Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

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Daga Azul - II

Viene de Daga Azul:

Un día abrieron un taller musical en la prisión y me inscribí, por supuesto. Me inscribía en cada clase, en cada conferencia que dieran o en cada obra de teatro que presentaran. Mi idea no era compartir sino aprender, hubiera preferido estar solo en cada actividad.

Daga Azul II

Buscaba una salida para mi propia escala musical (La incidencia de la memoria musical en el desarrollo de la competencia auditiva): antes, el único modo de no escuchar la repetición nocturna de los partidos -de las 9 a las 12- era meterme en casas silenciosas (La melancolía: por una libra de carne).

Y acá debo dar una vuelta para atrás, hacia el comienzo; olvidé relatar algo muy importante (El olvido está lleno de memoria).

Acostumbrado ya a invadir los hogares de la gente durmiente, poco después de la muerte de mis padres fui una noche y entré por la ventana en el hogar de unos desconocidos. Todo lo desconocido y extraño era para mí una fiesta de descubrimientos, todo lo que no era yo y todo lo que no era mío me parecía un mundo deslumbrante (El gran viaje hacia la silueta tan distante).

Veía un fulgor especial en las personas que estaban durmiendo; en las cosas serenas que no me pertenecían y justo en esas horas de la noche alta (Guardianes de la noche, la memoria).

Aprendí a ser más cauteloso de lo que había sido nunca; me convertí en un gato que caminaba y se movía sin hacer el menor ruido por toda la casa que había asaltado; entreabría las puertas, espiaba gente dormida (Ante la puerta de la ciudad).

Esperaba encontrar a la chica más hermosa del mundo y quedarme a su lado mirándola dormir.

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Daga Azul

Amigos, dentro de poco -el 20 de julio- será nuestro día (José Martí y la amistad). Saludo a todos los que pasaron una vez por aquí (Esa otra manera de vivir), y lo recuerdo en especial a Joise por el dolor de su país, además de agradecerle que embellezca mi sitio desde hace tantos años… Y a Celestino y a José María. Y a la memoria inmensa de José Itriago, otro venezolano como Joise, “que se nos fue pero aún nos guía”, diría el tango.

Y a Felipe: gracias también. No sólo a mí me hipnotizan tus relatos, hay gente que busca este blog para leerte.

Hoy les traje un cuento (El cuento y sus características). Ustedes me dirán si los entusiasma y si quieren saber el final:

Daga Azul

Daga Azul me parece un nombre encantador y tal vez sangriento para una mujer, por eso me despertó curiosidad (Literatura y Alquimia). Aunque antes de contar esta historia, debo decir algunas cosas sobre mí.

Soy un hombre afortunado. Mi fortuna no consiste sólo en dinero, tengo también un tesoro enorme de soledad. Me necesito a mí mismo, me apruebo y desapruebo con las palabras que un amante encontraría para hablarle a su amada. Y esto es bueno, o era bueno. Solo bajo el cielo de la noche o el día, mi propia compañía me resultaba espléndida; mi sombra, mi ombligo (Narcisismo y personalidades fronterizas).

Quizá no tanto mi ombligo… De niño me sentí separado de mis padres por una pared o una red (pared-red) invisible.

Ellos eran fanáticos, alucinados. No me miraban nunca a mí sino a sus respectivos delirios: el fútbol y las fotonovelas.

Todavía escucho una radio con la voz de José María Muñoz, apellidos de jugadores de fútbol marcando un gol o errándolo; siento la náusea que me producían los domingos. Y los comentarios amargos o eufóricos de toda la semana.

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El misterio de mi muerte

Empecé a escribir lo que les prometí (Yo te amo… Yo te amo), una nota sobre Benjamín Solari Parravicini, pero de pronto me nació un cuento, de esos que a ustedes les gustan en ocasiones (Efectos de red).

