Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Profetas del Fin del Mundo; hoy, Nostradamus

Para hablar de El Fin del Mundo -para dejar hablar de El Fin del Mundo, mejor dicho (Los cambios de era y el fin del mundo)- y en especial sobre los personajes que lo profetizaron, voy a tratar de ser organizada.

Primero buscaré y copiaré las profecías de Nostradamus (Nostradamus: Centurias) y Solari Parravicini -empezaré con Nostradamus; el otro miércoles seguirá Solari (Profecías de Benjamín Solari Parravicini).

Habrá otro miércoles con una nota predictiva sobre científicos ateos o quizá sólo agnósticos, como el genio de Stephen Hawking (Biografías de físicos y matemáticos), y otro día de los de Mercurio con profecías de científicos místicos como Isaac Newton (Biografía de Isaac Newton).

¿Les gusta?

Para hoy, tengo que hacerles una advertencia. Me enamoré de tal manera del estilo y el modo de narrar de Alberto Savinio, el italiano que me contó en su libro Vuestra Historia vida y milagros de Nostradamus, que mi pluma se intimidó. ¡Es demasiado bueno! Lo copiaré, lo editaré, sacando únicamente algunos párrafos por motivos de espacio (El sentido de Babel).

Vaya como un regalo, o como un monumento universal que debemos disfrutar todos.

Nostradamus (de Vuestra Historia, de Alberto Savinio)

“………………………………………………………………………………………………………………………………………………….

“(…) Las manifestaciones del misterioso morbo que Nostradamus padece desde niño, pero en el que sólo hace poco ha diagnosticado el morbus propheticus, se acentúan y multiplican cada vez más.

“Al mismo tiempo, el aspecto de la vida cambia en torno suyo a ojos vistas, y poco o mucho según la intensidad de la crisis profética. La decadencia de los cuerpos y la máscara de la vejez avanzan con el movimiento de una vela que se consume.

“Sentía llegar la crisis de clarividencia como el tísico la hemorragia. Aunque no siempre. A veces la ‘lucidez’ venía inadvertidamente.

“Sentado a la sombra de su casa, los ojos cerrados como quien duerme, Nostradamus disfruta del fresco. Es primavera y la sangre fermenta bajo la piel de las mujeres.

“A las ventanas que se abrían sobre lo no ocurrido Nostradamus no lograba acostumbrarse. La posibilidad de ‘ver’ el futuro lo espantaba. Temía que esa terrible facultad se aplicase sobre sus criaturas, sobre su mujer. Cuando está en su compañía se encoge por miedo al hormigueo premonitorio, como el que está escondido teme que le venga la tos que delatará su presencia.

“Mientras tanto, las consecuencias prácticas de esa extraordinaria facultad no fueron ignoradas ni despreciadas por Nostradamus, y las redacciones, las publicaciones, la venta de los almanaques, constituyeron una próspera industria.

“Un día que Nostradamus cruzaba la plaza de Salon para ir a visitar a sus enfermos, se apeó de repente de la mula y fue a arrodillarse ante un joven fraile que pasaba por ahí.

“¡El señor de Nuestramujer se ha vuelto loco! -gritó Girardo el espadero desde el fondo de su herrería, y a ese grito el zapatero remendón, el sastre y el tahonero salieron al umbral de sus tiendas, mientras a cada ventana se asomaba una cofia blanca y debajo dos ojos como platos y una boca redonda de estupor.

“-¿Qué hace, doctor? -preguntó el boticario Caprone, que tenía confianza con Nostradamus.

“-¡Me postro ante el Pontífice! -respondió Nostradamus con solemnidad, y mientras decía estas palabras señalaba al pobre frailecillo que tímido y embarazado se encogía cuanto podía en su hábito oscuro, pero que cuarenta años más tarde cambiaría su nombre por el mucho más glorioso de Sixto Quinto.

“De todos los rincones de Francia y de fuera venían a ver al adivinador enamorados burlados, amantes traicionados, maridos sospechosos, buscadores de tesoros. No bastándole el tiempo para recibirlos a todos, Nostradamus empezó la publicación de esos anales proféticos que contenían cada uno cien adivinaciones en forma de cuarteta, por lo que fueron llamadas centurias.

“Durante el día, entre la compilación de horóscopos y las consultas, Nostradamus había, por así decirlo, domesticado el porvenir. El arte adivinatorio quedaba reducido a trámite de ordinaria administración. La lectura del futuro ya no asustaba a nadie. Era un juego apenas misterioso. Pero por la noche se despertaban en Nostradamus terribles tentaciones.

