes y filosofías que lleven a “la elevación espiritual del hombre”. Yo iba allí a clases de hatha yoga, cuando vivía en Buenos Aires.

Los Ensayos de Emerson, en los que siempre encuentro alguna cosa que me responde claro, esta vez no me entregaron nada. Seguro busqué mal.

Abrí El miedo a la libertad, yo que había abandonado a Fromm hacía demasiados años.

Pensé en la persona que me había regalado ese libro, ¿dónde estará? ¿Estará? En algún lugar del cielo o de la tierra anda Miguel (Breve ensayo sobre el afecto, amor y amistad), seguro, perorando sobre:

El miedo a la libertad

Por ahora, apenas si leí el primer capítulo, “La libertad como problema psicológico”. Y tal vez por mis apuros para ponerle etiquetas a mi desazón, me pareció comprender que eso bastaba para abrirme la puerta. Al pensamiento de la libertad; a una definición de libertad que todavía no he aprehendido.

Por supuesto, no resultó así, al menos no resultó del todo así.

Tengo a mi lado el libro. Unas líneas finales de ese primer capítulo lo resumen y son tal vez la causa de que persista la ambigüedad de mi postura frente a la palabra, o a la idea, de libertad:

“…el hombre, cuanto más gana en libertad, en el sentido de su emergencia de la primitiva unidad indistinta con los demás y la naturaleza, y cuanto más se transforma en ‘individuo’, tanto más se ve en la disyuntiva de unirse al mundo en la espontaneidad del amor y del trabajo creador o bien de buscar alguna forma de seguridad que acuda a vínculos tales que destruirán su libertad y la integridad de su yo individual”.

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Intimidades y retazos - Diario psicoanalítico

Encuentro un cuaderno que escribí con anotaciones para antes y después de una sesión con mi terapeuta (El proceso de la terapia) -apenas alcanzo a distinguir, en lo remoto (El viejo en la historia), con cuál de los muchos que tuve; pero sí, esta profesional se llamaba, espero que se siga llamando, Patricia; era el año en que yo cumplía los 45… (Las cartas estaban echadas).

Antes de transcribirlo transcribo algo que escribió Catherine Millot sobre Gide (La evolución del Francés), en apariencia el más compuesto y sociable de los escritores franceses y en realidad uno de los más misteriosos, el “apóstol de los homosexuales” (La Homosexualidad en la Ficción Argentina):

“El encuentro con Marc, en quien, por primera vez, convergían el amor y el deseo, y la crisis resultante en sus relaciones con Madeleine, tuvieron una repercusión decisiva en la vida de Gide y en su obra. En adelante, la escritura (La escritura) fue totalmente consagrada a la divulgación de su intimidad, al punto de arrasar la tradicional noción de vida íntima. (…) Muy pronto cada mínimo detalle de su existencia cotidiana se convirtió en el objeto potencial de una publicación. Sus amigos comenzaron a temer que lo que ellos decían fuera inmediatamente difundido. Él había entrado en una era nueva: la de la parresia, la manifestación inagotable de la verdad. En ese movimiento de exteriorización sin fin se abolían las oposiciones ordinarias entre el adentro y el afuera, lo público y lo privado. Gide se convirtió en totalmente éxtimo. Roger Martin du Gard (Literaturas), lo mismo que la mayoría de sus amigos, trató desesperadamente de disuadirlo de la publicación de Corydon“.

Si Gide, me digo, no hubiera sido tan íntimo, tan éxtimo, mejor, nos hubiéramos perdido quizá Corydon, quizá Los monederos falsos, o quizá todo Gide, que no podía escribir de otra manera.

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Relato redoblado III -con enigma…

¡Dudé tanto! (Ser o no ser. La duda de Hamlet).

¿Seguir transcribiendo el cuento largo-novela-folletín? (Corriente Literaria Realismo).

Se veía que a José Itriago no le gustaba, pero también se veía que no sabe esperar, que es un poco ansioso (Los estados de ansiedad y de angustia). Pero ¡se trataba tan luego de José I, uno de mis más distinguidos caballeros! (Francisco de Miranda, el Caballero de la Libertad).

Dudé como quien duda del cielo y el infierno y de figuras ominosas que los pueblan (Poesía de Santa Teresa. Del logocentrismo a la otra lógica).

