Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

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Las señoras de unos antiguos versos

He visto, o imaginado, a varias poetisas con párpados fosforescentes (Todo en el fin será silencio): verde para Olga Orozco (Romanticismo, Literatura Romance), morado para Marosa di Giorgio, y es posible que ambos colores y algunos más estuvieran en los párpados de Delmira Agustini (Una indagatoria sobre el feminismo en el Uruguay…) y de Juana de Ibarbourou (Guía para el análisis de poema), tal vez ninguno en Gabriela (Literatura Hispanoamericana) ni en Alfonsina (Literatura argentina: notas y entrevistas), no lo sé.

La enfermedad, y no siempre la actual, sino más bien antiguos padecimientos (El yo y la enfermedad), es otra de las lámparas que hacen la iluminación o el clima de algunas señoras. Por ejemplo, Milagros escribió: Enfermedad o locura que me criaste de niña con comida de pájaros, que me pusiste plumas y pico y piel antigua de muñeca en banquete de flores que me queman; enfermedad tan bella que me diste los ojos erizados de la fiebre y me alcanzaste libros de palabras cantoras; ahora te perdono, todo lo que no pude es lo que pude decir en mis cuadernos. (Continuar leyendo »)

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¿Cómo sigue..?

¿Cómo sigue, cómo se llama?

Encontré en el fondo de un cajón este principio de novela, que además tenía un recordatorio para mí misma (La Novela y la Historia). Me encantaría que algunos de ustedes la continuaran, para revelarme su posible final (La lista final y el viaje para el cual uno nunca se prepara), o acaso sólo su evidente intermedio.

El recordatorio es éste:

Mora: como sabés, esta novela ha comenzado inspirándose en este párrafo de Jung (Arquetipos): “Soñé cierto motivo durante varios años, acerca de que yo ‘descubría’ una parte de mi casa cuya existencia desconocía. Unas veces se trataba de las habitaciones donde vivieron mis padres (…), y donde mi padre, para sorpresa mía, tenía un laboratorio en el que estudiaba la anatomía comparada de los peces, y mi madre tenía un hotel para visitantes fantasmas” (Fantasmas. Crónicas de un viaje al interior). Sabés, también, que ahora la idea es escribir organizadamente, no adelantar capítulos para después rellenar con los que faltan -bosque donde uno suele perderse (El mundo de las letras)- y, además, la idea sería redactar aproximadamente sólo una página por día, pero todos los días del año, en perfecto orden, con lo que al concluir el año 2003 te encontrarías con una novela de 365 páginas que se ha ido escribiendo sola (El calendario). Porque también la idea es no pensarla durante el día (En el día del libro), durante los momentos en que no estás escribiendo, no “vivirla” constantemente, como a la otra, sino escribir cada página según el momento, siguiendo el argumento, e irla dejando acá, intentando no recordarla, de modo que los personajes y no vos manejen la trama de los hechos (Tipos de Novelas). Veremos, no sé si sos capaz de tanto renunciamiento… (El lobo estepario, un intelectual perdido en una sociedad ajena a su mundo). (Continuar leyendo »)

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El saco de visón de mi tía Consuelo

Una fotografía del presente se deslizó hacia ayer (Inmigración: fotografías) y mis ojos de cuando era niña sorprendieron esa imagen de mí (El sí de las niñas): cómo envidio a esta hada madrina (Mal de ojo), a esta hada vieja (Psiquismo y elementales) fumando junto al fuego una mañana de frío.

Es julio, estoy un poco resfriada y tengo mi chimenea (Efectos de la gripe humana AH1N1); mis lápices están ordenados por color sobre la mesa, en cuanto lo deseo, escribo o canto, ya con tinta vacilante, ya con voz oxidada, y estoy completamente sola en ese viento de alegría (Canto a la vida).

El sacón de mi tía

“No venderé este saco de visón, heredado, porque trae, junto con su hermosura, escenas felices de cuando su dueña paseaba por las calles preocupada tan solo por el brillo del sol”, pensé (La mujer vestida de sol).

