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	<title>Editorial Monografias.com</title>
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	<description>por Mora Torres</description>
	<pubDate>Wed, 16 May 2012 16:17:43 +0000</pubDate>
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		<title>Diversiones con Freud, con Darío, con la publicidad de Chevrolet</title>
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		<pubDate>Wed, 16 May 2012 16:17:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mora Torres</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[General]]></category>

		<category><![CDATA[Monografias]]></category>

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		<description><![CDATA[Más allá de los libros que fervorosamente amamos, ésos especiales de nuestros poetas y narradores preferidos (La locura de Don Quijote), hay otro tipo de literatura que nos acompaña en los momentos en que lo que deseamos es relajarnos o reír (Saber leer).
En mi caso a veces se trata de textos de divulgación científica (Divulgar la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Más allá de los libros que fervorosamente amamos, ésos especiales de nuestros poetas y narradores preferidos (<a href="http://www.monografias.com/trabajos60/locura-don-quijote/locura-don-quijote.shtml" target="_blank">La locura de Don Quijote</a>), hay otro tipo de literatura que nos acompaña en los momentos en que lo que deseamos es relajarnos o reír (<a href="http://www.monografias.com/trabajos5/sableer/sableer.shtml" target="_blank">Saber leer</a><a href="http://www.monografias.com/trabajos5/sableer/sableer.shtml"></a>).</p>
<p>En mi caso a veces se trata de textos de divulgación científica (<a href="http://www.monografias.com/trabajos28/video-cientifico/video-cientifico.shtml" target="_blank">Divulgar la ciencia y su trascendencia&#8230;</a>) ante los cuales -y a pesar de lo de &#8220;divulgación&#8221;- el esfuerzo por entender que realiza mi pobre intelecto me remonta desde mis problemas a los espacios remotos, allí donde, por ejemplo, empiezan el mismo espacio y el tiempo con una explosión. Eso lo quiero entender bien, el Big Bang, y para eso leo y releo el mismo librito (<a href="http://www.monografias.com/trabajos65/historia-desde-big-bang/historia-desde-big-bang.shtml" target="_blank">Del Big Bang al origen de la vida</a>).</p>
<p>Y me parece más bien ciencia ficción que el espacio y el tiempo recién comiencen en ese instante (<a href="http://www.monografias.com/trabajos29/comparacion-libros-ciencia-ficcion/comparacion-libros-ciencia-ficcion.shtml" target="_blank">Comparación de libros de ciencia ficción</a>). ¿Qué hubo antes? No hubo nada, es la respuesta de mi librito. No hubo <em>antes </em>porque recién allí comenzó el tiempo (<a href="http://www.monografias.com/trabajos901/evolucion-historica-concepciones-tiempo/evolucion-historica-concepciones-tiempo.shtml" target="_blank">Evolución histórica de las concepciones sobre el tiempo</a><a href="http://www.monografias.com/trabajos901/evolucion-historica-concepciones-tiempo/evolucion-historica-concepciones-tiempo.shtml"></a>)</p>
<p>En épocas de mayores problemas leía revistas especializadas&#8230; ¡en crímenes! (<a href="http://www.monografias.com/trabajos47/asesinos-seriales/asesinos-seriales.shtml" target="_blank">Asesinos en serie</a>).</p>
<p>Sí, las más amarillas de las amarillas; conocía todos los casos de asesinatos seriales en el mundo: conocía a sus autores y, en especial, me fascinaban sus autoras.</p>
<p>Tal vez por incomprensibles y por quererlas entender, estas mujeres asesinas me deparaban muchas horas de calma, de no pensar en mí (<a href="http://www.monografias.com/trabajos29/serenidad/serenidad.shtml" target="_blank">Camino hacia la Serenidad</a>).</p>
<p>Pero entre la literatura de divulgación científica y las revistas amarillas y sucias -si parecía que hasta te ensuciaban las manos-, tengo dos diversiones en materia de libros que -casi todo el mundo lo estimará así- constituyen una fragrante falta de respeto -tomarlos como diversión, digo (<a href="http://www.monografias.com/trabajos91/significados-literatura/significados-literatura.shtml" target="_blank">Los significados de la literatura</a>)</p>
<p><span id="more-3881"></span></p>
<p><strong>Freud</strong></p>
<p>No creo que muchos apuesten a divertirse con Freud, el serio, el grave, el <em>divino</em> creador del psicoanálisis -digo <em>divino </em>porque advierto en algunas páginas suyas cierto autoendiosamiento, pero, con toda seguridad, tendrá sus razones.</p>
<p>Lo divertido de Freud no es eso, sin embargo. Lo divertido, lo estimulante, es cómo escribe -tengo excelentes traducciones.</p>
<p>No me he perdido ninguno de sus relatos &#8220;chismosos&#8221; y llenos de imágenes, del tipo &#8220;El caso Dora&#8221; o &#8220;Lo Siniestro&#8221;, aunque tampoco dentro de sus escritos puramente teóricos -de los cuales quizá entendí muy poco- he dejado de hallar analogías, metáforas, perlas del fondo del mar -es decir, perlas de su propio inconsciente, del inconsciente del propio Freud, señoras y señores, yo humildemente he hallado&#8230;</p>
<p>No me pregunten en qué lugares de su obra porque no tengo a mano esa puntualidad, pero recuerdo fragmentos que me han estimulado tanto que, en ocasiones, he llegado a escribir un poemario entero después de su lectura -el tiempo dirá si mis poemarios sirven para algo&#8230;</p>
<p>Uno de esos casos refiere a cómo el hombre -el ser humano, pero esta vez es el hombre <em>muy masculino</em>- debió dejar de lado precisamente sus <em>diversiones</em> infantiles -tales como las que ejercito yo leyendo a este autor genial con ánimo de diversión- para civilizarse, o ir civilizándose de a poco, o acceder a la civilización -también Freud, pero esto no me produce más que mucha tristeza, dice en alguna parte que la felicidad es el precio que los seres humanos debemos pagar por ser civilizados -gracias a Dios, yo muchas veces me niego a pagar tanto, y continúo feliz; pero la gente exitosa, en general, lo ha pagado todo con esa moneda: ¡la felicidad!</p>
<p>Pero continúo con el hombre en vías de civilización. Y Freud, si no me equivoco demasiado, escribe -o es traducido- textualmente así:<br />
&#8220;EL primer hombre que renunció al placer de apagar las llamas orinando sobre ellas, respetando el fuego, pudo llevárselo consigo y someterlo a su servicio&#8221;. Entonces las mujeres, que por nuestra constitución anatómica no podíamos competir con el falo de la llama, nos convertimos en cuidadoras del fuego, en vírgenes vestales, de lo que me enorgullezco.</p>
<p><strong>Otra historia sobre mis entretenidas tardes</strong></p>
<p>La segunda lectura de un grande que me resulta desopilante ya es más grave y más irrespetuosa y la voy a dejar para otro miércoles.</p>
<p>Ahora les cuento una pequeña anécdota:</p>
<p>Estaba yo haciendo mis tareas una tarde -o tal vez ni siquiera hacía ninguna tarea más que la de mirar ponerse el sol por la ventana- cuando escucho venir de otro cuarto, en donde estaba encendido el televisor, unos cuantos fragmentos de un poema que <em>yo conocía</em>, de Darío. La voz de quien lo leía era grave y magnífica, pero las líneas de los versos estaban alteradas en su orden, y no eran todas las que tenía el poema, sino seleccionadas con perspicacia; eran las mismas, pero, por ejemplo, la primera línea era tal vez la última.</p>
<p>Se reconocía de todos modos sin ninguna duda el famoso poema del gran Rubén Darío, el extraordinario poeta guatemalteco: era su Oda a Roosevelt -al primer Roosevelt, a Teodoro.</p>
<p>Corrí a escucharlo pero no llegué; ya había una telenovela en la pantalla.</p>
<p>Me puso extrañamente feliz haber escuchado esos versos, en esa voz tan bella que los adornaba. Me dije: alguien está tratando de recuperar a Darío, de hacer que la gente lea más su obra.</p>
<p>¡Y la Oda a Roosevelt, justamente!, pensé. Un poema político que habla que habla de nuestra América latinoamericana, de sangre indígena, y del tigre que quiere bebérnosla&#8230;</p>
<p>Otra noche me acosté a dormir y como el sueño no venía prendí la tele: alli estaba de nuevo mi Darío con sus versos salteados:</p>
<p>&#8220;Y domando caballos o asesinando tigres</p>
<p>eres un Alejandro-Nabucodonosor&#8221;</p>
<p>o</p>
<p>&#8220;Eres un profesor de la Energía</p>
<p>como dicen los locos de hoy&#8221;</p>
<p>y</p>
<p>&#8220;La América ingenua que tiene sangre indígena&#8221;</p>
<p>y</p>
<p>&#8220;Apenas brilla alzándose el argentino sol</p>
<p>y la estrella chilena se levanta&#8221;</p>
<p>o, al final,</p>
<p>&#8220;&#8230; se oye como el rugir del león&#8221;.</p>
<p>Todo muy emocionante, a pesar de las alteraciones, pero&#8230; la &#8220;Oda a Roosevelt&#8221; era la glosa de un nuevo coche -o camioneta, no vi bien- Chevrolet S, norteamericano, que iba marchando regio al compás del poema.</p>
<p>No había ninguna seña en la publicidad de que ningún Darío hubiera realizado esas estrofas magníficas y -en cierto y muchos modos- contrarias a los intereses de un coche norteamericano.</p>
<p>Envío</p>
<p>Ayer murió Carlos Fuentes, escritor mexicano al que amábamos mucho y que nos dió muchisimo, todavía me falta leer algunas de sus novelas. Es una deuda más.</p>
<p>Les mando, junto con todos mis abrazos y agradecimientos, y para que se refocilen, una estrofita nada política pero sí extraordinariamente musical de Darío, que creo recordar tanto exclusivamente por eso, por su música, y que seguró alabará cualquier oído:</p>
<p>Boga boga en el lago sereno</p>
<p>donde el sueños a los tristes espera,</p>
<p>donde aguarda una góndola de oro</p>
<p>a la novia de Luis de Baviera.</p>
<p>Está renga la estrofa, pero vale!</p>
<p>Mora</p>
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		<title>Autobiografía en verso</title>
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		<pubDate>Wed, 09 May 2012 14:30:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mora Torres</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Monografias]]></category>

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		<description><![CDATA[La casa donde me mudé en Agua de Oro es muy grande, y yo nunca viví en una casa grande. Voy y vengo por ella, ordeno, limpio, cambio el orden de los muebles, llevo y traigo mis costuras y mis libros (Viaje hacia los libros).
