Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

La señal del pez

La señal del pez

El cristianismo utilizó ampliamente el simbolismo del pez…

Cristo está representado con la sigla ICHTHUS, pescado,

abreviatura de Iesous Christos Theou Huios Soter.

Los tres peces entrelazados son un símbolo del bautismo

bajo la advocación de la Trinidad. J. C. Cooper, El Simbolismo

Engracia miró para atrás, y su vida se le antojó un río de cosas milagrosas, como si su agua fuera de espejos que reflejaban el sol y lo encendían, como un incendio de aguas. Levantó el teléfono que sonaba: habían pasado 23 años desde una antigua predicción y ahora le confirmaban su veracidad (El Mal y las escuelas ocultistas).

Pero pensando en su vida, continuando con pensar en su vida, fue bastante después de haber nacido -ya era una joven alta y sonriente- que vio al ángel parado junto al árbol del jardín. El árbol tenía tallado a cuchillo un pez, un pez como una señal. Una señal no de los mares sino de los cielos (Psicología, simbolismo y cultura).

Y tampoco era un ángel común, no era el de las estampitas con bordes dorados. Se trataba de un muchacho rudo, con alas. Y eso fue lo que la enamoró, el contraste (El amor, un sentimiento que mueve al mundo).

El ángel le dijo todo lo que suele decir un ángel que quiere seducir a una muchacha alta y sonriente, y Engracia hizo silencio y aceptó (El libro de Apolonio).

En el pueblo los criticaron mucho -en especial porque las alas del ángel sólo eran visibles para Engracia, entonces la gente sólo veía a un muchacho rudo- cuando empezaron a vivir juntos, y el ángel le adosó a la casa una carpintería. Y cuando tuvieron rápidamente un hijo, tan rápidamente que parecía que el rayo de la fecundidad había caído mucho antes que el ángel (¿Jesús, hijo de un dios?).

En el pueblo hablaron en lenguas sobre desvergüenza, pérdida de pudor y falta de respeto a las costumbres más sagradas -es decir consagradas (Imperativos que justifican y exigen urgentemente un nuevo enfoque del cristianismo).

Pero lo que se habla en lenguas se olvida muy pronto, ya que se enhebra en el viento con palabras más suaves. Entonces Engracia, el niñito y el ángel fueron una familia muy feliz (Secretos para vivir mejor).

Por mucho tiempo ocurrió esto: el ángel prosperó tanto y tuvo tantos clientes que los muebles que hacía se convirtieron en joyas de caoba; el niñito era tan inteligente que escribía y leía, multiplicaba y dividía sin que nadie le hubiera enseñado; Engracia resultó una madre excelente, una esposa perfecta y un ama de casa que sacaba lustre de todos los objetos y hacía brillar la vida cotidiana (La creatividad en la vida cotidiana).

Engracia y el ángel se amaban y amaban al niño que a su vez los amaba, y leía, escribía y cantaba (El perfume del amor).

Tan felices eran que Engracia empezó a sospechar de su destino (¿Existe el destino?).

Leyó en el diario un aviso del rubro “Ayuda Sobrenatural”: una médium que además tiraba las cartas. Llamó por teléfono. Le dieron una cita. ¿A dónde les diría al ángel y al niño que iba a ir esa tarde? Detrás de su pensamiento algo quería fluir, una especie de tragedia a la que no podía ponerle palabras.

Y fue a conversar con el ángel.

Estaba tan confundida, ¿cómo iba a decirle que sospechaba del destino de los tres? Y tampoco podía darle una excusa para ir a su cita con la médium: ella no sabía mentir y, aunque supiera, no se le ocurría nada para inventar qué iba a hacer fuera de la casa. Ella no tenía ni se imaginaba nada para hacer si atravesaba la puerta de calle. Adentro estaba guardado todo lo necesario: el amor, la alegría, la harina y los huevos para cocinar, la vajilla y hasta los tornillos relucientes y las sierras.

El ángel esperó que ella hablara, mirándola, solamente mirándola con paciencia. No la apuró, pero ella no encontraba qué decir, o cómo decir, y él esperaba y esperaba. Engracia pensó que la felicidad se les había escapado justo en ese momento, como cuando Adán y Eva se miraron y se vieron desnudos en el paraíso, comiendo una manzana. Engracia trató de estirar un poco su minifalda para que le tapara los muslos.

Fue tanta la espera y tanto lo que no se animaba a decir Engracia que se abrió una habitación nueva en la casa, dentro de la misma donde estaban parados, pero otra: una habitación de silencio.

-¿Qué haremos con ella? -dijo el ángel.

