Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Daga Azul

Amigos, dentro de poco -el 20 de julio- será nuestro día (José Martí y la amistad). Saludo a todos los que pasaron una vez por aquí (Esa otra manera de vivir), y lo recuerdo en especial a Joise por el dolor de su país, además de agradecerle que embellezca mi sitio desde hace tantos años… Y a Celestino y a José María. Y a la memoria inmensa de José Itriago, otro venezolano como Joise, “que se nos fue pero aún nos guía”, diría el tango.

Y a Felipe: gracias también. No sólo a mí me hipnotizan tus relatos, hay gente que busca este blog para leerte.

Hoy les traje un cuento (El cuento y sus características). Ustedes me dirán si los entusiasma y si quieren saber el final:

Daga Azul

Daga Azul me parece un nombre encantador y tal vez sangriento para una mujer, por eso me despertó curiosidad (Literatura y Alquimia). Aunque antes de contar esta historia, debo decir algunas cosas sobre mí.

Soy un hombre afortunado. Mi fortuna no consiste sólo en dinero, tengo también un tesoro enorme de soledad. Me necesito a mí mismo, me apruebo y desapruebo con las palabras que un amante encontraría para hablarle a su amada. Y esto es bueno, o era bueno. Solo bajo el cielo de la noche o el día, mi propia compañía me resultaba espléndida; mi sombra, mi ombligo (Narcisismo y personalidades fronterizas).

Quizá no tanto mi ombligo… De niño me sentí separado de mis padres por una pared o una red (pared-red) invisible.

Ellos eran fanáticos, alucinados. No me miraban nunca a mí sino a sus respectivos delirios: el fútbol y las fotonovelas.

Todavía escucho una radio con la voz de José María Muñoz, apellidos de jugadores de fútbol marcando un gol o errándolo; siento la náusea que me producían los domingos. Y los comentarios amargos o eufóricos de toda la semana.

Todavía veo  la revista Nocturno sobre la mesa de luz de mi mamá, abierta en fotografías de besos apasionados; me llega el olor de ese papel precioso, negro y blanco. Y recuerdo algunos relatos que me atreví a leer, confundido y asqueado.

No era que papá y mamá discutieran todo el día; en realidad tampoco se miraban entre sí, ni se hablaban.

Cada uno hablaba solo de sus intereses, mamá fan de actores y actrices, papá hincha de Boca hasta que la muerte lo separara -y después Ella sí lo separó, como a mi mamá de Guillermo Bredeston y de otros.

No eran infelices, eran precarios, primitivos, mediocres, nunca se amaron y nunca se pelearon; nunca amaron concretamente a nadie, ni a mí.

Yo, hijo único, heredé algunas de estas carencias, que terminaron convirtiéndose en triunfos para mi vida.

Porque existió un momento en que también yo debí crecer y optar por alguna vocación -fui a la escuela y una maestra me contagió la forma del amor a la belleza, a la delicadeza.

Elegí la belleza pero también la delincuencia, que parecen opuestas pero no siempre lo son.

Todo empezó precisamente por mi fascinación ante una máscara de porcelana que tenían unos vecinos, réplica de una famosa antigüedad, ¡me gustaba tanto!

Jugué algunas veces en la vereda -a la rayuela- con Oscar, el hijo de esos vecinos, de mi edad. No lo quería mucho, pero me divertían los saltos de rayuela.

Las puertas de las casas de mi barrio no se cerraban con llave, y cuando yo iba a buscarlo a Oscar y no había nadie, sencillamente entraba y lo esperaba. Lo esperaba sentado, admirando la máscara, tomándola, rozándola con mis dedos como hacen los ciegos.

Era una joven mujer que tenía ojos de gato o de tigre.

Empecé a examinar el fondo de sus ojos amarillos, muy concentrado, cada vez más profundo, más profundo, y después ya no supe lo que ocurrió.

Creo que caí desmayado -o hipnotizado- con la máscara en la mano, que se rompió.