Cuando me siento a fumar (¿Por qué se fuma?), o a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La casa donde me mudé en Agua de Oro es muy grande, y yo nunca viví en una casa grande. Voy y vengo por ella, ordeno, limpio, cambio el orden de los muebles, llevo y traigo mis costuras y mis libros (<a href="http://www.monografias.com/trabajos29/lectura-escritura/lectura-escritura.shtml" target="_blank">Viaje hacia los libros</a>).</p>
<p>Cuando me siento a fumar (<a href="http://www.monografias.com/trabajos11/tabac/tabac.shtml" target="_blank">¿Por qué se fuma?</a>), o a coser, escribo (<a href="http://www.monografias.com/trabajos81/escribir-siglo-xxi/escribir-siglo-xxi.shtml" target="_blank">Escribir en el Siglo XXI</a>). Escribo en cualquier pausa del día, como si escribir fuera respirar o algo así. En los moldecitos de los vestidos que le hago a Lola escribo (<a href="http://www.monografias.com/trabajos37/la-moda/la-moda.shtml" target="_blank">Reflexiones sobre la moda</a>), y en la parte de atrás de las boletas del teléfono, la luz, el agua, alumbrado, barrido y limpieza.</p>
<p>Pero extravío todo: los utensilios de limpieza, las lapiceras, los hilos y agujas, las telas de hermosos colores. ¿Dónde dejé la escoba con la que estaba barriendo hace un minuto, dónde el papel de la cuenta de la luz en cuya parte de atrás escribí un poema, en dónde el hilo azul? Apenas puedo pedirle algo a mi vieja memoria, ya se me desordena (<a href="http://www.monografias.com/trabajos89/tecnicas-olvidadizos/tecnicas-olvidadizos.shtml" target="_blank">Técnicas para olvidadizos o para no olvidar</a>).</p>
<p>Ayer escribí la entrada de hoy, para ustedes, con una cita de Lampedusa, el autor de <em>El Gatopardo</em>, a quien acababa de redescubrir y quería compartirlo&#8230; Compartir su mirada extraordinaria, compartir los finales del siglo XIX y los principios del XX, y Palermo, Sicilia, y Garibaldi (<a href="http://www.monografias.com/trabajos82/movimientos-sociales-y-politicos-siglo-xix/movimientos-sociales-y-politicos-siglo-xix.shtml" target="_blank">Movimientos sociales y políticos del siglo XIX</a>), y su mirada -la de Lampedusa, digo- otra vez, de príncipe que se hunde en las tinieblas de la modernidad (<a href="http://www.monografias.com/trabajos29/inmigracion-versus-globalizacion/inmigracion-versus-globalizacion.shtml" target="_blank">Inmigración versus globalización</a>).</p>
<p>No encontré lo escrito ni tampoco el libro de Lampedusa, maravilloso príncipe, ni nota alguna sobre el caso, ni la cita, claro, que decía algo relacionado con el escribir sobre cuestiones individuales para ser transformadas en&#8230; universales&#8230; bueno, a tanto no puedo llegar yo&#8230;</p>
<p>Pero ahora que me quedé sin nada escrito para hoy, y que casualmente no tengo inspiración alguna para borronear alguna de mis locuras y extravagancias, encuentro un cuadernito bastante viejo (<a href="http://www.monografias.com/trabajos82/melancolia-como-experiencia-estetica/melancolia-como-experiencia-estetica3.shtml" target="_blank">La melancolía como experiencia estética&#8230;</a>). Se ve que yo a los cuarenta años intenté escribir mi biografía.</p>
<p>¡Pero intenté escribirla toda en poesía!</p>
<p>Estos versos me salvarán, hoy.</p>
<p><span id="more-3864"></span></p>
<p><strong>Autobiografía en verso</strong></p>
<p><em>Milagros</em></p>
<p>Milagros era el nombre de una niña</p>
<p>que era yo, pero ahora</p>
<p>aquel nombre es los frutos, las locuras,</p>
<p>el modo de llamar viejos sucesos como si fueran sueños.</p>
<p>A los cuarenta años se empieza a regresar, pero casi sin rumbo.</p>
<p>Probablemente regresamos a lo que menos fuimos. Sin embargo</p>
<p>siento la víspera de mí con la inminencia</p>
<p>de un reloj que cantara</p>
<p>de nuevo, para siempre.</p>
<p><em>Paisaje de sonidos</em></p>
<p>Haber jugado a las estatuas</p>
<p>cuando no había sonidos de alma enferma,</p>
<p>cuando uno caminaba rodeada de increíbles espacios</p>
<p>y alguien golpeaba los tambores de la suavidad</p>
<p>en el cielo posible de unos años,</p>
<p>haber sido la oyente de todos los gorjeos,</p>
<p>de la pasión más leve de los pájaros</p>
<p>en la tenue alma mía,</p>
<p>haber quedado inmóvil</p>
<p>para siempre</p>
<p>&#8220;entre las inmortales estatuas del crepúsculo&#8221;</p>
<p>diciendo los silencios.</p>
<p><em>Jugar a los espejos</em></p>
<p>En el tiempo que viene y que se va,</p>
<p>en el espacio que nos queda</p>
<p>hacer hogueras del azogue</p>
<p>como ahuyentando ríos, sus aguas y sus cauces,</p>
<p>desenredar la lluvia que llueve en otra parte</p>
<p>en el país de antes,</p>
<p>en el túnel del alma,</p>
<p>dormir y abrir todos los pétalos,</p>
<p>soñar, y perfumar la almohada con los sueños que caen,</p>
<p>esto es la vida, son los grandes</p>
<p>Ángeles de la vida</p>
<p>que sirven el banquete:</p>
<p>un pastel incendiado con frutos y confites y bosques,</p>
<p>la casa con vestigios de una fiesta pasada</p>
<p>y tú solo, tú sola,</p>
<p>entre lágrimas que se confunden con tus ojos,</p>
<p>tu risa que se confunde con tu boca,</p>
<p>tu muerte que ni siquiera se confunde con nada</p>
<p>sino que sigilosa</p>
<p>borra todas las huellas de tus pasos,</p>
<p>tus singularidades y tu sangre</p>
<p>para dejar lugar a otro espejismo.</p>
<p><em>Al espejo</em></p>
<p>En donde estaban mis alegres ojos</p>
<p>-fueron un día soles</p>
<p>que alumbraron amor y tempestades-</p>
<p>pusiste aquellos ojos de hombres muertos</p>
<p>que circularon por tu eterno azogue</p>
<p>por años y por siglos,</p>
<p>remataste mi boca</p>
<p>con un sello de espanto;</p>
<p>yo no soy, no soy yo quien me mira,</p>
<p>antes había un brillo de candiles</p>
<p>donde ahora pronuncias las tinieblas.</p>
<p>Esta hora me aturde, estás vacío,</p>
<p>he llegado a no estar allá en el fondo</p>
<p>donde tiembla tu luz más fría,</p>
<p>tu espada que maltrata.</p>
<p>Hay una muerte con sus reliquias y tapices</p>
<p>que tú trabajas lentamente. Déjame huir,</p>
<p>estoy en mí como un pedazo de tierra en un país perdido,</p>
<p>me asomo a tu pozo por mi corazón en llamas.</p>
<p>Déjame de llorarte, de sangrar por tus labios,</p>
<p>de saber que muy lejos o muy cerca</p>
<p>se cumple lo de siempre,</p>
<p>y permaneces tú inconmovido,</p>
<p>ojos de Dios, verdad de lo terrible.</p>
<p><em>La máscara</em></p>
<p>Los domingos, a veces, en la misa</p>
<p>de San Francisco, con el sombrero azul,</p>
<p>yo embellecía a voluntad.</p>
<p>A la salida era aún hermosa</p>
<p>y corría desde la iglesia</p>
<p>hacia el Parque del Sur</p>
<p>con mis amigas.</p>
<p>Un día dos turistas, cámara al hombro,</p>
<p>me sugirieron que me arrodillara</p>
<p>delante de la fuente, como tomando agua.</p>
<p>Yo rogaba que mi voluntad persistiera;</p>
<p>mi voluntad</p>
<p>hizo un esfuerzo tremendo por seguirme,</p>
<p>pero cuando levanté la cabeza sonriendo hacia el fotógrafo</p>
<p>vacilé,</p>
<p>hubo una resistencia de mi alma</p>
<p>a contenerme</p>
<p>y la belleza me soltó</p>
<p>-los turistas tomaron la cámara diabólica</p>
<p>y se fueron con ella.</p>
<p><em>Oscuridad</em></p>
<p>Soy tan pequeña</p>
<p>buscando por la casa los orígenes</p>
<p>sutiles de los ecos.</p>
<p>¿Es la paloma? ¿Es el murciélago?, pregunto,</p>
<p>¿es el topacio que cayó de los versos?</p>