-Tendremos otro niño y le pondremos una cuna aquí -dijo Engracia, que imaginaba ya otro bebé rosado, gordo y más silencioso todavía que lo que había sido el niño.

Es decir que esta vez no pudo ir a consultar por el destino Engracia; tampoco engendraron otro hijo.

Pasó un año hasta que empezó de nuevo a preocuparse: seguían siendo felices, muy felices, y ahora ella se había hecho una amiga, una vecina. Conversaban de tapial a tapial, y a veces hasta salían a hacer compras juntas.

El ángel ya no tenía que ir al supermercado; le parecía bien que Engracia hubiera hallado una amiga.

El niño, que ya había aprendido solo física y astrofísica, química e ingeniería de sistemas, y todo lo demás, se quedaba leyendo o ayudando a su padre en la carpintería. “Carpintero fino me va a salir”, pensaba el ángel, por las preguntas delicadas que le hacía sobre espesores y perfumes de las maderas y los diseños y las filigranas.

Engracia dijo que salía a hacer compras y que se demoraría un poco más; tenía que ayudar a su vecina a elegir una torta de cumpleaños y un regalo. Y fueron a lo de la médium que descifraba el tarot, se ayudaba con un péndulo y se fijaba a veces en un gran globo de vidrio.

La señora le confirmó su pasado y su presente por completo, y cuando estaba por cambiar de tiempo de verbo le hizo tomar una taza de té. Allí, después de haberlo tomado, en el fondo, en unas cuantas hojitas dispersas, estaba su futuro. Mejor dicho el futuro de su hijo, que era lo que ahora la inquietaba.

-¿Qué edad tiene actualmente su hijo? -preguntó la vidente.

-Diez años -dijo ella.

-Es un predestinado -afirmó sin ningún énfasis la tarotista, y allí Engracia, que no entendía como podía llamársele pre-destinado a alguien a quien recién empezaban a leerle su destino y aparte, acaso, ¿no todos tenían destino?, preguntó:

-¿Predestinado a qué?

La señora la miró con una seriedad metafísica y contestó:

-A salvar el mundo, dentro de unos… veinte, veintitrés años. Sólo puedo decirte una cosa más, y acá sello mi boca: su destino se cumplirá el día que el señor presidente del país y el Sumo Pontífice hagan una llamada telefónica a tu hogar.

Volvieron las jóvenes, cada una a su casa, como dos soles desinflados. Por el camino se iban diciendo, preguntando y contestando, como si hubiera alguna respuesta. Lo que trataban de comprender era de si se trataba de un acontecimiento feliz lo que le ocurriría al hijo de Engracia.

Ella dijo:

-Si el Papa y el presidente van a llamarme por teléfono dentro de veinte años, será para felicitarme por mi hijo, aunque, por las dudas, voy a cuidarlo mucho más.

Su vecina le aseguró que la vidente había querido decir eso, y que Engracia, su marido y su hijo serían cada vez más felices.

Y fue así, porque consiguió retener a su lado a su hijo y que nada de alas negras lo tocara.

Ya él, desde muy chico, no había necesitado ir a la escuela, y después a ningún instituto, porque nació con el don extrañísimo de aprender sin que nadie le enseñara. Tampoco precisaba tener amigos: era el mejor amigo de Engracia y el ángel. Ni conseguir empleo: trabajaba mejor que su padre en la carpintería.

La familia creía en Dios, pero no iba a ninguna iglesia. En parte había algo tácito instalado sobre la mesa del hogar, que se notaba mucho cuando ellos rezaban y agradecían la comida: ellos también eran Dios, y más Dios era el Niño, que aunque crecido y ya afeitándose diariamente sólo seguía llamándose Niño, a pesar de que ahora, por escrito, se lo inicialaba con mayúsculas. Ni siquiera el ángel había obtenido ese privilegio.

Claro que el ángel no era como el Niño un poeta, un filósofo, un esotérico avanzado; el ángel no sabía los nombres de las constelaciones ni cuándo iban a chocar; tenía pocos poderes pero ¿quién necesitaba poderes cuando estaba presente el Niño?

Él curaba las alas invisibles, la mala sangre y las rodillas hinchadas de su madre y cualquier golpe de martillo.

Sin embargo, era inevitable que algo sucediera en esa familia para que la historia de una familia fluyera, no se quedara estática. ¿Acaso es posible tanta armonía y quietud, tantos muebles amontonados, benevolencia y paz?

El Niño leyó un pequeño libro -apéndice de otro mayor- y lo recordó todo. Besó a su padre y a su madre y salió. Dejó en las manos de su madre desesperada un huevo de Pascua y se despidió por siempre.

Se podría suponer que el ángel, ante la desgracia consumada y ante su mujer entrando en rayos de locura que caían como de una tormenta, moriría de un ataque al corazón. Pero no.