¿Sabes, José, cuántas páginas tuve que leer con inexpresable aburrimiento hasta que empezó, para mí, la verdadera narración de La Cartuja de Parma, de Stendhal, uno de mis “libros de cabecera”? (El realismo y el romanticismo como movimientos literarios).

No puedo compararme -esta aclaración es hasta ridícula- con Stendhal, pero cuando encontré después de muchos años mi Relato redoblado me sorprendieron algunas cosas: que jamás en mi vida me propuse escribir algo con contenido social, y que sin embargo algo de eso tenía (Historia y literatura), más adelante; que me había anticipado, además, no a Stendhal pero sí a noticias policiales sobre el maltrato femenino (Abuso y Maltrato en contra de la Mujer), y dos o tres cosas más.

¡Yo, tan humilde, defendiendo “mi obra”! (Spinoza: la política de las pasiones).

Aunque sí la defiendo: algo aporta de nuevo; también hay unos ojos limpios que no son los ojos limpios de una vieja maestra que reniega del sexo y detesta “la pornografía” (Pornografía - Un problema).

Aparte, la idea del folletín, de que el que quiera publique una especie de, en este blog, es buena.

Fabiana: ¿puedes continuar la tuya, la de los chinos, cuando vivías en una Ciudad Gris? Me dio curiosidad… Y Joise con sus devociones filosóficas…

¿Y tú, José, puedes continuar? -advierte que para ti utilizo el elegante “tú”, que no usamos en Argentina. Pero eres tú. Tú mirando por la noche la tierra de las sombras y la luna, sin interés particular.

Todos los que me escriben están en mi corazón, y los imagino uno por uno, una por una, como dice Cristina…

Pero tú eres mi corazón (y que nadie perciba fantasmas.)

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Relato redoblado II

Deliciosos (Cocina de Lima…) los comentarios al post anterior, pero sólo José Itriago respondió al desafío de comenzar un relato por entregas (¿Ya está listo?) .  Y me contrapunteó, como si fuéramos dos payadores (Literatura Gauchesca). Me deslumbró. A los demás les agradezco de corazón y sigan comentando, comenten lo que quieran, lo que se les ocurra, aunque no esté el tema dentro de mi nota lo que ustedes escriben es siempre, siempre, muy interesante y a veces hasta curioso, extravagante, lleno de creatividad (La creatividad). Estoy orgullosa del blog que conforman conmigo, estoy orgullosa de haber conseguido lectores y escritores de “vuestra” talla, para no escribir en argentino “de la talla de ustedes”. Los amo y los espero, es como si TODOS tuviéramos un taller literario (Cómo concibo un taller literario…), de filosofía (Qué es la filosofía), de historia (La ley periódica de la historia…), etc., abierto aquí. Gracias.

Relato redoblado (parte II)

¿Quién llevó mis manos a elegir la novela que me iba a revelar todo eso? Me parecía asombroso, después, que me dijera todo, porque ni más ni menos era la historia de una vieja y nada más. Me revelaba todo porque tenía que ver con destinos de gente, porque una cosa me pedía en mí que hiciera por salir de mi cárcel, y mostraba, por ejemplo, las cartas que Estefanía escribía. Para que hiciera algo parecido para buscar a alguien.

Lo que más temía él no era que leyera ni encendiera la luz, aunque eran graves esas cosas, sino que me acostara con otro. Yo lo dejaba que pensara en esa posibilidad porque lo único que me distraía de vivir con él era ese miedo, un poco, que yo le tenía, como si fuera un ogro de los cuentos de la tía Estercita, pero sabía perfectamente, yo, que no me acostaría con ningún otro hombre porque no me gustaba.

Enamorarme sí podía, aun con el peligro, pero acostarme no porque no me gustaba que me arrancaran la ropa y me tiraran en el piso o en la cama y me hicieran doler; no entendía cómo a algunas mujeres sí.

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Relato redoblado

Fueron tan cálidos, tan apretados los saludos que ustedes dejaron en mi blog, que empecé a sentir nostalgia de las cartas antiguas (Inmigración a la Argentina: Cartas).

De las cartas-cartas.