<p>-No, pequeña, ya es tarde -me responden-,</p>
<p>somos los huesos rotos de la vida.</p>
<p>Envío</p>
<p>Les mandé en realidad unos borradores incompletos de algo que pretendía ser, a mis cuarenta años como dije, una &#8220;autobiografía en verso&#8221;, empresa bastante descabellada vista desde acá.</p>
<p>Sin embargo, el transcribir esos poemas me regaló una idea: ¿por qué no utilizamos este espacio -al menos parte de este espacio- para &#8220;pasar en limpio nuestra obra&#8221;?</p>
<p>Los invito&#8230; No hay nada como quitarse borradores de encima y verlos titilar en letra impresa, malos, buenos o mediocres, son como estrellas apagadas, brillantes o algo opacas, pero son.</p>
<p>Si la propuesta resulta, me parece que abriría otro blog llamado de una manera que quiera significar Pasar en Limpio. Y la idea que ahora se me ocurre es que no de una sola vez, sino con cuidadosos &#8220;Continuará&#8221;, así llenamos fragmento a fragmento el blog con nuestras voces&#8230;</p>
<p>Una aclaración: esa frase encomillada en mis versos: &#8220;Como las inmortales estatuas del crepúsculo&#8221; es de Dino Campana, gran poeta italiano, pobre y demente, de quien es necesario que alguna vez les cuente algo.</p>
<p>Y abrazos, muchos abrazos, y para Baldemar reaparecido</p>
<p>Mora</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Popurrí</title>
		<link>http://blogs.monografias.com/editorial/2012/05/02/popurri/</link>
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		<pubDate>Wed, 02 May 2012 19:02:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mora Torres</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Monografias]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay un legado de mi abuela que es una manta tejida al crochet que es en realidad una fila de mujeres hilando (Condición de la mujer durante el siglo XIX en México).
Las mujeres tejían juntas en el atardecer, esperaban la noche (Mujeres de Fuego, Mujeres de Hielo&#8230;).
Ninguna de ellas sabía hasta qué año iba a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hay un legado de mi abuela que es una manta tejida al crochet que es en realidad una fila de mujeres hilando (<a href="http://www.monografias.com/trabajos42/mujer-mexicana/mujer-mexicana.shtml" target="_blank">Condición de la mujer durante el siglo XIX en México</a>).</p>
<p>Las mujeres tejían juntas en el atardecer, esperaban la noche (<a href="http://www.monografias.com/trabajos-pdf4/mujer-fatal-canciones-sabina/mujer-fatal-canciones-sabina.shtml" target="_blank">Mujeres de Fuego, Mujeres de Hielo&#8230;</a>).</p>
<p>Ninguna de ellas sabía hasta qué año iba a llegar, más o menos desvaído, el color de la lana. Pero llegó hasta aquí, con toda intensidad (<a href="http://www.monografias.com/trabajos37/mujer-como-diosa/mujer-como-diosa.shtml" target="_blank">Lo mágico y mítico de la mujer como diosa</a>).</p>
<p>Las mujeres tejían esa red comentando la traición de alguna amiga, la infidelidad de algún marido, contándose cuentos de fantasmas y casas hechizadas, ellas que son fantasmas, ahora (<a href="http://www.monografias.com/trabajos91/casas-encantadas/casas-encantadas.shtml" target="_blank">Casas Encantadas</a>).</p>
<p>Trato de escucharlas conversar (<a href="http://www.monografias.com/trabajos7/teoc/teoc.shtml" target="_blank">Teócrito</a>):</p>
<p>En sus palabras duermen más palabras, pero se ahogan en el corazón (<a href="http://www.monografias.com/trabajos90/dos-terror/dos-terror.shtml" target="_blank">Dos historias de terror</a>).</p>
<p>Quiero escuchar alguna historia nueva, pero no hay más historias que ese su pasar igual al mío, pasar, pasar por rueda de sonidos para llegar sin nada azul.</p>
<p>Ella tejían. Nosotras, las muchachas de los años 70, jugábamos a la Batata Macabra, TODO con A (<a href="http://www.monografias.com/trabajos901/juegos-lenguaje-mundo-vida/juegos-lenguaje-mundo-vida.shtml" target="_blank">Juegos de lenguaje y mundo de la vida</a>):</p>
<p>Allá pasa, ya, la balanza pasa, Ana, da ramas, da lámparas, nadan, van calmas hasta allá, matan, alaban plantas malvas -de tu alma que no juega&#8230;</p>
<p>Nosotras, las muchachas de los años 70, escribíamos además cadáveres exquisitos (<a href="http://www.monografias.com/trabajos26/tiempo-de-vanguardias/tiempo-de-vanguardias.shtml" target="_blank">El tiempo de las vanguardias artísticas y políticas</a>). En uno de ellos una anotó:</p>
<p>Qué pesado es el  paraíso</p>
<p>sobre los hombros</p>
<p>yo que quiero la hierba en los cabellos.</p>
<p>Y otra anotó también:</p>
<p>sin remos,</p>
<p>sin bordes,</p>
<p>conciliadas por los reflejos.</p>
<p><span id="more-3846"></span></p>
<p>&#8220;¡Ay -exclama Pavese-desde que jugaba a los piratas malayos</p>
<p>cuánto tiempo pasó!</p>
<p>Tanto tiempo pasó que llegamos hasta Cuerpos Desnudos, una especie de reflexión que no sé si ya transcribí alguna otra vez en este espacio, que es como un cierre para tanta cháchara, como un cierre&#8230; ¡relámpago! -hoy estoy, más que nunca, <em>surrealista</em>.</p>
<p><strong>Cuerpos Desnudos</strong></p>
<p>¿Cuerpos desnudos de sesenta años?</p>
<p>Claro que sí; un fósforo revela la belleza que sólo puede tener la ternura, aunque los dos amantes nos convertimos en espías, uno del otro.</p>
<p>Y con unos brazos algo fláccidos realizamos algunos de los gestos del amor: nos mecemos, nos retenemos, nos expulsamos de nosotros mismos. Y hasta damos a luz cada astro aunque enseguida lo exhalemos.</p>
<p>La caída es interminable en un pantano de flores y murciélagos, pero despertaremos con flores entre los cabellos si la caída no es fatal.</p>
<p>Tenemos los huesos rotos de tanto amarnos; no rotos por violencia, sino por fragilidad. Porque jugamos a hacer polvo los monumentos y las flores y hasta hacer polvo el polvo, la muerte no nos sonríe: nos odia.</p>
<p>Vamos atados de los pies, enamorados locamente del instante que habita entre el tiempo y los cielos. No recordamos que haya existido nada antes; sabemos que no habrá algo distinto después.</p>
<p>Estamos ebrios de verdad, de vino único: para que el efecto perdure bebimos una extraña bebida que estaba en tu sangre y mi sangre.</p>
<p>(Tengo miedo de que esta alcoba que hice en mi cuaderno se cierre cuando cierre el cuaderno de repente; tengo miedo de que la tapa algo dura aplaste tu silueta de duende.)</p>
<p><strong>Envío</strong></p>
<p>Casi sin tiempo, les envío uno a uno y una a una mis besos y cariños, y este Popurrí que, ahora lo advierto, es, casi, la continuación de &#8220;Teofanías&#8221;. Estas <em>Morafanías</em>, como escribió José María Gil, y no me ofendo&#8230;</p>
<p>Mora</p>
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		<title>Teofanías, o apariciones de Dios mismo</title>
		<link>http://blogs.monografias.com/editorial/2012/04/24/teofanias-o-apariciones-de-dios-mismo/</link>
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		<pubDate>Tue, 24 Apr 2012 15:58:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mora Torres</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Monografias]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;Teofanía&#8221; (El hombre, animal religioso) me parece un nombre enorme para mi pobre visión, por eso lo encomillo (Lo asombroso y lo increíble: ¿Por qué pensamos así?).
