Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Se trata de Germinal Nogués…

Hace noches que sufro la pesadilla de una deuda impaga que no sé cuál es, de la que se me han borrado todos los recuerdos (La memoria de los olvidos: Manuel Scorza). De ella sólo sé que aparece en una pesadilla, en un sueño horroroso que trata de mis deudas impagas (Frente al espejo - relato).

Parece ser que se trata de una deuda de mucho más que dinero (Origen del dinero).

En fin, esta mañana me levanté igual, hurgando en la misma tristeza, sin encontrar una sola imagen, culpa o herida proferida por mí, más allá de las que me son bien conscientes (La literatura: una vía hacia un despertar de la conciencia crítica).

Tomé melancólicamente mi café.

Y otro vaso de agua.

El agua del segundo vaso circuló hasta llegar a mi cerebro, donde todo se esconde, como en cualquiera que se precie de persona (¿Qué es una persona?).

Entonces, ya en trance, me acerqué a la computadora, y seguía en trance cuando abrí Mis Documentos.

Pasé cientos de documentos guardados, la mayoría de las veces por neurosis de acumulación. Llegué a un nombre que hizo un ruido con compás: Germinal Nogués.

Era un archivo escrito por mí, un informe de lectura que -ahora empiezo a recordar- presenté en una editorial que previamente me había dado a leer un libro para que diera mi opinión.

Es el siguiente escrito, que no encomillaré por pertenecerme, y aparte, porque si no fuera mío, nadie se pelearía por ser su autor. Pero trata, eso sí, de algo de gran precio.

Sé que puede resultar un poco largo, más aún si se le suma el relato que lo explica.

Aunque si tienen paciencia se encontrarán con una bella, triste, enriquecedora historia que, además, aguarda su final y este final no depende quizá de mí sino de alguien generoso.

Copio el infome que escribí a finales del año 2000, creo.

Tangos de los pies a la cabeza, de Germinal Nogués

Es una reconstrucción minuciosa de Buenos Aires y en particular del que vivió la época de “oro” del tango: baldosa por baldosa, barrio por barrio; también, oficio por oficio, institución por institución; mitos, personajes, ríos, pájaros, prostitutas, magos, actores, asesinos, deportistas, escritores, todos en referencia al tango, o que son evocados por éste. A tal punto todo está referido a Buenos Aires que las ciudades del interior que se mencionan, a veces porque son cuna de alguna celebridad, aparecen en primer lugar descriptas por la cantidad de kilómetros que las separan de la Capital. Falta una cosa: los cementerios; no se los registra ni en Chacarita ni en Recoleta; hago este comentario porque me resulta una curiosidad dentro de este libro esa omisión, no para que se lo agregue (daría para 100 o 200 páginas más).

Y ya que tangencialmente apareció el tema de la extensión, quiero aclarar que, a pesar de las apariencias, no es un libro excesivamente largo, son muchas menos páginas de las que parecen si se toman en cuenta los espacios en blanco (muchos blancos), las separaciones entre apartado y apartado, como si cada ap. fuera en realidad un capítulo -cuestión que habría que solucionar-, y gran parte de la escritura realizada a modo de enumeraciones, lo que no llena toda la página. Por supuesto que se pueden sacar muchas cosas (con lo que no quiero decir que sobren), pero para ver con claridad esto antes hay que unir algunos capítulos y, además, agregar unos cuantos subtítulos a los títulos que engloban cada tema, organizándolo de modo de facilitar la lectura. Sin embargo, tampoco se trata de un libro convencional como para que esté convencionalmente estructurado. Es tal vez esa estructura singular la que le permite un enfoque nuevo del tema.