Entonces démonos un respiro de augures, científicos que pronostican el fin del mundo y otras yerbas (Calentamiento global), y otro día continuaré con el profeta latinoamericano…

Informe sobre el misterio de mi muerte

No puedo quejarme por el fracaso de mi velatorio; sería una desagradecida, porque había mucha gente. Aunque quiero aclarar ciertas preguntas que rondan alrededor de mi muerte, cuando ésta no fue nada del otro mundo (¿Qué es el mundo?).

Yo andaba entre puntada y puntada transformando las cosas, mientras una angustia alucinada se sumaba a mis transformaciones (La transformación de la sociedad).

Había cambiado la lapicera por la aguja, conversión que en una mujer de mi edad ya de por sí resulta extraña. Debido a esto me perseguían los fantasmas de mi antiguo oficio (El artista y la conformación/disolución del espacio en Kafka).

Y esos fantasmas no son cualquier cosa, son retorcidos y acosadores, hasta aterradores llegaron a ser; piensen en juntarse con Poe o Lovecraft y ya verán de lo que se trata.

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Profetas del Fin del Mundo; hoy, Nostradamus

Para hablar de El Fin del Mundo -para dejar hablar de El Fin del Mundo, mejor dicho (Los cambios de era y el fin del mundo)- y en especial sobre los personajes que lo profetizaron, voy a tratar de ser organizada.

Primero buscaré y copiaré las profecías de Nostradamus (Nostradamus: Centurias) y Solari Parravicini -empezaré con Nostradamus; el otro miércoles seguirá Solari (Profecías de Benjamín Solari Parravicini).

Habrá otro miércoles con una nota predictiva sobre científicos ateos o quizá sólo agnósticos, como el genio de Stephen Hawking (Biografías de físicos y matemáticos), y otro día de los de Mercurio con profecías de científicos místicos como Isaac Newton (Biografía de Isaac Newton).

¿Les gusta?

Para hoy, tengo que hacerles una advertencia. Me enamoré de tal manera del estilo y el modo de narrar de Alberto Savinio, el italiano que me contó en su libro Vuestra Historia vida y milagros de Nostradamus, que mi pluma se intimidó. ¡Es demasiado bueno! Lo copiaré, lo editaré, sacando únicamente algunos párrafos por motivos de espacio (El sentido de Babel).

Vaya como un regalo, o como un monumento universal que debemos disfrutar todos.

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Aniversarios

Por este tiempo hay varias fechas de mi agrado para conmemorar o celebrar.

El 7 de Junio fue, en Argentina, el Día del Periodista (El periodismo).

El 7 de junio de 1810 -¡qué jóvenes somos los latinoamericanos!- Mariano Moreno, el brillante abogado y político asesinado en la flor de su edad (Historias de traiciones y muertes de los políticos en el Río de la Plata), fundó la Gazeta de Buenos Aires, el primer periódico criollo (Literatura y complot en “La conspiración. Ensayos sobre el complot en la literatura argentina”, de Pablo Besarón).

128 años después, un 25 de Mayo, tuvo lugar en Córdoba el Primer Congreso de Periodistas. Allí se instituyó “el Día del Periodista el 7 de junio…” ya que “la Gazeta de Buenos Aires no solo fue el primer diario argentino sino que también inauguró la libertad de prensa en la América meridional”.

¡Que la libertad de prensa sea eterna, amigos míos! (Movimientos de Periodistas en Centroamérica).

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Envíos de la niña de piedra II

Queridos amigos: estos son los Envíos de la niña de piedra que les prometí en la nota anterior. Y ya que estamos en Poesía, colaboren mandándome un poema -propio o de un autor que amen- y lean las siguientes monografías:

El género lírico: la póesía

Relación de la poesía y la filosofía en el pensamiento humano

La madre en César Vallejo

Mujeres latinoamericanas expresadas en versos. Ensayo poético

“Llamo a los poetas”, de Miguel Hernández, y Guernica, de Pablo Picasso, como propaganda política en el arte

La Sociedad de los Poetas Muertos y Teorías de Educación

Relación entre “Espergesia” (César Vallejo), “Estanco” (Fernando Pessoa) y “Borges y yo” (Jorge Luis Borges)

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Envíos de la niña de piedra

Lo que voy a contarles -de lo cual quizá ya les conté una parte antes, aunque no lo recuerdo (La memoria y el olvido)- toca, ¡otra vez!, al Cementerio de la Recoleta.