Pero pensándolo mejor, ¿ustedes no han sentido que algo les ha sucedido alguna vez, algo muy pequeño y sutil, que los llevó a comprender algo, tal vez hace mucho [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;Teofanía&#8221; (<a href="http://www.monografias.com/trabajos21/el-hombre/el-hombre.shtml" target="_blank">El hombre, animal religioso</a>) me parece un nombre enorme para mi pobre visión, por eso lo encomillo (<a href="http://www.monografias.com/trabajos92/lo-asombroso-y-lo-increible/lo-asombroso-y-lo-increible.shtml" target="_blank">Lo asombroso y lo increíble: ¿Por qué pensamos así?</a>).</p>
<p>Pero pensándolo mejor, ¿ustedes no han sentido que algo les ha sucedido alguna vez, algo muy pequeño y sutil, que los llevó a comprender algo, tal vez hace mucho tiempo? (<a href="http://www.monografias.com/trabajos91/espiritu-del-tiempo/espiritu-del-tiempo.shtml" target="_blank">El espíritu del tiempo</a>).</p>
<p>A comprender algo muy pequeño y sutil, además (<a href="http://www.monografias.com/trabajos91/la-estetica/la-estetica.shtml" target="_blank">La Estética</a>).</p>
<p>Pero esos momentos de comprensión instantánea son para mí una teofanía (<a href="http://www.monografias.com/trabajos91/dos-cosmovisiones-renacentistas-rabelais-y-moro/dos-cosmovisiones-renacentistas-rabelais-y-moro.shtml" target="_blank">Dos cosmovisiones renacentistas: Rabelais y Moro</a>).</p>
<p>Sé tan poco, que tal vez mis palabras sepan más que yo, que tal vez haya algunas que se escriben solas mientras yo hago garabatos sobre el papel o en el teclado, y que después cuando las leo, descubro qué descubrí (<a href="http://www.monografias.com/trabajos92/vivienda-a-ultimo-reducto-identidad/vivienda-a-ultimo-reducto-identidad.shtml" target="_blank">La vivienda&#8230; ¿último reducto de la identidad?</a>).</p>
<p>A ustedes seguro les sucede lo mismo.</p>
<p>¿Se animan a mandarme &#8220;teofanías&#8221;?</p>
<p>Yo sí me animo, y se las mando con amor.</p>
<p><span id="more-3830"></span></p>
<p><strong>Teofanías</strong></p>
<p><strong>I</strong></p>
<p>Me propongo crear de nuevo el mundo pero las cosas se me escapan. Le agrego objetos sencillos, trato de crearlo con nada: un juego de ajedrez, una bolsa de comida para perros y un perro, los ojos de Elsa, mi compañera, y pocas cosas más. Pero en el momento en que reúno todo eso, se derrumba. Me digo: el ajedrez tiene que irse, está de más, por eso no funciona mi mundo apenas creado. Después me digo que debería irse la bolsa de comida para perros y, sin comida ya, irse también el perro. Mi mundo queda sencillísimo formado solamente por los ojos de Elsa, mi compañera. Son dorados y casi nunca me miran.</p>
<p><strong>II</strong></p>
<p>La noche con su centro negro y el azul-negro al que se le llama infinito rodeándola como una sombrilla; sobre la calle, un hombre que camina apresurado, que no mira la noche pero que ha sido contagiado por el ambiente de misterio.</p>
<p>En la ventana asoman unas lágrimas no vertidas por nadie del mismo modo que la terrible soledad no es percibida.</p>
<p>El contorno de la terrible soledad también lo envuelve todo.</p>
<p>Desde el centro del universo hasta los pies del hombre que se apresura por la calle de noche todo no existe.</p>
<p>Éste es el momento presente.</p>
<p><strong>III</strong></p>
<p>La gracia desde las tinieblas espía, pero ese baúl de doble fondo donde yaces no despertará los ojos adormecidos ni erguirá los huesos para jugar a embrujos y encantamientos de salón.</p>
<p>Así es la muerte, suerte de unos pocos conocidos, congelamiento de nombres, meses y estaciones.</p>
<p>Sobre ella penden los frutos de los árboles más tiernos; rojas manzanas de luz interior, duraznos del color del crepúsculo.</p>
<p>Pero, ¿por qué estás allí? te digo mientras avanzan los días sobre mi cuerpo, no sobre mi corazón.</p>
<p>¿Y cómo amé a alguien que no es, que ha perdido con su carne, su razón y su mirada a aquella que era yo cuando lo quiso?</p>
<p>Telón que baja la muerte entre los que se aman; el que murió, que ya no es, no debe de haber sido, mas el viviente, ¿quién es ahora compuesto de la nada y del óxido de su amor?</p>
<p>¿Es sólo aquel que también va a entregarse?</p>
<p>¿Para qué?</p>
<p><strong>IV</strong></p>
<p>La poesía hace surgir al santo, al criminal, al moralista, a la doncella que se albergaba en el alma del que escribe y hasta extrae de ella aquello que tal vez no existía. Las palabras pasean por una corriente cósmica desconocida y pescan otra onda de imágenes. Nunca sabremos a qué inteligencia, a qué amor, a qué asesino le hemos saqueado por un momento el alma.</p>
<p><strong>V</strong></p>
<p>Se sabe: hay algunas estrellas que no existen, y miramos su luz y nos bañamos con plata por las noches como amantes ladrones cuyo botín es lo irreal.</p>
<p><strong>VI</strong></p>
<p>Compré un mapa de mi país para ponerles a las provincias los nombres de lo que quería para mí. A Buenos Aires, primero, le puse Malos, y no Aires sino Vientos: Malos Vientos. Enseguida me di cuenta de que no hacía más que jugar con las palabras. Malos Vientos significaba para mí tan poco como Buenos Aires, así que taché  y escribí Corazón Desganado, que era lo que significaba para mí. Era mi corazón bajo los cielos de Buenos Aires. A la provincia de Santa Fe le puse Puerto de Palos, porque de allí zarpé, en realidad, y después, sobre otra provincia escribí Pueblo del Muerto, y a otras las tomé en parte, mías, y les escribí nombres con un significado secreto: Tucumán era María Venus; Córdoba, &#8220;El nombre del marido&#8221;. Este último era doble de sentido: el nombre que yo ya no podía pronunciar, porque para mí era imposible pronunciar el nombre de los que se morían. Esa escritura sobre los mapas me curó.</p>
<p><strong>VII</strong></p>
<p>En los cuadros se ve la quietud y el silencio del rayo que pasó apagando los ruidos y sembrando sólo la luz; este cuadro es una asamblea de personas que en un momento fue disuelta en sus colores y fragmentada para la eternidad. Movimientos que fueron congelados por los hielos eternos del tiempo veo en los cuadros antiguos. Quizás allí mismo una de las personas perseguía su sombra y otra alzaba la voz para apagar el eco.</p>
<p><strong>VIII</strong></p>
<p>Hay sombra en la sombra de un pájaro.</p>
<p><strong>Envío</strong></p>
<p>Estoy segura, pero segurísima, que dos de mis eximios colaboradores no tendrán temor en escribir o transcribir sus viejas teofanías.</p>
<p>Aspiro a que algunos otros de los lectores-colaboradores no sientan timidez -como yo no la tuve- ante  sus inmensas escrituras.</p>
<p>Todos hacemos lo que podemos, y sólo eso es lo que se nos pide: lo posible.</p>
<p>Y después, el amor&#8230;</p>
<p>Los rodeo con grandes abrazos morados</p>
<p>Mora</p>
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		<title>El vampiro</title>
		<link>http://blogs.monografias.com/editorial/2012/04/18/el-vampiro/</link>
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		<pubDate>Wed, 18 Apr 2012 14:48:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mora Torres</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Monografias]]></category>

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		<description><![CDATA[Dos fósforos flotantes en una niebla como hielo de gruesa (&#8220;Niebla&#8221;, de Miguel de Unamuno) -pero dos fósforos porque nosotros sí nos veíamos levemente uno al otro, nada más que por eso- parecíamos en aquellos días previos a nuestra separación -separación que luego fue un engaño, o un milagro que se volvió a formar (Elaboración del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Dos fósforos flotantes en una niebla como hielo de gruesa (<a href="http://www.monografias.com/trabajos16/niebla-unamuno/niebla-unamuno.shtml" target="_blank">&#8220;Niebla&#8221;, de Miguel de Unamuno</a>) -pero dos fósforos porque nosotros sí nos veíamos levemente uno al otro, nada más que por eso- parecíamos en aquellos días previos a nuestra separación -separación que luego fue un engaño, o un milagro que se volvió a formar (<a href="http://www.monografias.com/trabajos16/duelo-ruptura/duelo-ruptura.shtml" target="_blank">Elaboración del Duelo en la Ruptura de la Relación de Pareja</a><a href="http://www.monografias.com/trabajos16/duelo-ruptura/duelo-ruptura.shtml"></a>).</p>