Esas que venían en un sobre donde estaba escrito mi nombre y que yo abría con tanta ansiedad que a veces rompía el papel y tenía que reconstruirlo, armarlo como un rompecabezas de los niños (Juegos tradicionales para fortalecer la identidad cultural de los niños).

Entonces me acordé de las viejas cartas que había escrito en mis aún más viejos cuadernos, con intención de pasarlas en “hojas de avión” y enviárselas a mis amigos, y no lo había hecho. Tenía un tesoro, una mina de oro de cartas viejas por enviar (La danza de la muerte).

Me pareció una buena idea mostrárselas a ustedes, con las debidas correcciones protectoras de la identidad del destinatario y aclaraciones de códigos secretos (Fernando Pessoa: corazón de nadie. A su propio encuentro). Lo bello de esas cartas es que levantan antiguas casas donde yo ya no vivo; resucitan a mis amigos y parientes más queridos, porque todavía no habían muerto cuando las escribí, y estaban presentes, frescos, vivos en cada letra (Relación entre el pasado y el presente).

Sin embargo, sucedió que no me atreví a dejar tanto de mi alma en exposición, sobre el papel virtual que iba a enviarles y que no sólo les llega a ustedes, queridos míos.

Sucedió que empecé a avergonzarme de dejar ver tantas cosas de mí, casi como Eva cuando se percató de que estaba desnuda en el Paraíso. Pero no comí la fruta del árbol del conocimiento del bien y del mal, ojalá hubiera tenido esa oportunidad…

Sencillamente, buscando cartas en mis cuadernos encontré una curiosa novela corta o cuento largo, que me llamó la atención porque yo había olvidado ese escrito (El olvido está lleno de memoria).

Se trataba de alguien que había leído por primera vez en su vida una novela, y que se había fascinado tanto que, o bien se estaba transformando en la protagonista de la novela que había comprado por casualidad, o le vivía la vida al personaje, o se la había llevado a vivir con ella en su casa, de manera invisible, para planear juntas una fuga -¡con esa mujer hecha de letras de imprenta!

Como es algo larga la narración -es una novela corta hasta para nouvelle y larga para cuento, aunque para mí son otros los instrumentos para medir esas cuestiones-, transcribiré la primera parte, y luego posiblemente la segunda, y si tengo algún éxito de taquilla, con la tercera, en un futuro miércoles.

Me encanta el folletín (La telenovela se tiñe de colores), las remotas narraciones por entregas que solían salir en el periódico antes de que todos naciéramos, costumbre que puede transplantarse a un blog. ¿Qué les parece si hacemos todos un esfuerzo por resucitar el folletín? ¿Y qué les parece José I., Joise, Celestino, Fabi, Agustín, Patricia, Júdith, José María? ¿Lo intentarían? Cada comentario sería un fragmento de relato… ¡Manos a la obra!

Acá les mando el comienzo de mi

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Una Voz

Es él.  Tiene algunas dudas que ensombrecen la mirada. Gira su cabeza, me mira, se me acerca, roza la seda de mi blusa: es de color azul celeste, tiene forma de nube, se mezcla con la seda de mi blusa. Es el 2014, el nuevo año (Cómo prepararse para un año nuevo). De pronto una voz grave y muy fuerte dentro de mi sueño dice, como si se tratara de una novedad: “Las paralelas se unen en el infinito” (Realidades paralelas y la percepción de la realidad).

La voz, no él, el año, me despierta (Despertar de Conciencia). Así sería -casi no me atrevo a escribirlo- la voz de Dios; sonaba como si lo fuera (Bendiciones).

Estoy sola -realmente sola- en mi casa tan grande, que es toda de vidrio y está rodeada de montañas, y no tengo con quién comentar mi sueño (¿Existe realmente la soledad?). Topita me mira con ojos asombrados y verdes, pero ella entendería más a sus congéneres que a mí: no soy su ama, soy su amiga aunque conoce pocas palabras de mi idioma, apenas las más dulces (Terapia ocupacional asistida por mascostas para la población de ancianos).

De pronto se me ocurre que sí tengo con quien “comentar” mi sueño (Sueños y sus configuraciones más comunes).

Cierro los ojos y tanteo una fila de libros -me queda un poco de polvo en la punta de los dedos; en estos días tendría que limpiar la biblioteca más que soñar (Los siete pecados capitales. ¿Insubordinación de los deseos a la razón?).

