Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Fotografía de una niñera

En algunas mujeres hay un tipo de fealdad llena de gracia que es más atractiva que la belleza. Es muy extraña, raras veces se planta sobre la tierra y dice “aquí estoy”. En general sus portadoras juegan a las escondidas, hacen enigma de su hermosa fealdad (Pandora - Lo que todo hombre debería saber antes de enamorarse).

Conozco por fotografías al ejemplar más perfecto de este porte. Y a pesar de que ella también hizo misterio de sí misma, la conozco por fotografías sencillamente porque era una gran fotógrafa, y experimentó además consigo misma, con su rostro y su cuerpo de pequeño pájaro (Eyes Wide Shut y el enigma del deseo femenino).

En su vida sólo consiguió dos trabajos, uno muy breve como obrera maquiladora en Nueva York (Historia laboral femenina en la primera mitad del siglo XX). El segundo fue su vocación: ser niñera (Un mundo para Julius). Vaya a saber por qué, tal vez porque es muy bueno tener niños a mano para fotografiar, niños que lloran con bocas muy abiertas -ella sabía mirar el abismo con los ojos abiertos, tan abiertos como los de su cámara (Sophie Calle y el arte conceptual).

O tal vez porque no quería opacar su sensibilidad en oficinas o estudios contables o escribanías, y sabía que de alguna manera los niños se la acrecentaban (Creatividad).

Fue muy importante en realidad, para su arte, haber sido una niñera como ella.

El documental que me habló de ella

Acabo de terminar de ver un documental que, estoy segura, relucirá entre todos mis recuerdos. Lo encontré en Youtube -éste es un dato para que lo rastreen-, y trataré de copiarlo en parte y en parte relatarlo. Lo que no podré hacer es mostrarles la inmensa cantidad de increíbles fotografías que lo ilustran, búsquenlo!

Habla un joven llamado John Maloof. Empieza de este modo:

-Fue en el invierno de 2007. La casa de subastas está frente a mi casa. Encontré esta caja que estaba llena de negativos.

Yo estaba escribiendo un libro de fotografías y necesitaba muchas, históricas. Así que (en la subasta) agarraba cada negativo y lo ponía a la luz para ver si había imágenes de Chicago.

Había muchas cajas que venían con el paquete enorme. Yo tomé la más grande.

La gané en la subasta porque ofrecí 380 dólares (tan poco valiosa parecía, digo yo, Mora).

La casa de subastas me dijo que el nombre de la fotógrafa era Vivian Maier.

La busqué en Google, pero no había nada, absolutamente nada. Nada en lo absoluto. Así que me di por vencido por un rato.

Vi algunas cosas esa noche, eran geniales, pero nada servía para el libro, así que las guardé en el clóset.

Sólo tenía que averiguar: “¿Qué voy a hacer con eso?”. Lo cual me motivó a empezar a escanearlas. Tengo ese reflejo; cuando vamos manejando hacia un lugar, y ubico algo que está al final del camino, yo sé lo que es, y sé que es valioso. (John Maloof es muy joven y supongo que cuando dice “vamos” manejando se refiere a su familia, su padre, su madre, su hermano. Pero lo curioso de todo esto es también que John está investigando a una fotógrafa de la cual al principio no sabe nada, de cuyos negativos se hizo dueño por un golpe de dados, y yo, Mora, estoy tratando de saber algo sobre John, al menos de intuir desde su video, video al que también llegué por un golpe de dados, navegando aburrida.)

Lo hacíamos con mi hermano, entrábamos a subastas de bodegas, y cuando encontrábamos alguna fotografía la escaneábamos. Tiramos un montón de negativos.

En estos negativos que acababa de descubrir, los que vi al principio me parecieron buenos. Me comuniqué con algunas galerías. No sabía hacia dónde dirigirme. Creé un blog de fotografías (”publicado por John Maloof”) y puse unas 200 imágenes. Escribí: “¿Qué hago con estas cosas además de dárselas a ustedes?”.

Esa publicación fue todo un éxito. Algunos comentarios: “Verdaderamente genial”, “Impresionante”, “Increíble descubrimiento”, “Me emociona”, “Sólo puedo decir: inigualable”, etc.

Así que comencé la misión de juntar todo su trabajo: “Subasta esta noche”. Luego encontré a las otras personas que adquirieron algo de Vivian en aquella subasta y les compré sus cajas. Entonces tenía todos esos negativos, ¡más de 100.000 negativos!