En la trama donde se incrustaba cada hilo podía sorprenderse la antigua alegría de mi tía, la dueña del visón, eran espejos móviles que la mostraban, había quedado su sonrisa, su andar movía el resplandor y ella caminaba a mi lado otra vez. (Continuar leyendo »)

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Ser poeta cuesta, pero no vale…

Yo trabajé toda mi vida (El trabajo como concepto- valor- contenido), pero no puedo jubilarme (Factores psicológicos intervinientes en la calidad de vida de las personas en la etapa de la vejez).

Ni siquiera con la jubilación de ama de casa (Madres trabajadoras), porque para eso necesitaría no haber hecho nunca aportes, y a veces, pero pocas, tan pocas que no alcanzan, trabajé en blanco y efectué los aportes consabidos.

Hay una pensión para escritores y poetas que están en esta situación (La Sociedad de los Poetas Muertos y Teorías de Educación): tanto en la ciudad de Buenos Aires, donde residí hasta hace poco, como en la ciudad de Santa Fe, donde nací (Aportes del cine documental a la construcción de la memoria y el pasado reciente).

Para la pensión en Buenos Aires me presenté con algún currículum, como ser dos veces premio del Fondo Nacional de las Artes -y otros premios también, algo importantes-, pero no alcanzó; me contestaron que no podían otorgarme el subsidio por escasez de antecedentes (Buenos Aires, una ciudad que enamora). (Continuar leyendo »)

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Habla Sidarta, el príncipe

Una sombra rondaba la puerta del palacio y yo la vi (Las sombras de la infancia…), se parecía ligeramente a un hombre (Quién es el hombre) y sus manos anudaban un pedazo de madera. Se agachaba para hacerlo, y el viento le desparramaba los cabellos que se parecían a las cenizas sucias del hogar de mi padre, cada invierno (Eje Terrestre). De su boca brotaban palabras en un idioma que yo podía comprender sin entender el tono (Uso de lenguas originarias), y que eran una música triste -para mí, que nunca escuché música triste (Inmigración: música y danza)- o eran el sol cuando de pronto deja la ventana de mi palacio vuelto nube. “Las palabras se han hecho para cantar”, pensé en ese momento, “los rostros se han hecho para mirar con una sonrisa, los ojos para brillar bajo la luna, divinos peces dorados del lago de la noche” (La Felicidad).

La verdad, no sentí simpatía aquella vez por esa figura de hombre o animal que quebraba la ley de la armonía, las dulces reglas para amar que había en mi palacio (Amor). (Continuar leyendo »)

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Para Osvaldo

Mi corazón estaba muy alejado de las cosas reales y es por eso que intentaba escribir cuando era joven (El autismo, El autismo y su entendimiento).

Había cosas sencillas que me hubiera gustado tener, como la concentración de un contador en sus cálculos (Definición personal de la contabilidad), de un abogado en sus alegatos (Introducción al Derecho), de la vendedora que empaquetaba con tanta habilidad los objetos que yo compraba diciendo que eran “para regalo” (La Navidad en Venezuela).

Había llenado mi cuarto de objetos para regalo, envueltos, que jamás se me ocurría abrir hasta pasados unos cuantos años, a cuyo contenido ya le había perdido el rastro (Veinte reglas para escribir una historia de detectives). (Continuar leyendo »)

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8

La prosa que algunos escriben (Géneros literarios) suele tener hojas secas, raíces, piedras de edades diferentes (Introducción al arte rupestre), voces de gente diferente en Babel (Para no seguir en Babel). Éstos son los residuos que la poesía dejó en la página marcada.

Y es verdad que sin los residuos del poema que fue toda prosa antes de comenzar a escribirse el amor y la muerte están muy quietos, abarcan poco, son sólo los amores pasajeros y la muerte pasajera de los personajes (La novela). (Continuar leyendo »)

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Amor animal

La señora que vivía anteriormente en la que ahora es “mi casa de las sierras” me dejó un regalo singular (Fiestas del mes de mayo).