<p>Nosotros buscábamos trabajo desde hacía un año (<a href="http://www.monografias.com/trabajos910/derecho-trabajo-minimo/derecho-trabajo-minimo.shtml" target="_blank">Derecho del Trabajo Mínimo</a>), y la falta de dinero hacía que las cosas, los objetos comunes, cotidianos, semejaran, porque se habían degradado por el bajo costo, un decorado (<a href="http://www.monografias.com/trabajos51/el-dinero/el-dinero.shtml" target="_blank">El Dinero</a>). Y así, con esos objetos de utilería, la realidad también podía ser un teatro donde se representara una comedia algo triste -como la que voy a narrar (<a href="http://www.monografias.com/trabajos31/catarsis/catarsis.shtml" target="_blank">La catarsis</a>)-, donde en compensación quizá fuera más tenue el horror, ya que no era tan real; lo que sucedía´(<a href="http://www.monografias.com/trabajos69/pensamiento-sistemico/pensamiento-sistemico.shtml" target="_blank">Pensamiento Sistémico</a>) -lo pequeño y lo mezquino- les sucedía apenas a dos sombras detrás del biombo, dos que apenas si tenían hambre, sed y ganas de vivir (<a href="http://www.monografias.com/trabajos80/miedo-amarnos/miedo-amarnos.shtml" target="_blank">El miedo a amarnos</a>).</p>
<p><span id="more-3806"></span></p>
<p><strong>El vampiro</strong></p>
<p>Ahora, en el espejo, advierto mi cara un poco extraña, como si hubiesen querido hacer una Jenifer López y les hubiese salido imperfecta, muy imperfecta pero parecida. De todos modos soy preciosa, pero no me convence. Tomo el alhajero y me cubro de perlas, de zafios, de aguamarinas, de esmeraldas. Son collares, son aros, son broches, son pulseras, y todo tintinea y todo brilla, tengo sonido y brillo, pero no me convence y tomo la caja de cosméticos y me doro los párpados, me rizo las pestañas, mepongo un rubor oscuro sobre los pómulos, la frente y el mentón, me delineo una boca mejor, casi de fuego.</p>
<p>Ahora toca el timbre y le abro. Me abraza y dejo  mi cabeza en su hombro. Hablamos suavemente, él me tienta y me hace reír con mi boca tan roja y mis dientes tan blancos, que miro de reojo en el espejo que mi risa es perfecta, natural, picante como una copa de champán.</p>
<p>Ahora tomamos el champán y brindamos. Yo digo: &#8220;Por mi hija&#8221; tristemente, porque está en Dinamarca. Pero él me ve dos lágrimas, una en cada mejilla, y me las seca y dice &#8220;Por nosotros, por este mismo instante, por ahora&#8221; -y le queda el pañuelo con rubor.</p>
<p>Ahora me ruborizo porque dice que vayamos a llenar la bañadera con sales con burbujas. Es tan enorme la bañadera, es casi una piscina, y él es enorme cuando se sumerge. Yo me quito la bata rosada y me sostengo el pelo para que no se moje, y estamos y jugamos en el agua y yo apenas si le acaricio el pecho y él me besa, me pone las manos en los muslos y salimos del agua, y él, que me seca con tanta ternura que parece una madre acabando de acicalar a su niñito, me envuelve en el toallón.</p>
<p>Ahora ponemos el toallón sobre la sábana. Todavía no estoy del todo lista y él es apresurado: ¡tanta ternura que termina en pasión! Me lleva las manos, las dirige, tengo miedo de romper lugares frágiles con mis uñas tan largas.</p>
<p>Ahora las uñas, los cabellos, los ombligos, las piernas, los senos, las tetillas, los pelitos del pecho, lenguas, dedos, salivas, nalgas lisas y velludas se confunden y amasan.</p>
<p>Ahora esta masa gira, se da vuelta, yo parpadeo, tintineo, él habla desde arriba en voz finita.</p>
<p>Ahora él está acostado boca arriba y yo entro en él y él se expande con todo el contenido del agua de la bañadera con sus sales y sus perfumes. Flotamos, y devoramos leguas. Vuelvo a hacerlo. Su voz se pone aguda; al final es un largo chillido, un graznido, y es una mujer.</p>
<p>Ahora la mujer frente al espejo -ésta que soy, es decir yo, porque él ya se fue- no parece ni siquiera la sombra de Jenifer López.</p>
<p>Ahora hay un vampiro.</p>
<p><strong>Envío secreto</strong></p>
<p>Una de las innumerables veces que intenté el psicoanálisis llegué a la conclusión de que yo era la heroína de una historia de amor interminable, constante e igual a través del tiempo. Yo había elegido no tener otro objetivo que el amor, que es también una ficción -esto le dije a mi analista- para colorear la grisácea realidad.</p>
<p>La analista aseguró que yo no distinguía bien entre ficción y realidad, y no que simplemente hubiera elegido la ficción por una gloriosa afinidad. Lo cual, como es natural, me aterró, pero no dejé de responderle que una sesión de psicoanálisis era tan teatral como cualquier ficción, y que ella la tomaba por realidad definitiva, con su teatrino de diván en esa especie de cubículo contenedor mientras corrían los 40 minutos exactos que yo pagaba, o los 10 o los 60, ya no recuerdo&#8230;</p>
<p>Mora</p>
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		</item>
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		<title>La enfermedad gris y la enfermedad amarilla</title>
		<link>http://blogs.monografias.com/editorial/2012/04/11/la-enfermedad-gris-y-la-enfermedad-amarilla/</link>
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		<pubDate>Wed, 11 Apr 2012 17:57:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mora Torres</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Monografias]]></category>

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		<description><![CDATA[No soy de no cumplir con mi palabra -inquiéranlo en mi trabajo, en Monografias.com. (Curso de Inducción - Ética).
Pero ya el miércoles pasado no continué la &#8220;saga&#8221; (Stieg Larsson y su saga &#8220;Millennium&#8221;), la historia comenzada que les había prometido seguir si ustedes lo consentían, y, aunque lo consintieron con entusiasmo, tampoco lo haré hoy.
Debido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>No soy de no cumplir con mi palabra -inquiéranlo en mi trabajo, en Monografias.com. (<a href="http://www.monografias.com/trabajos64/induccion-etica/induccion-etica.shtml" target="_blank">Curso de Inducción - Ética</a>).</p>
<p>Pero ya el miércoles pasado no continué la &#8220;saga&#8221; (<a href="http://www.monografias.com/trabajos78/stieg-larsson-saga-millennium/stieg-larsson-saga-millennium.shtml" target="_blank">Stieg Larsson y su saga &#8220;Millennium&#8221;</a>), la historia comenzada que les había prometido seguir si ustedes lo consentían, y, aunque lo consintieron con entusiasmo, tampoco lo haré hoy.</p>
<p>Debido a un horóscopo o destino eventualmente en baja, con fuertes declinaciones, de días turbulentos y algo desagradables (<a href="http://www.monografias.com/trabajos12/psctransp/psctransp.shtml" target="_blank">Psicología Transpersonal y Astrología</a>), podría darles con sinceridad tres excusas, y las tres <em>verdaderas</em>.</p>
<p>¿Verdaderas, reales?</p>
<p>Sí, porque me suceden esas tres cosas malas -¿Tres pelos del diablo era un cuento infantil? (<a href="http://www.monografias.com/trabajos50/literatura-infantil-juvenil/literatura-infantil-juvenil.shtml" target="_blank">Literatura infantil y juvenil</a>).</p>
<p>¿Pero son puntualmente<em> esas tres cosas</em> las que me impiden proseguir la &#8220;famosa&#8221; Memoria? (<a href="http://www.monografias.com/trabajos12/lavolun/lavolun.shtml" target="_blank">La Voluntad</a>).</p>
<p>No sé si es cierto.</p>
<p>Lo único que sé es que si tomo el lápiz, la tinta endemoniada o la computadora con mis dedos ágiles -es la única agilidad que tengo, es mi única habilidad (<a href="http://www.monografias.com/trabajos12/habilsoc/habilsoc.shtml" target="_blank">Habilidades sociales</a>)-, en las líneas que dejé escritas se me cruzan y entrecruzan razones para no escribir más ese texto. Como si algo me soplara que los adultos no deben recordar los secretos más íntimos de los niños, que es como invadirlos, aunque se trate de invadirnos a nosotros mismos cuando éramos niños. Como si algo me soplara también que el resultado de esas &#8220;memorias&#8221; sería un poco fuerte para esta página de un sitio de estudios, aunque se trate de nivel universitario en la mayoría de sus textos. Pero también hay monografías para niños que acceden al lugar.</p>
<p>Yo prometía una orgía entre escolares, el recuerdo de alguna que de verdad existió y que tal vez no se llamaba orgía sino juego masivo de inocencias apasionadas (<a href="http://www.monografias.com/trabajos26/a-traves/a-traves.shtml" target="_blank">A través de los ojos de los niños</a>).</p>
<p><span id="more-3787"></span></p>