En varios aspectos es un libro excepcional, también con lo que este adjetivo carga de insólito. Entre otras cosas lo es porque puede abrirse en cualquier parte y en cualquier parte el lector encuentra una historia o referencia atrapante. La escritura -el libro está elaborado a partir de citas de donde surgen las reconstrucciones- es estilo telegrama, el estilo telegráfico que en una de estas citas (la de Gómez de la Serna) se define como característico del tango. Las precisas observaciones cumplen con el objetivo de arrojar más luz sobre los datos que da el autor, aunque tal vez tengan que tener otro formato en algunos casos, y unificar criterios, como ya dije,  ya que aparecen a veces por orden cronológico, otras por orden alfabético y dentro de estas enumeraciones hay subenumeraciones que de vez en cuando adquieren mayor importancia que las primeras. Todos los objetos que rodean al tango están organizados también en orden alfabético o cronológico, a veces no muy correctamente. Abundan cuadros y relatos sabrosos de personajes marginales, descripciones de instituciones como los prostíbulos de fines del siglo XIX y principios del  XX y de los lugares donde funcionaban, así como de arquitectura (en uno de los capítulos hay un largo fragmento dedicado al obelisco que es realmente muy bueno, y muchísimos logros de este tipo que no recuerdo mientras escribo), astronomía, artes variadas y costumbres, junto con una ubicación de cada lugar por barrio que, además de aportar información interesante, constituye una estimable guía. Y, aparte, hay cosas como la siguiente: ya que la calle principal del barrio de Pompeya se llama Centenera, G. N. aprovecha para informar al lector sobre Don Martín del Barco haciendo referencia al vocablo argentina, etc. Estas digresiones son sensacionales.

La selección tanto de los textos citados como de objetos, personas y circunstancias, algunos con una relación indirecta con el tango, da por resultado una descripción detallada, exhaustiva en algunos aspectos y parca o inexistente en otros, según el criterio muy respetable del autor, de una época de Buenos Aires, y de un espacio, el del tango, dentro del cual cabe para G. N. -y hace una demostración efectiva de que cabe- todo el universo. Los recortes de diarios o revistas son  un  sorprendente archivo, con verdaderas perlas. Se rescata a gente desconocida, o no muy conocida, de vida trágica o pintoresca.

El trabajo consistiría especialmente en unir algunos capítulos, (porque hay algunos demasiado cortos y otros -en especial el  VI- muy extensos) que estén relacionados claramente entre sí.

Ejemplo de posibles “uniones”:

“Tangos” y “Tango” siendo, no obstante, partes de un solo capítulo (el n° 2) están tratados como capítulos separados. En “Tangos” hay al comienzo dos excelentes citas de Salas y de Borges sobre el tango, y después una enumeración de tangos emblemáticos con títulos que son nombres de esos tangos. El  apartado siguiente (ya dije, tratado en realidad como capítulo aparte, con hoja separadora y todo) se llama “Tango”. El criterio utilizado para escribirlo es realmente bueno, borgeano:  está formado por una lista de todos los tangos en los que se nombra la palabra tango. Pero este subcapítulo puede estar incluido después de un subtítulo en el anterior, con algunos otros también, y así sucede en muchos casos.

Respecto a cortes: se pueden sacar algunas cosas, tarea a realizar con o por  el autor, aunque es notable cómo las mínimas adquieren a veces mayor importancia que las tradicionales en esta obra, y eso es lo más valioso de esta mirada. Sin embargo, repito que en este momento correspondería unir (y en el caso del cap. VI dividir), y agregar subtítulos. En una segunda vuelta se verá más claro lo que se puede sacar sin demasiada pérdida.

Sugiero agregar un índice de personajes (personas, mejor dicho) que aparecen en el texto. Hay algunos que aparecen una sola vez, que son muy interesantes, (en este momento recuerdo un ejemplo entre mil: un traductor del Martín Fierro al idish) y corren el riesgo de diluirse en el texto, o en la memoria del lector. Tal vez sea complicado por la cantidad, pero sería muy apropiado y/o útil.