El ángel se fue al jardín, se paró al lado del árbol, y ante la mirada moribunda de Engracia, que lo había seguido, batió las alas y se voló.

Ella siempre había sospechado, y la tarotista la hizo sospechar más aún, le abrió nuevas llagas. Por eso cuando se calmó sólo se puso a esperar el llamado del Papa, que llegó, y el del presidente, que también llegó. Pero debieron pasar otros tres años para esto: “Su hijo ha salvado al mundo con su conocimiento de la flamante bomba de destrucción masiva; sin él no hubiera quedado ni una piedra… Y ofreció su cuerpo como cofre de la misma”, le dijeron ambos, palabras más palabras menos.

Una vez que atendió los llamados vio el incendio del atardecer y el río de cosas milagrosas.

Envío

Queridos amigos: viajé a visitar a mi hija a Buenos Aires -hoy cumple años y festeja con sus dos niños adorables y su hermoso marido-, y me engripé bastante fuerte, por lo que no seguí con la historia de la fotógrafa-niñera y emprendí la vuelta.

Una vez acá, curada ayer mismo, decidí que esa historia, completamente real, ustedes podrían leerla en cualquier sitio, navegando o flotando.

Entonces les escribí este cuento llamado “La señal del pez”. Si algo no sé es por qué se me ocurrió. Sólo la mano era llevada…

Infinitos abrazos mis queridos

Mora

Monografias

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Comentarios

5 respuestas a “La señal del pez”
  1. Joise Morillo dice:

    Saludos querida, Esa es la interpretación escéptica de la divinidad de Jesús de Nazareno, No Obstante, la astucia femenina es insoslayable… Digo.

    Poco después del advenimiento de Jesús al mundo, en el imperio Romano ante la infelicidad de Catuilo por la infidelidad de su pretendida Clodia y, previo a la muerte del emperador; Cicerón, mentor del Cesar escribe a Ático que es un tribuno también y asesor del emperador (personajes políticos), comentándole los siguiente:

    Todo el mundo piensa que los matrimonios funcionan porque se creen excepcionales al resto, pero la realidad es que todos los matrimonios fracasan y solo unos pocos salen adelante. Las mujeres están tan convencidas de los argumentos que ella tiene y de los fines que quiere conseguir, que no ve el resto de actuaciones ni de argumentos por parte de los demás que la lleven la contraria, aunque alega que estás cosas no suelen revelarse y para él se debería hacer por tratarse de verdades.

    Sin embargo, Creador, puso en la consciencia del individuo humano una característica que le hacia saber de él y, que se aprehendía conociéndose a si mismo, como obra de creador, el único hasta ahora ha sido Jesus.

    “Yo SOY la luz del mundo”, por tanto, el hombre al ser la luz del mundo tiene la potestad de entender lo sublime de la obra de Creador, es una absoluta verdad, por ello “Yo soy la verdad”. Es la conciencia de lo que sensual e inteligible en el ámbito de la razón se entiende como necesario (el bien, la armonía, la paz). En pocas palabras, amor. Por ello al conocerse a sí mismo, refiere lo que debería ser común a todo ser humano “Nadie llega al Padre sino por mí” es una exhortación a concebirse como obra de Dios, el padre, Creador.

    Aun cuando se critique a Jesús como que no podía ser un maestro moral, su obra transformó la perversidad humana en virtud de la coexistencia para bien universal, Amor. Ni un demente, ni mentiroso, ni tenía complejo de Dios. Sencillamente, al ser la obra de Creador (Dios) es como somos todos, la representación de Creador en el Universo. ¡No contemplando los postulados de la filosofía de Jenófanes, quien declara, como virtud del hombre hacer dioses a su imagen y semejanza! Sino aceptar una verdad universal como obra sublime de creador, sin ser, ni ente sino su sola presencia en el mundo, lo noúmeno, la consciencia humana.

  2. Lupe Gómez dice:

    Excelente Mora Torres, desde el primer momento me atrapó la lectura, tant, que temía no tuviese ese final, como siuempre no nos ha defraudado

  3. felipe humberto rizzo dice:

    Querida Mora, ¡admirable! como todo lo que escribes. Una dulce golosina para mi intelecto.
    Gracias por dejar que tus seguidores, semana a semana, tengamos el placer de compartir tus historias.
    Sinceramente.
    Felipe

  4. María Cristina Schneider dice:

    Hermoso Mora. Una manera muy original y muy poética de ver y narrar la Anunciación, el nacimiento y el fin de Jesus al mundo. Excelente.

  5. linda verlliui dice:

    Vraiment sympa ce site web
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