<p>Y no sé por qué, acá me acuerdo de un cuento llamado La Secta del Fénix. Cuento de Borges que ha hecho que los estudiosos estudiaran muchísimo, y que yo, no siendo estudiosa, siempre lo hurgara intentando encontrarle las entrañas.</p>
<p>Y que a menudo me pareciera que proviene de esa misma inocencia que nombré, de los niños, ante lo que en épocas remotas fuera inmencionable.</p>
<p>Y parece que Borges prolongó pícaramente ése su no nombrar, de modo de crear otro de sus misterios, que hay muchos. Hay rosarios enteros que se rezan con los misterios según Borges, y sus via crucis y estaciones. ¿O sólo yo los rezo?</p>
<p>Borges no sufría respecto del sexo ni la enfermedad gris ni la enfermedad amarilla -enfermedades que pronto, con que sigan leyendo un poco más, sabrán de qué se tratan.</p>
<p>Pero JLB debe de haber sufrido -no soy quién para decirlo pero lo digo, valientemente- la enfermedad azul y la turquesa&#8230;</p>
<p><strong>La enfermedad gris y la enfermedad amarilla</strong></p>
<p>Voy a pasar a explicar estas enfermedades con las palabras de un verdadero doctor de las almas, el escritor D. H. Lawrence, de quien recomiendo toda su obra y un pequeño poema que trata de cómo comer un higo en sociedad, y que he perdido entre mis libros. Lo encuentro en Internet, es claro, pero no la traducción que me fascinó de adolescente. Y NO SÉ INGLÉS.</p>
<p>Lawrence decía: &#8220;Quiero que hombres y mujeres sean capaces de pensar los temas sexuales los temas sexuales plena, completa, honesta y limpiamente&#8221;, y la sexualidad era para él un acto de sagrada vitalidad, &#8220;esa comunión de dos corrientes sanguíneas&#8221;, y explicaba que cada amante era un río de sangre que el acto sexual hacía confluir en dos ríos de sangre, que el movimiento del amor conjugaba los ritmos diferentes de cada río en una sola corriente.</p>
<p>En cuanto a la enfermedad gris y la amarilla, Lawrence escribió que los pacatos censores eran similares y eran despreciables como los aficionados a las bromas obscenas, y que padecían ambos grupos &#8220;la gris enfermedad del odio al sexo al mismo tiempo que la enfermedad amarilla del vil apetito&#8221;.</p>
<p>A pesar de la delicadeza de sus reflexiones, y de sus cuentos y novelas exquisitos, al hermoso D. H. Lawrence, en la &#8220;opresiva pompa de invernáculo o de baile de máscaras&#8221; de fines del siglo XIX y principios del XX, lo confundieron frecuentemente con un perverso -atmósfera opresiva en lo que se refiere a lo social, exclusivamente; también fue la mejor época de la historia de la ciencia.</p>
<p><strong>Envío</strong></p>
<p>Envío perdones -para que me sean concedidos- y amor&#8230; ¿qué otra cosa podría enviar?</p>
<p>Ah, este regalo, por si ya no lo tienen: descubran a D. H. Lawrence, vida, obra y, sobre todo, pensamiento libre, limpio como las nubes sobre el jardín de casa, hoy.</p>
<p>Mora</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>&#8220;Memoria del placer&#8221; continuará el miércoles</title>
		<link>http://blogs.monografias.com/editorial/2012/04/04/memoria-del-placer-continuara-el-miercoles/</link>
		<comments>http://blogs.monografias.com/editorial/2012/04/04/memoria-del-placer-continuara-el-miercoles/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 04 Apr 2012 16:14:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mora Torres</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Monografias]]></category>

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		<description><![CDATA[Vino Lola, mis sueños de continuar esa especie de autobiografía amorosa para &#8220;disfrute&#8221; de algunos de ustedes se interrumpió (Autibiografía: la experiencia personal en la elaboración literaria). Lola no quiere recuerdos de pasiones sino juguetes y juegos apasionados por frenéticos (Los juguetes de los niños), con su año y medio largo y sus ojazos que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Vino Lola, mis sueños de continuar esa especie de autobiografía amorosa para &#8220;disfrute&#8221; de algunos de ustedes se interrumpió (<a href="http://www.monografias.com/trabajos12/autobiog/autobiog.shtml" target="_blank">Autibiografía: la experiencia personal en la elaboración literaria</a>). Lola no quiere recuerdos de pasiones sino juguetes y juegos apasionados por frenéticos (<a href="http://www.monografias.com/trabajos29/juguetes/juguetes.shtml" target="_blank">Los juguetes de los niños</a>), con su año y medio largo y sus ojazos que hablan más todavía que ella misma.</p>
<p>Mi nieta hizo entonces que no pudiera cumplir lo prometido, pero, ¡alégrense!, me dio tanta felicidad y tanto encanto que tal vez escriba mejor cuando lo haga (<a href="http://www.monografias.com/trabajos36/cuentos-infantiles/cuentos-infantiles.shtml" target="_blank">Cuentos infantiles del Puerto de la Alegría</a>).</p>
<p>Hicimos una casita en el jardín, con la que fuera la cucha de nuestra querida perra Polka (<a href="http://www.monografias.com/trabajos48/autoayuda-desarrollo-personal/autoayuda-desarrollo-personal.shtml" target="_blank">La princesa que creía en los cuentos de hadas&#8230; </a>). Esa casita ahora contiene muñequitos, libros de cuentos adaptados -casi sólo dibujos- como &#8220;La niña que iluminó la noche&#8221;, o un libro de Ema Wolf llamado &#8220;Cómo Berta conoció a su gato&#8221;, que se los recomiendo, para todos los niños de 1 a 90 años, como dicen los anuncios de los circos (<a href="http://www.monografias.com/trabajos907/circo-tradicional/circo-tradicional.shtml" target="_blank">Circo Contemporáneo</a><a href="http://www.monografias.com/trabajos907/circo-tradicional/circo-tradicional.shtml"></a>).</p>
<p><span id="more-3779"></span></p>
<p>Pero no dejo del todo de cumplir mi promesa (<a href="http://www.monografias.com/trabajos89/media-luna/media-luna.shtml" target="_blank">La media luna, o lo que ya no será</a>) : en lugar de la continuación les transcribo una especie de prólogo que llevan mis memorias, y todavía inconcluso, pero que es un adelanto especial para ustedes, mis amorosos lectores, mis amados (<a href="http://www.monografias.com/trabajos14/canterbury/canterbury.shtml" target="_blank">Los cuentos de Canterbury</a>).</p>
<p><strong>Los amores y los días</strong></p>
<p>Esta santa que enhebra hilos  blancos para coser un vestidito de fiesta, soy. Entre mis dedos pasaron los días, corriéndose entre ellos, ¿o entre sí?</p>
<p>Mis dedos escribieron también cantos de amor, de muerte, de frío. Yo estuve en todas partes, fui un puñado de piedras arrojadas, como digo en un primer libro, pero también una roca enorme plantada en el desierto.</p>
<p>Ahí llegaron los visitantes amorosos.</p>
<p>Me pregunto otra vez qué es el amor. No quiero ser moralista ni sabia ni decir ingenuamente que es este vestidito que estoy haciendo para mi nieta. No son los pelos blancos los que me impiden la falsedad, ni ninguna costumbre de no mentir. Es como si naciera recién que quiero saber qué es el amor y escribo entonces un largo tratado para estudiar lo que fue el amor en mí.</p>
<p>Más allá de mi vida amorosa se encontrará muy poco en esta autobiografía. Y tal vez no revele ninguna cosa escribir sobre relaciones furtivas o anhelos de eternidad incumplidos -pero Joise tal vez tiene razón, yo sirvo de catarsis y la catarsis me sirve a mí, la mía propia y la de todos los que escriben.</p>
<p>¿Buscaba eternidad jugando juegos eróticos y amorosos?</p>
<p>Buscaba una tierra permanente.</p>
<p><strong>Envío</strong></p>
<p>Los despido con todos los besos de mi corazón ensanchado por Lola, despido hoy especialmente a Ivana, que fue tan dulce su escritura, y me voy a jugar al jardín con Lola y su casita y sus inventos. Los colores de sus dibujos son el paraíso.</p>
<p>Y perdón por no cumplir, pero prometo continuar lo comenzado&#8230;</p>
<p>Mora</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Memoria del placer</title>
		<link>http://blogs.monografias.com/editorial/2012/03/28/memoria-del-placer/</link>
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		<pubDate>Wed, 28 Mar 2012 16:12:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mora Torres</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Monografias]]></category>

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		<description><![CDATA[El tiempo pasó en la forma de una enorme escoba que barrió toda tierra sobre mí, debajo de mí, todo alrededor (Módulo Proyecto de Vida).
Parece que el tiempo fue un viento que me limpió de deseos y esperanzas, como en las enseñanzas zen (Budismo. Un estilo de vida).
