Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Octubre, 2017

Muertes extraordinarias: Clarice Lispector y su personaje

Hoy voy a ser muy breve (Baltasar Gracián “El Arte de la prudencia”).

Para hablar de Clarice Lispector (Formas narrativas posmodernas en La Hora de la Estrella de Clarice Lispector), a quien sus compatriotas llamaban La Extranjera -aunque ella se esforzó por ser “tan” brasileña, y lo fue (Brasil)-, se me ocurre empezar con un poema (La vejez: el último poema).

Es de Oscar Wadislas de Lucbiz Milosz, lituano, se llama “La Extranjera” y no fue escrito ni remotamente para ella.

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Niño modelo (primera parte)

Miro la fotografía que me envía mi madre por correo (Inmigración a la Argentina - Daguerrotipistas y fotógrafos) y no puedo creer que ése sea el niño que yo fui (Recuerdos de mi pasado - Cuento).

El niño que yo fui tiene ya unos doce años en la fotografía, pero no hay rastros de mí, del que ahora soy, en él; ya no tengo ni siquiera esos ojos, ni la forma de la nariz o del mentón, ni los pómulos tan altos ni la sonrisa suave en labios delicados (Regularidad y cambio en la personalidad).

Un aura cubre al niño del retrato, y a esa aura la recuerdo muy bien. Casi debería contar esta historia como si yo fuera otro, al que lo envolvía ese resplandor (Bioenergética I).

Nací -o sólo recuerdo de mí este fragmento- para saber la verdad, para encontrar lo que se encuentra inmaculado dentro de los seres; para hallar la transparencia (El inquietante problema de la verdad).

Me desvelaba desde muy chico espiar detrás de las máscaras y hasta de mi propia máscara que sabía ajustada a mi nuca con un delgado elástico todavía posible de forzar. Yo sentía el roce de ese hilo elástico igual al que se usa para sostener los bonetes que les dan a los niños en las fiestas. Sentía que podía sacármela y ser yo después de algún entrenamiento; que era apenas un poco más difícil que desprenderme del bonete de papel metalizado (Las máscaras del ego).

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Muerte extraordinaria de Pier Paolo Pasolini

Pier Paolo Pasolini: Por lo tanto es absolutamente necesario morir, porque, mientras estamos vivos, carecemos de sentido, y el lenguaje de nuestra vida (con la que nos expresamos y a la que en consecuencia le atribuimos la mayor importancia) es intraducible; un caos de posibilidades, una búsqueda de relaciones y de significados sin solución de continuidad. La muerte efectúa un fulmíneo montaje de nuestra vida…

En esta muerte extraordinaria -y no se van a utilizar comillas porque está claro que fue PPP quien lo escribió- la muerte efectuó verdaderamente un fulmíneo montaje de la vida (El Cine en la Literatura) . ¿Cómo concluir ese guión de otra manera? (El fin del hombre).

En 1967 los jóvenes descubrieron algo misterioso, quizá venenoso, extremadamente adictivo (El otro idiota). No era cannabis (Las drogas). Era una obra (¿La pasión de Cristo?: su controversia).

La trajo al principio un libro de tapa celeste ilustrada con la fotografía de un dios griego, o, más precisamente, con la fotografía de un actor, Terence Stamp; se trataba del guión de Teorema, escrito por Pier Paolo Pasolini, quien también dirigió la película. La había estrenado en esos días en Italia y el mundo, con el “dios griego” como protagonista.

Así se empezó a amar a Pasolini por estas latitudes latinoamericanas; vinieron todas sus películas junto a sus escritos, sus cartas, sus novelas, sus gritos, sus desplantes, después del primer flechazo con Stamp.

Amarlo y admirarlo no era entenderlo completamente. Debió pasar bastante tiempo para descubrir todas las monedas antiguas que guardaba el tesoro, aunque bastaba leer su indescriptible guión para saber que era poeta (Relación de la poesía y la filosofía en el pensamiento humano).

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