En realidad, es más un trabajo de “diagramación” y de diferenciar títulos de subtítulos y capítulos de subcapítulos. También puede decirse que es un libro un poco desbalanceado, pero no sé si esto lo digo a su favor, porque parte de su encanto son estas trangresiones. Algunos temas están tratados extensamente y otros demasiado parcamente, ¿pero quién puede juzgar lo que es verdaderamente importante?  Que haya títulos como “Nieve”, o “Chaparrones”, o “Paraguas” en el apartado “Clima” resulta (o me resulta) encantador. En las repeticiones (que las hay), hay que remitir al lector a la primera vez que se citó al personaje, o, como en el caso de las veces que se repite, es sólo un ejemplo, que el Colón queda en determinada calle determinado número determinado barrio, dejarlo la primera vez y sacarlo las demás.

Algunos otros comentarios y sugerencias

El capítulo II:

Bajo algo que hace las veces de título (el año: 1905) y bajo el subtítulo “Ada Falcón y sus hermanas”, se cuenta extensamente la historia de Ada, maravillosa historia que, si bien empieza con “Fueron tres hermanas dedicadas al varieté…”, sigue centrada exclusivamente en Ada (lo de sus hermanas es al pasar, y se puede eliminar del subtítulo).

De igual modo, bajo el “título” 1910 se cuenta la historia -también increíble- de Rosita Montemar. Aprovecho para señalar otra vez que no estoy muy de acuerdo con el criterio de ordenar cronológicamente, ni tampoco con los títulos a veces. Estas dos narraciones son interesantísimas, con citas muy apropiadas y extractos de diferentes diarios y de revistas de la época o actuales. Y como estas narraciones hay muchas, forman casi todo el libro y son excelentes. A propósito de una que recuerdo en este momento (la de “Barquina”, que aparece también con el título 1910) tengo que decir que en todo el conjunto (por omisiones, o en la historia de Petit de Murat, me parece) se transparenta claramente la posición política del autor (concretamente, a partir de su lectura sé que es antiperonista). Más allá de cualquier mirada subjetiva (en última instancia, por lo demás, estaría de acuerdo), creo que esto no es muy favorable para el libro, y menos para un libro que trata el tema del tango. Esto se podría remediar quizás acortando el espacio dedicado a Alem, Yrigoyen y Marcelo de Alvear, para que no quede tan sospechosamente breve el que se le dedica a Perón. De cualquier modo siento que falta algo en este universo de mitología tanguera que a veces sospecho debe abrazarse con la mitología propia del peronismo, y que no está. Tal vez es un prejuicio mío asociar Gardel (o la gente que lo seguía) con Perón (o la gente que poco después de enterrar a Gardel lo seguía). Trato de dar una idea de lo que se me ocurre como si fuera un lector inocente: asociar el entierro de Gardel con el de Eva está dentro de esto (de todos modos, tampoco Gardel aparece con demasiado espacio, y es un criterio del autor que no se puede rebatir).

El capítulo III:

Trata de “Personajes”, y estos son, parecería al comenzar a leer el cap., algo así como “personajes de la mitología del tango”, cercanos al tango pero no autores. De este modo el cap. empieza con Frank Brown, el payaso inglés. Ya en el comienzo se advierte cierto desorden, por cuanto debajo del apartado que se titula Frank Brown se comienza diciendo que el padre de Discépolo (de quien debería agregarse el nombre) compuso un tango llamado “Payaso” en referencia a Frank Brown, y en el segundo asterisco (o bolita) que el tango “El circo va”, de Cátulo Castillo, está compuesto en homenaje a este payaso inglés. O sea, hay dos asteriscos anteriores a la larga biografía de Frank Brown. Esto se soluciona fácilmente trasladando los asteriscos sobre los tangos que mencionan a la persona de la cual se dan datos biográficos al final, como G. N. hace en casi todos los capítulos. Pero el problema que se presenta seguidamente es que después de la extensa biografía del payaso, que nada tuvo que ver, al menos directamente, con el tango, más que por figurar en algunos de ellos, sigue un compositor, Hilarión Moreno, de quien los datos son muy escasos, pero sí se menciona que es autor de dos tangos que se nombran, autor que quizá más que entre este tipo de personajes debería figurar en otra categoría, algo así como “autores menores”, o menos conocidos. A éste le sigue Carlos Nasca, con biografía un poco más extensa que la de Moreno pero mucho más breve que la de Brown, autor de varios tangos que se nombran. Tal vez va en la misma categoría que Moreno. Pero después se sigue con un “autor mayor”, Ernesto Ponzio, e inmediatamente con “los Gobi”, dentro de lo que se intercala espacio para el personaje de la mujer de Alfredo Gobi padre (mujer digna de figurar en un capítulo especial junto a Ada Falcón y Rosita Montemar, ya nombradas, y otras) y espacio para el belga que auspició el nacimiento de la cinematografía argentina, hasta llegar a Alfredo Gobi hijo,  donde se hace una buena pintura de sus últimos días bastante trágicos, con acotaciones de Piazzola y otros. Pero inmediatamente después de Gobi hijo aparece Ramón Gómez de la Serna, quien, claro, entre otras cosas, habló mucho del tango. Es un capítulo que hay que revisar.

Capítulo VI:

Hay un apartado (con todas las apariencias de un capítulo) dedicado a “Deportistas” (dentro del cual se desliza un error de información cuando se habla de Pedro Candioti) y otro a “Fútbol”; digo esto para seguir con lo que puede unirse. Creo que en el capítulo VI, que a la vez hay que dividir, Escritores, Pintores, Actores, Deportistas y Fútbol van en un solo ap.. Lo mismo para “Mitos”, dentro de los cuales sólo se encuentran Alejandro Romay y el Petiso Orejudo. También deberían fundirse en uno solo los apartados que aparecen tratados como capítulos solitarios: “Geografía”, “Clima” y “Animales y vegetales”.

No está de más recordar aquí -por si hiciera falta fortalecer mi sugerencia de unir algunos caps. y dividir algún otro- que el capítulo VI ocupa la mayor parte del libro (el cuadernillo grande entero).

PD: tal vez en el prólogo haya que aclarar que todo lo que se enumera en cuanto a escritores, pintores -que hay dos-, etc., está estrictamente ceñido a que estén relacionados de algún modo con el tango, porque si no quizás haya algunas quejas.

Este libro admite una gran variedad de ilustraciones. Veo que el autor envió algunas, todas concernientes al tango en sí (creo que personas bailándolo), pero desde el obelisco, con su maravillosa cita y explicaciones sobre lo que es un obelisco y con sus informaciones sobre el nuestro, hasta las casas antiguas, bares y personas, todo puede ser ilustrado. También, el planetario. Y respecto a esto último que puede ser tomado como una chanza: creo necesario anticiparme a los caps. o apartados que posiblemente se decidan quitar. Ya expresé que acá se trata de rescatar lo desconocido, lo no muy enfatizado habitualmente, y que en cuanto a esto se encuentran fragmentos notables en este libro. Por eso, después de haber leído con atención capítulos como el de “Planetas y ovnis”, y muchos más que brillan por ese criterio singular de elección que tiene el autor, les pediría que no fuera eso precisamente lo que quitaran. Antes sacar a Discépolo o Gardel -exagero- de quienes todos conocen algo.

Para ser más gráfica voy a tratar de describir la organización de dos capítulos:

El último cuadernillo, si es que puede llamarse con este diminutivo, es el capítulo VII, ¡sólo un capítulo contra cinco anteriores que abarcan menor espacio!, parece constituir otro libro, con reiteraciones (por ejemplo, lo que se contó al principio sobre la historia del tango, con los burdeles regenteados por Laura o María la Vasca, acá es vuelto a contar, ampliándolo, cuando se hace referencia a los barrios donde esos burdeles quedaban).