Llegaron Oscar y su familia y me encontraron allí, en el piso. Del desmayo o la hipnosis me despertaron unos gritos de espanto que eran más lamentación por la rotura de la máscara que por mi humanidad desvanecida.

Me ayudaron a ponerme en pie y me obligaron a volar a mi casa.

Mi mamá me roció con alcohol y me puso dos o tres curitas con total desinterés y no exactamente en el lugar donde me había lastimado.

Tampoco al otro día se fijó en la evolución de mis golpes, que se habían transformado en moretones verdes y azules con un halo amarillo.

Permanecí tirado varios días en la cama, ya que, como era verano, no había clases.

Fue la mejor cura que se me ocurrió, porque, además, empezaban a formárseme unos coágulos de culpa muy dolorosos por la pérdida de la máscara, y angustia en el pecho.

Resultó un gran tratamiento de verdad. Nadie me molestaba, y allí fue cuando empecé a sentirme tan cómodo en compañía de mí mismo. Nunca más sufrí de coágulos de culpa ni de angustia en el pecho.

Había desaparecido la preciosa reliquia, ¿y qué? ¿Qué cambiaba en el mundo?

Este sentimiento de que nada cambiaba en el mundo con la desaparición de un objeto, por más valioso que fuera, fue ahondándose mientras yo convalescía.

Y antes de terminar la escuela secundaria ya había descubierto mi vocación: las casas de mi barrio permanecían sin llave mientras sus dueños no estaban, y yo podía convertirme en un hábil ladrón.

Comenzaría con eso, con las puertas abiertas y los horarios de sus dueños estudiados, que era lo fácil. Luego me dedicaría a trabajos más delicados, cuando hubiera adquirido seguridad.

Y así fue, mis primeros trabajos resultaron perfectos. Me especialicé en robar dinero, porque buscando mucho por cada una de esas casas siempre encontraba algo, a veces muy poco pero otras veces me llevaba una hermosa sorpresa en el lugar más inesperado. Y me especialicé en dinero aunque también encontraba oro y diamantes pero los desechaba, por la comodidad de tomar los billetes con mis guantes de la primera comunión -que me quedaron grandes en la primera comunión y ahora me iban a medida- y metérmelos en algunos bolsillos secretos que había cosido pacientemente en el interior de mi ropa.

Cuando yo estaba cosiendo en mi cuarto, se oía algunos días la voz de mi mamá, que hojeaba tirada en la cama una de sus revistas:

-¿Qué hacés, hijo?

-Leo -contestaba yo, y la casa inmediatamente continuaba en silencio. Papá había ido a trabajar.

Unas horas después escuchaba los tacones de mamá que se levantaba a preparar la cena. Entonces escondía mis labores debajo de la cama y me ponía a leer un libro.

Estos libros que elegía como fingimiento pronto me atraparon, y por las noches, ya acostado en mi cama, continuaba leyéndolos. Eran de una colección -”la colección amarilla”, le decían- que me había regalado mi abuelo en el transcurso de varios años. Al otro día, una vez terminada la temeraria colocación de bolsillos, salía a trabajar.

Para la cena nos sentábamos los tres a la mesa, papá ya había llegado.

Él seguía hablando de fútbol solo, entre bocado, sorbo de vino y silencio, pero en ocasiones se dirigía a mí, me miraba de pronto y decía, por ejemplo:

-Me contaron que hay muchos robos en el barrio.

Yo no tenía costumbre de contestarle, y mi mamá tampoco, aunque una noche ella dijo:

-¡Dios y la Virgen nos protejan! -y yo sabía que eso era imposible.

Tan imposible que el tiempo pasó con vértigo y mi madre murió un año después de esta “charla”, ahogada en sus fotonovelas, y un años después de ella mi padre, alcoholizado y maldiciendo porque Boca no ganó el campeonato, y otro año después, en uno de mis trabajos “fáciles”, algo salió muy mal, y yo maté. Pasé años en la cárcel -20 años, y hace 20 que salí, ahora tengo 60- y allí aprendí todo lo que sé; me volví culto y adinerado como siempre deseé, y estuve hasta ahora solo, que era mi mayor anhelo.