Yo había previsto criar un cachorro de fox terrier (El Amor) , que conseguiría en la ciudad de Córdoba (Los primeros pobladores de las Sierras Centrales de Argentina).

Pero los dioses entrelazaron para mí negritud y brillantez con dos diamantes oscuros y cabellos largos (El banquete: un texto de referencia para el deseo y la transferencia).

Era Polka, una perra de seis años.

Entrelazaron además -los dioses, digo- alegría, bondad y fidelidad con un poco de independencia felina (Los gatos), movimientos felinos y la sonrisa del Gato de Alicia en su país… Y para los desconocidos sospechosos, dientes de Cancerbero (Leyendas Coloniales).

Nos comunicamos por señas, ella y yo, que estamos enamoradas desde que nos vimos. No sé qué habrá visto Polka en mí, pero me ama; yo lo que vi en ella fue el esplendor mismo y victorioso y voluptuoso de la vida, algo así como el revés de El corazón de las tinieblas (Los amigos y enemigos de Indiana Jones), algo como mirar hacia la luz y encontrar el centro mismo de la luz de todo el género animal y empezar a comprenderlo.

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De cuadros y de sonrisas

Siempre me pregunté -además de los que todos se preguntaron desde el siglo XVI (El estilo barroco aristocrático), es decir, ¿qué esconde la sonrisa de La Gioconda?- qué quedaba detrás de ese cuadro cuando estaba pintándolo Leonardo (Leonardo Da Vinci).

Más claramente, no en el cuadro, sino atrás, pero sí pasando por la puerta de su sonrisa. Y mi respuesta, porque todos tenemos una respuesta especial para cada una de nuestras preguntas más “originales”- era que había una construcción de abismos y retablos con fuego. En esa construcción, estaban parados Leonardo y su amante (De amor y de sombra).

Leonardo y su amante, que era su amado transparentemente (Homosexual: natural o de crianza), se abrazaban por fin sin pecar, sin violar esa envoltura tan fina -y esplendorosa- que se bifurca en lagos en dos lugares de la carne. Allí me parecía que detrás de las vírgenes y de los mantos, de la escenografía renacentista (Renacimiento), mientras entre los mantos un pliegue dibujaba el buitre de la infancia de Leonardo -el buitre que “descubrió” Freud (Freud y El Éxodo)- ellos se abrazaban y se besaban, y también atrás de toda sonrisa, en la profunda realidad (De la visión sistémica del mundo real).

Es anecdótico para mí que algunos científicos estén tratando de ubicar el paradero de quien fue la modelo del cuadro, de la joven, Gioconda. Lo que importa está mucho más lejos, detrás del cuadro pero también del tiempo, Leonardo es libre y está seguro (La libertad).

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El dolor

Y ahora que ya estoy instalada en el lugar-paraíso-ojo de buey que soñé toda mi vida -Agua de Oro, pueblo pequeñito de las sierras de Córdoba (Provincia de Córdoba)- viene a buscarme el dolor, con sus consejos, con sus límites y enseñanzas: “detente un poco, yo también existo” (Dolor físico y dolor emocional: el holograma de los sentidos).

El dolor, cuyo nombre he aprendido de chica (Una mirada a los niños institucionalizados y a la zooterapia), cuyos pasos caminan por el techo, se aproximan, me cercan, el dolor me trae su mariposa negra, sus flores moradas, incrusta su corazón de hielo en mis latidos desprevenidos.

Le digo que acá no hay nada digno de sufrirse, tan sólo solitarias plantas esperando su riego, musitando plegarias, le pregunto qué busca, incesante y eterno, en el vacío (La articulación entre vacío, materia y tiempo en el De Rerum Natura).

No contesta, yo misma me contesto que una música soñada que han escuchado despiertos mis párpados, una música ejecutada en un violín del sueño, escuchada por tenaces espectadores que no duermen, ha hecho girar el dolor otra vez (La música de la India). Yo misma tal vez, parada allí, silenciosa y congelada, he hecho girar la rueda (La rueda de la fortuna).

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