Tanteo la fila de libros y todavía con los ojos cerrados elijo uno, y todavía con los ojos cerrados lo abro y señalo un lugar.

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Horóscopo infalible

Horóscopo infalible; también horóscopo trasnochado (El nombre divino del amor). Hecho en la Noche de luz de Navidad (Origen y procedencia de la Navidad). Tal vez acierte (Dios y el azar). Abro la Biblia (La caída de los muros de Jericó) para todos los signos (Teoría Dialéctica de la Unicidad), señalo con el dedo ese fragmento y lo copio. Abro un viejo libro de poemas míos llamado Como quien entra en una fiesta y agrego el párrafo que encuentro, que tal vez aclare lo que dice la Biblia para ustedes.

Quise hacerles un regalo de Navidad (¿Qué fue la estrella de Navidad?), tal vez acierte, tal vez sea infalible, como su nombre lo indica, o falible, como todas las cosas humanas. Pero estoy segura de que mi voluntad, mis dedos y los libros abiertos en un lugar impredecible dirán algo (El canto del Juglar).

Aparte, fue abriendo para este juego las páginas de la Biblia que encontré algo inesperado, algo que hermana a la Biblia con las enseñanzas de los Vedas y con Buda (Filosofía oriental en la concepción de hombre).

Fue en el Ecclesiatés- cap. 3  19-21:

“… porque el suceso de los hijos de los hombres, y el suceso del animal, el mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia: porque todo es vanidad. Todo va a un lugar, todo es hecho de polvo y todo se tornará en el mismo polvo. ¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres suba arriba, y que el espíritu del animal descienda debajo de la tierra?”.

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Noche oscura del alma

Ojalá a alguien le sirva lo que voy a escribir (El ingenio de Teut). Lo hago fundamentalmente por eso, por jóvenes y no tan jóvenes que perdieron su libertad (La aventura de la libertad: Huckleberry Finn)   y cuyas cadenas no son materiales. Pueden llamarse droga, sus cadenas (Las Drogas), o shopping -adicción a comprar-, o comida o bebida (Adicciones no convencionales), o la terrible palabra ludopatía, que parece encubrir a un lobo feroz (La historia de los casinos).

Soy adicta, y meditando sobre la falta de libertad que conlleva serlo descubro que la libertad, esa sí, no es un don. La libertad se conquista (La contemplación, el pensamiento espiritual y la libertad).

Me levanto en la noche, es muy tarde, o muy temprano, llueve sobre las sierras, un cerro que parece blanco se ilumina de pronto. Me digo que olvidé mi amor a la belleza y a las metáforas profundas sobre una mesa de juego, que es como explicar que aposté mi vida y la perdí (La forma del conocimiento del amor en Sócrates).

Y me lo digo como si el destino y las estrellas me hubieran llevado a la rastra por los abismos, pero no es así. Hay algo de destino, pero puedo vencerlo. Las malas estrellas se extinguieron en mí junto con las buenas; ya no tienen poder (El destino del hombre).

Sueño con la libertad como quien sueña una utopía, y de pronto en mitad de mi sueño -de mi meditación, porque estoy en vigilia permanente, como los locos, y soy uno más- me paro y me pregunto si, en efecto, esta, no será la verdad; reafirmo que es una utopía, vuelvo a la cama y mis ojos no se cerrarán hasta mañana, hasta nunca, hasta que me los cierren compasivamente. ¡Oh, dormir y dejar de soñar pesadillas despierta! Que la nada queme mis pesadillas y me exonere.

Me pregunto si las leyes -toda ley, hasta la ley de gravedad- no nos muestran claramente desde el primer día que nacemos que la libertad es una quimera. Me contesto que las leyes existen por la imperfección humana. ¿La imperfección es entonces lo que nos impide ser libres? Puede ser, pero no hay camino más limitado que el de la búsqueda de perfección…

Como si tuviera recuerdos de cuando los humanos acabábamos de nacer, en los tiempos más antiguos del mundo, añoro la libertad de las cavernas, de la falta de luz y del caos. Aquellos que luchaban alegremente contra todo, mujeres y hombres a quienes lo primero que hería era la naturaleza, no la metafísica, no la hipnosis de la droga o el juego. ¿Eso era libertad, entonces? Ninguna hoguera de vanidades por arder, ningún shopping; la libertad era sobrevivir.