“De noche Nostradamus subía a la habitación de la vida secreta. Mientras el sueño y el silencio lo circundaban, en su mente se encendía la voracidad de los más temibles secretos, de las revelaciones más espantosas. Empezaba el juego con la Muerte.

“A veces el juego tardaba en comenzar.

“Como esta noche. La espera es larga. Poco antes Nostradamus se ha sentado al escritorio y, con el fin de apresurar la llegada de la terrible gracia, ha compuesto las dos cuartetas que ahora figuran plasmadas sobre grandes hojas de pergamino y rasgadas con letras sinuosas y espinosas.

Sentado de noche en el secreto estudio,

sosegado y solo en la broncínea silla,

próspero hace a quien no cree en vano.

La vara en mano, entre las gruesas garras.

Moja en la ola el limbo y el pie: brama

terror y braman voces por las mangas.

¡Luz divina! Y el dios se sienta al lado.

“Pero el ‘dios’ es sordo a la invitación. Los instrumentos de la magia están apagados e inactivos. El agua de la bacía de bronce, sobre la que repetidas veces Nostradamus ha inclinado el oído, no ha emitido ningún sonido, no ha sido empañada por la más mínima onda.

“Nostradamus vuelve a sentarse en el sillón, la vista clavada en el espejo mágico.

“Pero hete aquí que sobre la luna lucentísima tres figuras, como peces que suben del fondo, van emergiendo poco a poco: una mujer y dos niños, inmóviles, compuestos, horizontales; los ojos cerrados, los brazos cruzados sobre el pecho y cada uno custodiado por cuatro cirios encendidos; y todavía brillantes, henchidos de esa belleza, de esa salud que Nostradamus les ha infundido con sus gelatinas mágicas, con sus cremas milagrosas, con su inconmensurable amor.

“Nostradamus se resiste a creerlo, se resiste a entender. Y de pronto un grito agudísimo como el de una abubilla estrangulada atraviesa la noche:

“-¡No soy un profeta!

“El grito se repite, se multiplica: ‘¡No soy un profeta! ¡No soy un profeta!’. Sale de todos los pisos, de todas las ventanas, de todas las puertas, de todas las grietas de la casa de Nostradamus.

“Se abren las ventanas de las casas vecinas. Se asoman hombres en camisón, el gorro en la cabeza y el arcabuz en la mano. Unas luces rayan la calle. Un baile de enormes luciérnagas enloquecidas se desencadena alrededor de la casa del adivino. Y el grito sigue: ‘¡No soy un profeta!’.

“De qué muerte murieron tan de repente la mujer y los dos niños de Nostradamus es cosa que nadie supo jamás, y ni él mismo logró averiguarlo.

“Los parroquianos que fueron despertados por aquellos gritos creyeron que había vuelto inesperadamente la peste, y la alarma cundió en la ciudad.

“Entonces, y en la noche, tronaron las detonaciones descomunales de las bombardas.

“¿Era para ese resultado, oh Felicidad, para lo que insististe tanto en ofrecerle a Nostradamus tus gracias?

“Nostradamus ha desaparecido. Corrió la voz de que también él había muerto de ignota muerte subitánea. Dijeron algunos que se había suicidado, otros que se había convertido en perro y otros que circulaba invisible.

“Una noche algunos aldeanos de Vaucluse reconocieron al astrófilo en una especie de espantapájaros autómata que había roto el amarre de la pértiga e iba errando por los campos, bajo el sol de Provenza y zarandeado por el mistral. Una negra tribu de cuervos lo acompañaba en vuelo rasante, tal y como los tiburones escoltan el barco esperando comida. El rico médico de Salon, el adivino de fama universal, se había reducido al estado de un fantasma que no ha conseguido desprenderse de sus despojos mortales y carga con ellos como el highlander la cornamusa desinflada: como San Bartolomé llevaba consigo su propia piel colgada de un brazo, a la manera de un abrigo de media estación.

“Los aldeanos siguieron al fantasmal profeta. Otros se les unieron por el camino. En las ciudades y en los villorrios por los que pasaba, más gentío iba sumándose al cortejo. Vino gente de fuera, extraños personajes, hombres de elevada alcurnia, emisarios de reyes. Se agigantó la fama de aquel que no sólo adivinaba el destino de los demás, sino que aparte había previsto la muerte de su mujer y de sus hijos. Como una enorme nube negra y rampante, las pruebas de adivinación atravesaban los campos, vadeaban los ríos, salvaban los montes tras el espectro andante.