Digo esto como una mujer vieja que mira la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El tiempo pasó en la forma de una enorme escoba que barrió toda tierra sobre mí, debajo de mí, todo alrededor (<a href="http://www.monografias.com/trabajos14/proyectovida/proyectovida.shtml" target="_blank">Módulo Proyecto de Vida</a>).</p>
<p>Parece que el tiempo fue un viento que me limpió de deseos y esperanzas, como en las enseñanzas zen (<a href="http://www.monografias.com/trabajos28/budismo/budismo.shtml" target="_blank">Budismo. Un estilo de vida</a>).</p>
<p>Digo esto como una mujer vieja que mira la noche detrás del vidrio de su cuarto (<a href="http://www.monografias.com/trabajos76/tres-capas-vida-mujer/tres-capas-vida-mujer.shtml" target="_blank">Las tres etapas en la vida de la mujer</a>).</p>
<p>Examino mi cuerpo; la piel ha vuelto a ser suave: ahora es de pergamino; miro los pétalos de las flores del jardín con cierto resentimiento (<a href="http://www.monografias.com/trabajos62/resentimiento-estupidez/resentimiento-estupidez.shtml" target="_blank">Resentimiento vs. Estupidez</a>).</p>
<p>&#8220;Recuerda, cuerpo, cuánto te amaron&#8221; (no sé si el propio poeta -Kavafis- recordaba en verdad cuánto su cuerpo había sido amado cuando escribió ese verso. ¿Es posible que las caricias estén inscriptas imborrablemente?). Creo que desaparecen cuando la piel se renueva -no, el cuerpo no recuerda (<a href="http://www.monografias.com/trabajos67/recuerdos-madrid/recuerdos-madrid.shtml" target="_blank">Recuerdos</a>).</p>
<p>La memoria recuerda al cuerpo que la alojó y me dice que para hablar de la vida amorosa exclusivamente, que haya penas, que haya lágrimas&#8230; (<a href="http://www.monografias.com/trabajos78/antigona-entre-dos-muros/antigona-entre-dos-muros.shtml" target="_blank">Antígona entre dos muros</a>).</p>
<p>Es una habitación cerrada esta memoria (<a href="http://www.monografias.com/trabajos89/miedo-infancia/miedo-infancia.shtml" target="_blank">El miedo en la infancia</a>). Es -si hago crecer esa habitación- un mundo desaparecido cuyos cantos todavía se escuchan en la oscuridad del recuerdo profundo, de lo sin olvido profundo, como si en la parte de la &#8221;memoria colectiva&#8221; que me tocó cantaran todavía sirenas alejándose (<a href="http://www.monografias.com/trabajos5/arque/arque.shtml" target="_blank">Arquetipos</a>).</p>
<p><span id="more-3763"></span></p>
<p><strong>Nacer</strong></p>
<p>La piel es lo primero que experimento.</p>
<p>Mi nacer es muy fácil, unos días antes de lo previsto.</p>
<p>Y paso a los brazos de una nana de piel oscura y ojos radiantes y carcajada fácil que lo único que sabía de verdad era amar.</p>
<p>Me besaba la espalda con besos que, en contradicción con lo que he escrito respecto a las caricias que el cuerpo no recuerda, aún horadan mi piel. Me producen un escalofrío primero de sorpresa, después de placer, después de odio.</p>
<p>¿Por qué el odio?</p>
<p>Lo pregunto porque el estremecimiento de ahora es copia fiel de esos momentos, y me asombra la rabia del final.</p>
<p>La boca de Teresa, que así se llamaba mi nana, estaba llena de dientes blancos que apenas si mordían, acariciaban más bien mi espalda frágil.</p>
<p>Nunca quise besar la boca de Teresa.</p>
<p>Ella me cuidó y me amó hasta que debió marcharse, y vinieron unos tiempos tristes en la forma de una mujer malhumorada, una gordita que, a su modo, me quería más.</p>
<p>Pero siento que estar en el abismo cayendo es lo mismo que estar bañándose temprano en la mañana en una tina llena de agua fría donde también están las sábanas con orín que sacaron de mi cama. Nunca sentí -nunca, nunca, nunca, ni antes ni después- un desamparo tan perfecto.</p>
<p>Tenía cinco años, pero ¡cuánto me compadecí de mí misma!</p>
<p>Armé allí mismo una estrategia para no sufrir: yo no era yo, era un perrito al que estaban bañando, castigado; yo miraba desde muy lejos ese sufrir, pero la soledad estaba allí, en esa nena que miraba, o que creía mirar y no ser ella la de la bañera.</p>
<p>Era julio y todavía siento el odio que sentí por la mujer cuando me envolvió en una gran toalla blanca y me llevó a mi cuarto y me vistió.</p>
<p>Por momentos escribo, por momentos me quedo pensando en esos días. A la vez doy unas puntadas a un vestidito blanco que estoy haciendo para Lola, la más pequeña de mis nietas. Pero vuelvo a escribir.</p>
<p>Pienso en la delicadeza, la belleza, el corazón de todas las niñitas, y no puedo creer que yo esté en esa tina helada que bien pudo llenarse con todas las lágrimas que derramé, enfriadas al llegar a la tina por julio, el más invernal de los meses, aquí.</p>
<p><strong>La escuela</strong></p>
<p>Pero a los seis años fui a la escuela.</p>
<p>Los preparativos previos, de muchos meses antes, con compra de guardapolvos, útiles y zapatos parecían predecir sosiego, bellos olores y colores y mucha santidad.</p>
<p>Olía el cuero de mis zapatos sin estrenar y me llenaba de lujuria. Era un aroma tan hermoso que no he encontrado otra vez en la vida un cuero que huela de tal modo, ni en las sesiones de flagelación consentida. Me iba a poner el delantal de hilo blanco con mi nombre bordado en azul. Iba a llevar los lápices y papeles en una valijita cuya manija ya tenía la forma de mi mano derecha, de puro ensayar ante el espejo. Iba a ir yo a la escuela tan rubia, con dos trenzas paralelas, tan bella con mi cara de querubina, tan santa con lo blanco del guardapolvo almidonado con polvos perfumados.</p>
<p>Los niñitos y niñitas serían como yo: infantes lujuriosos. Estaba invitada a mi primera orgía.</p>
<p><strong>(Continuará.)</strong></p>
<p><strong>Envío</strong></p>
<p>Continuará exclusivamente si advierto que para ustedes es agradable leer mis &#8220;memorias eróticas&#8221;. O desagradable, da lo mismo, pero les mueve ramas. &#8220;A aquel árbol que mueve la hoja/ algo se le antoja&#8221;, ¿no es verdad?</p>
<p>Infinitos agradecimientos a los que miércoles a miércoles convierten mi página en una obra literaria, y a los que derraman amor&#8230;</p>
<p><strong>Mora</strong></p>
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		<title>Al regreso de un viaje</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Mar 2012 11:43:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mora Torres</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Monografias]]></category>

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		<description><![CDATA[Leer con el libro o el cuaderno del revés o mirarse en el espejo y estar seguro de lo que uno ve puede ser peligroso (Rafael Arraíz Lucca: la mirada precavida).