Este otro Libro”, o sea, el cap. 6 de Tangos de los pies a la cabeza, se llama la república argentina, con profusos capítulos. Es una descripción minuciosa, detallista hasta la manía, de Buenos Aires, no del país, ya que éste en general sólo está mencionado en un subcapítulo destinado a las provincias.(seguir o ver).

Cap. VII (una especie de gran libro aparte). Se titula “La República Argentina”. Empieza con una cita sobre la riqueza de la Argentina en los años 20-30 y luego hay un subtítulo: “Argentina”. Este subcapítulo está dividido en cinco puntos, cada uno correspondiente a un tango que nombra a la Argentina. Enseguida del último punto aparece el subtítulo “la provincia de Córdoba” (a qué distancia está situada de Bs. As. Y el nombre del tango que la menciona con su autor). De modo parecido siguen “la provincia de Entre Ríos, Mendoza, Tierra del Fuego, Tucumán y Catamarca, para inmediatamente ir a otro subtítulo (igual que los otros en tipografía, como todos los subtítulos, hay que imponer un criterio distintivo) llamado “Primer Mundo”. El texto de éste consta de  dos citas de sociólogo y economista respectivamente con dos líneas del autor en las que informa que Eladia Blásquez compuso el tango “Argentina primer mundo”.

Todo esto sitúa a la Argentina exclusivamente en el contexto del tango, por lo que quizá el título del capítulo no debería ser como es (no sé, pensar mejor esto). Todo este subcapítulo -en realidad habría que entender que es un cap. entero, porque si no todo el cuadernillo del cap. VII es un cap. extremadamente largo en el cual entra el universo- abarca apenas tres páginas con muchos blancos. Se me dirá entonces por qué quiero llamarlo capítulo y yo contestaré que, o todo el libro es casi este capítulo, y que todos los cap. están compuestos por subcap. Que en realidad son diferentes cap. por la diversidad de sus temas y por la misma separación que el autor les da a unos de otros, aunque sean extremadamente breves, una suma de cuadernillos. Y en esto también aparece la escritura en telegrama del autor, como cortada, de infinitos puntos, sin fluidez entre idea e idea u objeto y objeto nuevo.

Y ya que estamos en el primer apartado de este cap., tengo que señalar que ya acá se encuentra -dentro de este cuadernillo- la primera muestra de una especie de obsesión del autor, muy respetable, pero que se vuelve insistente y reiterativa, y también que se vuelve una especie de cantinela que obstaculiza la lectura. La obsesión de nombrar a cada paso los barrios, muy respetable para otro estudio y que si bien en cierto modo está estrechamente relacionada con el tango, se usa aquí indiscriminadamente, aparte de repetirse a cada rato (por ejemplo la dirección del teatro Colón figura varias veces junto con el barrio -San Nicolás- en donde se inserta). Acá, al final de este sub. dice que Eladia B. posee una placa homenaje en Corrientes esquina Florida!, hotel King, barrio de San Nicolás (el subrayado, que nunca falta en el caso de los barrios, es del autor). En la mayoría de los casos es anodina la referencia al barrio, como en este de Corrientes y Florida -centro o microcentro- porque si bien es un dato que algún lector valorará, no aporta mucho a quien se interese en la historia, esencia o lo que sea del tango, o sólo en casos especiales esta información sería pertinente. Hacen este tipo de datos innecesariamente largo el libro.

Al subcapítulo denominado “Argentina” lo sigue “Personajes históricos”, donde están aquellos que entrando en este rubro el autor sabe que son nombrados en algún tango (parecería que en la república creada por el autor solo tienen entidad los personajes si fueron mencionados en algún tango o participan de algún modo de él, que puede ser un criterio muy original, pero para construir un libro partiendo desde otras premisas. Acá los personajes históricos son: San Martín, Rosas, Encarnación Ezcurra, Manuelita, Camila, Urquiza, J. A. Roca, Sarmiento, Alem, Yrigoyen, Marcelo T. De Alvear (a quien se destina mucho espacio por con quién se casó y porque, además, hay una especie de posible postura política del autor, y no es subjetivo porque en última instancia la comparto); Perón (por el tango de María Elena, tiene dos líneas) y Eva.