“-¡Habla, Nostradamus! ¡Dinos qué va a ser de nosotros!

“Apremiado a revelar el futuro, un largo temblor agitaba a Nostradamus. Y cualquiera que fuese su estado se ponía otra vez en camino con la desesperación de quien intenta huir, incluso a gatas, agarrándose a los arbustos y arrastrándose por el suelo.

Una noche Nostradamus desapareció y corrió nuevamente la voz de su muerte.

“La desaparición de Nostradamus coincidió con la llegada de un nuevo fraile a la abadía de Orval, en las inmediaciones de Montemedio. Quien llamaba a esa famosa abadía de la orden de los cistercienses era considerado un enviado de Dios.

“El hombre cansado solicitó su ingreso en la orden. Transcurría los días en la celda, miraba la pared de cal, largas lágrimas le caían de los ojos. Aunque severo, el régimen le convenía.

“El hormigueo se fue reanudando gradualmente, se reanudaron las rarefacciones del tejido temporal, las apariciones de lo no acaecido. En vano el hombre cansado intentaba vencer con la oración las crisis del morbo profético. Las noches se consumían en la inútil lucha.

“… Alguien entró en la celda sin abrir la puerta. El hombre cansado creyó que era el padre prior, pero al levantar los ojos no lo reconoció, notando que a través del cuerpo del Desconocido se traslucía el crucifijo negro de la pared.

“Dijo aquél:

“-Aprecio tu esfuerzo por hacerte digno de este lugar de paz. Pero nadie puede eludir su destino. Tu lema, Felix ovium prior aetas, delata tu alma irremediablemente pagana. Este lugar, donde solo se reconocen como virtudes la paciencia y la sincera renuncia a cualquier forma de conocimiento, no es para ti. ¡Ve, el siglo te espera!

“El hombre cansado se levantó del jergón en que estaba sentado y encorvado, abrió la puerta de la celda, salió al pasillo.

“-¡Un momento! -exclamó el Desconocido-. Olvidas algo.

“El hombre cansado se agachó y sacó de debajo de la cama un rollo de papeles.

“-Imagínate -dijo el Desconocido mientras avanzaban por la galería porticada- lo que hubiera sucedido si estos papeles en los que tú predices el trágico destino del mundo llegaban a caer en manos de esos pobrecillos frailes que para protegerse de la realidad cierran los ojos y se tapan las orejas!

“Los años pasan y el tedio es cada vez más voraz. Las piernas del profeta están hinchadas de gota. Gruesas gotas de amarilla grasa de pollo le penden bajo los ojos. Para escribir -porque tiene que escribir, él mismo lo ha dicho:

Tras mi fallecimiento terrenal

mis escritos harán más que cualquier palabra viva

hace que le aten el cálamo a la mano.

“¿Qué descubren los ojos del profeta mientras su barrigota llena de agua reposa sobre un escabel de apoyo y las piernas cuelgan fláccidas como salchichas colosales? Nostradamus ve un futuro cada vez más lejano. Su mirada atraviesa los años, los siglos, los milenios; el mañana lo barre en un abrir y cerrar de ojos… ¡Todo inútil! El tedio, siempre, por doquier, infinito.

“Y en medio de ese desierto espantoso un minúsculo suceso personal.

“Nostradamus había escrito:

Parientes, amigos, hermanos de sangre,

me encontrarán muerto, en banco a la cama arrimado.

“La mañana del 1 de julio de 1566 Nostradamus estaba en el banco, junto a la cama. Alguien, amigo o hermano de sangre, le puso la mano en un hombro. Nostradamus se inclinó para mirar mejor algo que había en el suelo, y luego, lentamente, cayó con un grasoso plaf.

“Entre el sapo y el profeta hay afinidad de sonido.

Envío

Me siento feliz de haberles hecho este regalo. Raro, difícil de encontrar. Muy poco dicen las enciclopedias sobre este autor magnífico, Alberto Savinio: que nació en Grecia, que murió en Italia, que era hermano de Giorgio de Chirico.

Mis mejores abrazos

Mora

Monografias

Si le ha gustado esta entrada, por favor considere dejar un comentario o suscríbase al feed y reciba las actualizaciones regularmente.

