Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

El templo de la infidelidad

Ya de por sí son fantasmales las historias de la gente que se queda sola en viejas mansiones por donde corren las leyendas (Estancias, mansiones y fantasmas: La Estancia Montelen), y únicamente se relaciona con sus servidores en medidas palabras. Y si esa gente tiene una inmensa biblioteca, más aún (La otra biblioteca).

Y este era el caso.

Casi no puedo pronunciar el nombre de ese hombre, de puro respeto y temor. Al decir “Pedro” convoco una oscuridad dentro de mí que casi se puede tocar, que mis manos pueden tejer (¿Qué puede representar el nombre propio para la Psicología?).

Pedro fue niño y apenas si pisó la escuela (El miedo en la infancia). Sus padres le enseñaron a leer -aunque podrían haberle puesto un tutor ellos le enseñaron- y a partir de que aprendió a leer todo lo demás le resultó poco importante (Estrategias para la lectura).

Pedro fue adolescente, pero el mundo que se abría ante él se cerró como un libro que ya hubiera leído muchas veces. no le interesaba lo bueno ni lo malo de ese mundo o lugar (Adolescencia y Juventud).

Las muchachas más bellas y enigmáticas aparecían dando vuelta las hojas, Pedro se relacionaba con ellas por medio del deseo que le transmitían desde lejos, a veces desde épocas remotas (Concepción del amor y la mujer en “De sobremesa”).

No era por cobardía (Las emociones negativas). Él estaba seguro de que cuando tomara de la copa que le ofrecía Lucrecia Borgia se intoxicaría (Los Borgia), o que cuando se enfrentara a Elizabeth Bathory, la condesa, para salvar a aquellas niñas a quienes ella les bebía la sangre, sería atravesado por una espada de la criada G., que amaba a Elizabeth (Asesinos seriales).

Pedro pasó la adolescencia, y ya siendo un joven adulto se enamoró de Madame Bovary (Análisis de Madame Bovary). Era raro porque Pedro, aparte, poseía un espíritu muy crítico y no podía soportar al autor de esa novela, pero amaba a Ema Bovary, su protagonista.

Tardó tiempo en curarse de su locura amorosa, fue una experiencia muy triste; intentó reescribir las últimas páginas de la novela, en las cuales Ema tomaba su poción de veneno y sufría una agonía espantosa; Pedro quiso aliviar ese dolor. No pudo porque terminó convenciéndose de que Ema no era Ema sin su horrible suicidio.

Ya de 35 años, apareció en la vida de Pedro una tímida joven, la esposa de Monsieur Renard, del libro de Stendhal Rojo y negro (El realismo literario).

¡Qué suave era, cómo lo consolaban sus caricias! Las caricias que, dirigidas a su amante Julián Sorel, traspasaban la página llegando limpias hasta él. Los besos pudorosos le llegaban también, los abrazos un poco menos pudorosos, el despojarse lentamente sobre la cama de ella del exceso de ropas que el siglo XIX estipulaba.

Cuando encaró a los clásicos españoles llegó a sentir desbordamientos amorosos por la abstracta Dulcinea, la del Quijote. Abstracta era Dulcinea porque Pedro no lograba hacerse una idea cabal de su figura, pero el Caballero loco, los molinos de viento, las fantasías dispersas en el viento, se asentaban en su corazón. Un amor raro.

Se puso al día con los latinoamericanos modernos y conoció a Úrsula Iguarán, todo un carácter; ya no podía desprenderse de ella, menos cuando García Márquez la hizo enviudar relativamente joven.

Sentía que se llevaría a Úrsula Iguarán a su propia tumba, aunque ella ya estuviera enterrada en Macondo.

Sin embargo la suerte quiso que se encontrara con Beatriz Viterbo, que ya empezaba estando muerta en el cuento de Borges, “El Aleph”.

Pudo conocer su rostro y cuerpo por las fotografías que conservaba Carlos Argentino Daneri en sus cajones, pero muy especialmente porque Pedro cayó con Borges en el sótano adonde lo empujó Daneri, y vio con él aquel aleph que todo lo contenía, un punto en el que cabían el pasado, el presente y el futuro, como el Big Bang. Y vio la cara de Beatriz muchas veces en un solo segundo, y se enfocó -también por un segundo eterno- en las postales de Beatriz Viterbo donde ella aparecía desnuda, erótica, lujuriosa, y como perteneciente a otra persona que no era Borges ni él, sino el tramposo Carlos Argentino Daneri.

Una desilusión así cerró sus libros.

Ya era bastante viejo y estaba enfermo del corazón y la cabeza.

Yo le llevé la última taza de té y ahí comprendí que, finalmente, Pedro era sólo un hombre más, tan parecido a otros; había rodeado su lecho de fotografías y dibujos de amantes exquisitas, mortales e inexistentes: el templo de la infidelidad.

Envío

Seguro que entenderán este terrible cuento -terribles somos los humanos- pero de todos modos les recomiendo repasar estos placeres (de la lectura):

La condesa sangrienta, de Alejandra Pizarnik;

Madame Bovary, de Gustave Flaubert;

Rojo y negro, de Stendhal;

El Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes;

Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, y

El Aleph, de Jorge Luis Borges.

Gracias por tus cuentos, Felipe. Por tus reflexiones, Joise. Tus cariñosos envíos, Gerardo. Besos y que estés muy bien, José María. Abrazos para todos, y alegría…

Mora

Monografias

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Comentarios

4 respuestas a “El templo de la infidelidad”
  1. Joise Morillo dice:

    Hola querida, de los Seis he leído Dos, La de Gabo y la del manco de Lepanto.