Los fantasmas aparecen entre las cosas desordenadas, en el caos. Y si no aparecen, de todos modos el desorden de la casa, o de las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Leer con el libro o el cuaderno del revés o mirarse en el espejo y estar seguro de lo que uno ve puede ser peligroso (<a href="http://www.monografias.com/trabajos67/poeta-rafael-arraiz-lucca/poeta-rafael-arraiz-lucca.shtml" target="_blank">Rafael Arraíz Lucca: la mirada precavida</a>).</p>
<p>Los fantasmas aparecen entre las cosas desordenadas, en el caos. Y si no aparecen, de todos modos el desorden de la casa, o de las cosas, puede llevar a desordenar el mundo (<a href="http://www.monografias.com/trabajos13/caos/caos.shtml" target="_blank">Ensayo sobre la Teoría del Caos</a>).</p>
<p>Hacer las cosas al revés es como apagar la luz cuando uno está acostumbrado a ver con luz. Existe gente que no necesita de la luz para ver, por eso hago esta aclaración -¡oh, recuerdo el título de un libro de Olga Orozco, <em>La oscuridad es otro sol</em>! (<a href="http://www.monografias.com/trabajos/romanticismo/romanticismo.shtml" target="_blank">Romanticismo, Literatura Romance</a>).</p>
<p>Pero entre usted a la habitación de siempre, a la que siempre está ordenada y que ahora, cuando usted entra, sigue en orden (<a href="http://www.monografias.com/trabajos28/visiones-orden-mundial/visiones-orden-mundial.shtml">Visiones del Orden Mundial</a>).</p>
<p>Aunque sucede que usted dejó de ir a esa habitación por dos días, cuando estaba de viaje supongamos (<a href="http://www.monografias.com/trabajos63/viaje/viaje.shtml" target="_blank">El viaje</a>), y, sin tocar ninguna cosa, alguien entró en ella.</p>
<p>Fíjese cómo duda, cómo no atina a ser la misma habitación, cómo no se acomoda rápidamente a usted y sus costumbres (<a href="http://www.monografias.com/trabajos10/extra/extra.shtml" target="_blank">&#8220;El Extranjero de Albert Camus</a>).</p>
<p><span id="more-3744"></span></p>
<p>Puede suceder inclusive que usted no tenga idea previamente de que alguien entró en ese cuarto cuando estaba de viaje -y esto, como prueba, es imposible de realizar sin &#8220;policía científica&#8221; (<a href="http://www.monografias.com/trabajos7/incri/incri.shtml">La investigación criminal</a>)-, pero seguro va a haber algo en usted, en su persona, que se va a dar cuenta, aun sin decírselo a su conciencia (<a href="http://www.monografias.com/trabajos82/mutaciones-cromosomicas/mutaciones-cromosomicas.shtml" target="_blank">Mutaciones cromosómicas</a>). Estará molesto, confundido, hasta llegará a sospechar, si es supersticioso, que hay por allí un espíritu o fantasma; tendrá miedo, seguro (<a href="http://www.monografias.com/trabajos16/paranoia/paranoia.shtml" target="_blank">La paranoia</a>). Correrá la cama para ver sin hay alguien abajo, casi sin darse cuenta de su acto; abrirá el ropero con la excusa de buscar un abrigo, por si algo raro ve; iluminará los rincones para que luzcan supuestamente sus objetos más apreciados, pero en la creencia profunda de que los fantasmas pudieran verse mejor con mayor luz.</p>
<p>Lo que sucede es que algo desordenó la persona que estuvo antes, quizá buscando alguna cosa que no halló; pero no tocó nada, no corrió ningún mueble, no se robó ninguno de sus adornos ni fotografías, no le cambió el piyama de lugar ni el vaso para el agua.</p>
<p>Pero estuvo, y parecería que <em>desordenó el aire</em> de su cuarto.</p>
<p>Esa presencia desdoró el cuarto, el orden invisible que usted ha organizado en él.</p>
<p>Porque no sólo sus objetos personales tienen un orden, hay algo más: además del aire, quizás las sombras que hizo en la pared dejaron pequeñísimas señales grises (<a href="http://www.monografias.com/trabajos66/libro-desierto/libro-desierto.shtml" target="_blank">El libro del desierto. Nuevas y viejas huellas</a>).</p>
<p>Da miedo regresar de un viaje porque, sea quien fuere quien entró, indudablemente fue un fantasma aunque fuera igual a cualquiera de nosotros, y ahí comprendemos que usted, yo y todos nosotros somos fantasmas. Me da más miedo todavía&#8230;</p>
<p><strong>Envío</strong></p>
<p>Si intentan este peligroso experimento -leer al revés, desordenar espiritualmente un cuarto, etc.- comuníquenme los resultados, en especial si se encontraron con alguien extraterreno.</p>
<p>Para inspirarlos, les copio algunas líneas del libro de poemas <em>El pez y su ceniza,</em> de Ernesto Costa Perazzo, declarado de Interés Cultural por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires:</p>
<p>&#8220;<em>El fantasma</em></p>
<p>Todos los muertos resucitados en mis sueños</p>
<p>se mezclan con los vivos.</p>
<p>Al despertar, un grito de animal herido</p>
<p>se oye detrás de las montañas.</p>
<p>Es un puñal afilado que hiende el cuerpo del fantasma</p>
<p>y se abre paso a la vida,</p>
<p>mezcla opulencias del recuerdo,</p>
<p>mitiga la seca garganta del olvido.&#8221;</p>
<p>No lo voy a hacer yo, pero, amigos, den vuelta del revés este bello poema y verán cómo queda en desorden, aunque coherente y lógico, y hace que aparezcan los fantasmas&#8230;</p>
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		<title>Tres náufragos</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Mar 2012 19:20:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mora Torres</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Monografias]]></category>

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		<description><![CDATA[Elsa, la amiga con la que convivo desde hace 25 años (La Amistad: Esas Amistades Peligrosas), nunca me lee (El desafío de la lectura). Yo la corro por los rincones de la casa y hasta por el jardín -donde ella suele cortar el pasto-, con cuadernos en ristre, pero me dice que &#8220;después&#8221; (El despreciado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Elsa, la amiga con la que convivo desde hace 25 años (<a href="http://www.monografias.com/trabajos80/amistad-amistades-peligrosas/amistad-amistades-peligrosas.shtml" target="_blank">La Amistad: Esas Amistades Peligrosas</a>), nunca <em>me</em> lee (<a href="http://www.monografias.com/trabajos75/desafio-lectura/desafio-lectura.shtml" target="_blank">El desafío de la lectura</a>). Yo la corro por los rincones de la casa y hasta por el jardín -donde ella suele cortar el pasto-, con cuadernos en ristre, pero me dice que &#8220;después&#8221; (<a href="http://www.monografias.com/trabajos86/despreciado/despreciado.shtml" target="_blank">El despreciado - Novela</a>).</p>
<p>&#8220;Después es nunca&#8221;, dicen popularmente (<a href="http://www.monografias.com/trabajos66/refranero-popular-cubano/refranero-popular-cubano.shtml" target="_blank">Reflexiones acerca del refranero popular cubano</a>). En el caso de Elsa, es más nunca que nunca (<a href="http://www.monografias.com/trabajos14/grnmentira/grnmentira.shtml" target="_blank">Reflexiones sobre la gran mentira</a>).</p>
<p>¿Y para qué quiero que <em>Ella me</em> lea?, me<em> </em>pregunto a mí misma en medio de mi furia (<a href="http://www.monografias.com/trabajos60/viaje-reino-deseos/viaje-reino-deseos.shtml" target="_blank">Viaje al Reino de los Deseos</a>).</p>
<p>Y aunque no tengo una respuesta para transmitir en claras y concretas palabras, sé por qué quiero, y no es antojo&#8230; (<a href="http://www.monografias.com/trabajos85/mas-que-dias/mas-que-dias.shtml" target="_blank">Más que días</a>).</p>
<p>Hay una excepción a su desamor por <em>mi literatura</em>: cuando la nombro a ella sí me lee. En alguna de esas ocasiones suele fastidiarse un poquito, pero a la vez está orgullosa de aparecer en mis modestas letras de molde.</p>
<p><span id="more-3725"></span></p>
<p>De modo que intenté escribir un cuento que la incluyera, pero sucedió lo impensado.</p>
<p>Una vocecita dijo dentro de mí: &#8220;¿Para qué inventar? Si el cuento ya sucedió hace unos años, ¿no recuerdas la manija del cajón del marinero, el de la isla Martín García?&#8221;.</p>
<p>Tal vez se fastidie esta vez Elsa porque la incluyo entre los náufragos, pero me incluyo a mí también, y al marinero&#8230; (<a href="http://www.monografias.com/trabajos68/velero-travesia-mar-existencia/velero-travesia-mar-existencia.shtml" target="_blank">El velero. Una travesía por el mar de la existencia</a>).</p>
<p><strong>Tres náufragos</strong></p>
<p>Fuimos con Elsa a la isla Martín García. Es pequeña y soleada y tiene un cementerio antiguo con tumbas de marineros españoles. Lo raro es que las cruces de las tumbas están torcidas hacia la derecha -¿o hacia la izquierda?- en un orden perfecto, en diagonal, como si en lugar de ser cruces de hierro fueran hierbas altas y el viento las estuviera azotando, un viento muy prolijo&#8230;</p>
<p>Recorrimos unos minutos el lugar donde todas las sepulturas y las cruces eran iguales y no había inscripciones, tan solo se sabía que pertenecían a viejos marineros que habían llegado en barcos españoles.</p>
<p>Elsa juntó un objeto que estaba entre las tumbas y que era muy pesado para ser tan pequeño, y lo robó, lo guardó en su bolso. Salimos caminando muy rápido hacia el catamarán que esperaba en la costa, y después de que nos instalamos dentro del barco vimos que el objeto tan pesado y pequeño era la herrumbrada manija de un ataúd.</p>
<p>Cuando llegamos a casa lo pusimos en una vitrina, entre recuerdos viejos.</p>
<p>Meses después hubo una gran tormenta de noche, en Buenos Aires -era la época en que vivíamos en esa ciudad.</p>
<p>Todas las puertas y ventanas se abrieron de repente, el viento era feroz: escuchábamos desde nuestra cama, queriéndonos dormir, sin atinar a levantarnos, por algo que no es exactamente miedo y que se desata en las tormentas; una desolación, un desamparo. Uno quiere cerrar los ojos aunque tiemblen las puertas, en circunstancias así.</p>
<p>De golpe algo nos despabiló completamente; comprendimos que había que levantarse, secar el agua que había entrado, cerrar las puertas y ventanas y quizá recoger los pedazos de algo que al caer había hecho un estruendo diabólico.</p>
<p>Nos levantamos en camisones de franela blanca, como una fantasmas; comenzamos a sacar el agua con el pequeño escurridor, en el living, en mitad de la noche de tormenta.</p>
<p>Y, más que de tormenta, de naufragio, eso creí sentir.</p>
<p>Porque de todas las cosas de la vitrina e inclusive de todas las cosas de la casa entera, una sola se había caído provocando aquel terrible sonido: la manija del ataúd del marinero español, la pesada y pequeña manija, cuando se mantenían en pie objetos mucho más frágiles y de mayor tamaño.</p>
<p>Elsa y yo, en camisones de franela blanca, escurríamos como quien escurre a los muertos: dos damas muy ridículas, de serias y sonámbulas facciones, con toda seguridad acompañadas por un viejo marinero que no podía dormir, con diminutos escurridores, sacando agua en medio del terror.</p>
<p><strong>Envío</strong></p>
<p>Rápidamente, gratitudes&#8230; Y abrazos de reencuentro.</p>
<p>Mora</p>
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