¿Y qué será realmente la libertad?

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Mandela, el príncipe que nos enseñó a perdonar

Para pensar en Mandela busqué a escritores que alabaran la Grandeza (La grandeza de ser débiles), en abstracto, no la grandeza particular de nuestro Madiba (Nelson Mandela).

Y el primer libro que abrí -el único que yo buscaba para inspirarme, en realidad (Conferencia de inspiración y riqueza espiritual)- fue como siempre Ensayos, de Montaigne, y empecé a leerlo otra vez, lo que a menudo hago sin ningún motivo (El ensayo como búsqueda y creación).

Encontré el capítulo VII, “De la incomodidad de la grandeza” (Modelos de acercamiento al trabajo), y me puse a reír, porque salvando las distancias, ¡Montaigne es tan similar a mí en su pereza! (Despojos de la casa presidencial). No viene al caso y hasta sobra, pero encontré mi pensamiento, o más bien mi sentir, sabiamente expresado (Sobre la sabiduría, el nuevo paradigma y el agujero del mate):

“Puesto que no podemos alcanzarla, venguémonos murmurando de ella. En general, la grandeza tiene esta evidente ventaja, que cuando le place se rebaja, y que sobre poco más o menos tiene a la mano una u otra condición, pues no siempre caemos desde las alturas: es frecuente que se descienda sin caer (…) Yo aguzo mi ánimo hacia la paciencia… Cuando en crecer pongo mi pensamiento, es bajamente, con un crecimiento lleno de sujeción y cobardía. (…) No quiero yo debatir con un ujier custodiador de puertas, como un miserable desconocido, ni hender, siendo adorado, las multitudes por donde paso. Así por mi suerte como por mi inclinación estoy habituado a las regiones medias… Mi alma es de tal suerte poltrona que no mido la buena estrella según su elevación, sino según su comodidad. (…) Dionisio, por no poder igualar a Filóxeno en la poesía ni a Platón en el razonar, condenó al uno a las canteras y mandó vender al otro como esclavo a la isla de Egina”.

Pues todo lo contrario es Mandela, Monsieur Montaigne, a pesar de ser usted uno de mis escritores de cabecera y parecerse a mí en ciertos rasgos. Mandela trabajó en las canteras como el más culpable de los reos, y, como los esclavos, en la categoría más baja: prisionero político condenado a perpetua -mucho peor que delincuente común- y negro -en Sudáfrica, donde predomina la negritud, este era sin embargo el estigma más grave para aquellas épocas en que nuestro líder luchaba y se fortalecía.

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Pero no lo soñé

Despierta, anoche, toda la noche me acechaba el viento (El Pintor de estrellas). Sus susurros asustan más que sus rugidos, vienen de las sierras, son voces de viejos niños que están en mi sangre y en el viento y entre las montañas (Nuevas sendas en las montañas).

Abro mucho los ojos para que el esfuerzo de mantenerlos abiertos me provoque sueño (Trastornos del sueño). Cierro los ojos y me canto, y nada (Los Villancicos).

El sueño es una nube que se aleja, cada vez estoy más despierta.

Bebo un sorbo de agua y, de golpe, como si hubiera bebido un demonio o un hada, como si tuviera puesto un camisón muy largo, muy blanco, muy cerrado y quizás hasta un gorro; es decir, como si fuera una mujer de hace mucho tiempo embalsamada en una alcoba, escucho voces, veo imágenes, reconozco perfumes y sabores (El bosque. La imaginación y el miedo). Salgo de la alcoba, voy hacia las imágenes.

Estoy en un palacio muy antiguo, pero no sueño, no estoy dormida; veo, aunque tal vez yo misma sea invisible.

Voy escuchando por los corredores: es un día -o una noche- de fiesta en el Palacio. Me alegro porque es de fiesta y no de muerte y sigo caminando, cruzando habitaciones, atando cabos sobre de qué se trata.

Nadie me mira ni se sorprende, ahora estoy segura de que soy invisible para ellos y eso me pone bien, me da poder.

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