Detrás del espejo

Siempre quise saber quién estaba detrás del trabajo. Sólo sabía que su nombre era Vivian Maier. ¿Era periodista? ¿Una fotógrafa profesional?… Déjame buscar su nombre en los periódicos de internet y ver si sale algo…

Encontré un título que habían puesto justo unos días antes de mi búsqueda: “Murió en paz”. Hallé una dirección entre sus cosas, y después de exprimir la guía de teléfonos llamé y dije:

-Tengo el trabajo, los negativos de Vivian Maier…

Y la voz que me atendió dijo:

-¡Ah, ella era mi niñera!

Su niñera. ¿Por qué una niñera había tomado todas esas fotos? Lo que me empezaron a decir de ella fue raro.

Dijo:

-Era muy solitaria. Hasta donde sabemos no tenía familia. Nunca tuvo romances e hijos, que supiéramos. Pero era como nuestra madre.

Pregunté:

-¿Tienen algunas de sus cosas?

Él contestó:

-Bueno, he estado pagando su bodega. Queremos tirar sus cosas. Lo guardaba todo.

(Soy Mora: es evidente que en Estados Unidos, y tal vez en cualquier lugar del mundo, se alquilan “bodegas” para que la gente guarde cosas que no desea tirar.)

Le dije:

-No, no las tire.

Me dijo:

-¡Tú no entiendes! Lo guardaba absolutamente todo. Vamos a llevar un basurero (un container). Puedes ir a ayudarnos y si ves algo que te guste, te lo puedes quedar.

Sólo quería ir para saber quién era ella

Algo rápido…

Encontré este baúl de piel (lo muestra). Estaba cerrado con cinta adhesiva o algo así. Lo cortamos y luego lo abrimos. Y estaba lleno de rollos de película sin revelar. Tomé un cofre que había y lo agité; repitequeó. Lo abrí y tenía dientes adentro.

Había cosas encriptadas y escondidas en todo lo que tenía. Eran como lugarcitos secretos para todas sus cositas pequeñas: un cupón, una nota, una tableta, pases de autobús, tarjetas del metro, sus sombreros, zapatos, sus abrigos, sus blusas.

Tengo cheques de impuestos sin cobrar del gobierno.

Tengo 100.000 negativos, tengo 700 rollos de película a color sin revelar, 2000 rollos de película blanco y negro sin revelar.

Me di cuenta de que todo se tenía que organizar y archivar. Parecía más de lo que yo podía hacer solo. Pensé: “Vamos a ver qué pueden hacer los museos para ayudarme. Tal vez puedo enviar esto al MoMA. Tal vez lo puedo poner en Tate Modern”. Les mandé cartas, y esta fue su contestación:

“Estimado señor Maloof, quiero agradecerle en nombre de los conservadores por pensar en el Departamento de Fotografía del MoMA. Por desgracia el museo no puede recibir estas fotografías en este momento”. En ese momento me di cuenta de que estaba solo en esto.

Sólo quiero que la gente vea

este maravilloso trabajo.

Me dije: “Voy a tratar de hacer una contribución; voy además a hacer un libro. Es muchísimo trabajo para mí, pero soy medio compulsivo con las cosas.

Solicité un lugar para exponer en el Centro de Cultura de Chicago. Dijeron que la exposición “fue la de mayor asistencia para cualquier artista que jamás hemos tenido”.

(Continuará…)

Envío

Si pueden, vean el video en Youtube. Todavía no entré del todo yo a relatar, pero para el miércoles próximo tengo curiosidades asombrosas y un final… de novela.

Besos a María Cristina, Joise, Celestino, Felipe, Juan Diego, Alejandro, Analía, José María, Gerardo, Carlos, Jaime e Isabel.

Abrazos para todos (los que posen los ojos aunque sea un ratito aquí mismo)

Mora

Monografias

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Comentarios

2 respuestas a “Fotografía de una niñera”
  1. Joise Morillo dice:

    Hola querida,

    Interesante trabajo, muchos anonimos se han hecho famosos post mortis, por ello, han pasado a la eternidad.

    Os ama
    Joise

  2. María Cristina Schneider dice:

    Hola Mora: Sos una Maestradel suspenso. Muy buena idea mantenernos a todos expectantes para continuar disfrutando de tan excelente narradora. Besos



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