Pero, como da la impresión de que Germinal quiere hacer conocer la Argentina bajo la óptica del tango, semejantes elecciones no pueden verse más que de dos maneras: o no es adecuado presentar la Argentina bajo esta óptica, y el libro debería centrarse más en otro tipo de cosas referentes al tango que en desear presentar el universo a partir de él, o bien es el autor el que en cierto modo fracasa y sí podría hacérselo, no omitiendo a todos los que faltan (pero no lo recomiendo, por la extensión) o echando un vistazo general a la historia para presentar después algunos tangos que incluyen fragmentos de ella, o desistir del todo de personajes convencionales y presentar a los que no lo son, que hay varios y fascinantes en este libro.

Sigue a “personajes históricos” “Escritores argentinos”, sobre lo cual puedo decir exactamente lo mismo que sobre el punto anterior: Laferrere, Belisario Roldán. Carriego, Güiraldes, F. Moreno, Alfonsina, Borges y “Tuñón”, donde se explica que el apellido es en realidad González Tuñón, y también que “son dos”, Enrique y Raúl. Y Sabato. Sigue a esto con idéntico criterio “Actores argentinos”, “Pintores argentinos” (dos para una especie de capítulo, como ya dije; Quinquela y berni), “Mitos”, dentro de los cuales, en la extensa mitología porteña, sólo se encuentran arbitrariamente dos: Alejandro Romay y el Petiso Orejudo. El criterio de selección no es muy comprensible, aunque figuren en tangos importantes, o en muchos, no sé. Sigue “Deportistas”, igual, con algunos errores de concepto, que me dan qué pensar en cuanto al conocimiento del autor en otros temas, si no hay otros errores que desconozco. Pedro Candioti, en lo que sé, no tuvo nada que ver con el barrio el Quillá, que no existe, de la ciudad de S. Fe, sino con el club “El quillá”. Pero al autor, ya se sabe, lo obsesionan los barrios.

Con el mismo criterio reduccionista y caótico que los anteriores, pasamos al ap. “Historia y política”. (En verdad se me ocurre una letra de tango para definir algunos criterios del autor: La biblia y el calefón.). Si bien ya habíamos tenido el ap. “Deportistas”, ahora nos encontramos con otro, llamado “Futbol” (todo en referencia por supuesto a tangos que contienen clubes, jugadores, etc.). De “Fútbol” continuamos con “Inmigrantes” (creo que ya habíamos tenido en cuadernillos anteriores un cap. parecido, buscarlo, o al menos en un mismo cap. se podrían poner aquellas y estas referencias. Vale también para deportistas y fútbol y otros). Y ahora geografía, con lo que certificamos que no se ha seguido ningún criterio estándar sino uno muy original, ya que cuando se habla en general de un país la historia y la geografía suelen ir juntas. En “Geografía” es ilustrativo mencionar los subtítulos que abarca, uno a continuación del otro: “La pampa”, “Morón”, “Salliqueló”, “La Cruz del Sur”, “Bahía Blanca” y “Los puntos cardinales”. Sigue a “Geografía” el capítulo “Clima”; como si no bastara que geografía estuviera tan lejos de historia acá se privilegia una astilla de la geografía, el clima, para hacer un apartado que, como ya dije, es en realidad un capítulo. Los de “Clima” subtítulos son: “El Pampero”, “Nieve”, “Lluvia”, “Chaparrones” y “Paraguas” ¡! Considero que esta desestructuración organizada según un orden absolutamente desconocido puede ser atractiva  y hasta poética para algún tipo de gente (por ejemplo, yo), pero no para todo lector. A Clima lo sigue “Animales y vegetales”, otra parte que por lo general está dentro de geografía de un lugar. Copio los subtítulos que sin ninguna diferenciación están uno a continuación del otro: Aves diversas, Pájaros Locos, Pájaros, Mirlo, Chingolo, Jilguero, Carancho, Ñacurutú, Lechuza, Gorriones, Golondrinas, Delator (es singular como se encara esto, porque en realidad habla de un pájaro llamado batitu cuyo nombre por semejanza con el  lunfardo batir es sinónimo de delator), El kakuy, Alondra, La cachila, Torcaza, Paloma, Ruiseñor, Halcón, Patos y teros, Pato, Gallo, El gallo de Morón, Gallina, Pollo, Animales (sí, aunque el título los incluía, y sin especificar que se habla de mamíferos), Caballos, El caballo Carablanca, Monos, Ratón, Zorro Gris, Hiena, Visón, Víbora, Sapos, Perros, Gato, Gato y ratón, Tiburón, Moscas y mosquitos, Luciérnagas, Grillo, Mariposa, Jacarandá (ver que sin ninguna transición entre el subtítulo anterior y éste), Ombú y Ciprés. Este cap. es largo, al menos por la cantidad de cosas que denomina (siempre que figuren en un tango, se las analiza brevemente, y en algunos casos exhaustivamente).