Lo que aprendí en la cárcel puede hacer pensar que me gradué en materia de crímenes, pero -si bien una vez que uno prueba la sangre sigue el deseo de continuarla bebiendo- de lo que se trata en este caso es de un don artístico que yo no había tenido oportunidad de descubrir en mí.

Un día abrieron un taller musical en la prisión y me inscribí, por supuesto. Me inscribía en cada clase, en cada conferencia que dieran o en cada obra de teatro que presentaran. Mi idea no era compartir sino aprender, hubiera preferido estar solo en cada actividad. (Continuará.)

Con amorosos abrazos

Mora

Monografias

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Comentarios

11 respuestas a “Daga Azul”
  1. Gerardo Martín Solá dice:

    ¿Pero como no voy a querer saber el final? El segundo párrafo es una genialidad!! Ahí quedé enganchado…Y la descripción de los padres…Excelente Mora, como siempre!
    Como la Daga Azul, sus escritos tienen punta y filo. Atrapante.

  2. Celestino Gaitan dice:

    Amada Mora Nuestra, amados tod@s:
    1.- Su Cuento excelente como siempre, esperamos el desenlace. (Me encantó recordar los moretones verdes y azules…si con su respectivo halo amarillo, y si también las puertas de las casas de mi barrio no se cerraban y dormíamos en lo patios sobre catres de lona o a ras del suelo, admirando las estrellas.)
    2.- En retrospectiva sobre “Aniversarios” hube de encontrar en este tiempo dos coincidencias para interpretar y reflexionar. El 14 de Junio de 1986 Jorge Francisco Luis Borges Muriendo, yo cumpliendo mis primeros 39 (para mi en lo particular, significativo sobre mi serie 3,6,9,36,39,69…), y Donald Trump sus 40…?
    Hay que leer mucho, para entender un poco, y hay que entender mucho…para escribir un poquito. Ahora a mis 70, con la niñez renovada, soy como una tortuga que lee cuando los demás duermen y trato de escribir describiendo mis sueños, cuando los demás sueñan literalmente, o disfrutan sueños robados de telenovelas o partidos deportivos.
    Comparto con nuestro JLB (Ahora intento algo sobre “Borges y yo”, ardua tarea) y con Einstein, muchos aspectos pero principalmente la Curiosidad, la Empatía y la Universalidad. Ser o sentirnos apátridas no significa, no tener nacionalidad, sino limitar su significado a nombrar el entorno, región o país de origen. Admiro su erudición…” Y sobre todas las cosas, la filosofía, concebida como perplejidad, el pensamiento como conjetura, y la poesía, la forma suprema de la racionalidad. Siendo un literato puro pero, paradójicamente, preferido por los semióticos, matemáticos, filólogos, filósofos y mitólogos, Borges ofrece —a través de la perfección de su lenguaje, de sus conocimientos, del universalismo de sus ideas, de la originalidad de sus ficciones y de la belleza de su poesía— una obra que hace honor a la lengua española y la mente universal.” (tomado de Wikipedia).
    3.- Y en el “Misterio de mi Muerte” recibí besos y abrazos, pues llegué hasta acá…
    hasta el último escalón…(…como dice una canción, imprecisos cual fantasmas en la bruma, llegó a mi la visión del Aleph que leí hace muchos años en “El Retorno de los Brujos”), y con la refrescante lectura de JLB, te llevé hasta la casa de Beatriz Biterbo en la calle Garay en Buenos Aires, hubieras volteado hasta el escalón 19 para ver el “Aleph” de Carlos A. Daneri y tener la posibilidad de generar una paradoja, evitando la muerte como varias veces lo he hecho yo…(…Ya viví el efecto de “cámara rápida”, tuve acceso pleno a mi “Línea de Tiempo” cuando tuve Encefalitis, pero no he podido ver el Aleph, por mas que lo he buscado arduamente…lo más próximo a su visión, ha resultado legaña.
    4.-Comparto solo la primera y última cuartilla de éste bello poema de Manuel Gutiérrez ( Nájera), el que menciona JLB en su poema “México” lo nombró “Non omnis moriar”
    ¡No moriré del todo, amiga mía!
    De mi ondulante espíritu disperso,
    algo en la urna diáfana del verso,
    piadosa guardará la poesía.

