Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Envíos de la niña de piedra II

Queridos amigos: estos son los Envíos de la niña de piedra que les prometí en la nota anterior. Y ya que estamos en Poesía, colaboren mandándome un poema -propio o de un autor que amen- y lean las siguientes monografías:

El género lírico: la póesía

Relación de la poesía y la filosofía en el pensamiento humano

La madre en César Vallejo

Mujeres latinoamericanas expresadas en versos. Ensayo poético

“Llamo a los poetas”, de Miguel Hernández, y Guernica, de Pablo Picasso, como propaganda política en el arte

La Sociedad de los Poetas Muertos y Teorías de Educación

Relación entre “Espergesia” (César Vallejo), “Estanco” (Fernando Pessoa) y “Borges y yo” (Jorge Luis Borges)

No hay canto en el vacío;

la soledad, piedra preciosa

del lago transparente

debo apresar

con mi canción que es mi cacería.

La medianoche influye

en las horas que van al mediodía

a dejar su latido tan oscuro,

agudas soledades lastiman

pero las altas soledades curan.

Hay una rosa ciega

que no tiene palabras

ni paisajes

ni abejas

y ya envejecen las colmenas.

Suaves imágenes golpean,

incandescentes alas abren

grandes ríos que apenas conocen infinitos.

Miré el reloj mil veces

hasta la madrugada

y finalmente dije:

tengamos un amor

de antiguos cuadros,

dos vírgenes mirando

las ortigas,

los árboles quemados

y el corazón del infortunio.

Esperar

es partir hacia todos los instantes,

asomar extremadamente el alma

donde hay sombra,

hay sombra

en la sombra de un pájaro.

Claridad,

yo veré

el reposado andar

de tus caballos blancos en el agua.

El fuego

en la quietud

entierra sus vestidos

en ebrios funerales de sí mismo.

Cuelgan amapolas recientes de locura,

son casi amables resplandores que olvidan el silencio,

pero es tu candorosa ausencia,

es tu silbante aurora

siguiendo incendios graves, imposibles.

La luz de antes tiene un modo

de brotar otra vez entre nosotros

que con sonidos

y pedazos de frases

construimos

el rojo altar de los ausentes.

Extenuándose

la lluvia

toca el tambor de lo divino

con dedos tenues

sobre las cosas muertas.

Islas mezcladas con naufragios,

inmensidades grises nunca apaciguadas;

los amantes navegan callando,

los girasoles, cayendo en el misterio.

La primera vez que vi la nieve

me despertó la palabra blancura

con su mano,

después

encontré a los vientos

en las flores cerradas

y con mi mano

las abrí.

Me lastima el aullido como lobos

del corazón de los que duermen.

La vieja casa de mis pensamientos

es donde viven los espejos rotos

con el caer de las cenizas

de los dolores que murmuran.

Trajiste flores,

flores que se mueren

en lo amarillo de sí mismas

y te fuiste dejándome al cuidado

de sus pequeñas agonías;

ah, me observan, me buscan,

como un racimo de cabezas de niñas

me reclaman y gimen,

me preguntan

por qué cosa morir;

lo sé, lo sabes,

hay que morir por algo.

Se me ocurre de pronto

que somos flores amarillas.

Amo

mi reflejo veloz

en otros ojos,

la mirada

forma senderos de locura

en el infierno de los pensamientos.

He contado todas las estrellas

que tenían tu rostro

en aquel jardín

tan perfumado por tu ausencia

que las hierbas eran un jeroglífico

que el aire descifraba

y decían amor y negro amor

y oscuridad terrible,

y he cortado

todas las flores que tenían tu rostro

en las cuales sangraba tu sonrisa

como la última vez

entre los últimos adioses

y he formado un ramo

desde el que me mirabas con tantas miradas

que he huido de él

y de mí misma.

Corté además tu sombra,

fue un sonido

de ave reseca

partida entre las manos,

tenía que cortarla

al lado de la lámpara

donde en la luz bailaban tus recuerdos

y flotaba una carta que había escrito

desde mi corazón

a tu carroza.

Un sueño abstracto

como un pensamiento,

con un jardín de cubos

y esferas transparentes

donde dos líneas se elevaban

y alguien repetía

“las paralelas que se unen”

y estaba el infinito.

En mitad de nosotros

algo nos hace un nido

para ese lúgubre presagio

de las ciudades que se extinguen.

Grave y dulce campana,

la llama del otoño te sostiene

de la tarde más gris,

resistes como una

paloma ahogada en el incienso.

En la quietud

conque se apagan

los días

considero mi sangre

con una sed de alivio.

Con todo mi amor

Mora

Monografias

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Comentarios

2 respuestas a “Envíos de la niña de piedra II”
  1. Celestino Gaitan dice:

    Mora, Amados Tod@s…
    …con el riesgo de rayar en la ridiculez,
    y como dicen en mi tierra, después de vejez…viruela.
    Cuando sentimos que llegamos al final del camino,
    apasionados nos volvemos y nos aferramos a la vida,
    a la vida y al Amor…comparto con ustedes estas letras
    nacidas del Corazón y la Razón.

    Mas o menos Amor.

    En cuestiones de Amor hay gradaciones,
    los hay intensos e inalterables,
    in crescendo o decreciendo gradual
    hasta abordar el desamor.
    Hay otros que traspasan el límite,
    Pisando los terrenos del rencor.
    O el amor degradado al Odio
    Producto de una traición.

    Hay gradaciones también,
    Al momento de Odiar.
    Odio tan sin sentido
    Como es el odio racial.
    O el odio sembrado,
    atizado y apasionado.
    Con el pretexto
    De la Religiosidad.

    Por eso, el verbo amar,
    O estar enamorado.
    Significa ser y estar
    Dispuesto a dar
    A ser disminuido,
    Por un sincero amigo
    O por otro amado ser.

    Puedes amar
    Y creer que vuelas.
    Cuando cultivas un amor.
    Pobre iluso…solo flotas,
    Idealizas y realizas
    En solitario el volar.

    Para concluir…
    Hoy te quiero aconsejar
    Haz disminuir tu ego,
    deja tu comodidad.
    Y estarás convencido
    Que estás aprendiendo a Amar.

    DonCelesSs.
    Monclova,Coah.Mx.
    31/Dic./2016

  2. Maya Lestari dice:

    I think this article very nice..



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