Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Muerte extraordinaria de Pier Paolo Pasolini

Pier Paolo Pasolini: Por lo tanto es absolutamente necesario morir, porque, mientras estamos vivos, carecemos de sentido, y el lenguaje de nuestra vida (con la que nos expresamos y a la que en consecuencia le atribuimos la mayor importancia) es intraducible; un caos de posibilidades, una búsqueda de relaciones y de significados sin solución de continuidad. La muerte efectúa un fulmíneo montaje de nuestra vida…

En esta muerte extraordinaria -y no se van a utilizar comillas porque está claro que fue PPP quien lo escribió- la muerte efectuó verdaderamente un fulmíneo montaje de la vida (El Cine en la Literatura) . ¿Cómo concluir ese guión de otra manera? (El fin del hombre).

En 1967 los jóvenes descubrieron algo misterioso, quizá venenoso, extremadamente adictivo (El otro idiota). No era cannabis (Las drogas). Era una obra (¿La pasión de Cristo?: su controversia).

La trajo al principio un libro de tapa celeste ilustrada con la fotografía de un dios griego, o, más precisamente, con la fotografía de un actor, Terence Stamp; se trataba del guión de Teorema, escrito por Pier Paolo Pasolini, quien también dirigió la película. La había estrenado en esos días en Italia y el mundo, con el “dios griego” como protagonista.

Así se empezó a amar a Pasolini por estas latitudes latinoamericanas; vinieron todas sus películas junto a sus escritos, sus cartas, sus novelas, sus gritos, sus desplantes, después del primer flechazo con Stamp.

Amarlo y admirarlo no era entenderlo completamente. Debió pasar bastante tiempo para descubrir todas las monedas antiguas que guardaba el tesoro, aunque bastaba leer su indescriptible guión para saber que era poeta (Relación de la poesía y la filosofía en el pensamiento humano).

Pier Paolo Pasolini, el venerado –cierto que no por todos-, nació en 1922 en Bolonia, hijo de un teniente del ejército italiano cuya obra más conspicua fue salvarle la vida a Benito Mussolini en un atentado en 1926. Su madre, más dulce y más “progre”, era maestra de grado.

El mismo año de su acto heroico, el padre debió pasar algún tiempo en la cárcel, por deudas de juego (Mussolini tendría que habérselas honrado, al menos). Pero justo aquí terminan las noticias de sus antepasados, el padre fascista y la madre antifascista… Pier Paolo empezaba a escribir versos.

Aprendió a tomar el lápiz, y nunca más éste se le cayó de la mano.

Con el mismo lápiz con que escribió poesía, narrativa y ensayos, dibujó. Y con el mismo escribió los libros para las películas que dirigió, y las dirigió sosteniéndolo para marcar y ordenar a sus actores. Era necesario poseer carácter para su tarea de director, porque muchas veces elegía a sus actores más entre los literatos que entre los profesionales de la actuación –no es el caso de Terence Stamp, su actor fetiche, pero sí es el caso, entre muchos otros, del poeta argentino Rodolfo Wilcock, que fue el sacerdote judío que cruzó unas palabras con Jesús en El Evangelio según San Mateo.

¿Por qué su muerte es extraordinaria?

Dicho con sencillez: Pasolini buscaba la verdad y la belleza –ambas son hermanas, lo dijo Emily Dickinson- pero las buscaba un poco más profundo, en los lodazales y en las almas como las del divino Marqués -Sade- que la tenía retorcida, torturada, y tierna a la vez.

Era cristiano y marxista, era considerado pornógrafo, y si bien encontró la gloria, fue una muerte violenta, el asesinato, el símbolo de su búsqueda.

Porque quien, la noche anterior al día del tremendo suceso, había contestado, en una entrevista que…

“El poder es un sistema de educación que nos divide en dominados y dominadores. Pero cuidado: existe un único sistema educativo que nos forma a todos, desde las así llamadas clases dirigentes hasta los pobres. Eso hace que todos deseen las mismas cosas, que todos se comporten del mismo modo. Si tengo en mis manos un consejo de administración o una maniobra en la Bolsa, uso eso para lograr lo que deseo. Si no tengo esas posibilidades, recurro al palo. Y cuando uso un palo, estoy ejerciendo mi violencia para obtener aquello que deseo. ¿Por qué lo deseo? Porque me han dicho que desearlo es una virtud. Yo ejerzo mi derecho-virtud. Soy asesino y soy bueno”

…no podía esperar para sí otro sacramento que la violencia.

Y perdón si resulta grotesco o amarillista, pero figura en todas las crónicas del suceso: a Pasolini lo mataron a palos al día siguiente.

“Soy asesino y soy bueno”, hubiera permitido que dijera el adolescente de 17 años que lo mató.

Y precisamente hace unos días, el 20 de julio de este año, murió Giuseppe “Pino” Pelosi, cuya fama es más triste que su muerte. Contó de esta manera el crimen, según se lee en los diarios de la época:

“Pasolini lo invitó a comer a un restaurante al que ya habían ido juntos otras veces, llamado Biondo Tevere, cerca de la Basílica de San Pablo. Comieron spaguetti y tomaron cerveza, y partieron hacia Ostia a eso de las 11.30 de la noche. En Ostia Pasolini le pidió algo de índole sexual que a Pino le resultó inconveniente, por lo cual el director de cine se enfureció y le pegó algo así como una cachetada. Pino Pelosi corrió, levantó dos patas de una mesa que estaba tirada allí, en la playa de Ostia, que tenían el tamaño de un garrote, y golpeó a Pasolini hasta matarlo. Escapó en el coche de la víctima y llegó hasta un bache del camino. ‘Maté a Pasolini’, le confesó a la policía”.

En 1976 Pelosi, ya mayor de edad, fue condenado y pasó nueve años en la cárcel. Pero en 2005, cuando ya estaba libre desde hacía tiempo, “se retractó de su confesión y mencionó que tres jóvenes ‘con acento sureño’ habían cometido el asesinato, llamando a Pasolini ‘sucio comunista’”. En 2005 se descubrieron otras evidencias, y con la muerte de Pino se reabrió la investigación. Nunca hasta ahora se aclaró suficientemente este crimen.

Se había estrenado su película Saló o las 120 jornadas de Sodoma. Los críticos de cine más despejados se rasgaban las vestiduras en señal de sentirse maravillados y los más herrumbrados se escandalizaban por su falta de virtudes morales. Los espectadores, claro, también se dividían en los mismos dos grupos: “Siempre flotaron en el ambiente las teorías de que ciertas personas poderosas del gobierno deseaban muerto al director debido a las críticas que hacía continuamente a través de sus películas, sus libros y sus discursos políticos, a la vez que el día que fue asesinado desconocidos lo habían llamado por teléfono para chantajearlo y devolverle rollos con escenas inéditas de su último film”.

Envío

Hoy quiero abrazar largamente a dos genios: Vancho el chileno y José María el español de Barcelona.

Pero después repartir mis besos en todos los que se asoman a esta página…

Mora

Monografias

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Comentarios

Una respuesta a “Muerte extraordinaria de Pier Paolo Pasolini”
  1. Arturo Manuel Arias Sánchez dice:

    !Eso es el mundo en que vivimos,lleno de atroces escenas de violencia cuyo fin parece no existir!



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