    porque existe la Santa Poesía
    y en ella irradias tú, mientras disperso
    átomo de mi ser esconda el verso,
    ¡no moriré del todo, amiga mía!

    Como siempre Abrazo a Tod@s y en especial Mora Torres.
    DonCelesSs. Monclova,Coah,Mx. 08/Jul/2017

  3. Ruben Dario Vega Sayago dice:

    Hola Morita !!
    Pues claro que quiero saber el final. Cabe señalar que el cuento ni siquiera ha comenzado, se llama la Daga Azul, que es el nombre o el alias de una mujer, y el relator dijo “antes de contar esta historia, debo decir algunas cosas sobre mí”. Lo que vemos hoy es la descripción sobre él; aun no ha empezado el cuento.

  4. Mora Torres dice:

    Rubén Darío: me fascina que participes con este tipo de disquisiciones… ¿Qué es un cuento, dónde comienza un cuento?
    Me pone feliz, pero esta vez no estoy de acuerdo contigo, quizá me equivoque -¡den su opinión todos!

    A mi modo de ver, el protagonista está presente y quiere que conozcan ciertas cosas de su vida para después contar la anécdota. Pero… escucho ofertas…
    Abrazo

  5. felipe humberto rizzo dice:

    Querida Mora
    Cuanto cuesta definir …¿Que es un cuento, donde comienza un cuento?. Haremos el intento.
    Cuando Adán, el primer hombre, según la Biblia, toma conciencia de su existencia necesita entender el quien y el porqué de haber sido creado al no tener pasado alguno que lo explique, y es así: como Dios lo creó el debió crear a Dios a su imagen y semejanza; y así comienza a escribirse el divino relato del Génesis, donde el hombre y la mujer son sus principales personajes. ¿O acaso todo escritor no cede su primer papel al personaje de su cuento?
    Espero haber contestado a tu pregunta.
    Con cariño.
    Felipe

  6. Celestino Gaitan dice:

    Que les cuento!
    Cada semana Mora nos regala un Cuento,
    No se si son cosas de la vida real, o son puro cuento.
    Lo cierto es que han sido muchos;
    Que cuantos? No lo se, no los cuento.
    Y aunque no venga a cuento,
    Déjenme les cuento, que cuando chamacos bromeábamos…
    “Quieres que te cuente el cuento de nunca acabar?
    Cierra los ojos, abre la boca y ponte a cagar.”
    Me salí?…disculpen, se que cuento con su comprensión,
    Las palabras se toman de quien vienen…
    …yo solo soy el inexperto novato, y aquí no cuento.
    Si Mora nos cuenta algo, y dice que no es un cuento: Es un Cuento!
    Y si ella dice que nos regala un Cuento, seguro que no será un cuento.
    Será un Cuentazo, o se dirá? Cuentasazo?

    Como siempre Abrazo a Tod@s y en especial Mora Torres.
    DonCelesSs. Monclova,Coah,Mx. 09/Jul/2017

  7. Joise Morillo dice:

    Saludos queridos, Mora..