A animales y vegetales lo siguen: Medios de comunicación (todos los diarios que alguna vez fueron citados en algún tango, más un subtílo para Canillitas (con muy extensa cita). El titulo que sigue a canillitas y último del cap. es Notticiero.

Ahora viene un capítulo llamado ¡Buenos Aires! Siento que a pesar del caos, había llegado a comprender que, en todos los cuadernillos, estábamos hablando de Bs. As. , e incluso cuando se mencionaba una ciudad del interior se aclaraban los km que la separan de Bs. As. Este capítulo “Buenos Aires” no tiene subtítulos, si no que está hecho en base a los asteriscos o bolitas negras con que a modo de enumeración se plantea casi todo en este libro. Si bien empieza con dos largas citas, y el único subtítulo es “La ciudad de buenos aires”. Cada enumeración que menciona tangos relacionados con el tango está profusamente llena de referencias a calles y lugares, con el nombre de sus respectivos barrios subrayado, a veces se repitern los lugares, y entonces también se repiten las direcciones y los barrios, siempre subrayados estos últimos. El cap. “Buenos Aires” es sólo una enumeración precedida por dos citas. A “Bs. As.” le sigue “Geografía de Buenos aires”, esta geografía es más bien fluvial, ya que está compuesta por los siguientes títulos: Río de la Plata, El Riachuelo y El arroyo Maldonado. Será que sólo esos ríos están en tangos. Sigue Lugares, cuando, en realidad, en todo el texto anterior ya se han mencionado muchos lugares, todos los posibles. De todos modos este capítulo merece una reflexión especial. Sus títulos extrañamente siguen este orden: “Cafés”, “Julien” (que es un café, y que además está separado con título de los demás no se sabe por qué, porque el ap. tiene cuatro o cinco líneas. (Con estas reflexiones no estoy hablando sólo de un punto en el que se equivocó el autor, sino que es un ejemplo de cómo está armado el libro; esto se encuentra varias veces, es el modo como está armado) Después de “Julien” siguen los títulos “Café el pasatiempo”, “Restaurante El conte”, “El Tropezón”, “Confitería el Vesubio”, “Confitería el Galeón”, “El viejo almacén”, “El Palais de Glace”, “Boedo y Florida” (está en el cap. de “Lugares”, pero bajo ese título, habla de los dos grupos literarios), “Teatro Victoria”, “El Teatro Colón”, “Avenida Alvear” (el teatro Colón ocupa 3 líneas; Av. Alvear contiene profusas citas y ocupa casi tres páginas), “calle Florida”, “calle Esmeralda” “La avenida Callao” (todas las calles avenidas cafés teatros tienen el barrio o los barrios que ocupan subrayados), “Plaza Lavalle”, “La galería Güemes” (para ella se destina mucho espacio a la arquitectura, como ocasionalmente en otros lugares de otros capítulos), “Jockey Club” “Maple”, “El obelisco” (al cual se destinan más de cuatro páginas, con muy interesantes citas y algunas curiosas observaciones dentro de las enumeraciones con que está escrito el texto del autor), “Las diagonales”, “Hospital Fernández”, “Basílica del Pilar”.