Comentarios

7 respuestas a “Profetas del Fin del Mundo; hoy, Nostradamus”
  1. joan/juan palmarola nogue dice:

    Para MORA: mi felicitación por tu selección de apuntes de Nostradamus y tu generosidad para que los que estamos en tu mailing sepamos de tus selecciones. Te preocupas por los demás aún si conocerles personalmente que se traduce en regalar “tu tiempo”

    Joan Palmarola i Nogué
    palmarola3@gmail.com

  2. Gerardo Martín Solá dice:

    Me gustó mucho esta selección de Nostradamus.

    Somos muchos los que te leen, Mora, pero quizás por timidez no escriben y no comentan. Mi mujer, mis hijos son también admiradores silenciosos.
    Creo que vale la pena dar un recibido al menos. El silencio de los otros, a veces no se comprende, después de tanto esfuerzo tuyo. Como dice Joan, de “regalar tu tiempo”. Yo cada vez que te lea te diré “acá estoy”.
    Muchos cariños y otra vez gracias, Mora!

  3. José Gros dice:

    Aunque las autoridades religiosas sugieren ‘no despreciar las profecías’, y una cosa es un profeta, otra un augur, que decían que siguiendo el: ‘Gnoscete ipsum’, del frontispicio de un templo de Apollyon, ‘Abbadón el exterminador’, se adquiría el poder de hacer vaticinios, como otros poderes mirándose las manos durante un ensueño, algunas de estas propuestas, sin insistir en lo que sentenció Niels Bohr: ‘Es muy difícil hacer vaticinios, sobre todo respecto del futuro’, hay cosas que más que prever el porvenir, serían declaraciones de intenciones. Además del Altísimo, que ha creado la materia, las fuerzas, el tiempo y el espacio, entes como Cronos, conocido también como: Saturno, Moloch, Renfan, simbolizados en el ‘hexagrama’, parecen poder moverse por el tiempo, e influir en cosas pasadas, presentes y futuras, como otros pasean y mueven muebles en su casa, Hay una nota en Nostradamus, que dice: ‘le chef de Londre, par regne l’Americ…’; no va a ser: ‘América’. Gracias. Que ustedes lo pasen bien, + Salut

  4. Iván Salazar Urrutia dice:

    Acá estoy.
    De antaño.
    Alberto Savinio, grande. Gracias por enseñarlo. Quizás germinación del mismo huerto de Rulfo…
    Muy bueno; para nos, latinos.
    Un abrazo,

  5. Iván Salazar Urrutia dice:

    EL KYBALION.

    Todo cae desde el comienzo
    Donde las cosas se enredan
    Y sientes la piel de gallina.

    Así es, parece, esta veladura
    Que nos muestra y oculta
    Aquello que nos rodea cada
    Día.

    Con los años transcurriendo
    En las articulaciones, vamos
    Cada vez más recordando
    Lo que vivimos, lo que creemos.
    Y la memoria se acorta y se alarga
    Pero nunca, como un ave migratoria,
    Se posa para siempre en el pasado.

    Un insecto viene y choca contra tu solapa,
    Y entonces vienes tú y sonríes o bien
    Te enojas por la camisa nueva. Acaso
    Camines en el bosque haciendo vereditas.

    ¿Y aquellos valientes que enredaron sus vidas
    En la mínima verdad de sus sandalias?

    Aquellos que sintieron su propio respirar.
    Los que apuntaron sus ojos a las estrellas.
    Los que recorrieron el camino con la mansedumbre
    Primera de un recién nacido con sus ojos abiertos.

    Mis hermanos exploradores, mis hermanos ligeros,
    Libres, alegres, insomnes, naciendo cada día.
    En el viaje mismo viajando, solos como un rayo
    Del tiempo penetrando lo pequeño en lo grande,
    Lo duro en lo blando, lo conocido en lo desconocido.

    Transparente y sin reflejo: el Kybalión.

  6. María Cristina Schneider dice:

    Después de los comentarios dejados sobre tu trabajo,muy tímidamente me queda decirte que gracias a tus publicaciones cada día me deleito con tus propias producciones como con los escritos de otros que publicas. Gracias Mora por haberme permitido introducirme en este mundo.

  7. linda verlliui dice:

    Vraiment sympa ce site web
    voyance gratuite par telephone



Deje su comentario

Debe para dejar un comentario.

chatroulette chatrandom

Iniciar sesión

Ingrese el e-mail y contraseña con el que está registrado en Monografias.com

   
 

Regístrese gratis

¿Olvidó su contraseña?

Ayuda