    Narrar no es fácil, está sujeto, incluso, al deseo de comunicar con propiedad diferentes sucesos o hechos, así como circunstancias acaecidas de buenas o malas praxis, igualmente comunicar ideas producto de la imaginación del genio literario o poeta. Ficciones o verdades dramáticas o lúdicas. Todo depende de la habilidad, corriente o preferencia literaria del autor. Lo más emblemático es lo ingenuo y lo pintoresco. Sus estéticas dependen de la intensidad de la narración –escrita o hablada- para afectar la sensibilidad de quien le adquiere.

    Mora, felicitaciones, vos sois un ejemplo de mérito narrativo. Contar en narrar con propiedad fotográfica
    es un facsímil codificado.

    Os ama
    Joise

  8. Iván Salazar Urrutia dice:

    Saludos fraternos desde acá la cordillera.
    Narrativa como siempre: ágil, saltarina, danzante, provocadora y evocadora.
    Gracias.
    Un corto aporte:
    LA GRAN PIEDRA DEL REY.
    Ya viejo volvió al pueblo.
    Los gritos aún pegados al camino: -¡Manuel! …. miéchica, le voy a decir a tu abuelo.
    Bajo el puente encontró la Gran Piedra del Rey; ahí se sentaba el jefe de la pandilla.
    -Que no vayas; ahí mataron a tu abuelo; hasta un niño se ahorcó…
    Pero él no recordaba haber tenido miedo nunca. El cuchillo aún reposaba entre la tubería del alcantarillado y el puente; más atrás, una bolsa con una soga.
    Subió a la roca, amarró un extremo de la cuerda; el otro, ajustado a su cuello y se lanzó.
    Quizás no escuchó la voz del anciano policía: -¡Deténganlo!

  9. Iván Salazar Urrutia dice:

    ASÍ LEO YO A MORA.
    Luego de sonar las trompetas para despertar al lector: Daga Azul me parece… antes de contar esta historia, debo decir… Mora rodea el área de ataque con antecedentes de su personaje: Soy un hombre afortunado… tengo también un tesoro enorme de soledad. Me necesito a mí mismo, me apruebo y desapruebo… De niño me sentí separado…
    Luego un giro hacia el origen del retrato: sus padres. Eran fanáticos, alucinados… No me miraban nunca… sino a sus respectivos delirios… y cómo le afectaba: Todavía escucho una radio, apellidos de jugadores…siento la náusea que me producían los domingos… Todavía veo la revista Nocturno… fotografías de besos apasionados… ese papel precioso, negro y blanco… me atreví a leer, confundido y asqueado… (Aquí un prejuicio: conociendo la literatura de Mora estas dos últimas percepciones se erigen como posibles claves para el futuro del relato).
    El escenario está listo para las primeras pinceladas o la estrategia de media cancha: la separatidad, el vacío y distancia de la soledad: No era que papá y mamá discutieran todo el día; en realidad tampoco se miraban entre sí, ni se hablaban. Esto ya se anunciaba desde antes: De niño me sentí separado… Luego acentúa: Cada uno hablaba solo de sus intereses…hasta que murieron, no sin antes introducir subrepticiamente otro personaje: Guillermo Bredeston.
    Mora pone abrupto fin a esta introducción; de la soledad al abismo: …No eran infelices, eran precarios, primitivos, mediocres, nunca se amaron y nunca se pelearon; nunca amaron concretamente a nadie, ni a mí
    ¿Qué se puede esperar de esta separatidad rotunda? La nada misma: la ausencia absoluta de amor; acompañada del perfil dramático del personaje: …ni a mí.
    Se reinicia el relato, donde lo dejó el párrafo anterior, el yo parlante, el sujeto de la narración y al mismo tiempo narrador:
    Yo, hijo único, heredé algunas de estas carencias…
    Mas no por ello se lamenta; por el contrario, se solaza en ellas: terminaron convirtiéndose en triunfos para mi vida.
    Tenemos la herencia que construye al personaje: separatidad y la carencia absoluta de amor. A ello nuestra Mora agrega una sorpresa que enlaza nuestra curiosidad y nos amarra a la lectura: … y una maestra me contagió la forma del amor a la belleza, a la delicadeza.
    De verdad, esto se pone bueno: así leo yo a Mora.