    Haré el intento de leer los otros,

    Por ahora, considerando la excelencia de vuestro relato, lúdico y estético; os concebiré mi criterio de infidelidad a continuación:

    Celar es, querer bienestar para quien se ama, concebir lo bello en función de lo bueno o, viceversa, eso es amor y, no puede ni debe nunca partir de un alma que no relaciona la estética con su vida cotidiana. Lo contrario, son celos infundados en base a la inseguridad entre quienes tienen una relación sentimental bien sea familiar, amistosa o romántica.

    En tal sentido, en vez de ser particular para los deseos concupiscentes, se aboca a lo espiritual motivando al bien común.

    La fidelidad consiste en mantener una relación estable con los relacionados, de cualquier índole. Cuando uno de los miembros de una relación en particular desarrolla una actitud negativa en detrimento, físico, psicológico o económico; el celo sano se pierde. Es infidelidad.

    Derivado de lo anterior, se desarrolla una atmósfera de incertidumbre, la cual es padecida por el miembro afectado en su orgullo, por ende, el sentimiento de “Celar” se transfigura en desconfianza y temor por la posible pérdida del sentimiento fiel –de quien se ama o se quiere y desea- de quien debería celar en el buen sentido de la palabra.

    Este orgullo, es las más de las veces absurdo, pues, quien deja de ser fiel a otro, no lo es las más de las veces por capricho, sino por decepción de muchas formas, entonces quien padece de celos infundados en falsos orgullos; adolece de carácter y da libre curso a su temperamento, reaccionando de forma concupiscente y /o violenta.

    Ser fiel, es no abandonar la relación estable por otra que podría ser fortuita, espontanea, por ende, superflua. Carnal. Ser fiel es mantener lo que se quiere, permanecer al lado de quien se ama, pese, a todo acontecer. Ser fiel es saber comunicarse, ser prudente y honesto con quienes le aman. Todo esto en función de generar felicidad entre los miembros de relaciones de toda índole.

    Os ama

    Joise

  2. José María Gil dice:

    Hola Mora:

    Los lectores impenitentes siempre hemos coleccionado mujeres fatales como imaginarias amantes imposibles. Yo mismo, tras leer tu editorial, debo confesar tal debilidad. La primera fue Rebeca, aquélla inocente hija de un rico judío de York, interpretada en el cine por una casi adolescente Elisabeth Taylor, cuyo casto amor, contenido y prohibido, casi llega a causar la muerte del hombre objeto de su amor, el cruzado Ivanhoe.
    Luego llegaron otras, no tan inocentes ni tan bellas pero sí capaces de turbar mis sueños y despertar mi imaginación, como Helena de Troya, la princesa Ginebra y la bella Francesca (El infierno de Dante), cuyas infidelidades fueron causa principal en la guerra y destrucción de una ciudad, en la muerte de los caballeros de la Tabla Redonda o en el drama familiar de los Rímini.
    Más tarde serían la propia Madame Bovary, Kity (la del Velo Pintado de S. Maugham), la misteriosa Hester (La letra Escarlata, de N. Hawthorm), o Lady Chaterlei, quienes causaran estragos en mi sensibilidad.
    Hoy, pasadas las fases tormentosas de mi vida, todavía siguen golpeando mi memoria mujeres más informales y también más apasionadas, como la divertida Margarita (El Maestro y Margarita, de M. Bulgakov) y Doña Florípedes Guimaraes, fogosa protagonista de “Doña Flor y sus Maridos” la divertida novela, mitad cocina y mitad cama, del genial Jorge Amado.

    Nada más, por hoy, Mora.

  3. felipe humberto rizzo dice:

    Querida Mora
    En el mes de la mujer tu escrito es una forma de homenajear a tus pares recordando cuanto influyeron las féminas en la literatura, de todo los tiempos, de los grandes escritores.
    Abrazos
    Felipe

  4. Joise Morillo dice:

    Mis queridos co-intervinientes blogueros; las actrices interpretan el espíritu peculiar de sus interpretados

    Pero existe o existió en verdad la conducta de sus interpretados. En este marco de apreciaciones, pregunto:

    Quien podría ser infiel a Ofelia o a Julieta o a Lady Macbeth de Shakespeare, las primeras por dulces y la segunda por agria. Mientras ¿qué diríamos de Frida y el cornudo de Rivera, quienes incluso fueron infieles hasta políticamente, traicionando a Trotsky? ¿Por otro lado quien amaría la historia de Lucrecia Borgia o de Josefina de Napoleón, Sin ir muy lejos lo que se especula de una pareja de presidente y presidenta contemporáneos y vinculado a una de muerte e infidelidad? O quien podría enamorarse de Agripa de Claudio o Nerón. ¿De Janis Joplin o de Manuelita la de Bolívar, o de Ana María Campos, o Gabriela Mistral? ¿quién podría enamorarse de ellas y serles infiel sin padecer sus Caprichos o encantos? ¡Todos! ja ja ja ja

    Si es verdad, es una suerte de ficción y fantasía diseñada y soñada por deseos e idolatrías que no se separan de lo común en la mente de muchos individuos (hembras o varones) ¡mi evidencia era una foto de Sharon Tate en la pared, lo más alto posible para que otros no la besaran como lo hacía yo!

    Se desea lo que no se tiene, Platón / ¡Deseos, las más de las veces frustrados!

    Los Gutres en el evangelio según Marcos de JLB, crucifican a Espinoza por haberles sido infiel a su confianza y haber tenido sexo con la que quizá ¡ni fuese su hija!

    Quienes leen, si, padecen de estas infidelidades y de otras también o, ser muy infieles.

    Os ama

    Joise



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