Puede ser que yo tenga una obsesión con este tema (“El Túnel” de Ernesto Sabato), un hechizo o un encantamiento (Hechicería e Imaginario Social), pero en el caso es casualidad, pura casualidad, o causalidad, dirán algunos, muy seriamente (Logosofía: ciencia de la causalidad).

Como un silogismo, o como una escalera que desciende, esta vez el relato empieza lejos del mencionado cementerio.

Yo estaba mirando televisión aquí, en Agua de Oro, Córdoba, hace unos días. Miraba el programa de Mario Marquic “En el camino”, en un canal de aire de Argentina.

El conductor recorre en cada entrega diferentes lugares de mi extenso, y variado, país. Esta vez estaba en la ciudad de La Plata, narrándonos su nacimiento. La Plata es actualmente, y orgullosamente, la capital de la provincia de Buenos Aires (Ciudades Diseñadas. El caso de La Punta (San Luis - Argentina).

Como encendí el televisor cuando ya “En el camino” estaba muy avanzado, lo que oí y lo que vi fueron flashes que después se acomodaron un poco forzadamente en mi entendimiento.

El primer pantallazo se trató de la fotografía -es decir, el daguerrotipo (Historia de la fotografía)- de Dardo Rocha. Él fundó la ciudad en 1883, con todos los adelantos modernos, y algunos futuros. Dardo Rocha, según Wikipedia, nació en 1838 en Buenos Aires, donde murió en 1921. Fue abogado, político, diplomático, militar, periodista y docente, y, además, creador de pueblos. Aparte de La Plata, fundó las ciudades de Necochea, Tres Arroyos y Coronel Vidal, y dio origen a la Universidad de La Plata, de vasta fama.

El segundo pantallazo o flash que atravesó mi mente siempre curiosa fue la maqueta previa a la construcción de La Plata.

Me asombró. Eran muchísimos cuadrados, que es lo común en nuestros pueblos de origen español, pero estos cuadrados estaban cruzados  por numerosas diagonales. En cada diagonal y en cada triángulo del dibujo, cada seis cuadras, se marcaba un espacio verde, un parque o una plaza.

Miré la maqueta que mostraba la cámara; se veía que a pesar de los cuidados del museo, el papel se había puesto amarillo, casi marrón, como una reliquia de ópalo.

Yo había estado una vez y sólo un día de visita en La Plata, recorriéndola, y me habían maravillado la Catedral, el museo Florentino Ameghino, que guardaba el temible esqueleto de un dinosaurio, y otros detalles fascinantes de distintas culturas latinoamericanas, además de cierta elegancia de las calles que dependía de las diagonales.

Escuché el nombre del hacedor de la maqueta, del constructor de la ciudad (Historia de la arquitectura): era Pedro Benoit, y algo me decía ese apellido desde el fondo de la memoria, desde ese bosque donde se mezclan nombres y acontecimientos.

El programa siguió y -con gran sabiduría- su conductor nos mantuvo ansiosos, a la espera de resolver al final el enigma que planteaba: el arquitecto de La Plata, Pedro Benoit, ¿de quién era hijo? (Franceses en la Argentina).

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Las nueve lunas de José Pedroni

“Por esta galería bien medida y rimada

se puede ir a la muerte con la vista vendada”.