Dentro del título general de “Cafés” se mencionan algunos de la calle Corrientes, y entre ellos el “Germinal”, dentro del que se hacen tan amplias referencias que cabría sospechar favoritismo por parte del autor al café que lleva su nombre. Se abunda en el origen del nombre del café, se lo menciona como título de una novela de Zola (sobre la cual se cuenta hasta cómo reunio Zola el material yque freud hizo un estudio sobre ella), se mencionan dos películas basadas en esa novela, los años, los actores, el director…

Al cap. “Lugares” lo sigue “Cabarets”, e insisito en que todas sus referencias pueden ser puestas en otro lugar, o formando parte de caps. Anteriores. A éste sigue “Droga”, 4 págs. con: 50 % de citas y 50 % enumeraciones de tangos que mencionan la droga. Sigue el cap. “Bebidas” con el mismo esquema (que en todo caso podría ir junto a drogas), pero es singular que en este caso haya títulos como Ajenjo”, “Pernod”, “Champagne” y varios más con referencias etimológicas o historicas. Por si esto fuera poco, al cap. Bebidas lo sigue el cap. “Tabaco”, enumeración de tangos que incluyen humo. Y quién sabe por que, de Tabaco pasamos al capítulo “Barrios de la ciudad”, que ya estuvo, o debería haber estado (pero estuvo, con el subrayado de cada barrio), en disitintos caps. Habiendo uno, especialmente, que se llamó “Geografía de Buenos Aires”. Acá, aparte, podrían hacerse muchas observaciones sobre el desequilibrio que se observa al no dar importancia a algunos barrios y darle mucha a otros, arbitrariamente, sólo quizá porque el autor encontró más material para citar en algunos casos como el de Borges, etc. Pero lo más singular es que acá, dentro de barrios, volvemos a pasar por donde empezamos, el eterno retorno. Pasamos otra vez por lo de Laura, por lo de María la Vasca, vistas en “Historia”, primer cap del libro total, con muy interesantes referencias, eso sí. En algunos casos, en los barrios, se hacen extensas digresiones arquitectónicas, y hasta se llega a hablar del origen de diferentes estilos como el art noveau, pero otros barrios parecen no tener arquitectura. Cuestión que se suple con otras referencias; por ejemplo, como la calle principal del barrio de Pompeya es la avenida Centenera, el lector se entera vida y obra de Martín del Barco Centenera, cuestión que quizá sería para otro lugar en otro libro sobre otro tema.

Final con juramento

Esta historia sigue por muchas páginas. Tengo que contarles cómo me reunía cotidianamente en mi casa con Germinal, qué extraordinaria persona era y cómo me parece haberlo defraudado. Ya sin poder arreglarlo, porque murió en el 2004, después de intensas aventuras madrileñas que, creo, fracasaron.

Y cómo su extraordinario libro -extraordinario por muchos motivos, en especial porque no hay otro como él- no se publicó y yace dormido entre los archivos notables de Mis Documentos.

Y el juramento es que voy a seguir la historia. Pero que es imposible que lo haga ahora mismo: ya van unas 3000 palabras más de las que escribo habitualmente, hoy he agrandado demasiado mi espacio en Monografías.

Y lo juro porque tal vez ustedes no confíen en mí: les debo el final de algunos cuentos.

Y aunque esto no es cuento, quizá por eso mismo, y por mis pesadillas nocturnas y espantosas, continuaré. Lo juro, la próxima semana.

Un abrazo y, si pueden, averigüen algunas cosas sobre el querido Germinal Nogués…

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