  10. Joise Morillo dice:

    Hola de nuevo, Saludos

    Una vez un amigo me dijo esto:

    Con dinero no se obtiene: Modales, respeto, carácter, confianza y amor.

    Esto debería ser corolario de felicidad, sin embargo, el dinero no hace la felicidad, pero si ayuda y ´mucho’, a conseguirla” ¡y, como ayuda! Veamos:

    Cuento corto

    Con dinero, mi amigo Nicómaco, que nunca fue a la escuela, aprendió a leer y a escribir a los 18 años, pues, compró un libro –Mantilla– por Bs. 5 de los de a $ 4,3. Consiguió un empleo en La Salina (Creole), Cabimas. Devenido de haber “leído” un aviso en un periódico que había comprado –Panorama- por Bs. 0.25, y pagar Bs. 1 para irse desde los Puertos de Altagracia hacia la ciudad de Cabimas.

    Cuando su pretendida, que nunca le había aceptado y se burlaba del, se enteró que estaba trabajando en Creole, su actitud hacia él, cambió, y le empezó a tratar con seriedad (Respeto). Luego con poca insistencia la chica enamorada, le aceptó y se casó con él, le dio dos hijos: hembra (Penía) y un barón (Poro); le acompaño fielmente hasta el día de su muerte (Amor). A Poro, lo enviaron a estudiar a los “Maristas” (cuota mensual Bs 10) donde obtuvo una educación optima y fue ante la colectividad de su pueblo un ejemplo de decencia y educación (Modales). Se graduó en la Universidad del Zulia de Ing. Petrolero.

    A su hermana Penía, en cambio –quien no quiso estudiar– la dejaron en oficios del hogar y se casó con un criador de cochinos (Cerdos), donde su principal labor además de criar 7 hijos era alimentar a los cochinos mientras les hablaba con obscenidades en versos acompañada de sus hijos.
    La chica, que no abundaba de educación, se irritaba cuando algo no le parecía bien por lo que su temperamento explotaba, su hermano quien era su vecino, al ver su actitud, le calmaba con palabras elocuentes y convincente de una manera muy eficiente (Carácter). A Penía le molestaba que sus clientes no les pagara puntualmente, como es lógico, pero su hermano le explicaba que no siempre se tiene el dinero a tiempo y debía tener calma, que, si le pagarían, pues, la comida no hace falta un solo día sino todos, ella acataba, le creía y aceptaba (Confianza).

    En pocas palabras, si Nicómaco no hubiera gastado Bs. 16.25 en su libro y en Poro para su educación, no hubieran obtenido los beneficios que les proporcionan las virtudes que aquí se mencionan.

    Modales, respeto, carácter, confianza y amor.

    Debo aclarar, Nicómaco nunca tuvo una buena educación, pero tenía deseos de aprender (Voluntad). El dinero que gastó en su libro eran prestados, porque nunca había trabajado, igualmente el pasaje para ir a Cabimas. O sea, que si alguien no hubiera tenido la voluntad de prestárselos Nicómaco hubiera sido el mismo y Poro posiblemente no hubiera nacido.

    “Proverbio: el dinero no hace la felicidad, pero si ayuda y ´mucho’, a conseguirla”

  11. José Gros dice:

    Hola: en esto de las muertes, simples o dobles, que sólo los que tuvieron el privilegio de ser resucitados pudieron morir dos veces, no hay como la novela de Alain Robbe-Grillet: ‘Las gomas’, (Les gommes), traducida al español algunas veces como: ‘La doble muerte del profesor Dupont’. Sólo la primera página ya merece el dispendio, hay una versión filmada, pero no la localizo en DVD. ‘La vida es buena, pero es cara, hay otra más barata, pero no es igual’. ‘La vida no es una pastafrola’ (Mafalda, de Quino). A seguir bien. Salut +



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