Hoy quiero dejar de lado los cuentos, los sueños y relatos (Cuatro relatos históricos) -hasta el próximo miércoles- con la intención de hacerles un regalo bien cumplido: olvidarme de mí y hacer que amen a José Pedroni. Todo el que lleve en sí alas de poeta lo amará. Y el que esté por ser padre, madre o abuelo/a… (Inmigración y literatura: Poesía 1872-2004).

Más allá de su Lunario santo, Pedroni escribió una narración épica en verso sobre la llegada de los inmigrantes a la mítica ciudad de Esperanza, en la provincia de Santa Fe, obra que ya es un clásico en la literatura -argentina, hispanoamericana, mundial (Borges y la eternidad en construcción). Pedroni, por épico, fue en parte nuestro Homero (Las fuentes escritas de Grecia).

Por simple, podríamos decir que fue nuestro Edgar Lee Masters (Rafael Arraíz Lucca: la mirada precavida).

“Pedroni nos habla de los artesanos de su pueblo con el mismo interés que pone en los problemas de índole universal. La antigua sabiduría y los modernos apremios, los fundadores de pueblos y los hombres qu labran la tierra (…) y la esperada gloria de la lluvia, la Biblia y el camión, convergen sin artificios en sus libros. Se diría que el suyo es un ademán abarcante donde tiene cabida todo aquello que lo toca de manera entrañable”, dice el poeta Carlos Mastronardi (En búsqueda de las claves poéticas de Orlando Van Bredam).

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Las palabras de piedra

Yo salía de mi departamento del barrio del Once y no iba a ningún lado en realidad (Brújula). Un hombre que pasaba me preguntó adónde me dirigía y le mentí:

-Voy para allá -apenas susurré, y él siguió caminando conmigo por la calle Viamonte (Teoría matemática del destino).

Llegamos a Junín y yo crucé y doblé, y él junto a mí.

Caminamos por Junín muchas cuadras. Nos mirábamos la punta de los zapatos.

No sé qué descubrí en la punta del mío que me inspiró a decir esto:

-Gente que ha muerto hace tiempo y que hace pedidos desesperados como H. P. Lovecraft en sus relatos, me inquieta (El cuento de terror).

Mi acompañante me miró asombrado, aunque sorprendentemente sabía de lo que hablaba:

-No vuelvo mucho a él porque el escalofrío que me produce llega desde mis años de juventud hasta acá. Y no es un golpe, es un redoble. Es la palabra de piedra de un muerto (Las palabras ocultas en la inteligencia).

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Tres interrogantes

-¿Lo que lo había traído acá? -le preguntó la anciana señora, que esperaba junto a él y varios más en el consultorio de la “médica” (Fenómenos psíquicos).

Le dio vergüenza contestarle. Él ya era un hombre casi viejo también cuando se propuso descubrir la raíz de su incomodidad en el mundo (Teoría atómica del malhumor…).

Para eso compró muchos cuadernos y lapiceras y se extasió toda una tarde comparando el gramaje del papel y los colores de la tinta: describiría toda su existencia como si se la contara de verdad a Freud, a Jung o a Lacan -tenía una amplia cultura general, pero no la había profundizado-, a ver si descubría el momento justo en que algo lo había hecho como era (La anatomía patológica del mal).

-¿Y después, cómo armaría el rompecabezas de sus últimos años? (La muerte renovada).

Eso ya no importaba, él moriría conociéndose, al menos en parte (Autoconocimiento. Diálogos en confianza…).

-¿Y para qué, acaso para dar explicaciones a San Pedro o al Diablo? (Más acá del bien y del mal).

Tal vez todo ese mundo que estaba por encima de su cabeza no existía… Seguro que nada existía más que el afán de las personas de dar explicaciones a cada fenómeno que ocurría. Mas él moriría sabiendo algunas cuestiones que le concernían, y aunque después de muerto no fuera a ningún lugar ni le sirviera para nada la hazaña de cazarse a sí mismo, el momento de morir sería mucho menos desagradable si sabía.

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